Frost... Capitulo 03


— ¿Estás decidido a arruinar el nombre de esta familia más allá de toda reparación?


Taeyong permaneció estoicamente en el centro del pequeño y vacío salón de baile mientras su padre paseaba lentamente de un lado a otro, la cola de su túnica de cachemira plateada revestida de piel azul acariciaba el ya reluciente suelo de mármol. El tío de Taeyong y sus primos gemelos estaban a un lado, fingiendo para todo el mundo que no podían oír cómo Taeyong estaba siendo reprendido como un elfo novato. Una débil versión de God Rest Ye Merry Gentlemen flotaba a través de las puertas cerradas del salón de baile principal. Ahora había un pensamiento. Descanso. Al igual que deseaba que su padre se lo diera a él.


—Es una fiesta, padre. La sociedad dicta que debo traer un invitado, y lo he hecho.

—Sí, pero no ese invitado.

—No iba a traer a nadie más. En nombre de Kringle, ¿no tengo ningún derecho a divertirme?


Su padre se volvió hacia él y sus ojos negros brillaron peligrosamente.


—¿Divertirte?¿Eso es todo lo que te importa últimamente?


Taeyong no pudo evitar su sorpresa.


—¿Cómo?¿Has prestado la más mínima atención a los últimos dos años? Trabajé muy duro preparando un caso contra el Rey Ratón, haciendo todo lo que estaba en mis manos para meterlo entre rejas de una vez por todas. Eso sin mencionar atender el resto de mis deberes, ¿y estás restando importancia a todo por una fiesta?

—No uses ese tono conmigo, no voy a permitirlo.

—Dime por favor, ¿qué me vas a permitir?—Taeyong estrechó su mirada mientras su padre continuaba paseando. Entonces se dio cuenta. Debería haberlo sabido. ¿No era siempre a lo que se reducían estas pequeñas discusiones?—Esto no tiene nada que ver con la fiesta. Esto es sobre él, ¿verdad?

—Hubiera sido mejor si él te hubiera dejado en paz. 

—Dejarme ser un monstruo querrás decir. ¿Es eso lo que quieres? ¿Un arma en lugar de un hijo?


Su padre dejó de caminar, pero no confirmó ni negó las palabras de Taeyong, formando un nudo en su garganta. Es cierto, su padre nunca le había mostrado la misma forma de afecto que su madre le había dado, pero ¿realmente él podría haber preferido que Taeyong no hubiera sobrevivido? El pensamiento caló profundamente.


—Bueno, perdóname por tener un corazón y atreverme a usarlo. El hecho de que tú estés incompleto no significa que tenga que vivir mi vida de la misma manera.


El fuerte dolor que dejó en su mejilla después de que su padre lo golpeara no fue completamente una sorpresa, pero sí la mezcla de ira y dolor en la expresión de su padre. ¿Qué quería exactamente su padre de él, aparte de que él renunciara a la única cosa que le había traído alguna felicidad en su fría y solitaria existencia? No tenía sentido discutir.


—Si no hay nada más, me retiro.

—Él no es digno de ti.


Taeyong no pudo evitar su ira o la forma en que se extendió por su cuerpo. La habitación perdió su color, dejando nada más que blanco helado, debido a que sus ojos estaban haciendo lo mismo. Podía sentir el amargo frío extendiéndose hasta las puntas de los dedos de sus pies y los mechones de su cabello blanco. 


— Voy a pedirte que cuides la forma en que hablas de él. Lo amo y nada de lo que digas cambiará eso.

—¿Y si te hiciera elegir?—Para mérito de su padre, era más una pregunta que una amenaza.

— Me ama de todo corazón sin prejuicios ni miedo, y posee un corazón tan puro que derretiría el hielo alrededor del mío. Si quieres echarme, entonces hazlo, porque yo no voy a dejarle. Nada, excepto la muerte me obligará a irme de su lado. ¿Realmente crees que lo dejaría por esto?,—gruñó, señalando la ridícula opulencia del salón de baile de uso no exclusivo del club, uno de los muchos palacios que poseía su familia.

—Ustedes los jóvenes son tan dramáticos.

—No soy un niño. Tengo cuatrocientos cincuenta años.


Su padre se burló de eso.


—Todavía un bebé. Yo he vivido desde el principio. Ni siquiera podrías imaginar las cosas que he visto.

— Y, sin embargo, quieres negarme lo único que significa tan poco para ti pero el mundo para mí. Lo has visto todo, y en el fondo, ni siquiera es su presencia lo que te molesta, sino el hecho de que crees que es indigno de mí, indigno de nosotros y nuestro gran nombre.

—Tú eres el Taeyong Frost.— Las manos de su padre se posaron sobre sus hombros, la coincidencia de altura del padre y el hijo les permitía mirarse cara a cara a los ojos—Tu nombre es leyenda, y tu poder es incomparable. Un día superará a los míos.

—Y cuando llegue ese día, lo quiero a mi lado, recordándome mi propósito, recordándome que tengo alma. Soy algo más que el poder que tengo dentro de mí.


Con un profundo suspiro, el Rey de las Heladas se alejó.


—Veo que esta conversación no nos lleva a ninguna parte.

—Al menos estamos de acuerdo en algo.

—Vuelve al baile. Trata de no deshonrarte, y lleva a tus primos contigo.


Taeyong se mordió la lengua y se inclinó antes de dirigirse hacia la puerta, sus primos siguiéndole silenciosamente pisándole los talones. Una vez que salió al reluciente salón de baile lleno de vida y música, se sintió un poco mejor, aunque su estado de ánimo seguía siendo negro como el carbón.


—¿Taeyong?—Seungyub lo alcanzó, caminando junto a él a su izquierda, mientras que Eunwoo lo flanqueaba por la derecha.

—Sí,— gruñó Taeyong, caminando entre la multitud de invitados vestidos con sus mejores galas y dirigiéndose hacia la alfombra roja y la escalera de mármol principal hasta el segundo piso, donde estaba su palco privado junto a muchos otros.

—Los rumores de que abandonas a los soldados de juguete no son ciertos, ¿verdad?

—No deberías hacer caso a los rumores.—La noche apenas había comenzado y ya había sido reprendido por su padre. Ni siquiera los sonidos melódicos del coro ni el alegre eco del tintineo de las campanas eran suficientes para levantarle el ánimo. La Navidad estaba muy cerca, ya Taeyong le estaba resultando más difícil de lo habitual sentirse alegre.


—Pero, ¿son ciertas?—Seungyub insistió, sus ojos grisáceos suplicando.


Taeyong nunca había sido muy bueno en negarles algo a sus primos. Eran los únicos miembros de toda su familia que realmente le gustaban. Él había crecido junto a ellos, había jugado en la nieve con ellos cuando todos eran elfos novatos, bromeando entre sí, viendo quién podía invocar los vientos árticos más fuertes. Por supuesto, incluso cuando combinaban sus poderes, los gemelos no eran tan fuertes como Taeyong, pero él siempre los alentaba a esforzarse para ser mejores, y míralos ahora. Eunwoo era teniente en el ejército de soldados de juguete, y Seungyub era un comandante, ambos condecorados y famosos por su valentía. Taeyong estaba muy orgulloso de ellos, y no le importaba expresarlo.


—¿Taeyong?—Eunwoo insistió suavemente.

—No del todo,—respondió Taeyong, no estaba dispuesto a ocultarles la verdad. Llegó al segundo piso, saludando con un asentimiento de cabeza a los prestigiosos ocupantes de los otros palcos privados que deambulaban fuera para echar un vistazo a Taeyong y su séquito. Aunque tuvo que admitir, que entendía por qué se sentían intrigados. No por él. Sólo Kringle sabía por qué alguien tendría algún interés en verlo, pero sus primos eran ciertamente un espectáculo digno de contemplar. Eran excepcionalmente hermosos, con el cabello negro oscuro por el que su familia era reconocida. Donde Taeyong y su padre tenían unos ojos negros, los de Seungyub y Eunwoo eran de un gris oscuro. Tenían mandíbulas cinceladas, labios carnosos y, en sus uniformes militares ceremoniales, se veían deslumbrantes.


—Taeyong, ¿qué pensarán los otros reinos?—Seungyub le susurró discretamente. Agarró el brazo de Taeyong y lo detuvo, su mirada mostraba preocupación.

—¿Me disculpas? Tengo que ir a un lugar que es mucho más agradable que estar aquí parado discutiendo contigo tonterías. Los otros reinos pueden pensar lo que quieran, independientemente de lo que yo haga. De todas formas, eso apenas me preocupa.

—¿Cómo puede no preocuparte? Somos el reino más fuerte junto a Alfeim, y tú eres nuestro príncipe. ¿Cómo se supone que vamos a mantener nuestra posición si el Príncipe de las Heladas abandona a su ejército para juguetear en la nieve con algunos elfos de Navidad? Se trata de una situación grave, ¿y dices que no te preocupa?

—Cuida tu tono, Seungyub. No dejaré que nadie dictamine mi vida. Tampoco tengo intención de abandonar nuestro ejército. Simplemente estaba considerando la posibilidad de delegar algunas responsabilidades promocionando a otros soldados perfectamente capaces de hacer el trabajo.—Sacó su brazo del agarre de Seungyub y se marchó, finalmente acercándose a su palco privado.

—¿Todo por ese...piloto?


Taeyong apartó la cortina de terciopelo rojo, su corazón latía ferozmente ante la visión delante de él.


—Él tiene un nombre,—dijo Taeyong en voz baja, mientras su mirada se encontraba con la sonrisa más radiante de todas.—Espero no haberte hecho esperar demasiado.


Doyoung se paró frente a él. La criatura más hermosa que Taeyong nunca había conocido.


—Sabes que te esperaría por el tiempo que sea necesario.—Sus ojos azul pálido brillaban con amor bajo el cálido resplandor del candelabro de cristal colgando sobre sus cabezas. Estaba impresionante con su levita roja y dorada, chaleco y pantalones. Una corbata blanca estaba atada elegantemente alrededor de su esbelto cuello, y su chaleco acentuaba su talle fino, ocultando lo que Taeyong sabía que era un buen físico y maravillosamente tonificado.


Girando sobre sus talones, Taeyong dio a los gemelos un suave empujón fuera del palco.


—Largo de aquí.

—Taeyong,—Doyoung le regañó juguetonamente.—Modales.—Se acercó a Seungyub y Eunwoo, ofreciendo una sonrisa amistosa.—Muchachos.


Los gemelos se inclinaron cortésmente, Eunwoo sonriendo alegremente mientras Seungyub fruncía el ceño.


—Muy bien,—Taeyong aceptó, diciéndoles adiós a sus primos con la mano.—Ahora váyanse. Los veré a los dos mañana por la mañana en el Palacio de Justicia a las diez en punto.


Sin decir nada más, cerró la cortina. Se volvió hacia Doyoung inclinando la cabeza de forma pensativa.


—¿Fui grosero?


Doyoung se rió entre dientes.


—¿Te importa?

—No—Taeyong cerró la distancia entre ellos en un solo paso, sus brazos tomando a Doyoung mientras aplastaba sus bocas en un beso ardiente. Fue sólo después de verse obligado a tomar aire que se dio cuenta de que no había comprobado si la cortina exterior estaba cerrada. La ausencia de jadeos escandalizados le dijo que tenían privacidad. Doyoung lo miró con esa mirada brillante que sólo reservaba para Taeyong recordándole lo afortunado que era.

—Probablemente deberíamos abrir la cortina ahora,—sugirió, sonando algo reacio, eso sin mencionar su respiración jadeante. 


Sus mejillas estaban enrojecidas, pero el color no podía compararse con el ardiente color rojo de su cabello. Nadie en todo el Polo Norte tenía un cabello tan espectacular o tan rojo como el de Doyoung. Era hermoso, un excelente piloto, olía maravillosamente a canela, y lo más importante, él era todo de Taeyong.


—De acuerdo.—Taeyong respiró profundamente y se detuvo en la parte delantera del balcón de mármol dorado mientras Doyoung se colocaba a su lado.—¿Listo?

—Como nunca lo estaré,— respondió Doyoung, sus dedos entrelazados discretamente con los guantes de Taeyong.


Enderezándose en toda su altura, Taeyong convocó una ráfaga de viento que separó la cortina de terciopelo rojo ante ellos, revelando la impresionante vista del abarrotado salón de baile debajo de ellos, toda una ráfaga de blanco y dorado. Una ovación estalló de los invitados asistentes al baile de Navidad de este año, si bien imaginaba que una buena parte de ellos lo hicieron porque creían que no tenían otra opción. Ya sea que lo amaran o lo odiasen, no había nadie en el reino que no le temiera. Taeyong sintió unos dedos apretar alrededor de los suyos y no pudo evitar sonreír. Bueno, tal vez había uno.


Taeyong sostuvo la mano de Doyoung, uniéndose a él para saludar a la multitud. No importaba lo que sentían todos acerca de su amor por el elfo de Navidad, Taeyong no tenía intención de dejar ir a Doyoung, y cualquiera que amenazara lo que tenía llegaría a conocer el verdadero miedo. Eso lo garantizaba.


—¿Te he dicho lo delicioso que te ves en tu uniforme ceremonial?


Doyoung se sentó junto a Taeyong en el sofá tapizado de terciopelo rojo, incapaz de apartar sus ojos de él. La mayoría de los demás elfos habrían considerado el salón de baile como una de las visiones más exquisitas, sus columnas de mármol blanco con su intrincado diseño, elaboradas molduras y suelos de mármol brillantes, pero no Doyoung. No mientras Taeyong estuviera aquí. 


Si bien el amplio salón de baile blanco y dorado brillaba como un mar de luces blancas parpadeantes, impresionando a todos aquellos que contemplaban las numerosas lámparas de cristal que colgaban de cada uno de los arcos dorados, Doyoung seguía encontrando a Taeyong la visión más extraordinaria de todas. Incluso después de doscientos años juntos, Taeyong lograba quitarle el aliento. ¿Cómo un humilde elfo de las llanuras nevadas de Gingerbread Grove había acabado con el poderoso Príncipe de las Heladas? 


Dicho príncipe era en este preciso momento la única criatura encantada en el Baile de Navidad haciendo pucheros miserablemente.


—Es pomposo.

—Es elegante,—corrigió Doyoung, quitando alguna pelusa inexistente del puño rojo de su amor como una excusa para tocarlo. 


No era frecuente que Doyoung viera a Taeyong con su atuendo ceremonial. La chaqueta negra era espectacular, ampliamente adornada con trenzados de plata horizontales en el pecho, nudos de plata en los extremos al igual que en las mangas, y múltiples hileras de botones de plata relucientes. El rojo de sus puños era un reflejo del cuello alto acartonado, adornado con intrincadas espirales de plata trenzada, y el diseño se repetía en la espalda, sólo que de forma más extravagante. Una pelliza negra revestida de piel con trenzado de plata colgada sobre su hombro izquierdo, sumándose así a su majestuosa apariencia. 


Sus pantalones eran negros, al igual que sus impecables botas Hessian. Su cabello estaba perfectamente peinado y con una raya a un lado, sus ojos negros penetrantes y en contraste con la perfecta piel de porcelana.


—Te hace aún más apuesto, si eso es posible.

—Sólo estás tratando de meterte en mis pantalones,—Taeyong se quejó.


A pesar de la brusquedad, Taeyong le estaba tomando el pelo. Doyoung había llegado a conocer bastante bien todos los gestos de su elfo gruñón.


—¿Funciona?

—Igual se necesita mucho esfuerzo,—Taeyong se burló, haciendo señas al camarero al final de su palco.


Una delicada bandeja de plata ofreciendo distintas bebidas les fue presentada, y Doyoung contuvo una sonrisa cuando Taeyong tomó una copa de champán rosa para él. Taeyong eligió un vaso de vodka para sí mismo con un gruñido de agradecimiento, y Doyoung observó, cosquilleando como siempre, cómo Taeyong juntaba sus labios y soplaba suavemente sobre los dos vasos, enfriándolos. Le entregó el champán a Doyoung, sin darse cuenta de cómo sus pequeños gestos calentaban el corazón de Doyoung.


Taeyong tomó un trago de su vodka, haciendo enseguida un puchero, y Doyoung no pudo evitar burlarse de él.


—¿Ya estás listo?—Trató de no reírse de la mirada que Taeyong le dio a su pelliza antes de tirarla a un lado, como si de alguna manera fuera personalmente responsable de su asistencia obligada al baile. Teniendo en cuenta que era financiado por la familia Frost, Taeyong difícilmente podría ausentarse.


El Rey de las Heladas sin duda cruzaría algunas palabras con su hijo, y últimamente su relación era bastante tensa, algo por lo que Doyoung se sentía culpable, sabiendo que era la causa de ello. Hacía casi un año desde que el escándalo de su relación con Taeyong había estallado en todos los medios de comunicación, y todo porque Doyoung había salvado a dos jóvenes elfos de las garras de algunos soldados de juguete corruptos al declarar a los elfos sus ayudantes.


En ese momento, Doyoung no tenía ni idea de que los soldados de juguete tenían la intención de silenciar permanentemente a los pobres elfos, pero algo le había impulsado a intervenir, a pesar de saber el gran revuelo que causaría. Hasta entonces, los elfos nunca habían sido ayudantes de los Rein Dears. Su escuadrón sólo había tenido hadas de Sugarplum, sobre todo porque las hadas eran más que simples ayudantes. Reclamando a Jungwoo y Lucas como de los suyos había revelado sin querer la verdadera naturaleza de Doyoung.


¿Y qué había hecho Taeyong en medio del caos y el escándalo? Había tomado una posición, su mano sujetando firmemente la de Doyoung mientras revelaba su amor al mundo. Taeyong tenía mucho más que perder, como Príncipe de las Heladas y General del Ejército de los Soldados de Juguete, sin embargo, él lo había arriesgado todo por Doyoung.


—Otra vez acorralando a los conejitos de nieve, ¿verdad?


Las burlas de Taeyong interrumpieron sus pensamientos, y dirigió a su amante una sonrisa triste. Realmente debería estar prestando más atención al baile. Esta era, después de todo, la primera vez que se sentaba al lado de Taeyong en su palco real. Debajo de ellos, la élite más selecta del Polo Norte estaba bailando espectaculares vals y escuchando los alegres villancicos, con el champán fluyendo y el ponche de huevo y los cócteles de menta haciendo que todo el mundo se divierta. Toda persona importante estaba presente, incluidos reporteros selectos y fotógrafos del periódico de la ciudad del Polo Norte, los primeros en exponer su relación. Estupendo.


Como Capitán del escuadrón de los Rein Dear, Doyoung era una celebridad por derecho propio. Era algo que había aceptado desde el principio, aunque sólo fuera para hacer su vida más fácil. No había forma de evitarlo. Aunque aún había momentos como éste, ¿cuándo miraba por encima del palco y se preguntaba cómo en nombre de Kringle había llegado hasta aquí?


—¿Sabes que he congelado más de tres docenas debebidas en la última hora y nadie ha dicho una palabra?—Taeyong frunció el ceño ante su copa vacía y la devolvió, y una recién llenada le fue entregada con rapidez.

—¿Qué esperabas?¿Crees que van a venir hasta aquí y retarte?


Lucas hizo su aparición justo en ese momento, gritando através de la cortina de terciopelo rojo detrás de ellos clavando un dedo en Taeyong.


—¡Deja de congelar mis bebidas bastardo!—Con eso dicho, giró sobre sus talones y salió furioso por el mismo sitio por donde había venido.


Hubo varios jadeos horrorizados de los palcos privados situados a ambos lados del de ellos, pero Taeyong se limitó a sonreir con malicia.


—¿Decías?

—Lucas no cuenta y lo sabes. En serio, Taeyong. ¿No puedes dejar de atormentar al pobre elfo?


Taeyong arqueó una ceja hacia él, como si la respuesta fuera obvia.


—No. No, no puedo. Lo disfruto demasiado. Además, él es el único con agallas en todo este lugar, excluyendo la compañía presente, por supuesto. Desde que lo conozco, me ha llamado con todos los apelativos que se le han ocurrido, y muchos más. Pequeña cosa creativa.

—¿Qué pasa con Jungwoo?—preguntó Doyoung, sabiendo lo que Taeyong sentía por el pequeño elfo. 


Jungwoo tenía un gran corazón, a pesar de su pequeña estatura, y Taeyong se había vuelto muy protector con él en el último año. Aunque Lucas a menudo mostraba encantadores ataques de celos con respecto a los afectos de Taeyong, en verdad, Taeyong no representaba ninguna amenaza para el corazón de Lucas. Taeyong simplemente se había limitado a dejar crecer un amor fraternal por el elfo huérfano. Además, Taeyong había ayudado a unir al reacio y atormentado Lucas con el amor de su vida.


—Jungwoo tiene tantas agallas como tú o como yo. Nunca congelaría sus bebidas. Sin embargo, los he mantenido maravillosamente frescos. Se sonroja cada vez que toma un sorbo. Es dulce. Me recuerda a ti.

—¿A mí?

—Después de todos estos años, todavía te sonrojas por mí.—Taeyong deslizó discretamente sus dedos por la pierna de Doyoung, causando que el calor se propagara através de todo su cuerpo, y haciéndole moverse incómodamente en su asiento.

—Bueno, no es como si lo hubiera hecho a propósito.

—Ves, ahí está. Eres tan vibrante y lleno de color. Cuando te toco, cada centímetro de ti se ilumina.


Taeyong se inclinó hacia él, sus labios rozando su mejilla.


—Taeyong, nos están mirando.


Durante el año que habían estado juntos abiertamente, no había habido muchas demostraciones públicas de afecto. No era como si de repente pasaran de apenas tocarse, por temor a ser descubiertos, a besuquearse. Los viejos hábitos eran difíciles de romper, y lentamente Doyoung se había acostumbrado al placer de sostenerla mano de Taeyong, o permitirse contemplar con adoración a su amante sin el temor ni la preocupación de que lo vieran.


Taeyong, que siempre había sido el más reservado de los dos, había sorprendido a Doyoung dándole un beso en la mejilla mientras cenaban una noche, y cuando había comenzado a colocar una mano protectora en la cadera de Doyoung cada vez que salían, especialmente durante cualquier enfrentamiento con los medios de comunicación, parecía como si Taeyong se estuviera volviendo cada día más audaz.


—Déjales que miren.


Doyoung no pudo evitar sentir sus mejillas calentarse cuando Taeyong le dio un suave beso en la sien. 


—¿Que te pasa?

—Nada todavía, pero tal vez esta noche... 

—¡Taeyong!—Doyoung jadeó, sus mejillas sin duda coincidían con el color de su cabello.


La risa de Taeyong calentó el corazón de Doyoung.


—¿Cómo no te das cuenta de lo encantador que eres?

—No lo sé. Tal vez estoy demasiado ocupado tratando de evitar que mi corazón salga de mi pecho cuando estás cerca.


Taeyong parecía sorprendido.


—¿De verdad hago eso?

—Siempre. ¿Quién no tendría palpitaciones en el corazón después de ver un rostro así? —le salió un profundo gruñido.


Doyoung se rió entre dientes, y Taeyong se recostó, dirigiendo una sonrisa cada vez más amplia a sus amigos.


—Jungwoo. Cascarrabias.


Lucas fulminó con la mirada a Taeyong antes de tomar la mano de Jungwoo y tirar de él hacia el sofá vacío frente al de Doyoung y Taeyong. En cuanto Doyoung vio el brillo travieso en los ojos de Taeyong, se preparó. Ahí vamos. Taeyong palmeó el pequeño espacio entre él y el reposabrazos.


—Hay sitio aquí para ti, Jungwoo. Es un poco apretado, pero no me importa.


Jungwoo se sonrojó y Lucas se movió más cerca de él, sus ojos entre cerrados.


—¿No deberías estar congelando narices o algo en alguna parte?


Doyoung casi se ahoga con su bebida. Oh, Lucas.


—¿Porqué congelar narices cuando puedo divertirme mucho más congelando otras extremidades?


Los ojos de Jungwoo se abrieron de par en par, su rostro se puso rojo como un tomate cuando Lucas saltó desde su asiento.


—¿No te da vergüenza?

—No.—Taeyong arqueó las cejas y palmeó a Doyoung en la espalda para ayudar a aliviar su tos.—Honestamente, Lucas. Todos habéis caído de cabeza en la trampa.

—Tiene razón,—Doyoung consiguió decir con voz ronca.

—No lo alientes,—se quejó Lucas, volviendo a sentarse para envolver sus brazos alrededor de Jungwoo y abrazarlo. Plantó un beso en los labios de Jungwoo y el rubor del pequeño elfo se extendió hasta la punta de sus orejas. ¿Así era como se veía Doyoung cuando Taeyong lo besaba?

—¿Os estáis divirtiendo? —les preguntó Doyoung. Apenas les había visto a los dos desde que los cuatro habían llegado más temprano en la noche.

—¡Es maravilloso!—Jungwoo respondió, prácticamente saltando por la emoción.—Lucas es un bailarín asombroso. Muchísimas gracias por darme las clases, Doyoung. De lo contrario, nunca lo habría conseguido.

—De nada.


Jungwoo miró a Taeyong con curiosidad.


—Taeyong, ¿por qué no has sacado a Doyoung a bailar?

—Um, bueno... yo...—Taeyong se sentó y se aclaró la garganta, mirando incómodo.


Doyoung decidió evitarle a su amante la explicación. Un beso en la mejilla en público era una cosa, pero bailar juntos frente a las familias más elitistas del reino era algo completamente diferente.


—Me lo estoy pasando genial ahora mismo, sentado aquí con Taeyong. Es la primera vez que me siento en el palco real. Estar aquí con él de esta manera es más de lo que podría haber esperado.—Y era la verdad. Nunca me hubiera imaginado tener el honor de estar sentado junto a Taeyong en el hermoso palco privado del príncipe.


La expresión de Taeyong se suavizó, aunque cuando miró a Doyoung había tristeza en sus ojos oscuros.


Lucas miró de Doyoung a Taeyong confundido.


—No veo cuál es el problema. Ellos saben que estáis juntos. ¿Qué importa si bailáis?


La expresión en la cara de Doyoung debía haber dicho más de lo que pretendía, porque una mirada de comprensión cruzó de repente la cara de Jungwoo. Segundos después hubo un claro –uf-que Doyoung sospechaba se debía a que Jungwoo le había dado un codazo a su amante. La expresión de Taeyong se oscureció, y Doyoung rápidamente desvió su atención.


—Bueno, saber algo y ver pruebas de ello son dos cosas diferentes. No estoy seguro de que la sociedad esté lista para ver a Taeyong con alguien como yo.

—¿Qué significa alguien como tú?—Taeyong se levantó de un salto para enfrentar a Doyoung.


Jungwoo y Lucas se sobresaltaron, pero tener a Taeyong alzándose sobre él nunca le provocó miedo a Doyoung como lo hacía a todas las demás criaturas del reino. Doyoung no tenía miedo de Taeyong, sin importar su tamaño o fuerza, porque él conocía el corazón de Taeyong. Taeyong no podía cambiar su estatura más que su naturaleza, y siempre había sido una fuente de dolor para el temido príncipe. Donde la mayoría no veía nada más que una actitud fría y amenazadora, Doyoung sólo veía preocupación y amor.


—Bueno, aparte del hecho de que no soy un hada de Sugarplum, yo sólo soy un elfo navideño.—Tan lejos como habían llegado los elfos, los elfos navideños no estaban precisamente en lo más bajo del escalafón del elfo encantado, pero tampoco estaban cerca de la cima con los elfos tan poderosos como Taeyong. No era como si Doyoung se avergonzara de lo que era; simplemente era un hecho. Cuando pensó en ello, incluso Jungwoo estaba más encantado que Doyoung, considerando de dónde venía. La aurora boreal reflejada en el siempre cambiante color de los ojos de Jungwoo era prueba de ello.


—Tú eres como el acebo. Eres un capitán y un piloto experto. Sin ti, ¿dónde estaría el resto de los Rein Dears? ¿Qué pasaría con la Navidad? Millones de esperanzas dependen de ti y tus habilidades—. Doyoung estaba conmovido por la fiereza de Taeyong al defenderlo, incluso si su amante no podía ver que en realidad Doyoung no era nada especial. Claro, él era una celebridad, pero sólo por su posición y apariencia.

—Sí, pero debajo de todo eso, no soy nadie. Tú eres un príncipe, Taeyong.


Para la absoluta incredulidad de Doyoung, Taeyong se arrodilló delante de él y tomó su mano. Murmullos y susurros se propagaron por el prestigioso salón de baile como un reguero de pólvora, y todos los ojos estaban puestos en ellos.


—Renunciaría a mi trono, mi título, mi fortuna, todo lo que soy por ti. Te amo por quien eres y te garantizo que no tiene nada que ver con que seas Capitán del Escuadrón. Si mirásemos por debajo de toda la pretenciosidad de los títulos y los méritos, lo que quedaría de mí en comparación contigo no sería más que una sombra.

—Taeyong...—Doyoung luchaba por encontrar una respuesta, y al final no pudo encontrar ni una sola cosa. Nunca había escuchado a Taeyong hablar tan apasionadamente. Parecía como si Doyoung estuviera navegando a través de un territorio nuevo e inexplorado del corazón de su amante. —No sé qué decir.

—Di que bailarás conmigo.

—Porsupuesto.—Apenas podía contener su alegría cuando Taeyong se puso de pie y tiró de Doyoung para que se levantara. A pesar de que Doyoung era más alto que la mayoría de los elfos, Taeyong se alzaba sobre él, la amplitud de sus hombros y su impresionante pecho, mientras que su uniforme militar real sólo aumentaba su magnificencia.


Donde quiera que Taeyong iba, su presencia exigía atención. Doyoung hizo todo lo que pudo por ignorar los susurros y murmullos mientras era escoltado por la elegante alfombra roja hacia la escalera de mármol. Decidiendo alejarlos de sus pensamientos, Doyoung se concentró en Taeyong mientras lo guiaba hacia la pista de baile. La orquesta estaba tocando un vals, y el corazón de Doyoung estaba a punto de explotar en su pecho. Taeyong lo atrajo hacia él, un brazo reposando alrededor de la cintura de Doyoung mientras que su otra mano tomó la de Doyoung.


—¿Estás seguro de que quieres hacer esto, Taeyong?

—¿Cuándo fue la última vez que bailamos en público?

—Nunca. 

—Vamos a corregir eso, ¿de acuerdo? ¿Te gustaría dirigir o lo hago yo?


Doyoung lo miró con amor.


—Sabes que te seguiría a cualquier parte.—La orquesta se interrumpió con una hermosa versión del—Vals de la Flores,—el favorito de Doyoung. —Taeyong, no lo hiciste.

—Puede que haya mencionado que era tu favorito. Si el viento se lo transmite al director de orquesta, ¿quién soy yo para detenerlo?


Le dio un beso en la mejilla a Doyoung antes de moverse en círculos en un baile magnífico, girando y dando vueltas con Doyoung mientras la música continuaba.


Doyoung no podía recordar la última vez que se había divertido tanto en el Baile de Navidad. Había olvidado lo buen bailarín que era Taeyong, lo despreocupado que había sido en su juventud. Hubo un tiempo, en que llevar el invierno al mundo había sido una alegría para su amante, una verdadera obra de arte, en lugar de la triste tarea en que se había convertido en los últimos tiempos.


Doyoung deseaba poder volver a esa alegría, ver el asombro reflejado en su mirada cuando cae el primer copo de nieve. Por ahora, él apreciaría este momento cuando su Taeyong era tan maravillosamente feliz, aquí con él bajo el manto de luces blancas parpadeantes.


—¡Taeyong!—Doyoung echó la cabeza hacia atrás y se rió después de que Taeyong aceleró al ritmo de la música.

—Vamos. Demostrémosles cómo se hace. Taeyong se desabrochó el cuello almidonado de su uniforme y se pasó los dedos por el cabello, dejándolo totalmente alborotado.

—Eres un bribón,—bromeó Doyoung, y se aferró fuertemente mientras se movía para seguir el ritmo de Taeyong, el vals llegando a su punto culminante y enviándolos a ambos a una serie de giros trepidantes. 


En el último compás de los tambores, Taeyong bajó a Doyoung y aplastó sus bocas juntas en un beso sin aliento. Hubo un rugido de aplausos y silbidos cuando Taeyong lo besó. Cuando se separaron para tomar aire, y Taeyong hizo retroceder a Doyoung, ambos estaban ruborizados de la cabeza a los pies.


—Se dejaron llevar,¿verdad?—preguntó Lucas, apareciendo al lado de ellos con una sonrisa traviesa.

—Un poco,—respondió Taeyong, aclarándose la garganta y levantando una mano para corresponder a la multitud en reconocimiento a su audacia. Todo el mundo volvió a bailar hasta que un soldado de juguete se acercó nervioso a Taeyong.

—Perdóneme, Su Alteza, pero el Rey desea una audiencia con usted.

—Puntual como siempre,—murmuró Taeyong antes de volverse hacia Doyoung y darle un dulce beso.—Me temo que esto llevará un tiempo. Te veré en casa.


Doyoung asintió, agarrando la cara de Taeyong antes de que pudiera alejarse y besándolo con todo el amor y la pasión que poseía. El flash de la cámara de un fotógrafo le dijo que era hora de separarse, y él se retiró a regañadientes, aunque todavía sostenía la cara de su amante. La voz de Doyoung era tranquila cuando habló. 


—Te estaré esperando.


Con una dulce sonrisa, Taeyong se dio la vuelta y se alejó, la cabeza bien alta y los hombros cuadrados, hasta el último centímetro del imponente Príncipe. Doyoung esperaba que Taeyong no tuviera demasiados problemas con su padre después de esa exhibición. Ya no se sentía con ganas para celebraciones, Doyoung se despidió de sus amigos y se fue a casa para esperar a Taeyong.


Publicar un comentario

0 Comentarios