Heejun
se quedó muy quieto en el asiento del pasajero, sabiendo que hacer autostop era
un movimiento estúpido. Pero si no hubiera aceptado el aventón del extraño,
entonces él aun estarÃa caminando de regreso al valle Green Pea. Es probable
que hubiera sido atrapado ya sea por un perro o por Jihun.
Eso
tampoco era una opción aceptable para él.
—
¿De dónde vienes? — el desconocido a su lado preguntó.
—
Del infierno — respondió Heejun, viendo por la ventana y por alguna extraña
razón extrañando a Jihun.
El
hombre no era humano. Heejun no deberÃa extrañarlo. Entonces, ¿por qué su
maldito pecho le dolÃa tanto? Sólo el pensar en la cara de Jihun hacÃa que Heejun
sintiera una punzada de remordimiento por lo que acababa de hacer. Quizás
deberÃa haber dejado una nota explicando por qué habÃa huido. ¿Se preocuparÃa Jihun
por él? El hombre estuvo a su lado cuando Heejun estuvo inconsciente. Quizás al
vampiro alado realmente le importaba.
Pero,
¿por qué? Ni siquiera se conocÃan. Heejun retorció las manos en su regazo, con
el deseo de que el sentimiento de dejar la mejor parte de su vida atrás se
fuera. No tenÃa ningún maldito sentido para él.
—
¿Asà de mal? — preguntó el hombre, sacando a Heejun de sus pensamientos.
—
SÃ. — Heejun no querÃa hablar ahora.
QuerÃa
estar lo más lejos de ese lugar como pudiera. LlegarÃa a su casa y luego
averiguarÃa qué hacer a partir de ahÃ. No era como si pudiera manejar su propio
carro. SeguÃa estacionado a tres cuadras de su casa y no funcionaba.
—
Sólo sigue diciéndote que las cosas van a mejorar, hijo. Saliste. Eso es lo
importante.
Heejun
suspiró. Si sólo fuera asà de fácil. PodrÃa haber salido, pero tenÃa la
sensación de que no estarÃa a salvo hasta que se fuera de la ciudad. Y tal vez
ni siquiera entonces. Deseaba poder hablar con alguien sobre lo que estaba
pasando, pero el hombre que estaba sentado a su lado probablemente tendrÃa a Heejun
encerrado si empezaba a decir que habÃa algo más que humanos en la tierra. No
habÃa nadie con quien pudiera hablar, y ese pensamiento lo deprimÃa.
—
Gire a la derecha aquÃ. — Heejun señaló.
—
Tengo un rancho para las personas que necesitan ayuda. Puedes venir y alojarte
allà si lo deseas.
De
ninguna manera Heejun irÃa más lejos de lo necesario con este tipo. ¿Quién se
ofrecÃa a llevar a extraños? El hombre deberÃa de ser un psicópata o algo asÃ.
—
No, gracias. Yo... debo ir a casa, puede solamente dejarme en casa.
El
hombre asintió. Heejun habÃa tenido dudas en aceptar el aventón. ¡El hombre era
jodidamente enorme! Pero él sopesó sus opciones y eligió el menor de dos males.
¿O era de tres?
—
Mi nombre es Pa Kim. Si alguna vez necesitas un lugar donde quedarte, ve a
hablar con Eric y él te guiará hacia mÃ.
«¿El
alcalde?».
—
Uh,
está bien.
Pa
Kim entró a la calle de Heejun y lo dejó afuera. Se despidió del hombre con un
gesto de la mano y se apresuró a entrar, pero no sin antes revisar a su
alrededor buscando a los repugnantes perritos. No lo iban a atrapar con la
guardia baja.
Heejun
se apresuró a entrar y a hacer una maleta, tomando todo lo que podÃa llevarse y
luego se detuvo cuando vio a Yoshi sentado en el sofá, la televisión estaba
encendida mientras el hombre sentado enviaba mensajes de texto.
—
Hey, Yoshi, ¿me prestas tu auto?
—
Adelante — dijo Yoshi, sin levantar la vista de su teléfono.
Heejun
estaba tentado a decirle a Yoshi que estaba huyendo lo más lejos que pudiera,
pero sabÃa que a Yoshi no le importarÃa. Yoshi era del tipo que sólo flotaba
por la vida, actuando como si nada le molestara. Heejun no entendÃa al hombre.
Él cobraba el dinero del seguro por la muerte de su padre una vez al mes, por
lo que Yoshi asumÃa que eso significaba que no tenÃa que trabajar o hacer algo
con su vida.
Heejun
sacudió la cabeza. Era un desperdicio de una buena persona. Agarró las llaves
de la puerta y corrió hacia el jardÃn cerca del árbol en donde Yoshi se habÃa
estacionado cerca de la banqueta. Arrojó la bolsa en la parte de atrás y se
fue.
Esperaba
poder llegar lo más lejos posible de este lugar antes de que alguien
descubriera dónde estaba. Heejun decidió que si Jihun lo descubrÃa no serÃa tan
malo, pero si los perritos lo encontraran serÃa muy malo.
Heejun
conducÃa por la carretera, revisando continuamente su espejo retrovisor. Todo
lo que veÃa era el campo de tono negro detrás de él. HabÃa estado conduciendo
durante horas, y sus ojos comenzaban a arder. No tenÃa ni idea de a dónde iba,
pero cualquier otro lugar que no fuera el Valle Green Pea era lo
suficientemente bueno para él.
Ahora
Alaska sonaba bien.
Heejun
se frotó el esternón mientras conducÃa, sintiendo un profundo sentimiento de
pérdida. El sentimiento de remordimiento se profundizaba más mientras más lejos
conducÃa. Aun no estaba seguro de por qué se sentÃa asÃ. Él habÃa vivido en el
Valle Green Pea toda su vida y la única persona que deberÃa de extrañar era a
su mamá.
Y
sabÃa que él estaba negando a quien realmente estaba extrañando. Pero, ¿por
qué? Acababa de conocer a Jihun. ¿Cómo iba a extrañarlo tanto, hasta el punto
en que su pecho realmente doliera? No podÃa entenderlo, pero habÃa un peso
asentado en su pecho cuando pensaba en Jihun.
Heejun
estaba loco por pensar de esa manera. Jihun era un vampiro con alas que luchaba
contra perritos del infierno, y las cosas grandes y feas con cuernos y
realmente afiladas garras. Heejun estarÃa loco si se quedaba.
Entonces,
¿por qué querÃa regresar?
—
Zaterio, ¿dónde estás? Habla conmigo, por favor.
Y
eso era otra cosa. ¿Cómo infiernos alguien podÃa hablar dentro de su cabeza? No
habÃa manera de que Heejun fuera a responder a las voces en su cabeza. Se secó
una lágrima que caÃa de sus ojos con la palma de su mano mientras seguÃa
manejando. Pero cuanto más tiempo pasaba, más difÃcil era no dar la vuelta y
correr de regreso con la bestia.
TenÃa
que salir de esa loca ciudad, encontrar algún lugar seguro, un lugar que no
tuviera cosas del infierno, o vampiros, ni siquiera hombres que cambiaran a
animales. Necesitaba de un lugar donde pasar desapercibido.
Heejun
vio una señal blanca grande por delante que decÃa: Bienvenidos a la Villa Starhaus.
Eso sonaba como un buen lugar para esconderse. Estaba a unas pocas horas
del Valle Green Pea. Heejun estaba bastante seguro de que no tendrÃan ningún
problema con extrañas criaturas y hombres que podrÃan cambiar a cosas raras.
—
Zaterio, estás en peligro. Debes contestar.
«SÃ,
eso no sucederá».
Heejun
realmente querÃa decirle a Jihun que se encontraba bien. Después de todo el
hombre le habÃa salvado la vida. Pero tenÃa miedo de que si hablaba con Jihun,
el vampiro tendrÃa algún tipo de GPS mental y descubriera la ubicación de Heejun.
No
correrÃa el riesgo.
El
único lugar que Heejun vio para dormir fue una casa cama y desayuno, y todas
las luces estaban apagadas en la casa. No estaba seguro de si se le permitirÃa
despertar a alguien para alquilar una habitación. No era un motel, asà que él
no conocÃa el protocolo adecuado.
Decidió
estacionar el prestado carro frente al Centro de Ayuda Tuan, luego apagó el
motor, y se acomodó en el asiento del conductor. Todo lo que necesitaba era un
par de horas de sueño. Si pudiera conseguir un par de horas de sueño, él serÃa
capaz de pensar con mayor claridad y luego averiguar lo que iba a hacer a
partir de ahÃ.
Su
reloj le decÃa que eran las tres de la mañana. Heejun habÃa dejado de trabajar
a las tres de la tarde, y su vida se habÃa convertido en un caos total desde
entonces. Es posible que hubiera logrado dormir un par de horas después de su
ataque, pero Heejun se sentÃa agotado. Tanta emoción habÃa acabado con toda la
energÃa que Heejun tenÃa.
—
Hey, ¿estás bien?
Heejun
giró la cabeza y vio a un hombre muy alto y musculoso de pie junto a la ventana
del conductor, viéndolo directamente. Se quedó helado. El tipo era bastante
malditamente grande. Cuando Heejun lentamente levantó la mirada, vio
directamente los ojos plata... del hombre. ¿Eran realmente plata?
—
Soy Sung Joo. ¿Necesitas un lugar para alojarte por la noche?
Heejun
no estaba seguro de si debÃa responderle al hombre. El alto rubio era
atemorizante. El tipo tenÃa una sonrisa fácil en su rostro y se puso en
cuclillas para estar a la altura de sus ojos, pero eso no ayudó con el nudo en
su estómago.
—
No estoy tratando de asustarte. Ayudo en el centro de ayuda por las noches por
si acaso alguien se estaciona enfrente y necesita ayuda. — El hombre le dio un
guiño a Heejun y luego señaló hacia el edificio detrás de él. — Pero si lo
prefieres, puedo llamar a Mark Tuan, el hombre que dirige este lugar.
Heejun
asintió.
—
Por favor. — Debido a que no iba a salir del carro con ese enorme y musculoso
hombre parado allÃ. «Eso no iba a suceder». Él no iba a salir huyendo de
extrañas criaturas para ser asesinado por un humano grande.
—
Está bien — dijo Sung Joo. — Si te sientes más seguro esperando en tu carro,
entonces hazlo. No dejaré que nadie te moleste de nuevo.
Heejun
estaba seguro de que Sung Joo no podÃa vencer a Jihun. Aunque él apreciaba el
ofrecimiento. El tipo no tenÃa ni idea de lo que Heejun huÃa. Apostaba a que Sung
Joo no estarÃa ofreciéndole refugio si lo supiera.
Heejun
se recargó mientras Sung Joo se ponÃa a hablar por teléfono, preguntándose si
el tipo estaba realmente llamando al hombre que dirigÃa el centro de ayuda o a
sus amigos para venir a pasar un buen rato con él.
«Por
favor, deja que este chico sea realmente honesto».
—
¿Quién, zaterio? ¿Quién te está molestando? Por favor, habla conmigo.
Maldición,
él no habÃa querido hablar con Jihun en su cabeza. Era sólo un pensamiento, no
una conversación que querÃa tener. Heejun se mordió los labios y miró a Sung
Joo preguntándose si debÃa decirle a Jihun donde estaba.
Heejun
decidió esperar y ver qué pasaba. Si el hombre lo abordaba, entonces le pedirÃa
ayuda. Sin embargo eso serÃa el último recurso. Heejun casi salta de su piel
cuando Sung Joo tocó la ventanilla con sus nudillos.
—
¿Qué?
—
Mark está en camino. Debe estar aquà en unos minutos.
—
Gracias. — Heejun rodó los ojos cuando apartó la mirada. Probablemente estaba
siendo amable con un asesino en serie o algo asÃ. Dioses, estaba tan cansado.
Estaba empezando a parecer una locura, incluso en su propia cabeza.
Heejun
mantuvo una estrecha vigilancia sobre Sung Joo mientras esperaba a que este
tipo Mark apareciera. Sus parpados comenzaron a bajar en un par de ocasiones, y
se encontró abriéndolos más, haciendo todo lo posible para mantenerse
despierto. Probablemente parecÃa un completo tonto, pero en ese momento, a él
simplemente no le importaba. QuerÃa un lugar seguro donde pudiera dormir
durante varias horas, y después una buena comida, y entonces él se irÃa de
donde jodidos estuviera.
Después
de lo que parecieron horas, pero que fueron probablemente solo unos pocos
minutos, una camioneta se detuvo en el espacio junto a Heejun y un hombre se
bajó. Se acercó y habló con Sung Joo por un momento, los dos hombres
gesticulando hacia Heejun.
Heejun
dejó escapar un suspiro de alivio cuando Sung Joo asintió y se alejó. Ese tipo
era aterradoramente grande. El hombre que habÃa salido de la camioneta se
acercó y apoyó la cadera contra el parachoques delantero del carro de Heejun, a
la espera. Heejun miró a su alrededor para asegurarse de que Sung Joo se habÃa
ido y luego, lentamente, bajó del vehÃculo.
—
Hola, soy Mark Tuan — dijo el hombre mientras sostenÃa la mano. — Dirijo este
lugar.
—
Heejun.
—
¿Por qué no entras y hablamos, Heejun? — Mark hizo un gesto hacia el edificio
con la cabeza. — Vas a estar seguro aquÃ. Lo prometo.
SÃ,
Heejun no estaba tomando la palabra de Mark para eso, y pudo ver que Mark lo
sabÃa por el brillo en sus ojos. Mark asintió, se volteó y caminó hacia el
edificio. Heejun se mantuvo a varios pasos detrás de él por si acaso tenÃa que
correr. Se sintió mejor cuando Mark dejó la puerta abierta y entró, moviéndose
hacia el lado opuesto de la sala y de donde se encontraba Heejun y su ruta de
escape.
—
Mi trabajo aquà es asegurarme de que las personas estén a salvo — comenzó Mark
mientras se apoyaba en el borde de una mesa. — Conocà a alguien una vez que
estaba en un montón de problemas. No tenÃa a nadie a quien acudir, ni nadie le
ayudaba a salir de la horrible situación. Después de reunirme con él, querÃa
asegurarme de que no hubiera nadie más que estuviera en alguna posición
similar, no si habÃa alguna manera de que pudiera ayudarlo.
—
¿Logro salir? — Heejun preguntó con curiosidad.
—
SÃ. — Mark sonrió. — Él realmente fue el primer hombre en ocupar un catre aquÃ.
El edificio prácticamente aún tenÃa la pintura fresca en las paredes cuando
llegó.
—
Pero él está a salvo, ¿no es asÃ?
—
Lo está. Gracias por preguntar. Encontró a alguien que realmente se preocupa
por él y su felicidad.
Heejun
deseaba saber si tendrÃa el mismo resultado al venir aquÃ, pero sabÃa que era
una locura pensar eso. El primer cliente de Mark pudo haber tenido su final
feliz, pero Heejun estaba bastante seguro de que él iba a acabar siendo
despedazado por los perros del infierno o perseguido por siempre por los
vampiros alados.
Él
estaba jodido.
—
Me gustarÃa ayudarte, Heejun.
Heejun
resopló.
—
No estoy seguro de que me puedas ayudar. — Estaba bastante seguro de que nadie
podrÃa ayudarlo. Al parecer no habÃa ninguna protección en contra de los perros
del infierno, demonios, y todo lo que habÃa por ahÃ. Y Heejun no querÃa ni
pensar en eso.
—
Puedo escuchar si quieres hablar.
«¡Oh
infierno no!» Si
hablaba, iba a terminar en una habitación acolchada con seguridad. Heejun
sacudió la cabeza.
—
No lo creo.
—
Está bien — dijo Mark. — No tienes que hablar si no quieres hacerlo. Pero estoy
aquà por si lo deseas, y lo que se diga entre nosotros se queda entre nosotros.
Heejun
asintió, pero no iba a hablar. En serio, él sólo…
—
Esta este hombre, y cree que yo le pertenezco. — Heejun gimió interiormente.
ParecÃa que su cerebro se estaba muriendo por darle sentido a la situación.
Sólo esperaba que Mark no lo internara en el psiquiátrico.
—
¿Ã‰l le hizo eso a tu brazo? — Mark le preguntó mientras señalaba la gasa blanca
envuelta alrededor del brazo de Heejun.
Heejun
miró su brazo, sorprendido de que se habÃa olvidado de la herida.
—
No, él no lo hizo, pero lo hizo alguien que él conoce.
—
¿Ã‰l o alguna otra persona te ha hecho daño de alguna otra manera?
—
No, pero... — Heejun negó con la cabeza. — Ellos son atemorizantes, hombre,
quiero decir jodidamente atemorizantes. Tuve que escabullirme para escapar de
ellos. Me dijo que nunca podrÃa salir y que yo estaba…
«No,
no sigas por allû.
Heejun
miró a Mark.
—
Sólo tenÃa que irme.
—
Entiendo. — Mark agitó sus manos alrededor del cuarto. — Eres bienvenido a
quedarte el tiempo que quieras. No tenemos a ninguna otra persona en el centro
por el momento, asà que es todo tuyo.
—
Gracias. Sólo necesito un lugar para dormir un rato. Me siento como si no
hubiera dormido en dÃas.
—
Tómate todo el tiempo que quieras. — Mark se apartó de la mesa y empezó a
caminar hacia el pasillo. — Vamos, te voy a mostrar donde está el dormitorio.
Tranquilamente puedes tomar cualquier cama que desees. También hay duchas si
quieres darte un baño.
—
Por ahora solo quiero dormir, pero a lo mejor mañana tomo una ducha.
Dioses,
estaba tan cansado.
—
¿Zaterio? ¡Por favor, respóndeme! Estás en mucho peligro. Sólo quiero
asegurarme de que estás a salvo.
—
¡Joder! — Heejun presionó sus manos contra sus sienes cuando la voz de Jihun
inundó su cabeza. ¿Por qué no lo dejaba con un infierno en paz? Ni siquiera
podÃa pensar sin que Jihun se metiera en su cabeza.
—
Heejun, ¿qué sucede?
—
No me deja en paz — murmuró Heejun mientras presionaba su cabeza con las
palmas. — Él sólo sigue hablándome una y otra vez.
—
¿Ã‰l sigue hablándote... a ti?
Heejun
levantó la cabeza cuando se dio cuenta de lo que habÃa hecho. «Ah,
perfecto». Ahora Mark pensarÃa que estaba loco. Quizás lo estaba. Después
de todo, oÃa voces en su cabeza.
—
¿Está hablando contigo en tu cabeza, Heejun?
Heejun
asintió, sabiendo sin la más mÃnima sombra de duda, que probablemente era la
cosa más estúpida que podÃa hacer. No podÃa pensar en ninguna otra respuesta
para su conducta.
Las
cejas de Mark se alzaron.
—
¿Justo, ahora?
Heejun
sentÃa que su rostro se ruborizaba ante la mirada inquisitiva en los ojos de Mark.
—
Algo asÃ.
—
¿Escuchas otras voces?
—
No, sólo a Jihun.
—
¿Su nombre es Jihun?
«¡Mierda!»
Quizás
deberÃa ponerse una cinta para mantener la boca cerrada. Estaba cavando un
agujero más y más profundo para sà mismo. Pronto estarÃa en el otro lado del
planeta si no dejaba de hablar.
—
¿Desde cuándo lo estas escuchando en tu cabeza, Heejun?
Heejun
echó un vistazo a su reloj.
—
Um, unas doce horas más o menos, tal vez una hora más. Estuve inconsciente
durante un rato, asà que no estoy muy seguro de cuándo comenzó, pero tuvo que
ser en algún momento después de salir del trabajo.
«Y
de ser atacado por el perro del infierno».
Mark
se quedó pensativo. Él no estaba mirando a Heejun como si hubiera perdido el
juicio, lo que era muy, muy extraño teniendo en cuenta lo que Heejun estaba
confesándole. Si los papeles se invirtieran, Heejun estarÃa ordenando una
camisa de fuerza ahora mismo para Mark.
Mark
lucÃa como si estuviera ordenando sus pensamientos y luego caminó de un lado a
otro, sus cejas fruncidas mientras veÃa el suelo y luego miró de nuevo a Heejun.
—
¿Alguna vez has oÃdo hablar de las parejas, Heejun? — Mark preguntó.
Los
ojos de Heejun se abrieron aún más, mientras comenzaba a caminar hacia atrás.
Su corazón golpeaba con fuerza en su pecho y su garganta se secó. No habÃa una
jodida manera de que Mark supiera sobre las parejas a menos que:
—
¡Eres uno de ellos!
¿En
qué demonios se habÃa metido? ParecÃa no importar a donde fuera, no estaba
seguro. ¿EstarÃan este tipo de personas en todas partes? ¿HabrÃa algún lugar lo
suficientemente seguro para que Heejun corriera y se escondiera? Si todo el
maldito paÃs se habÃa vuelto loco a Heejun no le habÃan entregado el
memorándum.
—
Tranquilo, Heejun — dijo Mark cuando se giró, sosteniendo sus manos en alto. —
No sé de lo que estás hablando, pero no soy un mal tipo. No soy uno de quien
sea que sean ellos.
«Infiernos
que no lo es».
Heejun
no estaba seguro de adónde podrÃa ir para escapar de la locura. Ya nada le
parecÃa real. HabÃa visto horrores en las últimas doce horas que probablemente
le causarÃan a la mayorÃa de la gente un infarto. Y todo el mundo lo querÃa
calmado. Eso no iba a suceder. No después de ver a los perros del infierno.
Infierno, maldición. Ese lugar se suponÃa que era un mito. No se suponÃa que
fuera real.
Y
los demonios...
—
¡Aléjate de mÃ!
Mark
dio un paso atrás, pero no se fue. Su expresión era de preocupación, como si
estuviera tratando de hablar con un hombre en una cornisa. Y Heejun se sentÃa
como si estuviera ahà en este momento. Estaba vacilando entre lo que él creÃa
saber y lo que realmente habÃa a su alrededor.
—
Te prometà que estarÃas a salvo aquÃ, Heejun, y sostengo esa promesa. Te juro
que nadie va a hacerte daño. Sólo necesito que te calmes y hables conmigo.
Heejun
no sabÃa en quién confiar. Estaba tan malditamente cansado y harto de huir.
Estaba quedándose dormido ahà de pie y sabÃa que si dejaba este lugar, esa
ciudad, no llegarÃa muy lejos. Aun sabiendo que Mark era una especie de
monstruo como cualquiera de las otras personas con las que se habÃa topado en
las últimas doce horas, no podÃa mantener los ojos abiertos.
Probablemente
estaba a punto de hacer la pregunta equivocada, pero la adrenalina en Heejun se
estaba acabando demasiado rápido. Su cabeza comenzó a latir violentamente
mientras veÃa alrededor del centro.
—
¿Puedo acostarme un momento? — Se preocuparÃa por las cosas después de haber
logrado dormir un poco. Sus ojos ardÃan, y se tambaleó ligeramente.
—
Por supuesto. — Mark hizo un gesto con la mano hacia la parte posterior del
edificio. — Hay camas allá atrás, y Sung Joo está de guardia. Te prometo que no
te pasará nada mientras duermes.
Heejun
soltó un bufido.
—
No estarÃa tan seguro. Las bestias aladas son muy, muy grandes.
La
mano de Mark se quedó en el aire mientras abrÃa la puerta para Heejun.
—
¿Acabas de decir bestias aladas?
Heejun
estaba demasiado cansado para preocuparse por la reacción de sorpresa del
hombre. Todo lo que querÃa hacer era acostarse. Su brazo estaba matándolo, y su
dolor de cabeza empeoraba. Quizás cuando rebozara de energÃa y entusiasmo serÃa
capaz de averiguar qué hacer.
Mark
sacó el teléfono del bolsillo, caminando por el pasillo. Heejun lo siguió.
—
Min Ho, tenemos una situación.
Eso
era un eufemismo.
—
Tengo a la pareja de una de las bestias aladas aquà — dijo rápidamente al
teléfono.
Heejun
vio una hilera de camas y se tumbó en la primera que pudo alcanzar.
—
No vas a decirle a Jihun que estoy aquÃ, ¿verdad? — Heejun preguntó mientras
bostezaba. Se quitó los zapatos y apoyó la cabeza sobre la almohada, deseando
tener algunos analgésicos para el brazo. Lo estaba matando.
—
No — respondió Mark, pero no parecÃa muy seguro de su respuesta.
—
Quien sea con el que hablas adviértele que los perros están detrás de mà y los
demonios brimstone.
Mark
bajó el teléfono, su boca abierta. Sus cejas arqueadas tan altas que Heejun
pensaba que iban a salirse de la cara del hombre.
—
¡Tienes que estar bromeando!
—
Me gustarÃa que asà fuera — dijo Heejun mientras se giraba y cerraba los ojos.
*****
—
¿Dijo demonios brimstone? — Min Ho preguntó con asombro.
—
Sà — respondió Mark mientras rápidamente veÃa a Heejun dormido en la cama,—lo
dijo.
—
Tengo que llamar a Namjoon, Mark — dijo Min Ho suavemente pero con firmeza. —
Tengo la sensación de que Heejun está huyendo porque no entiende lo que es ser
pareja, pero no podemos tener a los demonios y a los perros aquà en Villa Starhaus.
—
No podemos — sostuvo Mark rápidamente mientras caminaba hacia la parte frontal
del centro de recursos, lejos del hombre agotado. — Le prometà que estarÃa a
salvo. No puedes dejar que ese hombre Jihun sepa dónde está. Eso irÃa en contra
de todo lo que es este refugio.
—
Cálmate — dijo Min Ho y luego suspiró. — Le diré a Namjoon que no le diga ni
una palabra a Jihun de donde está Heejun, pero su pareja debe estar muy
preocupada por él.
—
Eso es cierto. — Pero Mark no iba a delatar a Heejun y a entregarlo al hombre
de quien huÃa. Nunca se lo perdonarÃa a sà mismo si algo malo le pasara a Heejun.
El hombre confiaba en él.
Mark
se apoyó en la puerta, mirando hacia afuera y vio a su pareja, Jackson,
hablando en voz baja con Sung Joo, una sonrisa iluminaba su rostro mientras
conversaban. Dioses, cómo amaba a Jackson. Mark sabÃa que su pareja se volverÃa
absolutamente loco si Mark se perdiera. Se acercó a la banqueta, viendo hacia
el pueblo que dormÃa, y sabÃa que no podÃa permitir que los demonios y los
perros invadieran su pequeña comunidad.
—
No sé qué hacer — confesó.
—
Pase lo que pase, la seguridad de Heejun es lo primero. Y lo sabes, Mark. Pero
no puedo tener a nuestra manada amenazada en el proceso. — Min Ho suspiró. —
Vamos a tener que proteger a ambos. Deja que tu pareja y Sung Joo sepan lo que
sucede. Ellos merecen tener la información. Te llamaré si la mierda va al sur.
—
Lo mismo digo — dijo Mark antes de colgar.
—
¿Está todo bien, cachorro? — Jackson le preguntó mientras se inclinaba
contra su camioneta, extendiendo sus brazos. Mark rápidamente se acercó,
deslizándose a los brazos de su pareja y al instante se sintió seguro y
querido.
—
Él es la pareja de una bestia alada.
Sung
Joo silbó bajo.
—
¿Qué vas a hacer?
Mark
se encogió de hombros mientras inhalaba el olor de su pareja.
—
Estoy atrapado entre la espada y la pared. No lo voy a entregar al hombre del
que está huyendo, pero tengo la sensación de que está huyendo solamente porque
él está asustado. Por otro lado, ¿cómo puedo mantener a las parejas separadas?
—
Haz lo que sea mejor para el hombre — respondió Jackson. — Nosotros nos
encargaremos del resto.
SÃ,
Mark lo sabÃa. Pero temÃa que el precio iba a ser muy alto, si no para Heejun,
entonces para la familia de Mark.
Sólo
rezaba para que no llegaran a eso.
KNK

2 Comentarios
Ja, si tan solo Heejun supiera que pá es un shifter y a donde ha llegado hay más… lamentablemente el que Jihun siguiera “hablándole” no lo ayudó en nada… pero la ignorancia le duró poco tras decirle la verdad a Mark y que éste dijera la palabra mágica… pobre Mark en que dilema se encuentra, pero la seguridad de todos está en juego y con eso no hay forma de negociar.
ResponderBorrarHay mucho en juego y la seguridad de un pueblo entero..
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