La Familia T50... Capitulo 04


Heejun se quedó muy quieto en el asiento del pasajero, sabiendo que hacer autostop era un movimiento estúpido. Pero si no hubiera aceptado el aventón del extraño, entonces él aun estaría caminando de regreso al valle Green Pea. Es probable que hubiera sido atrapado ya sea por un perro o por Jihun.

Eso tampoco era una opción aceptable para él.

— ¿De dónde vienes? — el desconocido a su lado preguntó.
— Del infierno — respondió Heejun, viendo por la ventana y por alguna extraña razón extrañando a Jihun.

El hombre no era humano. Heejun no debería extrañarlo. Entonces, ¿por qué su maldito pecho le dolía tanto? Sólo el pensar en la cara de Jihun hacía que Heejun sintiera una punzada de remordimiento por lo que acababa de hacer. Quizás debería haber dejado una nota explicando por qué había huido. ¿Se preocuparía Jihun por él? El hombre estuvo a su lado cuando Heejun estuvo inconsciente. Quizás al vampiro alado realmente le importaba.

Pero, ¿por qué? Ni siquiera se conocían. Heejun retorció las manos en su regazo, con el deseo de que el sentimiento de dejar la mejor parte de su vida atrás se fuera. No tenía ningún maldito sentido para él.

— ¿Así de mal? — preguntó el hombre, sacando a Heejun de sus pensamientos.
— Sí. — Heejun no quería hablar ahora.

Quería estar lo más lejos de ese lugar como pudiera. Llegaría a su casa y luego averiguaría qué hacer a partir de ahí. No era como si pudiera manejar su propio carro. Seguía estacionado a tres cuadras de su casa y no funcionaba.

— Sólo sigue diciéndote que las cosas van a mejorar, hijo. Saliste. Eso es lo importante.

Heejun suspiró. Si sólo fuera así de fácil. Podría haber salido, pero tenía la sensación de que no estaría a salvo hasta que se fuera de la ciudad. Y tal vez ni siquiera entonces. Deseaba poder hablar con alguien sobre lo que estaba pasando, pero el hombre que estaba sentado a su lado probablemente tendría a Heejun encerrado si empezaba a decir que había algo más que humanos en la tierra. No había nadie con quien pudiera hablar, y ese pensamiento lo deprimía.

— Gire a la derecha aquí. — Heejun señaló.
— Tengo un rancho para las personas que necesitan ayuda. Puedes venir y alojarte allí si lo deseas.

De ninguna manera Heejun iría más lejos de lo necesario con este tipo. ¿Quién se ofrecía a llevar a extraños? El hombre debería de ser un psicópata o algo así.

— No, gracias. Yo... debo ir a casa, puede solamente dejarme en casa.

El hombre asintió. Heejun había tenido dudas en aceptar el aventón. ¡El hombre era jodidamente enorme! Pero él sopesó sus opciones y eligió el menor de dos males. ¿O era de tres?

— Mi nombre es Pa Kim. Si alguna vez necesitas un lugar donde quedarte, ve a hablar con Eric y él te guiará hacia mí.

«¿El alcalde?».


— Uh, está bien.

Pa Kim entró a la calle de Heejun y lo dejó afuera. Se despidió del hombre con un gesto de la mano y se apresuró a entrar, pero no sin antes revisar a su alrededor buscando a los repugnantes perritos. No lo iban a atrapar con la guardia baja.

Heejun se apresuró a entrar y a hacer una maleta, tomando todo lo que podía llevarse y luego se detuvo cuando vio a Yoshi sentado en el sofá, la televisión estaba encendida mientras el hombre sentado enviaba mensajes de texto.

— Hey, Yoshi, ¿me prestas tu auto?
— Adelante — dijo Yoshi, sin levantar la vista de su teléfono.

Heejun estaba tentado a decirle a Yoshi que estaba huyendo lo más lejos que pudiera, pero sabía que a Yoshi no le importaría. Yoshi era del tipo que sólo flotaba por la vida, actuando como si nada le molestara. Heejun no entendía al hombre. Él cobraba el dinero del seguro por la muerte de su padre una vez al mes, por lo que Yoshi asumía que eso significaba que no tenía que trabajar o hacer algo con su vida.

Heejun sacudió la cabeza. Era un desperdicio de una buena persona. Agarró las llaves de la puerta y corrió hacia el jardín cerca del árbol en donde Yoshi se había estacionado cerca de la banqueta. Arrojó la bolsa en la parte de atrás y se fue.

Esperaba poder llegar lo más lejos posible de este lugar antes de que alguien descubriera dónde estaba. Heejun decidió que si Jihun lo descubría no sería tan malo, pero si los perritos lo encontraran sería muy malo.

Heejun conducía por la carretera, revisando continuamente su espejo retrovisor. Todo lo que veía era el campo de tono negro detrás de él. Había estado conduciendo durante horas, y sus ojos comenzaban a arder. No tenía ni idea de a dónde iba, pero cualquier otro lugar que no fuera el Valle Green Pea era lo suficientemente bueno para él.

Ahora Alaska sonaba bien.

Heejun se frotó el esternón mientras conducía, sintiendo un profundo sentimiento de pérdida. El sentimiento de remordimiento se profundizaba más mientras más lejos conducía. Aun no estaba seguro de por qué se sentía así. Él había vivido en el Valle Green Pea toda su vida y la única persona que debería de extrañar era a su mamá.

Y sabía que él estaba negando a quien realmente estaba extrañando. Pero, ¿por qué? Acababa de conocer a Jihun. ¿Cómo iba a extrañarlo tanto, hasta el punto en que su pecho realmente doliera? No podía entenderlo, pero había un peso asentado en su pecho cuando pensaba en Jihun.

Heejun estaba loco por pensar de esa manera. Jihun era un vampiro con alas que luchaba contra perritos del infierno, y las cosas grandes y feas con cuernos y realmente afiladas garras. Heejun estaría loco si se quedaba.

Entonces, ¿por qué quería regresar?

— Zaterio, ¿dónde estás? Habla conmigo, por favor.

Y eso era otra cosa. ¿Cómo infiernos alguien podía hablar dentro de su cabeza? No había manera de que Heejun fuera a responder a las voces en su cabeza. Se secó una lágrima que caía de sus ojos con la palma de su mano mientras seguía manejando. Pero cuanto más tiempo pasaba, más difícil era no dar la vuelta y correr de regreso con la bestia.

Tenía que salir de esa loca ciudad, encontrar algún lugar seguro, un lugar que no tuviera cosas del infierno, o vampiros, ni siquiera hombres que cambiaran a animales. Necesitaba de un lugar donde pasar desapercibido.

Heejun vio una señal blanca grande por delante que decía: Bienvenidos a la Villa Starhaus. Eso sonaba como un buen lugar para esconderse. Estaba a unas pocas horas del Valle Green Pea. Heejun estaba bastante seguro de que no tendrían ningún problema con extrañas criaturas y hombres que podrían cambiar a cosas raras.

— Zaterio, estás en peligro. Debes contestar.

«Sí, eso no sucederá».

Heejun realmente quería decirle a Jihun que se encontraba bien. Después de todo el hombre le había salvado la vida. Pero tenía miedo de que si hablaba con Jihun, el vampiro tendría algún tipo de GPS mental y descubriera la ubicación de Heejun.

No correría el riesgo.

El único lugar que Heejun vio para dormir fue una casa cama y desayuno, y todas las luces estaban apagadas en la casa. No estaba seguro de si se le permitiría despertar a alguien para alquilar una habitación. No era un motel, así que él no conocía el protocolo adecuado.

Decidió estacionar el prestado carro frente al Centro de Ayuda Tuan, luego apagó el motor, y se acomodó en el asiento del conductor. Todo lo que necesitaba era un par de horas de sueño. Si pudiera conseguir un par de horas de sueño, él sería capaz de pensar con mayor claridad y luego averiguar lo que iba a hacer a partir de ahí.

Su reloj le decía que eran las tres de la mañana. Heejun había dejado de trabajar a las tres de la tarde, y su vida se había convertido en un caos total desde entonces. Es posible que hubiera logrado dormir un par de horas después de su ataque, pero Heejun se sentía agotado. Tanta emoción había acabado con toda la energía que Heejun tenía.

— Hey, ¿estás bien?

Heejun giró la cabeza y vio a un hombre muy alto y musculoso de pie junto a la ventana del conductor, viéndolo directamente. Se quedó helado. El tipo era bastante malditamente grande. Cuando Heejun lentamente levantó la mirada, vio directamente los ojos plata... del hombre. ¿Eran realmente plata?

— Soy Sung Joo. ¿Necesitas un lugar para alojarte por la noche?

Heejun no estaba seguro de si debía responderle al hombre. El alto rubio era atemorizante. El tipo tenía una sonrisa fácil en su rostro y se puso en cuclillas para estar a la altura de sus ojos, pero eso no ayudó con el nudo en su estómago.

— No estoy tratando de asustarte. Ayudo en el centro de ayuda por las noches por si acaso alguien se estaciona enfrente y necesita ayuda. — El hombre le dio un guiño a Heejun y luego señaló hacia el edificio detrás de él. — Pero si lo prefieres, puedo llamar a Mark Tuan, el hombre que dirige este lugar.

Heejun asintió.

— Por favor. — Debido a que no iba a salir del carro con ese enorme y musculoso hombre parado allí. «Eso no iba a suceder». Él no iba a salir huyendo de extrañas criaturas para ser asesinado por un humano grande.
— Está bien — dijo Sung Joo. — Si te sientes más seguro esperando en tu carro, entonces hazlo. No dejaré que nadie te moleste de nuevo.

Heejun estaba seguro de que Sung Joo no podía vencer a Jihun. Aunque él apreciaba el ofrecimiento. El tipo no tenía ni idea de lo que Heejun huía. Apostaba a que Sung Joo no estaría ofreciéndole refugio si lo supiera.

Heejun se recargó mientras Sung Joo se ponía a hablar por teléfono, preguntándose si el tipo estaba realmente llamando al hombre que dirigía el centro de ayuda o a sus amigos para venir a pasar un buen rato con él.

«Por favor, deja que este chico sea realmente honesto».

— ¿Quién, zaterio? ¿Quién te está molestando? Por favor, habla conmigo.

Maldición, él no había querido hablar con Jihun en su cabeza. Era sólo un pensamiento, no una conversación que quería tener. Heejun se mordió los labios y miró a Sung Joo preguntándose si debía decirle a Jihun donde estaba.

Heejun decidió esperar y ver qué pasaba. Si el hombre lo abordaba, entonces le pediría ayuda. Sin embargo eso sería el último recurso. Heejun casi salta de su piel cuando Sung Joo tocó la ventanilla con sus nudillos.

— ¿Qué?
— Mark está en camino. Debe estar aquí en unos minutos.
— Gracias. — Heejun rodó los ojos cuando apartó la mirada. Probablemente estaba siendo amable con un asesino en serie o algo así. Dioses, estaba tan cansado. Estaba empezando a parecer una locura, incluso en su propia cabeza.

Heejun mantuvo una estrecha vigilancia sobre Sung Joo mientras esperaba a que este tipo Mark apareciera. Sus parpados comenzaron a bajar en un par de ocasiones, y se encontró abriéndolos más, haciendo todo lo posible para mantenerse despierto. Probablemente parecía un completo tonto, pero en ese momento, a él simplemente no le importaba. Quería un lugar seguro donde pudiera dormir durante varias horas, y después una buena comida, y entonces él se iría de donde jodidos estuviera.

Después de lo que parecieron horas, pero que fueron probablemente solo unos pocos minutos, una camioneta se detuvo en el espacio junto a Heejun y un hombre se bajó. Se acercó y habló con Sung Joo por un momento, los dos hombres gesticulando hacia Heejun.

Heejun dejó escapar un suspiro de alivio cuando Sung Joo asintió y se alejó. Ese tipo era aterradoramente grande. El hombre que había salido de la camioneta se acercó y apoyó la cadera contra el parachoques delantero del carro de Heejun, a la espera. Heejun miró a su alrededor para asegurarse de que Sung Joo se había ido y luego, lentamente, bajó del vehículo.

— Hola, soy Mark Tuan — dijo el hombre mientras sostenía la mano. — Dirijo este lugar.
— Heejun.
— ¿Por qué no entras y hablamos, Heejun? — Mark hizo un gesto hacia el edificio con la cabeza. — Vas a estar seguro aquí. Lo prometo.

Sí, Heejun no estaba tomando la palabra de Mark para eso, y pudo ver que Mark lo sabía por el brillo en sus ojos. Mark asintió, se volteó y caminó hacia el edificio. Heejun se mantuvo a varios pasos detrás de él por si acaso tenía que correr. Se sintió mejor cuando Mark dejó la puerta abierta y entró, moviéndose hacia el lado opuesto de la sala y de donde se encontraba Heejun y su ruta de escape.

— Mi trabajo aquí es asegurarme de que las personas estén a salvo — comenzó Mark mientras se apoyaba en el borde de una mesa. — Conocí a alguien una vez que estaba en un montón de problemas. No tenía a nadie a quien acudir, ni nadie le ayudaba a salir de la horrible situación. Después de reunirme con él, quería asegurarme de que no hubiera nadie más que estuviera en alguna posición similar, no si había alguna manera de que pudiera ayudarlo.
— ¿Logro salir? — Heejun preguntó con curiosidad.
— Sí. — Mark sonrió. — Él realmente fue el primer hombre en ocupar un catre aquí. El edificio prácticamente aún tenía la pintura fresca en las paredes cuando llegó.
— Pero él está a salvo, ¿no es así?
— Lo está. Gracias por preguntar. Encontró a alguien que realmente se preocupa por él y su felicidad.

Heejun deseaba saber si tendría el mismo resultado al venir aquí, pero sabía que era una locura pensar eso. El primer cliente de Mark pudo haber tenido su final feliz, pero Heejun estaba bastante seguro de que él iba a acabar siendo despedazado por los perros del infierno o perseguido por siempre por los vampiros alados.

Él estaba jodido.

— Me gustaría ayudarte, Heejun.

Heejun resopló.

— No estoy seguro de que me puedas ayudar. — Estaba bastante seguro de que nadie podría ayudarlo. Al parecer no había ninguna protección en contra de los perros del infierno, demonios, y todo lo que había por ahí. Y Heejun no quería ni pensar en eso.
— Puedo escuchar si quieres hablar.

«¡Oh infierno no!» Si hablaba, iba a terminar en una habitación acolchada con seguridad. Heejun sacudió la cabeza.

— No lo creo.
— Está bien — dijo Mark. — No tienes que hablar si no quieres hacerlo. Pero estoy aquí por si lo deseas, y lo que se diga entre nosotros se queda entre nosotros.

Heejun asintió, pero no iba a hablar. En serio, él sólo…

— Esta este hombre, y cree que yo le pertenezco. — Heejun gimió interiormente. Parecía que su cerebro se estaba muriendo por darle sentido a la situación. Sólo esperaba que Mark no lo internara en el psiquiátrico.
— ¿Ã‰l le hizo eso a tu brazo? — Mark le preguntó mientras señalaba la gasa blanca envuelta alrededor del brazo de Heejun.

Heejun miró su brazo, sorprendido de que se había olvidado de la herida.

— No, él no lo hizo, pero lo hizo alguien que él conoce.
— ¿Ã‰l o alguna otra persona te ha hecho daño de alguna otra manera?
— No, pero... — Heejun negó con la cabeza. — Ellos son atemorizantes, hombre, quiero decir jodidamente atemorizantes. Tuve que escabullirme para escapar de ellos. Me dijo que nunca podría salir y que yo estaba…

«No, no sigas por allí».

Heejun miró a Mark.

— Sólo tenía que irme.
— Entiendo. — Mark agitó sus manos alrededor del cuarto. — Eres bienvenido a quedarte el tiempo que quieras. No tenemos a ninguna otra persona en el centro por el momento, así que es todo tuyo.
— Gracias. Sólo necesito un lugar para dormir un rato. Me siento como si no hubiera dormido en días.
— Tómate todo el tiempo que quieras. — Mark se apartó de la mesa y empezó a caminar hacia el pasillo. — Vamos, te voy a mostrar donde está el dormitorio. Tranquilamente puedes tomar cualquier cama que desees. También hay duchas si quieres darte un baño.
— Por ahora solo quiero dormir, pero a lo mejor mañana tomo una ducha.

Dioses, estaba tan cansado.

— ¿Zaterio? ¡Por favor, respóndeme! Estás en mucho peligro. Sólo quiero asegurarme de que estás a salvo.
— ¡Joder! — Heejun presionó sus manos contra sus sienes cuando la voz de Jihun inundó su cabeza. ¿Por qué no lo dejaba con un infierno en paz? Ni siquiera podía pensar sin que Jihun se metiera en su cabeza.
— Heejun, ¿qué sucede?
— No me deja en paz — murmuró Heejun mientras presionaba su cabeza con las palmas. — Él sólo sigue hablándome una y otra vez.
— ¿Ã‰l sigue hablándote... a ti?

Heejun levantó la cabeza cuando se dio cuenta de lo que había hecho. «Ah, perfecto». Ahora Mark pensaría que estaba loco. Quizás lo estaba. Después de todo, oía voces en su cabeza.

— ¿Está hablando contigo en tu cabeza, Heejun?

Heejun asintió, sabiendo sin la más mínima sombra de duda, que probablemente era la cosa más estúpida que podía hacer. No podía pensar en ninguna otra respuesta para su conducta.

Las cejas de Mark se alzaron.

— ¿Justo, ahora?

Heejun sentía que su rostro se ruborizaba ante la mirada inquisitiva en los ojos de Mark.

— Algo así.
— ¿Escuchas otras voces?
— No, sólo a Jihun.
— ¿Su nombre es Jihun?

«¡Mierda!»

Quizás debería ponerse una cinta para mantener la boca cerrada. Estaba cavando un agujero más y más profundo para sí mismo. Pronto estaría en el otro lado del planeta si no dejaba de hablar.

— ¿Desde cuándo lo estas escuchando en tu cabeza, Heejun?

Heejun echó un vistazo a su reloj.

— Um, unas doce horas más o menos, tal vez una hora más. Estuve inconsciente durante un rato, así que no estoy muy seguro de cuándo comenzó, pero tuvo que ser en algún momento después de salir del trabajo.

«Y de ser atacado por el perro del infierno».

Mark se quedó pensativo. Él no estaba mirando a Heejun como si hubiera perdido el juicio, lo que era muy, muy extraño teniendo en cuenta lo que Heejun estaba confesándole. Si los papeles se invirtieran, Heejun estaría ordenando una camisa de fuerza ahora mismo para Mark.

Mark lucía como si estuviera ordenando sus pensamientos y luego caminó de un lado a otro, sus cejas fruncidas mientras veía el suelo y luego miró de nuevo a Heejun.

— ¿Alguna vez has oído hablar de las parejas, Heejun? — Mark preguntó.

Los ojos de Heejun se abrieron aún más, mientras comenzaba a caminar hacia atrás. Su corazón golpeaba con fuerza en su pecho y su garganta se secó. No había una jodida manera de que Mark supiera sobre las parejas a menos que:

— ¡Eres uno de ellos!

¿En qué demonios se había metido? Parecía no importar a donde fuera, no estaba seguro. ¿Estarían este tipo de personas en todas partes? ¿Habría algún lugar lo suficientemente seguro para que Heejun corriera y se escondiera? Si todo el maldito país se había vuelto loco a Heejun no le habían entregado el memorándum.

— Tranquilo, Heejun — dijo Mark cuando se giró, sosteniendo sus manos en alto. — No sé de lo que estás hablando, pero no soy un mal tipo. No soy uno de quien sea que sean ellos.

«Infiernos que no lo es».

Heejun no estaba seguro de adónde podría ir para escapar de la locura. Ya nada le parecía real. Había visto horrores en las últimas doce horas que probablemente le causarían a la mayoría de la gente un infarto. Y todo el mundo lo quería calmado. Eso no iba a suceder. No después de ver a los perros del infierno. Infierno, maldición. Ese lugar se suponía que era un mito. No se suponía que fuera real.

Y los demonios...

— ¡Aléjate de mí!

Mark dio un paso atrás, pero no se fue. Su expresión era de preocupación, como si estuviera tratando de hablar con un hombre en una cornisa. Y Heejun se sentía como si estuviera ahí en este momento. Estaba vacilando entre lo que él creía saber y lo que realmente había a su alrededor.

— Te prometí que estarías a salvo aquí, Heejun, y sostengo esa promesa. Te juro que nadie va a hacerte daño. Sólo necesito que te calmes y hables conmigo.

Heejun no sabía en quién confiar. Estaba tan malditamente cansado y harto de huir. Estaba quedándose dormido ahí de pie y sabía que si dejaba este lugar, esa ciudad, no llegaría muy lejos. Aun sabiendo que Mark era una especie de monstruo como cualquiera de las otras personas con las que se había topado en las últimas doce horas, no podía mantener los ojos abiertos.

Probablemente estaba a punto de hacer la pregunta equivocada, pero la adrenalina en Heejun se estaba acabando demasiado rápido. Su cabeza comenzó a latir violentamente mientras veía alrededor del centro.

— ¿Puedo acostarme un momento? — Se preocuparía por las cosas después de haber logrado dormir un poco. Sus ojos ardían, y se tambaleó ligeramente.
— Por supuesto. — Mark hizo un gesto con la mano hacia la parte posterior del edificio. — Hay camas allá atrás, y Sung Joo está de guardia. Te prometo que no te pasará nada mientras duermes.

Heejun soltó un bufido.

— No estaría tan seguro. Las bestias aladas son muy, muy grandes.

La mano de Mark se quedó en el aire mientras abría la puerta para Heejun.

— ¿Acabas de decir bestias aladas?

Heejun estaba demasiado cansado para preocuparse por la reacción de sorpresa del hombre. Todo lo que quería hacer era acostarse. Su brazo estaba matándolo, y su dolor de cabeza empeoraba. Quizás cuando rebozara de energía y entusiasmo sería capaz de averiguar qué hacer.

Mark sacó el teléfono del bolsillo, caminando por el pasillo. Heejun lo siguió.

— Min Ho, tenemos una situación.

Eso era un eufemismo.

— Tengo a la pareja de una de las bestias aladas aquí — dijo rápidamente al teléfono.

Heejun vio una hilera de camas y se tumbó en la primera que pudo alcanzar.

— No vas a decirle a Jihun que estoy aquí, ¿verdad? — Heejun preguntó mientras bostezaba. Se quitó los zapatos y apoyó la cabeza sobre la almohada, deseando tener algunos analgésicos para el brazo. Lo estaba matando.
— No — respondió Mark, pero no parecía muy seguro de su respuesta.
— Quien sea con el que hablas adviértele que los perros están detrás de mí y los demonios brimstone.

Mark bajó el teléfono, su boca abierta. Sus cejas arqueadas tan altas que Heejun pensaba que iban a salirse de la cara del hombre.

— ¡Tienes que estar bromeando!
— Me gustaría que así fuera — dijo Heejun mientras se giraba y cerraba los ojos.

*****

— ¿Dijo demonios brimstone? — Min Ho preguntó con asombro.
— Sí — respondió Mark mientras rápidamente veía a Heejun dormido en la cama,—lo dijo.
— Tengo que llamar a Namjoon, Mark — dijo Min Ho suavemente pero con firmeza. — Tengo la sensación de que Heejun está huyendo porque no entiende lo que es ser pareja, pero no podemos tener a los demonios y a los perros aquí en Villa Starhaus.
— No podemos — sostuvo Mark rápidamente mientras caminaba hacia la parte frontal del centro de recursos, lejos del hombre agotado. — Le prometí que estaría a salvo. No puedes dejar que ese hombre Jihun sepa dónde está. Eso iría en contra de todo lo que es este refugio.
— Cálmate — dijo Min Ho y luego suspiró. — Le diré a Namjoon que no le diga ni una palabra a Jihun de donde está Heejun, pero su pareja debe estar muy preocupada por él.
— Eso es cierto. — Pero Mark no iba a delatar a Heejun y a entregarlo al hombre de quien huía. Nunca se lo perdonaría a sí mismo si algo malo le pasara a Heejun. El hombre confiaba en él.

Mark se apoyó en la puerta, mirando hacia afuera y vio a su pareja, Jackson, hablando en voz baja con Sung Joo, una sonrisa iluminaba su rostro mientras conversaban. Dioses, cómo amaba a Jackson. Mark sabía que su pareja se volvería absolutamente loco si Mark se perdiera. Se acercó a la banqueta, viendo hacia el pueblo que dormía, y sabía que no podía permitir que los demonios y los perros invadieran su pequeña comunidad.

— No sé qué hacer — confesó.
— Pase lo que pase, la seguridad de Heejun es lo primero. Y lo sabes, Mark. Pero no puedo tener a nuestra manada amenazada en el proceso. — Min Ho suspiró. — Vamos a tener que proteger a ambos. Deja que tu pareja y Sung Joo sepan lo que sucede. Ellos merecen tener la información. Te llamaré si la mierda va al sur.
— Lo mismo digo — dijo Mark antes de colgar.
— ¿Está todo bien, cachorro? — Jackson le preguntó mientras se inclinaba contra su camioneta, extendiendo sus brazos. Mark rápidamente se acercó, deslizándose a los brazos de su pareja y al instante se sintió seguro y querido.
— Él es la pareja de una bestia alada.

Sung Joo silbó bajo.

— ¿Qué vas a hacer?

Mark se encogió de hombros mientras inhalaba el olor de su pareja.

— Estoy atrapado entre la espada y la pared. No lo voy a entregar al hombre del que está huyendo, pero tengo la sensación de que está huyendo solamente porque él está asustado. Por otro lado, ¿cómo puedo mantener a las parejas separadas?
— Haz lo que sea mejor para el hombre — respondió Jackson. — Nosotros nos encargaremos del resto.

Sí, Mark lo sabía. Pero temía que el precio iba a ser muy alto, si no para Heejun, entonces para la familia de Mark.

Sólo rezaba para que no llegaran a eso.

KNK

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2 Comentarios

  1. Ja, si tan solo Heejun supiera que pá es un shifter y a donde ha llegado hay más… lamentablemente el que Jihun siguiera “hablándole” no lo ayudó en nada… pero la ignorancia le duró poco tras decirle la verdad a Mark y que éste dijera la palabra mágica… pobre Mark en que dilema se encuentra, pero la seguridad de todos está en juego y con eso no hay forma de negociar.

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  2. Hay mucho en juego y la seguridad de un pueblo entero..

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