Jung
Min se sentÃa como un tonto. Estaba de pie en la puerta de la habitación de
invitados, tomando profundas respiraciones y luego tragándolas. Pasando una
mano por su cara, Jung Min sabÃa que tenÃa que estar allà ayudando a Hyung Jun.
Lo sabÃa. Pero cuando llegó el momento de pagar o callarse, habÃa huido.
Le
habÃa tomado toda la noche repasar las cosas en su mente. Su voz interior le
decÃa que podÃa hacer esto. Que podÃa manejar lo que fuera que le sucediera a Hyung
Jun. «Sólo hazlo», sus entrañas le habÃan gritado. Hyung Jun era
un pequeño, asustado y lastimado hombre, un hombre que parecÃa no poder
defenderse de quien lo estaba lastimando a pesar de ser un shifter. Eso sólo le
decÃa a Jung Min que quien estaba atacando a Hyung Jun era más poderoso que el
pequeño lobo.
Ese
solo pensamiento lo habÃa llevado a salir de la casa e ir al hospital.
Min
Ho le habÃa dicho que Hyung Jun era su pareja. Que el destino habÃa decidido
que deberÃan pasar el resto de sus vidas juntos, aunque Jung Min pensaba que
eso era un poco profundo. HabÃa hecho un examen de conciencia sobre esa
situación. Le habÃa dado vueltas una y otra vez en su mente durante toda la
noche y durante la mañana.
HabÃa
llegado a la conclusión de que Min Ho tenÃa razón. HabÃa venido aquà para
empezar de nuevo. ¿Quién decÃa que Hyung Jun no era exactamente lo que
necesitaba? ¿Quién decÃa que no tendrÃa una gran vida con el pequeño hombre? El
hecho de que él nunca habÃa tenido una relación con un chico antes no
significaba que no iba a estar con el chico.
Pero
allà estaba, demasiado asustado para ver el cambio de Hyung Jun a lobo. ¿Cuán
cobarde era eso? Era aterrador como el infierno, pero Jung Min sabÃa que Hyung
Jun lo necesitaba. TendrÃa que superar su miedo y hacer lo que tenÃa que hacer.
Tomando
una firme respiración a sus pulmones, Jung Min se apartó de la pared y abrió la
puerta. Si iba a hacer esto, entonces tenÃa que aceptar a Hyung Jun en todas
sus formas, y no sólo… Jung Min se congeló a medio paso y a medio pensamiento.
Cuando
dejó a Hyung Jun en la habitación, el hombre era humano. Ahora... ahora habÃa
un lobo acostado en la cama, aunque era un muy pequeño lobo, pero no obstante
era un lobo. Jung Min estaba esperando ver una criatura descomunal con dientes
afilados y una muy mala actitud. Eso habÃa sido parte de su indecisión.
Nunca
antes habÃa visto a un shifter lobo y la imaginación de Jung Min se habÃa
desbocado a todo tipo de imágenes grandes y aterradoras.
Pero
mientras miraba la cama, se dio cuenta de que Hyung Jun no era nada de eso. De
hecho, Hyung Jun sólo se veÃa como un perro grande. Acercándose a la cama, Jung
Min lo recorrió con la vista. El lobo era gris con algo de marrón oscuro en su
pelo. Su pecho subÃa y bajaba a un ritmo rápido. El chico parecÃa que estaba
hiperventilando mientras dormÃa. ¿Eso era normal? Por otra parte, nada de esto
era ni de cerca normal. Se habrÃa dicho que los hombres no podÃan cambiar a
lobos, pero al ver a Hyung Jun en la cama, Jung Min sabÃa que habÃa estado
equivocado.
Los
ojos de Jung Min se deslizaron sobre el pelo. Se veÃa tan suave que Jung Min se
vio tocándolo antes de pensarlo mejor. TenÃa una abrumadora necesidad de
tocarlo, sentirlo, saber cómo se sentÃa esa suave piel bajo sus dedos.
Su
mano se deslizó a través de lo que parecÃan nubes mientras acariciaba al lobo
dormido. Dios, el pelo era realmente tan suave como parecÃa. PodÃa imagÃnense a
sà mismo acariciando a Hyung Jun durante horas, en cualquier forma.
Probablemente
era un alivio para el lobo. Pero era de una extraña manera, muy relajante para Jung
Min. El acto de acariciarlo calmaba una parte de él que estaba en constante
agitación. Le trajo una sensación de paz a su interior. Pasar los dedos por la
suave piel, casi parecÃa un acto Ãntimo. Estaban solos ellos dos, en su propio
pequeño mundo ahora.
¿Alguna
vez habÃa sentido tanta paz?
Mientras
observaba a Hyung Jun dormir, Jung Min podÃa ver por qué el chico era
vulnerable a los ataques. Joder, él era pequeño. Se veÃa como si Dong Hae -el
que trabajaba en la cafeterÃa- pudiera vencer a Hyung Jun. Y solo eso hizo que
su necesidad de proteger a su… Jung Min tragó, pareja, se envolviera
como una apretada banda a su alrededor.
Hyung
Jun necesitaba a alguien que lo cuidara. Y dado que a Jung Min le habÃan dicho
que Hyung Jun era su pareja, entonces ese era su trabajo. «Joder». Mierda
más extraña le habÃa sucedido en su vida. ¿Por qué no estar acoplado a un lobo?
En
realidad sonrió ante ese pensamiento. SÃ, podrÃa hacerlo. ¿Por qué no? Jung Min
se sentó en el borde de la cama, con ganas de hablar con Hyung Jun, pero
recordó el consejo del médico. Su pareja necesitaba al menos doce horas de
sueño.
Sólo
habÃan pasado cinco minutos.
Además,
Jung Min dudaba que Hyung Jun pudiera hablar en su forma de lobo.
Brevemente
pensó en pedirle a Min Ho que enviara a alguien para vigilar a Hyung Jun para
poder ir a trabajar un poco, pero Jung Min rápidamente desestimó la idea. Si Hyung
Jun se despertaba, él querÃa ser al que su pareja viera, no a un extraño.
El
chico probablemente iba a estar muerto de hambre después de tantas horas de
sueño, por lo que Jung Min decidió cocinar. Eso siempre lo ayudaba a que su
mente aceptara las cosas. No estaba tan seguro de que iba a funcionar esta vez,
pero Jung Min sabÃa que no iba a estar aquà durante las siguientes doce horas
sólo viendo a Hyung Jun dormir.
Incluso
en su propia mente, eso era espeluznante como el infierno. Levantándose de la
cama, Jung Min se dirigió a la cocina. QuerÃa hacer algo delicioso para cuando Hyung
Jun despertara. El hombre necesitaba ganar un poco de peso.
Estofado
seria lo perfecto para llenar el estómago de Hyung Jun, por lo que tomó todas
las cosas que iba a necesitar y se perdió en su trabajo. Pero su mente
continuamente regresaba al lobo durmiendo en el pasillo.
Jung
Min habÃa estado casado durante cinco años y nunca se habÃa sentido tan
doméstico. Con nadie con quien hubiera estado antes de su matrimonio tampoco le
habÃa dado esa sensación. Su mente comenzó a divagar, y pensó en Hyung Jun
junto a él, ayudando a preparar la cena, los dos acurrucados en el sofá viendo
una pelÃcula.
Esos
eran los pensamientos que nunca habÃan entrado en su mente antes. Hyung Jun
hacÃa que Jung Min pensara en un montón de cosas que nunca habÃa contemplado,
pero ahora le entretenÃa.
Qué
tan diferente era tener una pareja, en comparación con tener una esposa, para
un hombre.
Y
Jung Min no podÃa encontrar el lamentar nada de lo que estaba pensando o
sintiendo.
Jung
Min se habÃa quedado dormido en la pequeña silla que habÃa metido al dormitorio
cuando oyó movimiento. Abrió los ojos para ver a Hyung Jun, en su forma humana,
sentado y mirándolo con intensos ojos color chocolate.
—¿Cómo
te sientes? —Jung Min preguntó mientras estiraba sus largas extremidades.
—Mucho
mejor —dijo Hyung Jun mientras metÃa la sábana alrededor de su delgada cintura.
El
hombre se veÃa simplemente adorable. Su cabello castaño desgreñado estaba por
todos lados, y su rostro aún tenÃa la apariencia de recién despertado. El
cuerpo de Jung Min estaba reaccionando a la inocente manera en la que Hyung Jun
lo miraba. Estaba duro y apretado, su entrepierna palpitaba con los muchos
pensamientos que habÃan comenzado a formarse en su mente.
Una
fuerza invisible jaló a Jung Min de su asiento y se acercó más a la cama. Se
quedó mirando fijamente a su pareja mientras Hyung Jun inclinaba la cabeza
hacia atrás y lo miraba a los ojos.
—¿Aún
estás enojado conmigo?
—No
—Jung Min respondió con honestidad—. Pero si mantienes más secretos de mÃ, voy
a ser un hombre muy infeliz contigo.
Hyung
Jun asintió. El chico parecÃa hacer mucho eso. Los ojos de Jung Min parpadeaban
a los labios de Hyung Jun. El chico estaba lamiéndolos y eso hizo que el pene
de Jung Min estuviera aún más duro de lo que ya estaba. Recordó lo que se
sentÃa el tener esas bellezas envolviéndose alrededor de su pene.
También
se dio cuenta cuán desnudo estaba Hyung Jun. Su pecho estaba desnudo, Jung Min
parpadeó de nuevo. No tenÃa ninguna definición en absoluto, pero Jung Min
descubrió que le gustaba el sólido y plano pecho de Hyung Jun.
Su
pareja se deslizó, apartándose, cuando Jung Min se acercó más. Se subió a la
cama, rozando sus dedos por el cabello de Hyung Jun y jalando la cabeza del
hombre, capturando esos húmedos labios.
Hyung
Jun dejó escapar un gemido gutural, y Jung Min sintió que el sonido recorrió su
cuerpo como fuego. QuerÃa al hombre. Él querÃa joder a Hyung Jun y hacer al
chico suyo. Ese era un pensamiento salvaje y loco, pero el impulso hizo que Jung
Min se moviera hacia adelante mientras rodaba suavemente a Hyung Jun debajo de
su enorme cuerpo, cubriendo a Hyung Jun.
Él
veÃa los dulces ojos marrones mientras sus dedos seguÃan masajeando el cuero
cabelludo del hombre.
—Entonces,
¿soy tu pareja?
Hyung
Jun asintió.
—No
quiero que asientas, Hyung Jun. Quiero escuchar las respuestas.
—SÃ
—Hyung Jun respondió rápidamente.
—¿Cuándo
ibas a decirme? —Jung Min preguntó mientras besaba a Hyung Jun a lo largo de su
mandÃbula y por su cuello, lamiendo el sabor salado y sintiendo su pene crecer
más fuerte.
—C…
cuando se me ocurriera una manera de decirte sin que te volvieras loco.
Jung
Min se rio.
—Creo
que eso era inevitable.
—¿Estás
enojado?
Esa
era la segunda vez que Hyung Jun querÃa saber si Jung Min estaba enojado con
él. SabÃa que habÃa estado siendo abusado, asà que pensó que el miedo estaba
inculcado en él. Eso era algo que iban a tener que trabajar.
—No.
—Jung Min pasó la mano por el liso pecho de Hyung Jun—. ¿Estás seguro de que
estás curado?
—SÃ.
«Bien».
Jung Min se giró de espalda, jalando el desnudo cuerpo de Hyung Jun arriba de
él. La sábana se deslizó a un lado y el duro pene de su pareja quedó expuesto
dentro de un nido de rizos oscuros. Maldición, quizás deberÃa de haberse
quitado sus pantalones antes de meterse en la cama.
Por
debajo de su pareja, Jung Min alcanzó la cintura de su pareja y luego se los
quitó. Ahora estaba tan desnudo como Hyung Jun y el contacto de piel contra
piel era increÃble.
Jung
Min jaló a Hyung Jun hacÃa abajo, trazando la suave plenitud de los labios de Hyung
Jun con la lengua. Sus labios tocaron ligeramente los de su pareja,
provocándolo, persuadiéndolo hasta que el hombre se abrió para él, y luego la
lengua de Jung Min entró y exploró.
Un
ansioso gemido salió de los labios de Hyung Jun, y Jung Min se lo comió
mientras su pene latÃa ante el sonido. Dios, nunca habÃa tenido a un amante que
se sintiera tan perfecto en sus brazos. HabÃa estado casado durante cinco años,
y nunca sintió ese nivel de deseo o necesidad.
Su
cuerpo dolÃa por Hyung Jun. Mientras besaba a su pareja, Jung Min acariciaba
con sus dedos la espalda de Hyung Jun, sintiendo el fuego crecer lentamente
entre ellos. Creció hasta que sintió las llamas del deseo recorrer su cuerpo,
prendiéndole fuego.
Lubricante.
Necesitaba
lubricante.
Mucho
lubricante porque Jung Min planeaba deslizar su pene en el culo de Hyung Jun.
Jung
Min intentó ser sutil al respecto al llegar a su mesa de noche, pero terminó
golpeando todo.
Hyung
Jun se apartó con una sonrisa en su hermoso rostro.
—¿Qué
estás haciendo?
El
brillo de la risa en los ojos marrón de Hyung Jun era impresionante. Jung Min
dio una tÃmida sonrisa mientras señalaba.
—Tratar
de conseguir el lubricante del cajón.
—Oh.
—Hyung Jun parecÃa un poco desconcertado y luego Jung Min pudo realmente ver la
luz en los ojos del hombre. Hyung Jun se inclinó y abrió el cajón, buscó hasta
que tomó la botella de lubricante en la mano.
Jung
Min la tomó y mojó los dedos con el transparente gel, y llevó la mano atrás de Hyung
Jun y jugó con el agujero del hombre.
Hyung
Jun era masilla en los brazos de Jung Min mientras yacÃa sobre su pecho,
empujando su pene contra el abdomen de Jung Min. Su pareja no tenÃa ningún
problema haciendo saber a Jung Min lo que le gustaba. Los pequeños sexuales
sonidos estaban llenando el cuarto, y él ni siquiera habÃa empujado un dedo
dentro del chico. Nunca antes alguien habÃa reaccionado tan intensamente al toque
de Jung Min.
«Amo
eso».
Su
dedo jugó un poco más con el pequeño brote y luego Jung Min empujó su dedo a
través del resistente músculo hasta que su dedo estuvo hasta el nudillo
profundamente en el culo de Hyung Jun. Estaba tan jodidamente apretado que Jung
Min podÃa imaginar cómo su pene se sentirÃa enterrado profundamente dentro del
cuerpo de su pareja.
Él
comenzó a moverse a un ritmo constante, asegurándose de golpear la glándula de Hyung
Jun tan a menudo como podÃa. Hyung Jun gemÃa su aprobación, por lo que Jung Min
deslizó un segundo dedo dentro del apretado cuerpo del hombre.
—Jode
mis dedos, bebé. Móntalos como si fuera mi pene en tu culo.
Hyung
Jun comenzó a empujarse hacia atrás, empalándose en los dedos de Jung Min.
Rápidamente
pasó a un tercer dedo, queriendo que Hyung Jun estuviera completamente
estirado, Jung Min no estaba seguro de poder aguantar mucho más.
Hyung
Jun estaba volviendo el joder sus dedos en una fantasÃa orgásmica hecha
realidad. Jung Min sólo podÃa ver al hombre, fascinado de cómo Hyung Jun
rebotaba hacia arriba y hacia abajo, con los ojos cerrados mientras se
humedeció los labios.
«Qué
jodida vista».
—Necesito
joderte —Jung Min le dijo a Hyung Jun, que se detuvo. Sacó sus dedos libres y
luego tomó el lubricante, recubrimiento su pene a fondo. Agarrando la base, Jung
Min vio cómo su pareja lentamente bajaba tomando toda su longitud. Su pene
estaba siendo tragado por el culo de Hyung Jun, y Jung Min tenÃa que apretar
los dientes para luchar por el control.
Cerró
los ojos un momento, saboreando la sensación del hombre sentándose en su pene.
Sus dedos se aferraron a las caderas de Hyung Jun cuando él plantó sus pies en
la cama. Cuando Hyung Jun se inclinó hacia adelante, Jung Min atrapó uno de los
pezones del hombre en la boca, provocando el brote hasta que alcanzó su punto
máximo entre los dientes.
—Muérdeme
—Hyung Jun rogó desvergonzadamente, presionando su pecho con más fuerza contra
la boca de Jung Min.
Jung
Min sabÃa que el hombre no estaba pidiendo dolor. QuerÃa el placer que provocar
al pezón le traÃa. Chupó, mordió lentamente y lamió, perdido en la dulce
exploración del cuerpo de Hyung Jun.
La
espera lo estaba matando, pero Jung Min no iba a moverse hasta… Hyung Jun
comenzó a montar el pene de Jung Min y él estaba malditamente cerca de perder
la cabeza.
—Móntame
duro, bebé —Jung Min le ordenó a Hyung Jun, su voz oscura y áspera.
Hyung
Jun comenzó a moverse más rápido, y Jung Min se empujaba hacia arriba. Jung Min
deberÃa de haber tenido miedo de su necesidad por Hyung Jun, una necesidad tan
profunda que era insoportable. Pero no lo tenÃa. Le dio la bienvenida. Por
primera vez en su vida, Jung Min no se sentÃa como si estuviera con alguien
sólo para estar con alguien.
QuerÃa
estar con Hyung Jun. Infiernos, lo estaba deseando como si fuera una maldita
droga. Él gimió, duro y salvaje cuando comenzó a empujarse con fuerza dentro
del culo de Hyung Jun, haciendo que su pareja gritara, pidiendo su liberación.
Jung
Min estaba respirando con dificultad, con la piel sensible. La sensación de Hyung
Jun deslizándose arriba y abajo de su cuerpo, acariciándolo, casi lo vuelve
loco. La cabeza de Hyung Jun se enterró en el cuello de Jung Min, su propia
respiración jadeante en su pecho mientras el hombre se oÃa como si estuviera
luchando por respirar.
La
sensación de los labios de Hyung Jun sobre la sensible piel del cuello de Jung
Min, hizo que Jung Min cerrara las manos en un esfuerzo por encontrar control
donde no parecÃa haber ninguno.
Y
luego Hyung Jun mordió su cuello.
Jung
Min gritó mientras llenaba el culo de Hyung Jun, inundando el sensible y
delicioso tejido, acariciándolo mientras un millón de rayos de electricidad
recorrÃan su cuerpo. Jung Min se sintió caer, ahogándose dentro de su pareja
cuando Hyung Jun dio un pequeño gruñido, apretando en su culo el pene de Jung
Min.
Cuando
se corrió entre ellos, sintió la masa pegajosa y sabÃa que su pareja también
habÃa llegado. La cabeza del Jung Min cayó en la almohada tragando el aire que
tanto necesitaba. Hyung Jun estaba lamiendo su cuello, un pequeño gemido sordo
salÃa de él.
—Maldición
—Jung Min dijo mientras pasaba sus manos por la espalda de Hyung Jun—. Sólo...
maldición.
Hyung
Jun se apartó, sonriéndole.
—Eso
fue, fantástico.
Jung
Min se rio, jalando a su pareja a sus brazos. Le gustaba ver la sonrisa de Hyung
Jun. El hombre era guapo, pero se volvÃa impresionante cuando se llenaba de
felicidad.
—SÃ,
bebé, lo fue. —Jung Min agarró fuerte el culo de Hyung Jun—. Asà fue.
Hyung
Jun movió su culo.
—No
estuvo mal para mi primera vez.
Jung
Min gimió. Eso imaginó. Ahora podÃa ver que tenÃan otra cosa que trabajar con Hyung
Jun sobre decirle cosas cuando más importaba.
Él
no iba a sentarse aquà y darle un sermón al chico, no después del sexo
alucinante que acababan de tener.
Y
en secreto, alababa su ego el saber que era el primero de Hyung Jun. Iba a ser
también el último del chico, porque Jung Min no iba a dejar ir al hombre. Le
dio una palmadita en el trasero a Hyung Jun.
—He
hecho algo de comer. Hay que ducharse y vestirse. Sentarse a la mesa de la
cocina desnudo no es una buena cosa.
Hyung
Jun se movió hacia adelante, y el flácido pene de Jung Min salió del cuerpo de
su pareja. Ambos gimieron. PodÃa ver que el sexo con Hyung Jun iba a ser a
menudo. Jung Min amaba cómo el hombre se sentÃa, su capacidad de respuesta, y
los lindos ruidos que hacÃa mientras Jung Min lo jodÃa… Bien, si no dejaba de
pensar en ello, no dejarÃan la cama.
—Ducha
—dijo Jung Min y Hyung Jun obedeció. Vio cómo su pareja se dirigÃa al baño y le
encantó cómo el pequeño culo se balanceaba de un lado a otro. Dios, iba a vivir
dentro del culo de Hyung Jun.
El
pequeño hombre sólo le habÃa mostrado el cielo y Jung Min ahora era adicto.
Esperó
hasta que Hyung Jun terminara antes de darse una ducha rápida. Una vez que los
dos estuvieron completamente vestidos, Jung Min le dio a su pareja un recorrido
por la casa. No era muy grande, pero era la casa de Jung Min, un santuario en
el que amaba vivir.
Y
ahora era un paraÃso también para Hyung Jun. Se lo habÃa comprado a un tipo
llamado Sung Joo. Le habÃa dicho a Jung Min que habÃa estado desocupada durante
años, y el hombre aun no le daba el precio a Jung Min.
Ahora
que miraba a su alrededor, Jung Min podÃa imaginar a Hyung Jun estando aquÃ. A
él le gustaba la idea. Imágenes de despertar al lado del hombre cada mañana y
sentarse juntos en la sala a ver televisión empezaron a llenar la cabeza de Jung
Min.
—¿Hyung
Jun?
Su
pareja se giró y lo miró con ojos inocentes.
—¿SÃ?
Jung
Min abrió la boca para preguntarle a Hyung Jun si se quedaba a vivir con él
cuando alguien llamó a la puerta.
—Espera.
—Jung Min estaba irritado como el infierno por la interrupción. Abrió la
puerta, dispuesto a decirle a quien quiera que fuera que desapareciera cuando
vio al tÃo de Hyung Jun de pie en su porche.
¿Cómo
infiernos hizo para saber dónde vivÃa?
*****
Min
Ho vio los papeles que Woozi le habÃa dejado sobre su escritorio para él. HabÃa
muchas más propuestas de lo que habÃa previsto. Estaba por lograr que su pueblo
se viera normal.
Con
las peticiones delante de él, tendrÃa su pueblo floreciendo en un momento. Tomó
el teléfono en su escritorio y marcó a Kim Suho.
—Construcción
Kim.
—Soy
Min Ho.
—¿Qué
puedo hacer por ti, Min Ho? —preguntó Suho. Min Ho podÃa oÃr el ruido de fondo
y sabÃa que el equipo de construcción estaba extendiendo el bar que habÃa
necesitado reparación desde hace años.
El
nuevo propietario lo estaba arreglando, Min Ho estaba contento con la elección.
El antiguo dueño del bar, fue arrestado por dejar que menores de edad bebieran
allÃ.
«Qué
idiota».
—Tengo
un gran proyecto del que necesito hablar contigo. Necesitamos un ayuntamiento.
Suho
hizo un ruido bajo de silbido.
—Ese
es un gran proyecto. Voy a contratar más hombres. ¿Tienes algo en mente? ¿O lo
diseñaremos desde el principio?
Min
Ho ya sabÃa cómo querÃa que se viera el lugar. La Villa Starhaus tenÃa un
ambiente pintoresco y querÃa que siguiera asÃ. Él no querÃa nada moderno. Esa
era una de las cláusulas de los contratos que habÃa entregado a los nuevos
propietarios de negocios.
No
se les permitÃa hacer nada que hiciera que la Villa Starhaus dejara de verse
como el pueblo pequeño y acogedor que era. El Ayuntamiento no serÃa diferente.
—Tengo
algo en mente, pero tendrás que dibujarlo.
—Estaré
allà esta tarde después de recoger a Baekhyun del trabajo. Te parece bien,
¿verdad?
—Me
parece perfecto.
Justo
cuando colgó el teléfono, Dong Hae entró en la oficina, Min Ho sonrió. HabÃa
tenido algunos raund con Hyukjae sobre que dejara a Dong Hae trabajar. Por
supuesto, Min Ho tuvo que morder la bala y permitir que las parejas salieran de
la Casa.
SabÃa
que quedarse en la Casa los habÃa vuelto locos durante años.
Ahora,
sólo un puñado de guerreros custodiaban la Casa. La mayorÃa ahora estaban
recorriendo la Villa Starhaus, manteniendo un ojo en las parejas mientras
trabajaban. Min Ho no querÃa que sus centinelas consiguieran trabajo. Su único
trabajo era proteger a las parejas de la Casa. No le molestaba cuanto ayudaban
a los demás, pero si alguno de ellos no mantenÃa a las parejas a salvo...
—¿Qué
puedo hacer por ti, Dong Hae? —Min Ho se inclinó hacia adelante, dándole a la
pareja su expresión más seria.
—¿Cómo
hago para tomarme un dÃa por enfermedad en el trabajo?
Le
tomó a Min Ho un segundo entender lo que decÃa Dong Hae.
—¿Quieres
llamar al trabajo y decir que no irás?
Dong
Hae se sonrojó.
—Hyukjae
quiere llevarme de compras. EsperarÃa hasta este fin de semana, pero tengo que
trabajar durante los próximos seis dÃas. —Dong Hae mordió el labio inferior y
luego cerró la puerta de la oficina—. ¿Me hace una mala persona querer pasar el
dÃa con mi pareja?
Min
Ho se cubrió la boca con la mano escondiendo una sonrisa.
—No,
todo está bien. —ConocÃa al pequeño Dong Hae, Min Ho habÃa comprado la
cafeterÃa hace años. Técnicamente era el jefe de Dong Hae. Nunca le dijo a
nadie lo que habÃa hecho. Sólo Woozi sabÃa que Min Ho era el dueño—. No vas a
hacer un hábito de reportarte y no ir, ¿verdad?
Dong
Hae rebotó en su lugar.
—No
lo haré. Lo juro.
Min
Ho movió la mano hacia el hombre.
—Entonces
ve y diviértete con Hyukjae. Voy a llamar a la cafeterÃa y avisarles que no
irás.
—¿HarÃas
eso por mÃ?
—Por
supuesto.
Dong
Hae dejó la oficina de Min Ho con una gran sonrisa en su rostro. Una vez que el
hombre se hubo ido, Min Ho dejó escapar una risa. El tipo era muy fácil de
complacer.
SS501

1 Comentarios
El silencio y el ver a Jun en su forma de lobo fueron los mejores consejeros para que JungMin acepte su destino, pero no por obligación, sino porque lo querÃa, y que manera de demostrárselo… FANTASTICO!!!... no me digan que es, quien me imagino que es, llegando para arruinarles su momento… Hae siempre será Hae y lo adoro por eso.
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