—Podrías haberme advertido de que estaba a punto de ser interrogado por el Alpha si me presentaba para salir contigo. —Kookheon pasó por encima de la grava del camino de la entrada hasta que salió a la carretera principal. Era tarde, el sol todavía colgando en el cielo, a pesar de que se hundía lentamente en el oeste. Yuvin estaba sentado junto a él en silencio. Kookheon todavía no estaba seguro de si estaba haciendo lo correcto—. ¿Vas a hacerme caso?
—Honestamente,
no estoy muy seguro de qué decir. —Yuvin parecía un poco molesto y su ceño se
profundizó—. Aún no imagino a dónde me llevas.
—Entonces
deja de intentarlo —Kookheon dijo mientras conducía hacia el pueblo a una
velocidad casi de caracol. Estaba tratando de pasar más tiempo con Yuvin y no
tenía ganas de estar en un lugar lleno de más personas. Sin embargo su pantera
le ronroneó a Yuvin que estaba sentado junto a él. Kookheon sabía que tan
pronto como entraran al restaurante, el gato iba a tener un ataque.
Yuvin
estaba rígido y si Kookheon no fuera un shifter, habría pensado que Yuvin
estaba enojado. Pero podía oler la aprehensión del hombre. Su control se había
deslizado por la tarde, pero no fue la intención de Kookheon hacer que su
compañero le temiera.
Kookheon
quería acercarse y pasar sus dedos por el sedoso cabello de Yuvin, para jalar
al hombre hacia él y hacerle saber que a pesar de que hablaba en serio sobre lo
que le había dicho, su pareja no tenía que temer.
Pero
las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Aun sentía a Yuvin lejos.
¿Qué si Yuvin se retractaba de sus palabras y luego Yuvin se daba la vuelta
encajándole un cuchillo de nuevo en la espalda? Había cosas profundas de Kookheon
que Yuvin aún no sabía. Kookheon era maleable y dulce, pero sólo hasta cierto
punto. Él podría ser un hijo de puta de primera clase, si la situación lo
requería.
Las
únicas personas que nunca verían ese lado de él eran sus alumnos. A pesar de
que Yuvin era su pareja, Kookheon no tenía paciencia infinita.
—Entonces,
¿vas a decirme a dónde vamos? —Yuvin preguntó sentado junto a Kookheon.
Decidiendo no estropear su noche, Kookheon le dio a Yuvin una sonrisa
maliciosa.
—Nada
elegante. Sólo quería salir contigo, conocernos más. Tratar de saber qué tan
duro es trabajar con esos pequeños oídos que pueden oír caer un alfiler.
—Esos
chicos no me prestan atención —dijo Yuvin sin darle importancia.
Kookheon
frunció el ceño, preguntándose si Yuvin era realmente tan ingenuo.
—Tienes
que estar bromeando. Los niños son pequeños excesivamente curiosos y oyen mejor
que los shifter. Aunque creas que no están prestando atención, están escuchando
cada palabra que dices. Es por eso que soy muy cuidadoso con lo que digo y hago
a su alrededor.
Yuvin
resopló.
—No
lo creo. Hablo con ellos hasta que estoy azul y mis palabras caen en oídos
sordos. Tienen la capacidad de atención de un mosquito.
—Tienes
mucho que aprender. —Kookheon se quedó pasmado con el razonamiento de Yuvin—.
¿Alguna vez has estado cerca de niños?
—¿Como
esos? —Yuvin preguntó sarcásticamente—. Hay varios niños corriendo alrededor de
la Casa, pero cada vez que los veo corro en dirección opuesta.
Disminuyendo
la velocidad hasta detenerse, Kookheon se giró hacia Yuvin.
—¿Cómo
infiernos llegaste a ser un maestro de arte? —Eso no tenía sentido para Kookheon.
¿Por qué alguien quería convertirse en un maestro si no quería estar cerca de
los niños? Era jodidamente extraño para él.
Yuvin
alzó las manos animadamente, dejando escapar un largo suspiro.
—Pregúntale
a Min Ho. Él tenía este gran plan de que la enseñanza me ayudaría a encontrar
mi camino. Lo único que he conseguido es volverme gris y perder el control de
los nervios.
Eso
sin duda explicaba mucho. Kookheon ahora sabía por qué Yuvin no tenía ningún
control sobre su clase ni idea de cómo planificar actividades. No estaba seguro
de si el razonamiento de Min Ho fuera lógico, y Kookheon no iba a cuestionar al
Alpha. Lo que iba a tener que hacer era ayudar a Yuvin a convertirse en un
mejor maestro. Inseguro de por qué Yuvin necesitaba encontrar dirección, Kookheon
iba a tener que trabajar con lo que tenía.
El
señor Ham también era un problema. Kookheon sabía a ciencia cierta que el
humano no tenía idea que existían shifters en la Villa Starhaus. Y si Min Ho no
le había dicho al hombre, Kookheon no iba a hacerlo. Ahora correspondía a Kookheon
poner a Yuvin en forma. Si Min Ho exigía que la pareja de Kookheon fuera un
maestro de arte, entonces maldición, Yuvin iba a ser el mejor maestro de arte
que Kookheon pudiera lograr que fuera.
—Realmente
no había pensado a dónde ir. Sólo quería salir de casa. ¿Tienes un lugar
favorito para comer? —Kookheon comenzó a conducir de nuevo, agradecido de que
los caminos no tuvieran tráfico. Vivir en un pequeño pueblo significaba que
casi nunca había tráfico, y a Kookheon le gusta así. La Villa Starhaus era un
pueblo pequeño y tranquilo, y tenía suficiente bosque para que su pantera
corriera.
—Realmente
no tengo hambre —admitió Yuvin—. ¿Podemos seguir en la camioneta por los
alrededores? Ha pasado tiempo desde que tuve tanta libertad.
—¿Te
importaría decirme por qué has estado encerrado en la torre?
Su
pareja negó firmemente con la cabeza. Kookheon quería saber pero no iba a
presionar. Parecía que no era el único que tenía capas profundas en él. Y Kookheon
tenía ganas de pelar cada capa de Yuvin.
—Está
bien, ¿me permites preguntar si tienes hermanos?
Los
lados de la boca de Yuvin se movieron.
—Tengo
un hermano —Yuvin respondió.
Kookheon
abrió la boca en un fingido grito de asombro.
—Wow,
en realidad respondiste a una de mis preguntas. Creo que voy a tener un ataque
al corazón.
Yuvin
le sonrió.
—Esto
viene de un hombre que se había negado a decirme su nombre.
—Touché.
Me tienes ahi. —Kookheon realmente estaba teniendo un buen momento con su
pareja.
Dios,
¿cuánto tiempo había pasado desde que había tenido una conversación decente con
alguien mayor de seis años? Aunque Kookheon estaba hablando, estaba lidiando
con qué cosas decir. Él estaba un poco oxidado con sus habilidades sociales.
—
¿Padres?
Yuvin
frunció el ceño, mirando por la ventanilla. Muy bien, entonces, los padres de Yuvin
estaban fuera del menú. Kookheon estaba empezando a preguntarse de qué podía
hablar.
—Te
diré una cosa, ¿por qué no me dejas saber qué temas son seguros para hablar?
Suena bien, ¿verdad?
—Hay
algunas personas de las que me niego hablar porque esa gente todavía me enoja.
Aunque
Kookheon quiso sonreír, él no creía que fuera una buena idea. Ver a Yuvin...
bueno... Yuvin se veía muy lindo. Kookheon tenía la sensación de que decirle a
su pareja que su ira era adorable no sería prudente.
—Bueno,
entonces tal vez te diré un poco sobre mí. No tengo hermanos, pero tengo a mis
padres, y tuve una buena infancia. Supe desde hace mucho tiempo que quería ser
maestro y moldear las pequeñas mentes. Mi vida ha sido bastante aburrida. Y
tristemente, esa es mi vida en pocas palabras.
—¡Tienes
que estar bromeando! —Yuvin se giró hacia Kookheon—. No has vivido en absoluto.
¿Dónde está la diversión en todo eso? Por favor, dime que no crees que tejer es
una diversión.
—No
—Kookheon dijo un poco a la defensiva—. Dije que mi vida era aburrida. No dije
que era una vieja ama de casa. Dame un poco de crédito.
Cruzando
sus delgados brazos sobre el pecho, Yuvin le dio a Kookheon una mirada que
decía que en realidad no le creía.
—Entonces
dime, señor Aventura, ¿qué haces para divertirte?
Kookheon
abrió la boca para responder y luego la cerró. Él mantuvo la voz firme mientras
se abrió paso a través de la pregunta de Yuvin. ¿Qué hacía para divertirse? Kookheon
se irritó cuando vio que su pareja tenía una media sonrisa irónica.
—Salgo
a correr.
—Por
favor, dime que hay más que eso.
Kookheon
giró en una esquina, pasando una florería.
—Está
bien, lo admito, mi vida es muy aburrida. ¿Y qué? Por lo menos me mantiene
alejado de los problemas.
—Si
esa excusa te ayuda a dormir por la noche, está bien para ti.
—¿Por
qué estás siendo tan idiota? —preguntó Kookheon, preguntándose qué capa su
pareja cubría con ese humor cínico—. Sólo estoy tratando de tener una
conversación contigo. No quieres hablar, es lo que dices. —Estaba empezando a
preocuparse de que quizás sus personalidades no encajarían entre sí. Kookheon
había crecido demasiado sombrío y había vivido una vida solitaria demasiado
tiempo. Quizás realmente no sabía cómo interactuar con otras personas—. Mira —Kookheon
dejó escapar un largo suspiro—, no tenía intención de irritarte. ¿Podemos tener
un buen rato esta noche?
—Por
supuesto. —Yuvin le dio una sonrisa brillante y alegre. Kookheon no confiaba en
ella—. Pensándolo bien, me gustaría comer algo.
Kookheon
tenía una sensación extraña sobre el repentino cambio de humor de su pareja. No
conocía a Yuvin lo suficiente como para juzgar su cambio de humor, por lo que Kookheon
se estacionó frente al restaurante.
—¿Aquí
está bien para ti?
—Sí.
Vamos a ir a comer algo.
Kookheon
miró a su pareja cuestionándose, mientras apagaba el motor. ¿Por qué tenía una
ligera sospecha de que Yuvin estaba tramando algo? Dejando escapar un profundo
suspiro y sabiendo que él estaba jodiendo esta noche, Kookheon asintió hacia Yuvin
mientras salía. Cuando los dos caminaban hacia la puerta, Yuvin se palmeó el
bolsillo trasero.
—Debo
de haber dejado mi cartera en el asiento de tu camioneta. Adelántate, entra,
estaré justo detrás de ti.
Sintiéndose
culpable por irritar a su pareja, Kookheon asintió mientras abría la puerta y
entraba al restaurante. El lugar no parecía tan lleno. Bueno. El gato de Kookheon
no estaba actuando irritable. Se giró para ver a Yuvin y dejó escapar una
letanía de maldiciones entre dientes.
Yuvin
no estaba a la vista.
Min
Ho iba a matarlo.
*****
—¿Cómo?
—Min Ho gruñó en el teléfono—. ¿Cómo infiernos perdiste a tu pareja?
—Aparté
la vista de él por un total de diez segundos. Nadie me dijo que era tan
malditamente rápido.
Si
Min Ho no supiera que Kookheon era un infierno de buen maestro del jardín de
niños lo hubiera echado del pueblo. Sabía que no debería haber dejado salir a Yuvin.
Su instinto le decía que mantuviera a ese hombre bajo atenta vigilancia. Yuvin
no había asistido a ninguna reunión de apostadores. Sólo había hablado con un
consejero un par de veces. Yuvin no estaba preparado para estar solo. El hombre
estaba lejos de estar listo para enfrentar su problema.
Min
Ho no quería interferir entre parejas. Eso fue el infierno que consiguió por
escuchar a su corazón en lugar de a su cabeza. Cuando pusiera sus manos
alrededor de la garganta de Yuvin, iba a ahogar al fey.
—Lo
siento, pero voy a tener que llamar a mis centinelas para esto. Yuvin no me ha
dejado otra opción. —«Le doy al hombre un centímetro y se suicida».
Iba
a ser un día frío en el infierno cuando Min Ho permitiera que Yuvin fuera a
algún lugar. El fey no iba a salirse de esta tan fácilmente. Aun iba a ser un
maestro de arte. Yuvin iba a aprender a ser un adulto responsable aunque Min Ho
tuviera que empujar la lección dentro del hombre.
—Entendido.
Pero para que lo sepas, también voy a buscarlo.
—Sí,
buena suerte con eso. Vamos a ver quién lo encuentra primero.
Muy
bien, Min Ho estaba más enojado de lo posible. Tenía todo el derecho a estarlo.
En realidad Yuvin no la tenía tan mal aquí. Si no la hubiera jodido, el hombre
podría ir y venir a su antojo. Pero lo único que había hecho era demostrar que Min
Ho tenía razón.
Colgó
el teléfono, escuchando la protesta del duro plástico. Era poco realista para
él tener que vigilar a un hombre adulto.
Saliendo
de su oficina, Min Ho caminaba con pasos largos y furiosos, buscando a Hyukjae.
*****
Yuvin
había conocido a algunas personas en sus salidas. De su pasado con amigos del
tipo sórdido, Yuvin había aprendido rápidamente quién era la persona adecuada
para acudir con el fin de hacer una apuesta en este pueblo. Pero tenía que
actuar con rapidez. Kookheon ya debía haber llamado a Min Ho. Y conociendo al
Alpha, los perros pronto estarían ladrando en sus talones.
Con
una rápida mirada a su alrededor, Yuvin fue de prisa a la cafetería. De
inmediato vio a quien estaba buscando. El chico estaba sucio, pero él no estaba
allí por su apariencia y personalidad. Manteniendo la cabeza baja, se escabulló
hacia el hombre.
—Yuvin.
No te he visto desde hace un tiempo ¿Dónde está tu guardaespaldas? —El chico
miró alrededor de Yuvin con los ojos como dardos.
—Estoy
en libertad condicional. ¿Qué tienes para mí hoy?
El
hombre extendió sus manos, con una sonrisa torcida adornando su rostro. Yuvin
se encogió ante la horrible higiene bucal que se observaba en la boca del
hombre.
—No
tengo idea de qué hablas.
Yuvin
estaba perdiendo un tiempo que no tenía con la mierda de este hombre.
—No
te hagas el tonto conmigo. Dime lo que tienes para apostar. —Para atraer al
hombre, Yuvin sacó quinientos dólares. Que era todo lo que tenía. Podía ver la
codicia en los oscuros ojos del hombre. Su lengua se movió hacia afuera y
después la pasó sobre su labio inferior.
Yuvin
lo tenía.
—¿Qué
tal caballos?
Yuvin
no sabía una mierda de caballos. Lo único que sabía era que tenían cuatro
patas, una cola, y las moscas amaban zumbar a su alrededor.
—¿Tienes
algo en box?
El
hombre soltó una risa a medias.
—Vas
directamente hacia el punch, ¿verdad?
Yuvin
mentalmente rodó los ojos por el mal juego de palabras.
—¿Quieres
dejar de joder y decirme lo que tienes?
Con
una mano con las uñas sucias, el hombre sacó una hoja de papel del interior de
su chaqueta.
—Dame
un segundo.
Como
Yuvin esperaba, sus ojos parpadearon alrededor de la tienda. Había clientes en
el mostrador ordenando su café, el lugar olía a café recién hecho, pero Yuvin
no estaba interesado en nada de eso. Lo único que quería hacer era colocar su
apuesta y volver al restaurante. Aunque a estas alturas, estaba seguro de ser
el hombre más buscado en la Villa Starhaus.
Mientras
observaba al hombre, Yuvin comenzó a reconsiderar lo que estaba haciendo. Había
renunciado a apostar, pero aquí estaba, queriéndolo como un adicto. Una gran
parte de él estaba gritándole que regresara al restaurante, pero su adicción
estaba pateando para que mantuviera los pies firmemente plantados.
Yuvin
no quería hacer esto, pero era incapaz de evitar el hacer la apuesta. En el
interior, se sentía como si se estuviera permitiendo ir cuesta abajo. Después
de todo, quizás Min Ho tenía razón y Yuvin no era más que una gran mierda.
Tan
pronto como el hombre empezó a hablar, el corazón de Yuvin comenzó a correr. La
adrenalina de hacer una apuesta lo recorría, y él sabía que ahora no había
vuelta atrás.
—Tengo
una pelea este sábado por la noche. Sorto frente Lapina. ¿A quién le apuestas
tu dinero?
Yuvin
conocía a ambos peleadores. Aunque Sorto era bueno, sabía que Lapina aún estaba
veinte a cero. Lapina seguía siendo el campeón.
—Quinientos
a Lapina.
—¿En
qué raund?
—El
tercero. —Yuvin le dio al hombre su dinero, y a cambio el señor sucio le
entregó a Yuvin un recibo.
—Está
todo listo. Gane o pierda, te veré la mañana del domingo. —El hombre guardó el
dinero de Yuvin en el bolsillo de la chaqueta.
Yuvin
metió el recibo en el bolsillo del pantalón y salió del café. Ahora que él no
estaba cerca del corredor de apuestas de poca monta, Yuvin se sentía como una
mierda. Había caído de la proverbial carreta y aterrizó en la auto-miseria.
Yuvin
se frotó la cara, con ganas de regresar y suspender su apuesta.
Pero
ya era demasiado tarde. El tipo no le regresaría su dinero a Yuvin.
El
Alpha tenía razón. Yuvin no estaba preparado para estar solo. Y había
traicionado la confianza de Kookheon. Sólo eso hizo que Yuvin se sintiera como
la escoria más baja del planeta.
Quizás
realmente necesitaba ayuda urgente. Mientras estaba de pie fuera de la
cafetería sintiéndose como el mayor perdedor, Yuvin recordó que probablemente
estaba siendo buscado por los hombres de Min Ho.
«Oh,
mierda». Yuvin vio cómo Hyukjae se dirigió hacia él con una feroz expresión
en su cara.
—¿Qué
jodidos haces aquí?
Tragando
el nudo en la garganta, los ojos de Yuvin se agrandaron mientras miraba
alrededor, la culpa lo golpeó duro.
—¿Qué
quieres decir? Kookheon y yo estábamos caminando al restaurante y lo siguiente
que supe es que lo perdí.
—Estás
tan lleno de mierda. Sube a mi camioneta. Y te prometo que si me das algún
problema voy a atar tu culo en el cofre, así serás el insecto en la parrilla.
No
había forma de que Yuvin fuera a discutir con esa amenaza. Él corrió hacia la
camioneta de Hyukjae, mirando hacia el restaurante, y deseando no haberlo
hecho. Kookheon estaba de pie al otro lado de la calle, la decepción e ira
estropeaban su hermoso rostro. Lo único que Yuvin podía hacer era dejar caer la
cabeza avergonzado.
Hyukjae
cerró la puerta y encendió el motor.
—Sabes,
Kookheon es un tipo muy agradable. Estás a punto de desperdiciar y arruinar la
relación con un buen hombre. Piensa en eso mientras Min Ho trata contigo.
Mientras
se alejaban, Yuvin levantó la cabeza lo suficiente para darle a Kookheon una
última mirada. Hyukjae tenía razón. Kookheon era un buen hombre. Eso era
exactamente por lo que él no debería reclamar a Yuvin. Lo único que iba a hacer
era joder la vida del hombre.
Yuvin
caería profundo, sabía que era verdad. Tal vez por ese motivo todo el tiempo
había empujado lejos a Kookheon. Su subconsciente probablemente reconoció lo
que Yuvin no había querido enfrentar.
Kookheon
era un gran maestro que amaba a sus niños y su trabajo. Yuvin... bueno, era lo
que siempre había sido, nada más que una mierda.
B.O.Y

1 Comentarios
Oh-oh, Esta parejita no ha comenzado con buen pie y no es porque Kookheon no haya puesto todo de su parte para conocer a Yuvin, pero sus respuestas cortas y hasta irónicas hacen muy difícil la comunicación… pero ese es el menor de los problemas para la pareja, pues la adicción de Yuvin ha vuelto y por lo visto las consecuencias no serán nada agradables.
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