La Familia T55... Capitulo 06


Jung Min se sentía como un tonto. Estaba de pie en la puerta de la habitación de invitados, tomando profundas respiraciones y luego tragándolas. Pasando una mano por su cara, Jung Min sabía que tenía que estar allí ayudando a Hyung Jun. Lo sabía. Pero cuando llegó el momento de pagar o callarse, había huido.

Le había tomado toda la noche repasar las cosas en su mente. Su voz interior le decía que podía hacer esto. Que podía manejar lo que fuera que le sucediera a Hyung Jun. «Sólo hazlo», sus entrañas le habían gritado. Hyung Jun era un pequeño, asustado y lastimado hombre, un hombre que parecía no poder defenderse de quien lo estaba lastimando a pesar de ser un shifter. Eso sólo le decía a Jung Min que quien estaba atacando a Hyung Jun era más poderoso que el pequeño lobo.

Ese solo pensamiento lo había llevado a salir de la casa e ir al hospital.

Min Ho le había dicho que Hyung Jun era su pareja. Que el destino había decidido que deberían pasar el resto de sus vidas juntos, aunque Jung Min pensaba que eso era un poco profundo. Había hecho un examen de conciencia sobre esa situación. Le había dado vueltas una y otra vez en su mente durante toda la noche y durante la mañana.

Había llegado a la conclusión de que Min Ho tenía razón. Había venido aquí para empezar de nuevo. ¿Quién decía que Hyung Jun no era exactamente lo que necesitaba? ¿Quién decía que no tendría una gran vida con el pequeño hombre? El hecho de que él nunca había tenido una relación con un chico antes no significaba que no iba a estar con el chico.

Pero allí estaba, demasiado asustado para ver el cambio de Hyung Jun a lobo. ¿Cuán cobarde era eso? Era aterrador como el infierno, pero Jung Min sabía que Hyung Jun lo necesitaba. Tendría que superar su miedo y hacer lo que tenía que hacer.

Tomando una firme respiración a sus pulmones, Jung Min se apartó de la pared y abrió la puerta. Si iba a hacer esto, entonces tenía que aceptar a Hyung Jun en todas sus formas, y no sólo… Jung Min se congeló a medio paso y a medio pensamiento.

Cuando dejó a Hyung Jun en la habitación, el hombre era humano. Ahora... ahora había un lobo acostado en la cama, aunque era un muy pequeño lobo, pero no obstante era un lobo. Jung Min estaba esperando ver una criatura descomunal con dientes afilados y una muy mala actitud. Eso había sido parte de su indecisión.

Nunca antes había visto a un shifter lobo y la imaginación de Jung Min se había desbocado a todo tipo de imágenes grandes y aterradoras.

Pero mientras miraba la cama, se dio cuenta de que Hyung Jun no era nada de eso. De hecho, Hyung Jun sólo se veía como un perro grande. Acercándose a la cama, Jung Min lo recorrió con la vista. El lobo era gris con algo de marrón oscuro en su pelo. Su pecho subía y bajaba a un ritmo rápido. El chico parecía que estaba hiperventilando mientras dormía. ¿Eso era normal? Por otra parte, nada de esto era ni de cerca normal. Se habría dicho que los hombres no podían cambiar a lobos, pero al ver a Hyung Jun en la cama, Jung Min sabía que había estado equivocado.

Los ojos de Jung Min se deslizaron sobre el pelo. Se veía tan suave que Jung Min se vio tocándolo antes de pensarlo mejor. Tenía una abrumadora necesidad de tocarlo, sentirlo, saber cómo se sentía esa suave piel bajo sus dedos.

Su mano se deslizó a través de lo que parecían nubes mientras acariciaba al lobo dormido. Dios, el pelo era realmente tan suave como parecía. Podía imagínense a sí mismo acariciando a Hyung Jun durante horas, en cualquier forma.

Probablemente era un alivio para el lobo. Pero era de una extraña manera, muy relajante para Jung Min. El acto de acariciarlo calmaba una parte de él que estaba en constante agitación. Le trajo una sensación de paz a su interior. Pasar los dedos por la suave piel, casi parecía un acto íntimo. Estaban solos ellos dos, en su propio pequeño mundo ahora.

¿Alguna vez había sentido tanta paz?


Mientras observaba a Hyung Jun dormir, Jung Min podía ver por qué el chico era vulnerable a los ataques. Joder, él era pequeño. Se veía como si Dong Hae -el que trabajaba en la cafetería- pudiera vencer a Hyung Jun. Y solo eso hizo que su necesidad de proteger a su… Jung Min tragó, pareja, se envolviera como una apretada banda a su alrededor.

Hyung Jun necesitaba a alguien que lo cuidara. Y dado que a Jung Min le habían dicho que Hyung Jun era su pareja, entonces ese era su trabajo. «Joder». Mierda más extraña le había sucedido en su vida. ¿Por qué no estar acoplado a un lobo?

En realidad sonrió ante ese pensamiento. Sí, podría hacerlo. ¿Por qué no? Jung Min se sentó en el borde de la cama, con ganas de hablar con Hyung Jun, pero recordó el consejo del médico. Su pareja necesitaba al menos doce horas de sueño.

Sólo habían pasado cinco minutos.

Además, Jung Min dudaba que Hyung Jun pudiera hablar en su forma de lobo.

Brevemente pensó en pedirle a Min Ho que enviara a alguien para vigilar a Hyung Jun para poder ir a trabajar un poco, pero Jung Min rápidamente desestimó la idea. Si Hyung Jun se despertaba, él quería ser al que su pareja viera, no a un extraño.

El chico probablemente iba a estar muerto de hambre después de tantas horas de sueño, por lo que Jung Min decidió cocinar. Eso siempre lo ayudaba a que su mente aceptara las cosas. No estaba tan seguro de que iba a funcionar esta vez, pero Jung Min sabía que no iba a estar aquí durante las siguientes doce horas sólo viendo a Hyung Jun dormir.

Incluso en su propia mente, eso era espeluznante como el infierno. Levantándose de la cama, Jung Min se dirigió a la cocina. Quería hacer algo delicioso para cuando Hyung Jun despertara. El hombre necesitaba ganar un poco de peso.

Estofado seria lo perfecto para llenar el estómago de Hyung Jun, por lo que tomó todas las cosas que iba a necesitar y se perdió en su trabajo. Pero su mente continuamente regresaba al lobo durmiendo en el pasillo.

Jung Min había estado casado durante cinco años y nunca se había sentido tan doméstico. Con nadie con quien hubiera estado antes de su matrimonio tampoco le había dado esa sensación. Su mente comenzó a divagar, y pensó en Hyung Jun junto a él, ayudando a preparar la cena, los dos acurrucados en el sofá viendo una película.

Esos eran los pensamientos que nunca habían entrado en su mente antes. Hyung Jun hacía que Jung Min pensara en un montón de cosas que nunca había contemplado, pero ahora le entretenía.

Qué tan diferente era tener una pareja, en comparación con tener una esposa, para un hombre.

Y Jung Min no podía encontrar el lamentar nada de lo que estaba pensando o sintiendo.

Jung Min se había quedado dormido en la pequeña silla que había metido al dormitorio cuando oyó movimiento. Abrió los ojos para ver a Hyung Jun, en su forma humana, sentado y mirándolo con intensos ojos color chocolate.

—¿Cómo te sientes? —Jung Min preguntó mientras estiraba sus largas extremidades.
—Mucho mejor —dijo Hyung Jun mientras metía la sábana alrededor de su delgada cintura.

El hombre se veía simplemente adorable. Su cabello castaño desgreñado estaba por todos lados, y su rostro aún tenía la apariencia de recién despertado. El cuerpo de Jung Min estaba reaccionando a la inocente manera en la que Hyung Jun lo miraba. Estaba duro y apretado, su entrepierna palpitaba con los muchos pensamientos que habían comenzado a formarse en su mente.

Una fuerza invisible jaló a Jung Min de su asiento y se acercó más a la cama. Se quedó mirando fijamente a su pareja mientras Hyung Jun inclinaba la cabeza hacia atrás y lo miraba a los ojos.

—¿Aún estás enojado conmigo?
—No —Jung Min respondió con honestidad—. Pero si mantienes más secretos de mí, voy a ser un hombre muy infeliz contigo.

Hyung Jun asintió. El chico parecía hacer mucho eso. Los ojos de Jung Min parpadeaban a los labios de Hyung Jun. El chico estaba lamiéndolos y eso hizo que el pene de Jung Min estuviera aún más duro de lo que ya estaba. Recordó lo que se sentía el tener esas bellezas envolviéndose alrededor de su pene.

También se dio cuenta cuán desnudo estaba Hyung Jun. Su pecho estaba desnudo, Jung Min parpadeó de nuevo. No tenía ninguna definición en absoluto, pero Jung Min descubrió que le gustaba el sólido y plano pecho de Hyung Jun.

Su pareja se deslizó, apartándose, cuando Jung Min se acercó más. Se subió a la cama, rozando sus dedos por el cabello de Hyung Jun y jalando la cabeza del hombre, capturando esos húmedos labios.

Hyung Jun dejó escapar un gemido gutural, y Jung Min sintió que el sonido recorrió su cuerpo como fuego. Quería al hombre. Él quería joder a Hyung Jun y hacer al chico suyo. Ese era un pensamiento salvaje y loco, pero el impulso hizo que Jung Min se moviera hacia adelante mientras rodaba suavemente a Hyung Jun debajo de su enorme cuerpo, cubriendo a Hyung Jun.

Él veía los dulces ojos marrones mientras sus dedos seguían masajeando el cuero cabelludo del hombre.

—Entonces, ¿soy tu pareja?

Hyung Jun asintió.

—No quiero que asientas, Hyung Jun. Quiero escuchar las respuestas.
—Sí —Hyung Jun respondió rápidamente.
—¿Cuándo ibas a decirme? —Jung Min preguntó mientras besaba a Hyung Jun a lo largo de su mandíbula y por su cuello, lamiendo el sabor salado y sintiendo su pene crecer más fuerte.
—C… cuando se me ocurriera una manera de decirte sin que te volvieras loco.

Jung Min se rio.

—Creo que eso era inevitable.
—¿Estás enojado?

Esa era la segunda vez que Hyung Jun quería saber si Jung Min estaba enojado con él. Sabía que había estado siendo abusado, así que pensó que el miedo estaba inculcado en él. Eso era algo que iban a tener que trabajar.

—No. —Jung Min pasó la mano por el liso pecho de Hyung Jun—. ¿Estás seguro de que estás curado?
—Sí.

«Bien». Jung Min se giró de espalda, jalando el desnudo cuerpo de Hyung Jun arriba de él. La sábana se deslizó a un lado y el duro pene de su pareja quedó expuesto dentro de un nido de rizos oscuros. Maldición, quizás debería de haberse quitado sus pantalones antes de meterse en la cama.

Por debajo de su pareja, Jung Min alcanzó la cintura de su pareja y luego se los quitó. Ahora estaba tan desnudo como Hyung Jun y el contacto de piel contra piel era increíble.

Jung Min jaló a Hyung Jun hacía abajo, trazando la suave plenitud de los labios de Hyung Jun con la lengua. Sus labios tocaron ligeramente los de su pareja, provocándolo, persuadiéndolo hasta que el hombre se abrió para él, y luego la lengua de Jung Min entró y exploró.

Un ansioso gemido salió de los labios de Hyung Jun, y Jung Min se lo comió mientras su pene latía ante el sonido. Dios, nunca había tenido a un amante que se sintiera tan perfecto en sus brazos. Había estado casado durante cinco años, y nunca sintió ese nivel de deseo o necesidad.

Su cuerpo dolía por Hyung Jun. Mientras besaba a su pareja, Jung Min acariciaba con sus dedos la espalda de Hyung Jun, sintiendo el fuego crecer lentamente entre ellos. Creció hasta que sintió las llamas del deseo recorrer su cuerpo, prendiéndole fuego.

Lubricante.

Necesitaba lubricante.

Mucho lubricante porque Jung Min planeaba deslizar su pene en el culo de Hyung Jun.

Jung Min intentó ser sutil al respecto al llegar a su mesa de noche, pero terminó golpeando todo.

Hyung Jun se apartó con una sonrisa en su hermoso rostro.

—¿Qué estás haciendo?

El brillo de la risa en los ojos marrón de Hyung Jun era impresionante. Jung Min dio una tímida sonrisa mientras señalaba.

—Tratar de conseguir el lubricante del cajón.
—Oh. —Hyung Jun parecía un poco desconcertado y luego Jung Min pudo realmente ver la luz en los ojos del hombre. Hyung Jun se inclinó y abrió el cajón, buscó hasta que tomó la botella de lubricante en la mano.

Jung Min la tomó y mojó los dedos con el transparente gel, y llevó la mano atrás de Hyung Jun y jugó con el agujero del hombre.

Hyung Jun era masilla en los brazos de Jung Min mientras yacía sobre su pecho, empujando su pene contra el abdomen de Jung Min. Su pareja no tenía ningún problema haciendo saber a Jung Min lo que le gustaba. Los pequeños sexuales sonidos estaban llenando el cuarto, y él ni siquiera había empujado un dedo dentro del chico. Nunca antes alguien había reaccionado tan intensamente al toque de Jung Min.

«Amo eso».

Su dedo jugó un poco más con el pequeño brote y luego Jung Min empujó su dedo a través del resistente músculo hasta que su dedo estuvo hasta el nudillo profundamente en el culo de Hyung Jun. Estaba tan jodidamente apretado que Jung Min podía imaginar cómo su pene se sentiría enterrado profundamente dentro del cuerpo de su pareja.

Él comenzó a moverse a un ritmo constante, asegurándose de golpear la glándula de Hyung Jun tan a menudo como podía. Hyung Jun gemía su aprobación, por lo que Jung Min deslizó un segundo dedo dentro del apretado cuerpo del hombre.

—Jode mis dedos, bebé. Móntalos como si fuera mi pene en tu culo.

Hyung Jun comenzó a empujarse hacia atrás, empalándose en los dedos de Jung Min.

Rápidamente pasó a un tercer dedo, queriendo que Hyung Jun estuviera completamente estirado, Jung Min no estaba seguro de poder aguantar mucho más.

Hyung Jun estaba volviendo el joder sus dedos en una fantasía orgásmica hecha realidad. Jung Min sólo podía ver al hombre, fascinado de cómo Hyung Jun rebotaba hacia arriba y hacia abajo, con los ojos cerrados mientras se humedeció los labios.

«Qué jodida vista».

—Necesito joderte —Jung Min le dijo a Hyung Jun, que se detuvo. Sacó sus dedos libres y luego tomó el lubricante, recubrimiento su pene a fondo. Agarrando la base, Jung Min vio cómo su pareja lentamente bajaba tomando toda su longitud. Su pene estaba siendo tragado por el culo de Hyung Jun, y Jung Min tenía que apretar los dientes para luchar por el control.

Cerró los ojos un momento, saboreando la sensación del hombre sentándose en su pene. Sus dedos se aferraron a las caderas de Hyung Jun cuando él plantó sus pies en la cama. Cuando Hyung Jun se inclinó hacia adelante, Jung Min atrapó uno de los pezones del hombre en la boca, provocando el brote hasta que alcanzó su punto máximo entre los dientes.

—Muérdeme —Hyung Jun rogó desvergonzadamente, presionando su pecho con más fuerza contra la boca de Jung Min.

Jung Min sabía que el hombre no estaba pidiendo dolor. Quería el placer que provocar al pezón le traía. Chupó, mordió lentamente y lamió, perdido en la dulce exploración del cuerpo de Hyung Jun.

La espera lo estaba matando, pero Jung Min no iba a moverse hasta… Hyung Jun comenzó a montar el pene de Jung Min y él estaba malditamente cerca de perder la cabeza.

—Móntame duro, bebé —Jung Min le ordenó a Hyung Jun, su voz oscura y áspera.

Hyung Jun comenzó a moverse más rápido, y Jung Min se empujaba hacia arriba. Jung Min debería de haber tenido miedo de su necesidad por Hyung Jun, una necesidad tan profunda que era insoportable. Pero no lo tenía. Le dio la bienvenida. Por primera vez en su vida, Jung Min no se sentía como si estuviera con alguien sólo para estar con alguien.

Quería estar con Hyung Jun. Infiernos, lo estaba deseando como si fuera una maldita droga. Él gimió, duro y salvaje cuando comenzó a empujarse con fuerza dentro del culo de Hyung Jun, haciendo que su pareja gritara, pidiendo su liberación.

Jung Min estaba respirando con dificultad, con la piel sensible. La sensación de Hyung Jun deslizándose arriba y abajo de su cuerpo, acariciándolo, casi lo vuelve loco. La cabeza de Hyung Jun se enterró en el cuello de Jung Min, su propia respiración jadeante en su pecho mientras el hombre se oía como si estuviera luchando por respirar.

La sensación de los labios de Hyung Jun sobre la sensible piel del cuello de Jung Min, hizo que Jung Min cerrara las manos en un esfuerzo por encontrar control donde no parecía haber ninguno.

Y luego Hyung Jun mordió su cuello.

Jung Min gritó mientras llenaba el culo de Hyung Jun, inundando el sensible y delicioso tejido, acariciándolo mientras un millón de rayos de electricidad recorrían su cuerpo. Jung Min se sintió caer, ahogándose dentro de su pareja cuando Hyung Jun dio un pequeño gruñido, apretando en su culo el pene de Jung Min.

Cuando se corrió entre ellos, sintió la masa pegajosa y sabía que su pareja también había llegado. La cabeza del Jung Min cayó en la almohada tragando el aire que tanto necesitaba. Hyung Jun estaba lamiendo su cuello, un pequeño gemido sordo salía de él.

—Maldición —Jung Min dijo mientras pasaba sus manos por la espalda de Hyung Jun—. Sólo... maldición.

Hyung Jun se apartó, sonriéndole.

—Eso fue, fantástico.

Jung Min se rio, jalando a su pareja a sus brazos. Le gustaba ver la sonrisa de Hyung Jun. El hombre era guapo, pero se volvía impresionante cuando se llenaba de felicidad.

—Sí, bebé, lo fue. —Jung Min agarró fuerte el culo de Hyung Jun—. Así fue.

Hyung Jun movió su culo.

—No estuvo mal para mi primera vez.

Jung Min gimió. Eso imaginó. Ahora podía ver que tenían otra cosa que trabajar con Hyung Jun sobre decirle cosas cuando más importaba.

Él no iba a sentarse aquí y darle un sermón al chico, no después del sexo alucinante que acababan de tener.

Y en secreto, alababa su ego el saber que era el primero de Hyung Jun. Iba a ser también el último del chico, porque Jung Min no iba a dejar ir al hombre. Le dio una palmadita en el trasero a Hyung Jun.

—He hecho algo de comer. Hay que ducharse y vestirse. Sentarse a la mesa de la cocina desnudo no es una buena cosa.

Hyung Jun se movió hacia adelante, y el flácido pene de Jung Min salió del cuerpo de su pareja. Ambos gimieron. Podía ver que el sexo con Hyung Jun iba a ser a menudo. Jung Min amaba cómo el hombre se sentía, su capacidad de respuesta, y los lindos ruidos que hacía mientras Jung Min lo jodía… Bien, si no dejaba de pensar en ello, no dejarían la cama.

—Ducha —dijo Jung Min y Hyung Jun obedeció. Vio cómo su pareja se dirigía al baño y le encantó cómo el pequeño culo se balanceaba de un lado a otro. Dios, iba a vivir dentro del culo de Hyung Jun.

El pequeño hombre sólo le había mostrado el cielo y Jung Min ahora era adicto.

Esperó hasta que Hyung Jun terminara antes de darse una ducha rápida. Una vez que los dos estuvieron completamente vestidos, Jung Min le dio a su pareja un recorrido por la casa. No era muy grande, pero era la casa de Jung Min, un santuario en el que amaba vivir.

Y ahora era un paraíso también para Hyung Jun. Se lo había comprado a un tipo llamado Sung Joo. Le había dicho a Jung Min que había estado desocupada durante años, y el hombre aun no le daba el precio a Jung Min.

Ahora que miraba a su alrededor, Jung Min podía imaginar a Hyung Jun estando aquí. A él le gustaba la idea. Imágenes de despertar al lado del hombre cada mañana y sentarse juntos en la sala a ver televisión empezaron a llenar la cabeza de Jung Min.

—¿Hyung Jun?

Su pareja se giró y lo miró con ojos inocentes.

—¿Sí?

Jung Min abrió la boca para preguntarle a Hyung Jun si se quedaba a vivir con él cuando alguien llamó a la puerta.

—Espera. —Jung Min estaba irritado como el infierno por la interrupción. Abrió la puerta, dispuesto a decirle a quien quiera que fuera que desapareciera cuando vio al tío de Hyung Jun de pie en su porche.

¿Cómo infiernos hizo para saber dónde vivía?

*****

Min Ho vio los papeles que Woozi le había dejado sobre su escritorio para él. Había muchas más propuestas de lo que había previsto. Estaba por lograr que su pueblo se viera normal.

Con las peticiones delante de él, tendría su pueblo floreciendo en un momento. Tomó el teléfono en su escritorio y marcó a Kim Suho.

—Construcción Kim.
—Soy Min Ho.
—¿Qué puedo hacer por ti, Min Ho? —preguntó Suho. Min Ho podía oír el ruido de fondo y sabía que el equipo de construcción estaba extendiendo el bar que había necesitado reparación desde hace años.

El nuevo propietario lo estaba arreglando, Min Ho estaba contento con la elección. El antiguo dueño del bar, fue arrestado por dejar que menores de edad bebieran allí.

«Qué idiota».

—Tengo un gran proyecto del que necesito hablar contigo. Necesitamos un ayuntamiento.

Suho hizo un ruido bajo de silbido.

—Ese es un gran proyecto. Voy a contratar más hombres. ¿Tienes algo en mente? ¿O lo diseñaremos desde el principio?

Min Ho ya sabía cómo quería que se viera el lugar. La Villa Starhaus tenía un ambiente pintoresco y quería que siguiera así. Él no quería nada moderno. Esa era una de las cláusulas de los contratos que había entregado a los nuevos propietarios de negocios.

No se les permitía hacer nada que hiciera que la Villa Starhaus dejara de verse como el pueblo pequeño y acogedor que era. El Ayuntamiento no sería diferente.

—Tengo algo en mente, pero tendrás que dibujarlo.
—Estaré allí esta tarde después de recoger a Baekhyun del trabajo. Te parece bien, ¿verdad?
—Me parece perfecto.

Justo cuando colgó el teléfono, Dong Hae entró en la oficina, Min Ho sonrió. Había tenido algunos raund con Hyukjae sobre que dejara a Dong Hae trabajar. Por supuesto, Min Ho tuvo que morder la bala y permitir que las parejas salieran de la Casa.

Sabía que quedarse en la Casa los había vuelto locos durante años.

Ahora, sólo un puñado de guerreros custodiaban la Casa. La mayoría ahora estaban recorriendo la Villa Starhaus, manteniendo un ojo en las parejas mientras trabajaban. Min Ho no quería que sus centinelas consiguieran trabajo. Su único trabajo era proteger a las parejas de la Casa. No le molestaba cuanto ayudaban a los demás, pero si alguno de ellos no mantenía a las parejas a salvo...

—¿Qué puedo hacer por ti, Dong Hae? —Min Ho se inclinó hacia adelante, dándole a la pareja su expresión más seria.
—¿Cómo hago para tomarme un día por enfermedad en el trabajo?

Le tomó a Min Ho un segundo entender lo que decía Dong Hae.

—¿Quieres llamar al trabajo y decir que no irás?

Dong Hae se sonrojó.

—Hyukjae quiere llevarme de compras. Esperaría hasta este fin de semana, pero tengo que trabajar durante los próximos seis días. —Dong Hae mordió el labio inferior y luego cerró la puerta de la oficina—. ¿Me hace una mala persona querer pasar el día con mi pareja?

Min Ho se cubrió la boca con la mano escondiendo una sonrisa.

—No, todo está bien. —Conocía al pequeño Dong Hae, Min Ho había comprado la cafetería hace años. Técnicamente era el jefe de Dong Hae. Nunca le dijo a nadie lo que había hecho. Sólo Woozi sabía que Min Ho era el dueño—. No vas a hacer un hábito de reportarte y no ir, ¿verdad?

Dong Hae rebotó en su lugar.

—No lo haré. Lo juro.

Min Ho movió la mano hacia el hombre.

—Entonces ve y diviértete con Hyukjae. Voy a llamar a la cafetería y avisarles que no irás.
—¿Harías eso por mí?
—Por supuesto.

Dong Hae dejó la oficina de Min Ho con una gran sonrisa en su rostro. Una vez que el hombre se hubo ido, Min Ho dejó escapar una risa. El tipo era muy fácil de complacer.

SS501

Publicar un comentario

1 Comentarios

  1. El silencio y el ver a Jun en su forma de lobo fueron los mejores consejeros para que JungMin acepte su destino, pero no por obligación, sino porque lo quería, y que manera de demostrárselo… FANTASTICO!!!... no me digan que es, quien me imagino que es, llegando para arruinarles su momento… Hae siempre será Hae y lo adoro por eso.

    ResponderBorrar