La Familia T57... Capitulo 05


—Podrías haberme advertido de que estaba a punto de ser interrogado por el Alpha si me presentaba para salir contigo. —Kookheon pasó por encima de la grava del camino de la entrada hasta que salió a la carretera principal. Era tarde, el sol todavía colgando en el cielo, a pesar de que se hundía lentamente en el oeste. Yuvin estaba sentado junto a él en silencio. Kookheon todavía no estaba seguro de si estaba haciendo lo correcto—. ¿Vas a hacerme caso?
—Honestamente, no estoy muy seguro de qué decir. —Yuvin parecía un poco molesto y su ceño se profundizó—. Aún no imagino a dónde me llevas.
—Entonces deja de intentarlo —Kookheon dijo mientras conducía hacia el pueblo a una velocidad casi de caracol. Estaba tratando de pasar más tiempo con Yuvin y no tenía ganas de estar en un lugar lleno de más personas. Sin embargo su pantera le ronroneó a Yuvin que estaba sentado junto a él. Kookheon sabía que tan pronto como entraran al restaurante, el gato iba a tener un ataque.
 
Yuvin estaba rígido y si Kookheon no fuera un shifter, habría pensado que Yuvin estaba enojado. Pero podía oler la aprehensión del hombre. Su control se había deslizado por la tarde, pero no fue la intención de Kookheon hacer que su compañero le temiera.
 
Kookheon quería acercarse y pasar sus dedos por el sedoso cabello de Yuvin, para jalar al hombre hacia él y hacerle saber que a pesar de que hablaba en serio sobre lo que le había dicho, su pareja no tenía que temer.
 
Pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Aun sentía a Yuvin lejos. ¿Qué si Yuvin se retractaba de sus palabras y luego Yuvin se daba la vuelta encajándole un cuchillo de nuevo en la espalda? Había cosas profundas de Kookheon que Yuvin aún no sabía. Kookheon era maleable y dulce, pero sólo hasta cierto punto. Él podría ser un hijo de puta de primera clase, si la situación lo requería.
 
Las únicas personas que nunca verían ese lado de él eran sus alumnos. A pesar de que Yuvin era su pareja, Kookheon no tenía paciencia infinita.
 
—Entonces, ¿vas a decirme a dónde vamos? —Yuvin preguntó sentado junto a Kookheon. Decidiendo no estropear su noche, Kookheon le dio a Yuvin una sonrisa maliciosa.
—Nada elegante. Sólo quería salir contigo, conocernos más. Tratar de saber qué tan duro es trabajar con esos pequeños oídos que pueden oír caer un alfiler.
—Esos chicos no me prestan atención —dijo Yuvin sin darle importancia.
 
Kookheon frunció el ceño, preguntándose si Yuvin era realmente tan ingenuo.
 
—Tienes que estar bromeando. Los niños son pequeños excesivamente curiosos y oyen mejor que los shifter. Aunque creas que no están prestando atención, están escuchando cada palabra que dices. Es por eso que soy muy cuidadoso con lo que digo y hago a su alrededor.
 
Yuvin resopló.
 
—No lo creo. Hablo con ellos hasta que estoy azul y mis palabras caen en oídos sordos. Tienen la capacidad de atención de un mosquito.
—Tienes mucho que aprender. —Kookheon se quedó pasmado con el razonamiento de Yuvin—. ¿Alguna vez has estado cerca de niños?
—¿Como esos? —Yuvin preguntó sarcásticamente—. Hay varios niños corriendo alrededor de la Casa, pero cada vez que los veo corro en dirección opuesta.
 
Disminuyendo la velocidad hasta detenerse, Kookheon se giró hacia Yuvin.
 
—¿Cómo infiernos llegaste a ser un maestro de arte? —Eso no tenía sentido para Kookheon. ¿Por qué alguien quería convertirse en un maestro si no quería estar cerca de los niños? Era jodidamente extraño para él.
 
Yuvin alzó las manos animadamente, dejando escapar un largo suspiro.
 
—Pregúntale a Min Ho. Él tenía este gran plan de que la enseñanza me ayudaría a encontrar mi camino. Lo único que he conseguido es volverme gris y perder el control de los nervios.
 
Eso sin duda explicaba mucho. Kookheon ahora sabía por qué Yuvin no tenía ningún control sobre su clase ni idea de cómo planificar actividades. No estaba seguro de si el razonamiento de Min Ho fuera lógico, y Kookheon no iba a cuestionar al Alpha. Lo que iba a tener que hacer era ayudar a Yuvin a convertirse en un mejor maestro. Inseguro de por qué Yuvin necesitaba encontrar dirección, Kookheon iba a tener que trabajar con lo que tenía.
 
El señor Ham también era un problema. Kookheon sabía a ciencia cierta que el humano no tenía idea que existían shifters en la Villa Starhaus. Y si Min Ho no le había dicho al hombre, Kookheon no iba a hacerlo. Ahora correspondía a Kookheon poner a Yuvin en forma. Si Min Ho exigía que la pareja de Kookheon fuera un maestro de arte, entonces maldición, Yuvin iba a ser el mejor maestro de arte que Kookheon pudiera lograr que fuera.
 
—Realmente no había pensado a dónde ir. Sólo quería salir de casa. ¿Tienes un lugar favorito para comer? —Kookheon comenzó a conducir de nuevo, agradecido de que los caminos no tuvieran tráfico. Vivir en un pequeño pueblo significaba que casi nunca había tráfico, y a Kookheon le gusta así. La Villa Starhaus era un pueblo pequeño y tranquilo, y tenía suficiente bosque para que su pantera corriera.
—Realmente no tengo hambre —admitió Yuvin—. ¿Podemos seguir en la camioneta por los alrededores? Ha pasado tiempo desde que tuve tanta libertad.
—¿Te importaría decirme por qué has estado encerrado en la torre?
 
Su pareja negó firmemente con la cabeza. Kookheon quería saber pero no iba a presionar. Parecía que no era el único que tenía capas profundas en él. Y Kookheon tenía ganas de pelar cada capa de Yuvin.
 
—Está bien, ¿me permites preguntar si tienes hermanos?
 
Los lados de la boca de Yuvin se movieron.
 
—Tengo un hermano —Yuvin respondió.
 
Kookheon abrió la boca en un fingido grito de asombro.
 
—Wow, en realidad respondiste a una de mis preguntas. Creo que voy a tener un ataque al corazón.
 
Yuvin le sonrió.
 
—Esto viene de un hombre que se había negado a decirme su nombre.
—Touché. Me tienes ahi. —Kookheon realmente estaba teniendo un buen momento con su pareja.
 
Dios, ¿cuánto tiempo había pasado desde que había tenido una conversación decente con alguien mayor de seis años? Aunque Kookheon estaba hablando, estaba lidiando con qué cosas decir. Él estaba un poco oxidado con sus habilidades sociales.
 
— ¿Padres?
 
Yuvin frunció el ceño, mirando por la ventanilla. Muy bien, entonces, los padres de Yuvin estaban fuera del menú. Kookheon estaba empezando a preguntarse de qué podía hablar.
 
—Te diré una cosa, ¿por qué no me dejas saber qué temas son seguros para hablar? Suena bien, ¿verdad?
—Hay algunas personas de las que me niego hablar porque esa gente todavía me enoja.
 
Aunque Kookheon quiso sonreír, él no creía que fuera una buena idea. Ver a Yuvin... bueno... Yuvin se veía muy lindo. Kookheon tenía la sensación de que decirle a su pareja que su ira era adorable no sería prudente.
 
—Bueno, entonces tal vez te diré un poco sobre mí. No tengo hermanos, pero tengo a mis padres, y tuve una buena infancia. Supe desde hace mucho tiempo que quería ser maestro y moldear las pequeñas mentes. Mi vida ha sido bastante aburrida. Y tristemente, esa es mi vida en pocas palabras.
—¡Tienes que estar bromeando! —Yuvin se giró hacia Kookheon—. No has vivido en absoluto. ¿Dónde está la diversión en todo eso? Por favor, dime que no crees que tejer es una diversión.
—No —Kookheon dijo un poco a la defensiva—. Dije que mi vida era aburrida. No dije que era una vieja ama de casa. Dame un poco de crédito.
 
Cruzando sus delgados brazos sobre el pecho, Yuvin le dio a Kookheon una mirada que decía que en realidad no le creía.
 
—Entonces dime, señor Aventura, ¿qué haces para divertirte?
 
Kookheon abrió la boca para responder y luego la cerró. Él mantuvo la voz firme mientras se abrió paso a través de la pregunta de Yuvin. ¿Qué hacía para divertirse? Kookheon se irritó cuando vio que su pareja tenía una media sonrisa irónica.
 
—Salgo a correr.
—Por favor, dime que hay más que eso.
 
Kookheon giró en una esquina, pasando una florería.
 
—Está bien, lo admito, mi vida es muy aburrida. ¿Y qué? Por lo menos me mantiene alejado de los problemas.
—Si esa excusa te ayuda a dormir por la noche, está bien para ti.
—¿Por qué estás siendo tan idiota? —preguntó Kookheon, preguntándose qué capa su pareja cubría con ese humor cínico—. Sólo estoy tratando de tener una conversación contigo. No quieres hablar, es lo que dices. —Estaba empezando a preocuparse de que quizás sus personalidades no encajarían entre sí. Kookheon había crecido demasiado sombrío y había vivido una vida solitaria demasiado tiempo. Quizás realmente no sabía cómo interactuar con otras personas—. Mira —Kookheon dejó escapar un largo suspiro—, no tenía intención de irritarte. ¿Podemos tener un buen rato esta noche?
—Por supuesto. —Yuvin le dio una sonrisa brillante y alegre. Kookheon no confiaba en ella—. Pensándolo bien, me gustaría comer algo.
 
Kookheon tenía una sensación extraña sobre el repentino cambio de humor de su pareja. No conocía a Yuvin lo suficiente como para juzgar su cambio de humor, por lo que Kookheon se estacionó frente al restaurante.
 
—¿Aquí está bien para ti?
—Sí. Vamos a ir a comer algo.
 
Kookheon miró a su pareja cuestionándose, mientras apagaba el motor. ¿Por qué tenía una ligera sospecha de que Yuvin estaba tramando algo? Dejando escapar un profundo suspiro y sabiendo que él estaba jodiendo esta noche, Kookheon asintió hacia Yuvin mientras salía. Cuando los dos caminaban hacia la puerta, Yuvin se palmeó el bolsillo trasero.
 
—Debo de haber dejado mi cartera en el asiento de tu camioneta. Adelántate, entra, estaré justo detrás de ti.
 
Sintiéndose culpable por irritar a su pareja, Kookheon asintió mientras abría la puerta y entraba al restaurante. El lugar no parecía tan lleno. Bueno. El gato de Kookheon no estaba actuando irritable. Se giró para ver a Yuvin y dejó escapar una letanía de maldiciones entre dientes.
 
Yuvin no estaba a la vista.
 
Min Ho iba a matarlo.
 
*****
 
—¿Cómo? —Min Ho gruñó en el teléfono—. ¿Cómo infiernos perdiste a tu pareja?
—Aparté la vista de él por un total de diez segundos. Nadie me dijo que era tan malditamente rápido.
 
Si Min Ho no supiera que Kookheon era un infierno de buen maestro del jardín de niños lo hubiera echado del pueblo. Sabía que no debería haber dejado salir a Yuvin. Su instinto le decía que mantuviera a ese hombre bajo atenta vigilancia. Yuvin no había asistido a ninguna reunión de apostadores. Sólo había hablado con un consejero un par de veces. Yuvin no estaba preparado para estar solo. El hombre estaba lejos de estar listo para enfrentar su problema.
 
Min Ho no quería interferir entre parejas. Eso fue el infierno que consiguió por escuchar a su corazón en lugar de a su cabeza. Cuando pusiera sus manos alrededor de la garganta de Yuvin, iba a ahogar al fey.
 
—Lo siento, pero voy a tener que llamar a mis centinelas para esto. Yuvin no me ha dejado otra opción. —«Le doy al hombre un centímetro y se suicida».
 
Iba a ser un día frío en el infierno cuando Min Ho permitiera que Yuvin fuera a algún lugar. El fey no iba a salirse de esta tan fácilmente. Aun iba a ser un maestro de arte. Yuvin iba a aprender a ser un adulto responsable aunque Min Ho tuviera que empujar la lección dentro del hombre.
 
—Entendido. Pero para que lo sepas, también voy a buscarlo.
—Sí, buena suerte con eso. Vamos a ver quién lo encuentra primero.
 
Muy bien, Min Ho estaba más enojado de lo posible. Tenía todo el derecho a estarlo. En realidad Yuvin no la tenía tan mal aquí. Si no la hubiera jodido, el hombre podría ir y venir a su antojo. Pero lo único que había hecho era demostrar que Min Ho tenía razón.
 
Colgó el teléfono, escuchando la protesta del duro plástico. Era poco realista para él tener que vigilar a un hombre adulto.
 
Saliendo de su oficina, Min Ho caminaba con pasos largos y furiosos, buscando a Hyukjae.
 
*****
 
Yuvin había conocido a algunas personas en sus salidas. De su pasado con amigos del tipo sórdido, Yuvin había aprendido rápidamente quién era la persona adecuada para acudir con el fin de hacer una apuesta en este pueblo. Pero tenía que actuar con rapidez. Kookheon ya debía haber llamado a Min Ho. Y conociendo al Alpha, los perros pronto estarían ladrando en sus talones.
 
Con una rápida mirada a su alrededor, Yuvin fue de prisa a la cafetería. De inmediato vio a quien estaba buscando. El chico estaba sucio, pero él no estaba allí por su apariencia y personalidad. Manteniendo la cabeza baja, se escabulló hacia el hombre.
 
—Yuvin. No te he visto desde hace un tiempo ¿Dónde está tu guardaespaldas? —El chico miró alrededor de Yuvin con los ojos como dardos.
—Estoy en libertad condicional. ¿Qué tienes para mí hoy?
 
El hombre extendió sus manos, con una sonrisa torcida adornando su rostro. Yuvin se encogió ante la horrible higiene bucal que se observaba en la boca del hombre.
 
—No tengo idea de qué hablas.
 
Yuvin estaba perdiendo un tiempo que no tenía con la mierda de este hombre.
 
—No te hagas el tonto conmigo. Dime lo que tienes para apostar. —Para atraer al hombre, Yuvin sacó quinientos dólares. Que era todo lo que tenía. Podía ver la codicia en los oscuros ojos del hombre. Su lengua se movió hacia afuera y después la pasó sobre su labio inferior.
 
Yuvin lo tenía.
 
—¿Qué tal caballos?
 
Yuvin no sabía una mierda de caballos. Lo único que sabía era que tenían cuatro patas, una cola, y las moscas amaban zumbar a su alrededor.
 
—¿Tienes algo en box?
 
El hombre soltó una risa a medias.
 
—Vas directamente hacia el punch, ¿verdad?
 
Yuvin mentalmente rodó los ojos por el mal juego de palabras.
 
—¿Quieres dejar de joder y decirme lo que tienes?
 
Con una mano con las uñas sucias, el hombre sacó una hoja de papel del interior de su chaqueta.
 
—Dame un segundo.
 
Como Yuvin esperaba, sus ojos parpadearon alrededor de la tienda. Había clientes en el mostrador ordenando su café, el lugar olía a café recién hecho, pero Yuvin no estaba interesado en nada de eso. Lo único que quería hacer era colocar su apuesta y volver al restaurante. Aunque a estas alturas, estaba seguro de ser el hombre más buscado en la Villa Starhaus.
 
Mientras observaba al hombre, Yuvin comenzó a reconsiderar lo que estaba haciendo. Había renunciado a apostar, pero aquí estaba, queriéndolo como un adicto. Una gran parte de él estaba gritándole que regresara al restaurante, pero su adicción estaba pateando para que mantuviera los pies firmemente plantados.
 
Yuvin no quería hacer esto, pero era incapaz de evitar el hacer la apuesta. En el interior, se sentía como si se estuviera permitiendo ir cuesta abajo. Después de todo, quizás Min Ho tenía razón y Yuvin no era más que una gran mierda.
 
Tan pronto como el hombre empezó a hablar, el corazón de Yuvin comenzó a correr. La adrenalina de hacer una apuesta lo recorría, y él sabía que ahora no había vuelta atrás.
 
—Tengo una pelea este sábado por la noche. Sorto frente Lapina. ¿A quién le apuestas tu dinero?
 
Yuvin conocía a ambos peleadores. Aunque Sorto era bueno, sabía que Lapina aún estaba veinte a cero. Lapina seguía siendo el campeón.
 
—Quinientos a Lapina.
—¿En qué raund?
—El tercero. —Yuvin le dio al hombre su dinero, y a cambio el señor sucio le entregó a Yuvin un recibo.
—Está todo listo. Gane o pierda, te veré la mañana del domingo. —El hombre guardó el dinero de Yuvin en el bolsillo de la chaqueta.
 
Yuvin metió el recibo en el bolsillo del pantalón y salió del café. Ahora que él no estaba cerca del corredor de apuestas de poca monta, Yuvin se sentía como una mierda. Había caído de la proverbial carreta y aterrizó en la auto-miseria.
 
Yuvin se frotó la cara, con ganas de regresar y suspender su apuesta.
 
Pero ya era demasiado tarde. El tipo no le regresaría su dinero a Yuvin.
 
El Alpha tenía razón. Yuvin no estaba preparado para estar solo. Y había traicionado la confianza de Kookheon. Sólo eso hizo que Yuvin se sintiera como la escoria más baja del planeta.
 
Quizás realmente necesitaba ayuda urgente. Mientras estaba de pie fuera de la cafetería sintiéndose como el mayor perdedor, Yuvin recordó que probablemente estaba siendo buscado por los hombres de Min Ho.
 
«Oh, mierda». Yuvin vio cómo Hyukjae se dirigió hacia él con una feroz expresión en su cara.
 
—¿Qué jodidos haces aquí?
 
Tragando el nudo en la garganta, los ojos de Yuvin se agrandaron mientras miraba alrededor, la culpa lo golpeó duro.
 
—¿Qué quieres decir? Kookheon y yo estábamos caminando al restaurante y lo siguiente que supe es que lo perdí.
—Estás tan lleno de mierda. Sube a mi camioneta. Y te prometo que si me das algún problema voy a atar tu culo en el cofre, así serás el insecto en la parrilla.
 
No había forma de que Yuvin fuera a discutir con esa amenaza. Él corrió hacia la camioneta de Hyukjae, mirando hacia el restaurante, y deseando no haberlo hecho. Kookheon estaba de pie al otro lado de la calle, la decepción e ira estropeaban su hermoso rostro. Lo único que Yuvin podía hacer era dejar caer la cabeza avergonzado.
 
Hyukjae cerró la puerta y encendió el motor.
 
—Sabes, Kookheon es un tipo muy agradable. Estás a punto de desperdiciar y arruinar la relación con un buen hombre. Piensa en eso mientras Min Ho trata contigo.
 
Mientras se alejaban, Yuvin levantó la cabeza lo suficiente para darle a Kookheon una última mirada. Hyukjae tenía razón. Kookheon era un buen hombre. Eso era exactamente por lo que él no debería reclamar a Yuvin. Lo único que iba a hacer era joder la vida del hombre.
 
Yuvin caería profundo, sabía que era verdad. Tal vez por ese motivo todo el tiempo había empujado lejos a Kookheon. Su subconsciente probablemente reconoció lo que Yuvin no había querido enfrentar.
 
Kookheon era un gran maestro que amaba a sus niños y su trabajo. Yuvin... bueno, era lo que siempre había sido, nada más que una mierda.

B.O.Y

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1 Comentarios

  1. Oh-oh, Esta parejita no ha comenzado con buen pie y no es porque Kookheon no haya puesto todo de su parte para conocer a Yuvin, pero sus respuestas cortas y hasta irónicas hacen muy difícil la comunicación… pero ese es el menor de los problemas para la pareja, pues la adicción de Yuvin ha vuelto y por lo visto las consecuencias no serán nada agradables.

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