Jihun
estaba tan malditamente feliz de que su pareja hubiera sobrevivido al ataque
que quería hacer un pequeño baile feliz. Su zaterio estaba a salvo, despierto,
e intratable como el infierno.
Dioses,
estaba enamorado.
Comprendía
que su pareja estaba asustado. Pero lo que lo confundía era el olor de miedo en
Heejun cuando Jihun se acercaba. Todo lo que había querido era un beso. La
emoción negativa viniendo de su zaterio confundía a Jihun. ¿Por qué Heejun le
temía a un beso?
—
Hey, Jihun, ¿a quién tenemos aquí? — Youngjo, una de las bestias aladas,
preguntó mientras caminaba por el pasillo, tomando de un vaso lleno lo que
parecía ser té helado.
Jihun
miró a su pareja, viendo que Heejun pasaba sus manos sobre una de las puertas
de los dormitorios. La madera estaba adornada con símbolos labrados, hechizos
les había explicado su líder, Namjoon. Los había colocado en la montaña para
evitar que alguien los encontrara y que se mantuvieran a salvo.
Heejun
dejó la puerta del dormitorio y realmente inspeccionó la siguiente. Jihun
sacudió la cabeza. El calor del apareamiento estaba haciendo que su piel se
sintiera tensa, picante y podía sentir sus manos abriéndose y cerrándose por
agarrar a Heejun y correr de regreso a su habitación. Su ingle se sentía como
una barra caliente de marcar mientras miraba a su pareja pasar inocentemente
sus ágiles y largos dedos sobre la madera labrada, y deseó a los dioses que los
dedos de Heejun estuvieran recorriendo su pene.
Desde
que Heejun había despertado, el pene de Jihun estaba tan duro que era doloroso
como el infierno. Quería alivio tan urgentemente que tenía que luchar para no
alcanzar a su pareja. Entre más tiempo su pene permanecía sin atención, peor se
sentía Jihun. También se había dado cuenta que a medida que las horas pasaban
su lujuria aumentaba dentro de él. No era extraño que una bestia alada se
volviera loca. Jihun no estaba seguro de durar dos días enteros.
—
De acuerdo a Jihun, soy su Cheerio. Pero mi mamá me nombró Heejun — dijo su
pareja, girándose hacia Youngjo con una tensa sonrisa en su rostro. — Y de
acuerdo a Jihun, me tengo que quedar aquí hasta que los perritos malos ya no
estén interesados en mí, que según Jihun, es cuando el infierno se congele.
Entonces, ¿quién eres?
Jihun
podía ver a Youngjo luchar contra la sonrisa que jalaba de sus labios, y
entonces el hombre se echó a reír.
—
Oh, esto va a ser divertido.
—
Es Youngjo — respondió Jihun a su zaterio.
—
¿También es un vampiro? — Heejun preguntó mientras empezaba a caminar por el
pasillo, estudiando la siguiente puerta.
Jihun
tenía curiosidad de por qué Heejun estaba tan malditamente interesado en las
puertas de madera cuando lo único en lo que él podía pensar era en hundir su
pene en el culo de su pareja. ¿Acaso Heejun no sentía la atracción? ¿No quería
comenzar a sudar en las sabanas mientras chocaban las botas? Buen Dios, tenía
que dejar de salir con Harin. El geek de la computadora estaba corrompiendo su
maldita mente.
—
No — respondió Youngjo. — Soy una bestia alada.
—
Es lo mismo. — Heejun movió la mano desestimando a Youngjo. — Semántica.
—
Aun no lo has reclamado, ¿verdad? — Youngjo vio la evidente erección de Jihun y
luego a su cara, un destello de humor en sus oscuros ojos. — Pobre bastardo.
—
Puedo oírlos a ambos— dijo Heejun mientras se movía más abajo en el pasillo. —
Soy humano, no tonto.
—
Es lo mismo — bromeó Youngjo. — Semántica.
—
¡Retira lo dicho! — Jihun le dio un gruñido mortal mientras agarraba a Youngjo
del frente de la camisa, retorciendo la tela en la mano mientras empujaba a la
bestia contra la pared. — Pídele disculpas a mi zaterio por la falta de respeto
que acabas de mostrar.
—
Está bien. Sólo estaba bromeando con él. No pretendía hacerle daño Jihun. — Youngjo
levantó las manos en un gesto de rendición mientras veía de Jihun a Heejun. —
¿Estamos bien, pequeño hombre?
—
Mientras nunca en tu vida me vuelvas a llamar pequeño hombre, estamos bien. — Heejun
palmeó la mano de Jihun. —Puedes dejarlo ir ahora.
Cuando
la mano de Heejun tocó a Jihun, todo su cuerpo se puso rígido y un flujo
caliente de deseo se extendió por todo su cuerpo. Quería al hombre. Jihun se
sentía caliente y enojado, multiplicado por cien, y la necesitad de reclamar a
su pareja era abrumadora. Apretó los dientes, cerró los ojos y respiró
lentamente por la boca.
Su
zaterio también estaba demasiado malditamente cerca de Youngjo, Jihun se dio
cuenta cuando abrió los ojos. El pecho de Jihun vibró mientras liberaba a Youngjo
y jalaba a Heejun a sus brazos, girándose para que su pareja no se quedara ahí,
frente a la bestia.
—
¿Ahora qué? — Heejun preguntó mientras veía a Jihun, quien dejó escapar un
gruñido sordo y retumbante.
Dioses,
Jihun no podía pensar bien con Heejun en sus brazos. Sólo podía pensar en Heejun
retorciéndose debajo de él mientras jodía al hombre hasta la inconsciencia. Sus
alas revolotearon furiosamente y el sudor empezó a cubrir todo su cuerpo. Su
pene palpitaba, pulsátil y doloroso por ser liberado y encontrar su liberación.
El cuerpo de Jihun hormigueaba lleno de necesidad.
—
Ahora me voy con un infierno de aquí, antes de que Jihun trate de sacarme la
lengua a través de mi culo — dijo Youngjo mientras caminaba hacia la sala.
—
Eso suena doloroso — dijo Heejun por detrás de Jihun.
Jihun
cerró los ojos durante un momento y rezó por fuerza. El olor de Heejun era tan
fuerte que estaba nublando su mente y empujando su razonamiento lejos. Al mismo
tiempo su bestia se acercaba. Jihun solo quería tomar a su pareja ahí en el
pasillo y unirse por toda la eternidad. Era algo que todas las bestias aladas
ansiaban, encontrar a su pareja y reclamarla, pero tener a su zaterio tan
cerca, y sin reclamar, estaba haciendo estragos en la mente y el cuerpo de Jihun.
Necesitaba
un momento lejos de su pareja. Jihun no estaba seguro de poder mantener la
compostura mucho más tiempo. Su cuerpo estaba tenso y listo, y Heejun aún no lo
estaba.
—
Te llevaré a la cocina.
Heejun
caminó alrededor de Jihun, sus dedos deslizándose sensualmente sobre el brazo
desnudo de Jihun. Jihun se estremeció y apretó su brazo.
—
Zaterio, me estás matando.
Heejun
se quedó inmóvil, viendo a Jihun y luego comenzó a apuntar con su dedo entre su
cabeza y la de Jihun.
—
Estás haciendo esa cosa con la mente de nuevo.
Y
Heejun estaba haciendo que el pene de Jihun se endureciera con tanta fuerza que
temió que se rompería en mil pedazos en sus pantalones. Tomando una profunda e
inestable respiración, Jihun dio un paso atrás.
—
Cocina.
Heejun
asintió, pero mantuvo la cabeza inclinada hacia atrás mientras veía a Jihun.
—
Cocina — repitió.
A
pesar de que la necesidad lentamente ardía detrás de los ojos chocolate de Heejun,
Jihun no iba a correr ningún riesgo con su pareja. Él no iba a apresurarse. De
cualquier manera no demasiado.
Después
de todo, tenía sólo dos días.
Pero
Jihun descubrió mientras cuidaba a su pareja herida que el calor del
apareamiento estuvo ausente cuando su pareja resultó herido. El destino podría
ser una perra voluble, pero al menos tenía conciencia.
Pero
ahora que Heejun estaba bien, era como si el calor se hubiera formado a toda
prisa. Hizo un gesto con la mano hacia el final del pasillo y luego comenzó a
caminar rígido, sintiendo su pene palpitar duro en sus pantalones a cada paso.
Heejun
gritó y Jihun gruñó cuando el castillo entero se sacudió desde sus cimientos.
—
¿Qué fue eso? — Heejun preguntó mientras tomaba el brazo de Jihun. — ¿Eso fue
un terremoto?
Eso
no fue un terremoto. Jihun tenía una idea de lo que era, tomó la mano de su
pareja y corrió hacia los monitores que estaban localizados en una pared de la
sala. El salón era un caos total. Las bestias aladas estaban gritando y
corriendo hacia la misma pared que Jihun.
—
¿Qué sucede? — Yoo Il gritó mientras Namjoon revisaba los monitores.
—
¿Todos estos son hombres vampiros? — Heejun murmuró detrás de Jihun.
—
Todos ellos son bestias aladas, excepto Jin.
—
Es bueno saberlo — respondió Heejun cuando Jihun veía a su comandante,
esperando que Namjoon les informara lo que sucedía.
—
¿Perros del Infierno? — Dong Won preguntó.
—
No — dijo Namjoon mientras sacudía la cabeza, con el rostro sombrío. — Creo que
nuestro ‘regalo’ por fin ha llegado.
El
estómago del Jihun se hizo un nudo al recordar los regalos que el Rey Yoon Tae
enviaba cada cien años. Todos ellos habían pensado que el Rey se había olvidado
del aniversario de su destierro dado que ya había pasado.
Sin
embargo, no tuvieron tanta suerte.
—
¿Qué envió? — Hong Seok preguntó.
Namjoon
se giró lentamente desde los monitores, con el rostro un poco pálido. A Jihun
no le iba a gustar esto. Se requería de algo colosal para que Namjoon tuviera
esa expresión. Había muy pocas cosas a las que el comandante temiera, y a lo
que él temía haría que los ángeles se orinaran.
—
Dos muy grandes demonios brimstone.
Jihun
corrió hacia los monitores y vio a las criaturas de tres metros golpeando con
sus puños de gran tamaño un lado del hangar. Tenían dos cuernos negros grandes
a cada lado de la cabeza que se curvaban toscamente debajo de cada oreja.
También tenían un pequeño cuerno negro que sobresalía de la barbilla. Eran
blancos pálidos, como si nunca hubieran visto un día de sol en sus miserables
vidas.
Sus
frentes estaban inclinadas hacia abajo, y las garras gruesas y negras se
extendían desde sus dedos. Jihun sabía que sus garras eran mortales para
cualquier ser que estuviera en contacto con ellas.
Pero
la parte más repugnante acerca de esos demonios era el hecho de que podían
escupir ácido. Una bestia alada podría sobrevivir a la saliva ácida, pero le
dejaría una cicatriz. Era una de las pocas cosas que podrían dejarles
cicatrices.
El
Rey Yoon Tae debía realmente de extrañar a las bestias aladas para enviar un regalo
tan especial.
—
¿Qué demonios es eso? — Heejun preguntó, su voz apenas un murmullo.
—
Demonios Brimstone — respondió Jihun.
—
Sí, lo oí del primer chico. Pero, ¿qué son?
—
Criaturas muy desagradables que tienen un coeficiente intelectual muy reducido,
pero son condenadamente fuertes — respondió Dong Won por Jihun y luego se giró
hacia Namjoon. —Entonces, ¿cuál es el plan, jefe?
Namjoon
pasó la mano por su nuca, viendo fijamente a los monitores mientras sacudía la
cabeza.
—
Cambiaremos a nuestra forma de bestia y lucharemos. No podemos permitir que
lleguen a la civilización. Desgarrarían la ciudad de Eric como un cuchillo
caliente corta la mantequilla.
Las
bestias aladas comenzaron a cambiar, pero Jihun llevó a su zaterio con Jin la
pareja de Namjoon.
—
Jin. ¿Puedes cuidar a Heejun?
—
Lo hare. Creo que esta vez voy a dejar pasar los combates —dijo Jin mientras
veía los monitores. — Esos no son perros del infierno, y solo soy un shifter
lobo. Pueden ir a jugar peek-a-boo sin mí.
—
¿Shifter lobo? — Heejun preguntó mientras tragaba saliva y veía a Jin como si
fuera uno de los demonios.
Jihun
acunó la cara de Heejun, plantándole un beso en la nariz a su pareja. En
cualquier otro momento Jihun no tardaría en salir del castillo para pelear. El
calor del apareamiento seguía montándolo fuerte.
—
Voy a responder a cualquier pregunta que tengas cuando regrese. Mantente con Jin.
Él tiene media oportunidad de protegerte si las cosas van mal.
—
¿Van mal? — Heejun preguntó, con los ojos tan grandes como lunas gemelas.
—
Gracias por el voto de confianza — bufó Jin. — Voy a ir a sentarme en un rincón
en mi forma de lobo y lamer mis bolas mientras ustedes los hombres salen
a pelear.
Jihun
no estaba tratando de entrar en un debate con la pareja de Namjoon. Jin tenía
facilidad de palabra, y Jihun no tenía tiempo de enfrentarse a la lengua del
hombre.
—
Gracias.
Jihun
le dio una última larga mirada a su pareja antes de liberar a su bestia y
dirigirse a una de las salidas. Rezó porque derrotaran a los demonios, porque
si no lo hacían, Heejun tendría asuntos más importantes de qué preocuparse que
los perros que iban tras él.
Heejun
se quedó viendo los monitores y juraría que estaba viendo una película. Tenía
que ser. No había manera de que realmente estuviera viendo eso. Había dos
jodidos demonios, demonios reales, en los monitores, golpeando un santo
infierno a ese hangar.
—
Esto no puede ser real murmuró.
—
Oh, es real— comentó Jin a su lado. —
Pero siempre y cuando nos mantengamos dentro, los hechizos deberían de
protegernos.
—
¿Deberían? — Heejun preguntó mientras veía al hombre. — ¿Deberían? — dijo un
poco más fuerte esta vez, su voz adquiriendo un tono más alto. — ¿Deberían? no
suena malditamente bien ahora.
Estaba
a punto de vomitar. Heejun no podía superar el hecho de que estaba viendo a dos
demonios ante sus propios ojos.
—
¿De dónde vienen?
—
Del infierno — respondió Jin. — Y por su nombre, sospecho que de las mismas
entrañas del infierno.
«Oh,
no». Heejun
tenía que largarse de aquí. Jihun era hermoso y todo, pero ni siquiera un
hombre bien parecido que lo quería iba a convencer a Heejun de quedarse en este
lugar.
—
¿A dónde piensas que vas? — Jin le preguntó a Heejun cuando se dirigió hacia el
pasillo del que acababa de salir.
—
Al baño — dijo por encima del hombro, preguntándose cómo infiernos podría salir
de este loco lugar. Tenía que haber una manera de salir. Todos los lugares
tenían salidas, incluso los castillos.
Podía
sentir el pánico formarse rápidamente dentro de él. Esos en los monitores eran
demonios, los perros del infierno iban tras él y Jin era una especie de lobo.
Se sentía como que iba a vomitar. Por mucho que quisiera detenerse y pensar en
esto racionalmente, Heejun no veía nada racional en esta bizarra situación.
No,
huir sería algo muy bueno ahora.
—
No te tardes demasiado. — La voz de Jin le llegó a Heejun, pero él estaba
huyendo en el momento en que la había escuchado. Primero fue atacado por los
perros del infierno, luego rescatado por un loco vampiro con alas, y las alas
aun eran algo discutible ya que no las había visto, y ahora había dos demonios
brimstone golpeando la puerta. Jihun debía estar fuera de su siempre amorosa
mente si pensaba que Heejun se iba a quedar para cuando el próximo show
comenzara.
Este
lugar era un psicótico manicomio del... bueno, del infierno.
Heejun
empezó a buscar en todas las habitaciones del largo pasillo, pero no pudo
encontrar una manera de salir de este lugar. Sabía que probablemente Jin
vendría a buscarlo pronto, por lo que se estaba quedando sin tiempo.
¿De
dónde infiernos habían salido vampiros con alas invisibles? Prefería
arriesgarse con los perritos del infierno que con esas dos muy grandes
criaturas que intentaban entrar. A Heejun no le importaba si eran más tontos
que un pisapapeles. Tenían garras y cuernos. Eso era lo suficientemente bueno
para él.
Pero
mientras buscaba en cada habitación, siendo incapaz de encontrar una salida, Heejun
comenzó a pensar que nunca iba a salir de aquí. ¿En dónde infiernos estaban las
puertas?
Salió
de la última habitación que había revisado hacia el pasillo, asomó la cabeza
por la esquina para revisar la sala, y vio que estaba vacía. Jin debía estar
buscándolo.
«Sigue
buscando hombre».
Heejun
iba a seguir buscando una manera de salir hasta que alguien se lo impidiera.
Cruzó la sala y se dirigió por el pasillo en el lado opuesto de la habitación.
El corazón de Heejun se aceleró cuando vio una gran puerta de madera.
Cruzó
los dedos y luego la abrió. Había una escalera que descendía iluminada con
pequeñas antorchas. Rezó por no correr hacia algo infernal abajo mientras veía
por encima de su hombro para asegurarse de que el shifter lobo, dioses, no
podía creer que estuviera pensando eso, no hubiera regresado.
Heejun
dejó escapar un largo suspiro y luego entró en el túnel. Cuando llegó al fondo,
vio que estaba en una habitación llena de plantas. ¡Estaban por todas partes!
No estaba seguro de dónde estaba, pero Heejun buscó rápidamente una puerta.
Su
corazón latía más rápido cuando vio una puerta grande de metal en el otro
extremo de la habitación. No estaba seguro de a dónde daba la puerta, pero era
mejor que ir al piso de arriba.
Sólo
esperaba como el infierno que no diera al lugar de la batalla.
*****
—
¡Cuidado con el ácido! — Hong Seok gritó, Jihun salió volando alejándose justo
a tiempo. El misil de saliva apenas había fallado en darle en la cabeza. Olía
como a azufre y gasolina, con un poco de vómito. Jihun estaba listo para
devolver su última cena debido al olor.
—
¡Acuchillen sus jodidas marcas! — Namjoon gritó mientras volaba sobre las
cabezas de los demonios, sacando su espada de la funda y blandiéndola en el
aire, fallando por poco.
Las
malditas cosas eran rápidas para ser tan torpes.
Cada
criatura que salía del infierno tenía una marca en alguna parte de la cabeza,
como los perros del infierno. Podrían ser asesinados y enviados de regreso al
infierno. El truco estaba en apuñalar la marca. Los demonios podrían ser
torpes, pero sabían cómo proteger su marca.
Habían
perseguido a los demonios hasta el otro lado de la montaña, del lado en donde
ningún ser humano podría verlos accidentalmente desde la carretera. Aunque
vivían lo bastante lejos, sería sólo su suerte que un humano perdido diera con
ellos. Jihun estaba aliviado de que no hubieran tenido que mudarse. No quería
que una de esas viles cosas penetrara el castillo. Había hechizos y escudos que
protegían el castillo, pero incluso los tontos demonios tenían suerte, como Namjoon
diría.
Además
de que se encontraban en su forma de bestia.
Intenta
explicar eso a un humano.
Yong
hon y Harin y volaban alrededor de las cabezas de los demonios, haciendo su
mejor esfuerzo para confundir a la bestia mientras Jae Bum lo iba a matar. Pero
tan pronto como Jae Bum se acercó lo suficiente, el demonio escupió. Jae Bum
gritó y voló pasando a Namjoon, mientras sostenía su brazo con su mano.
«Maldición»
Esto
se estaba poniendo feo.
—
Tengan cuidado, ¡maldición! — Namjoon gritó. — No necesito que ninguno de
ustedes se me muera.
Jihun
no había planeado morir. Seguro como la mierda que esperaba que ese no fuera su
destino. Se giró hacia el demonio que acababa de escupir a Jae Bum y clavó su
espada en la cabeza de la maldita cosa, pero el demonio se salió del camino en
el preciso momento.
Esto
se sentía como un gran tonto juego del gato y el ratón. Parecía que sin
importabar cuál fuera la estrategia que usaran, los demonios estaban alerta,
para evitar la espada en todo momento.
—
¿Qué…
—
¡Desaparecieron! — Gong Myung gritó. — ¿A dónde infiernos se fueron?
Namjoon
gruñó mientras volaba hacia la cima de la montaña.
—
A dondequiera que fueran, será mejor creer que van a estar de regreso.
Jihun
miró hacia el oeste y se preguntó si los demonios entrarían a una zona poblada,
pero Namjoon no se mostró preocupado. El comandante debería de saber algo, o
daría la orden de perseguirlos.
Se
olvidó de los demonios cuando el calor del apareamiento lo golpeó en grande en
ese momento. Jihun se dejó caer sobre una rodilla al aterrizar y luego se
dirigió hacia la entrada de su dormitorio. Eso era lo que amaba tanto de este
castillo. Cada habitación tenía un pasadizo secreto para salir. Ninguna bestia
podría quedarse atrapada. Había incluso uno al lado de la sala, y otra salida
en el cuarto que albergaba las plantas curativas.
Hizo
un gesto con la mano delante de una gran roca, viendo como se deslizaba a un
lado. Jihun volvió lentamente a su forma humana cuando entró a su dormitorio.
Sonrió hacia la cama con la mente vagando por el sexo perverso que él y su
zaterio, estaba seguro, muy pronto tendrían. Heejun era sexy, divertido,
cómico, y Jihun no veía la hora de tenerlo en su cama.
Había
oído hablar del ritual de apareamiento de Namjoon, lo especial que era, lo
íntimo que sería. El comandante había dicho que se trataba de algo que una
bestia alada sólo podría experimentar con su zaterio.
Jihun
no podía esperar.
Él
entró en la sala para encontrarse con Jin cerca de los monitores jugando a
darsen besitos en la cara con Namjoon, pero Jihun no vio a Heejun. Ignoró a la
pareja acoplada y entró en la cocina, sintiendo su pene endurecer y su piel
tensarse mientras rodaba sus hombros, escuchando el sonido de sus vértebras
ante la tensión.
Jihun
se tensó cuando vio que su pareja tampoco estaba en la cocina.
¿Dónde
podría estar Heejun?
—
Jin — Jihun gritó regresando a la sala.
—
¿Qué? — Jin preguntó, separándose de Namjoon.
—
¿Dónde está Heejun? — Jin mordió un lado de su labio y el corazón de Jihun se
desplomó. — ¿Dónde está mi zaterio?
—
Me dijo que tenía que ir al baño.
Jihun
inclinó la cabeza, sus ojos ardiendo viendo los ojos ámbar de Jin.
—
¿Y?
Jin
lanzó sus manos hacia arriba, moviendo la cabeza de un lado al otro.
—
Y cuando se tardó demasiado tiempo, fui a buscarlo.
Jihun
gruñó. No le gustaba el hecho de tener que sacarle la información a Jin. Si el
shifter no fuera la pareja de su comandante, estrangularía al chico.
—
Por favor, ¿dime que hay más?
—
Y — dijo Jin mientras veía de Namjoon a Jihun: — No lo pude encontrar.
Jihun
echó la cabeza hacia atrás y rugió, su bestia resurgió cuando tomó el pasillo.
—
Zaterio, ¿dónde estás?
Jihun
esperó, pero su pareja no respondió.
Tomó
la salida en su habitación y salió volando hacia la noche, a la caza de su
pareja.
KNK

2 Comentarios
Cuando parecía que Heejun se estaba medio acostumbrando a su nuevo estatus, a pesar que no ha sido reclamado oficialmente por Jihun, que hacen su aparición los "demonios brimstone" y patitas pá que las quiero... ojala que en donde quiera que esté Heejun, no vayan los demonios... aunque tengo un mal presentimiento.
ResponderBorrarEl muchacho o es idiota o es idiota.... Creo que Jihun estará muy cabreado..
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