—
¿Qué quieres decir con que no puedes decirme dónde está? — Jihun gruñó las
palabras mientras se paseaba por el salón. — Me quedan treinta y seis horas, Namjoon.
¿Quieres verme volverme loco?
Namjoon
se apoyó contra la pared de la sala, cruzando los brazos, su expresión sombría.
—
Estoy entre la espada y la pared, Jihun.
—
¡Infiernos que lo estas! — Jihun le gritó, sintiendo su ira y su terror viajar
en el aire como una niebla caliente e invisible que se arremolinaba a su
alrededor, amenazando con ahogarlo.
Quería
a su zaterio. Sentía la pérdida tan profundamente que era casi
paralizante. Heejun estaba solo, no sabía si estaba en problemas, y ¿su
comandante estaba entre la espada y la pared?.
—
No le he hecho nada malo a Heejun. No le he hecho daño de ninguna manera. No es
más que miedo. Dime dónde está, Comandante.
—
¿Has intentado contactar con él?
Jihun
se pasó una mano por la cara, haciendo todo lo posible para mantener el
control. Namjoon podría aniquilarlo si él lo estrangulaba, pero joder si no era
tentador.
—
Sí, pero no me respondió.
—
Podría ir con él. Sabes, para asegurarme de... — Youngjo se interrumpió, pero Jihun
entendía completamente a lo que la bestia se refería y no le gustó.
—
¿Para que no le haga daño a mi zaterio? — Jihun gruñó las palabras. — ¿Crees
que le haría daño al único hombre hecho para mí? ¿Simplemente te sientas ahí y
me acusas de abusar de mi pareja?
—
No. — Youngjo negó con la cabeza. — Eso no es lo que quise decir.
—
Entonces, ¿qué quisiste decir? — preguntó Jihun, sintiendo sus colmillos y
garras crecer.
El
calor del apareamiento, junto con el temor estaba carcomiendo a Jihun, lo
hacían agresivo como el infierno. Y si las alas no dejaban con una jodida de
aletear, ¡iba a cortar las malditas cosas!
—
¿Quieres que te diga dónde está tu pareja cuando estás tan agresivo? — Namjoon
preguntó.
—
Eso sólo va a empeorar si sigo lejos de él — le recordó Jihun al líder de las
bestias aladas. — Entre más tiempo pase sin que reclame a Heejun mas loco
estaré.
Incluso
Jihun podía oír la desesperación en su voz. No iba a obligar a Heejun a
aparearse con él, pero Jihun no quería volverse loco y tener que ser asesinado.
Ninguna bestia alada sobrevivía a la locura. Jihun podía sentirla
construyéndose lentamente dentro de él como una bomba de tiempo.
Respiró
profundamente por la nariz y exhaló por la boca, haciendo su mejor esfuerzo
para calmarse. Habían pasado doce horas desde que había encontrado a su pareja.
Incluso cuando Heejun estuvo herido, el calor del apareamiento se había
mantenido calmado pero no había desaparecido. ¿Por qué jodidos se les dio solo
cuarenta y ocho horas a las bestias aladas para reclamar a sus parejas? ¿Qué
pasa si Heejun lo rechazaba? Si su pareja lo rechazaba en cualquier momento
durante el reclamo, el lazo no se formaría. Jihun sentía que tenía el peso del
mundo sobre sus hombros en este momento, y el tiempo no estaba a su favor.
—
Creo que es buena idea que Youngjo te acompañe — dijo Namjoon. — Lleven también
a Dong Won con ustedes — dijo el líder y levantó la mano cuando Jihun abrió la
boca para protestar. — Con los perros del infierno tras tu pareja, y los
demonios brimstone por ahí, necesitas refuerzos. Iré contigo solo en caso de
que el Alfa se ofenda porque entramos a su territorio.
Sabía
que Namjoon estaba pensando lógicamente, incluso si Jihun no lo hacía, pero no
le gustaba tener escolta para ir por su pareja. Había estado tratando la mitad
de la noche de llegar a su pareja a través de su vínculo cada vez mayor, pero Heejun
nunca le respondió. Eso no sólo frustraba a Jihun, sino que también le
preocupaba.
Los
cuatro utilizaron la salida de la sala y tomaron una Hummer. Jihun habría
volado, pero era temprano por la mañana y muchos humanos estarían afuera.
El
viaje a la villa Starhaus parecía no terminar nunca. La necesidad de Jihun
debido al calor del apareamiento era cada vez peor. Su pene estaba tan duro que
estaba listo para sacarlo en la camioneta y aliviar la pesada carga, pero
estaba muy seguro de que las otras bestias lo golpearían por masturbarse en la
camioneta.
Honestamente
no le importaba, pero prefería llegar consciente.
—
¿Cómo infiernos el humano recorrió todo este camino? — Dong Won preguntó desde
el asiento del acompañante enfrente. — Debió haber tenido prisa.
La
mayoría de las veces, Jihun apreciaba la franqueza del Dong Won, pero hoy no.
No, hoy lo único que Jihun apreciaría era tener a su pareja en sus brazos.
Había sostenido brevemente a Heejun en el pasillo cuando Youngjo se acercó
demasiado, pero eso había sido todo. Los brazos de Jihun dolían por la
necesidad de sentir a su pareja llenándolos.
Dejó
escapar un suspiro y se sentó de nuevo, sabiendo que iba a ser un viaje
infernalmente largo.
*****
Heejun
abrió los ojos cuando la luz de la mañana entraba fuerte por una de las
ventanas. La ventana era lo bastante alta, pero el brillante sol no tuvo
problemas en llegar directamente a los ojos de Heejun. Aun así, parecía que aún
era muy temprano en la mañana.
Gimió
y se cubrió los ojos, haciendo todo lo posible para bloquear el sol. ¿En este
lugar no creían en las cortinas? Incluso si la ventana estaba en lo alto,
ayudaría a tapar el maldito sol. El sol no iba a ceder, así que Heejun se giró
deseando dormir un poco más. No esperaba ver a Jihun sentado con la espalda
apoyada en la pared y los brazos apoyados en las dobladas rodillas. Parecía
como si hubiera perdido a su mejor amigo mientras estaba allí sentado, viendo
el suelo.
A
Heejun le dolió el corazón al ver al hombre luciendo tan perdido. No había
querido hacerle daño a Jihun, pero Heejun había estado muerto de miedo con los
acontecimientos de ayer. ¿Quién no lo estaría? Pero él también tenía miedo
porque nadie nunca había coqueteado con Heejun, o ido por él. Jihun fue el
primero, y Heejun estaba confundido sobre cómo manejar los avances de Jihun.
Estaba confundido acerca de todo con Jihun.
—
Vengo de un lugar llamado Ibighit. No está en ningún mapa, y no puede ser
trazado desde ningún lugar del mundo. Es un hermoso lugar para vivir, con
vistas tan exóticas y tan gloriosas, que te quita la respiración con solo
verlo. Necesitaba ser protegido, ser protegido del mal en sí mismo. Los dioses
decidieron que iban a crear criaturas para proteger Ibighit. Ellos crearon una
raza de seres para combatir a los perros del infierno y a cualquier otra
criatura vil que se escapara del infierno. Y por eso, fuimos creados, no
nacimos.
Heejun
se sentó y apartó el cabello de su rostro. La historia de Jihun le intrigaba.
Quizás si conocía la historia del hombre, no le tendría tanto miedo. Sabía que
la mayoría de los temores porvenían de lo desconocido, por lo que Heejun se
sentó y escuchó.
—
Yo fui exiliado de ese paraíso.
—
¿Por qué? — Heejun preguntó antes de poder evitar que las palabras salieran de
sus labios.
Los
labios de Jihun se elevaron en un gruñido, sacudió la cabeza ligeramente de un
lado al otro mientras seguía viendo el suelo. Heejun deseaba que el hombre lo
mirara. Su corazón empezó a doler por Jihun y lo que había perdido, y él nunca
había visto el lugar, pero las duras líneas en la cara de Jihun le decían a Heejun
lo que le había costado al hombre.
—
Debido a que el nuevo Rey le temía a las bestias aladas. — Las manos de Jihun
en un puño mientras que la ira empañaba sus hermosos labios. — Él es la maldad
pura, Heejun, y sabía que no nos íbamos a quedar de brazos cruzados y ver
gobernar el reino que hemos apreciado tanto con mano de hierro. Nos quería
fuera, a los protectores de Ibighit, para poder gobernar de la manera que
quisiera.
—
Suena como un verdadero idiota — dijo Heejun.
Jihun
asintió.
—
Lo es.
—
¿Lo es?
—
Él aun gobierna. Hasta que lo sustituyan, nunca podremos regresar a casa. No
tuvimos más remedio que irnos, así que llegamos al plano de los humanos,
entrando en la clandestinidad, haciendo todo lo posible para permanecer fuera
de su radar. Él es el Rey designado. Se le ha dotado de poderes que lo hacen
superior a todos los demás, incluso a las bestias aladas.
—
Entonces, ¿cómo encajan los perros y los demonios en todo esto? — Heejun estaba
empezando a ver las dificultades que Jihun había sufrido.
Quería
ir a buscar a ese Rey y golpearle la nariz. Nadie debería tener que salir de su
casa sólo porque alguien quería ser malvado.
—
Los perros fueron liberados por alguien que nos envidiaba. Ju Yeon quería la
vida eterna. Quería lo que nunca podría tener, por lo que decidió enviarnos a
los perros. — Jihun levantó la cabeza, la pena y el dolor se veía en sus
bonitos ojos verdes esmeralda. — Ellos no pueden ser devueltos, Heejun. Si
pudiera dártelo como regalo, lo haría. Pero una vez que son puestos en
libertad, sólo pueden ser destruidos.
Heejun
se deslizó de la cama y se arrastró hasta Jihun, sentándose frente al hombre
con sus piernas cruzadas. No estaba seguro de por qué, pero sentía una
abrumadora necesidad de estar cerca de Jihun mientras él derramaba sus
entrañas.
—
¿Y los demonios?
—
Cada cien años el Rey Yoon Tae nos envía un recordatorio de que todavía estamos
desterrados y aún gobierna Ibighit. Los demonios brimstone es el recordatorio
en esta ocasión.
—
Tienes que admitir, Jihun, que eso es mucho para que un humano como yo lo
entienda. Todo sucedió muy rápido, en un período tan corto de tiempo que me
asusté. Estoy acostumbrado a trabajar largas horas, a tener problemas con el
carro, pero tu jefe vence al mio en el departamento de los imbéciles.
Una
sonrisa elevó la esquina de la boca de Jihun.
—
Así es él.
A
Heejun realmente le gustaba la sonrisa de Jihun. Suavizaba los rasgos del
hombre y lo hacía diez veces más accesible. Heejun se deslizó un poco más
cerca. Se sorprendió al ver dos hoyuelos aparecer. Tuvo razón al pensar que Jihun
parecía un dios. El hombre tenía un encanto casi infantil sobre él mientras
estaba allí sentado diciéndole a Heejun todo acerca de su vida.
—
Todo esto simplemente está pasando muy rápido, Jihun — dijo Heejun colocando su
mano sobre una de las rodillas de Jihun. — Si voy a estar viviendo en tu mundo,
necesito saber con lo que estoy tratando. Preferiblemente antes de que aparezca
y trate de comerme.
Jihun
giró su mano y Heejun colocó su mano en la de Jihun. El vampiro alado entrelazó
los dedos juntos y luego les dio un pequeño apretón.
—
¿De verdad quieres regresar?
Heejun
se encogió ligeramente de hombros, viendo fijamente los entrelazados dedos.
Admitió para sí mismo que le gustaba la mano de Jihun. Cubría la suya y le hacía
sentir que todo iba a estar bien. Era una extraña sensación, pero comenzaba en
su estómago y se extendía por todo su cuerpo. Heejun miró a Jihun, viendo que
el hombre le sonreía.
—
Si me fuera a casa, no sólo los perros estarían tras de mí, sino que mi vida
sería aburrida como el infierno después de lo que he visto. — Heejun se movió
un poco hacia atrás cuando Jihun cerró los ojos y su rostro se tensó como si
estuviera luchando con una tormenta interior. No estaba seguro de si debía
soltar la mano del hombre. Pero decidió seguir sosteniéndola. — ¿Estás bien?
Jihun
exhaló una respiración lenta y constante, pero Heejun podía ver el sudor
brillando sobre la piel dorada del hombre.
—
Voy a estar bien — dijo mientras lentamente abría los ojos. — No te preocupes.
Heejun
no estaba tan seguro, pero lo dejó pasar. Él no era un entrometido.
Probablemente estaba tan cansado como Heejun lo estaba. Parecía como si no
hubiera dormido en días.
—
¿Tregua? — preguntó, sin saber por qué la palabra había salido.
—
Quiero una tregua contigo zaterio. Te quiero tanto. No tienes ni idea
del lazo que se está formando entre nosotros, que nos une. ¿Por qué luchas
tanto contra eso? — preguntó.
Heejun
bajo la mirada, viéndose sus rodillas y preguntándose si debía decirle a Jihun.
La bestia no había hecho nada más que mostrarle bondad a Heejun. El hombre ni
siquiera fue tras él cuando Heejun le había lanzado la mitad del cuarto.
Quizás
tener citas con él no sería tan malo.
—
Nunca nadie se había interesado en mí antes. — Dioses, se oía como un perdedor.
Jihun probablemente se estaría preguntando qué estaba mal en Heejun para que
nadie se hubiera interesado. — No es que haya algo malo en mí — se apresuró a
defenderse mientras se sonrojaba y miraba hacia el pasillo preguntándose si
podría correr más rápido que su vergüenza.
Jihun
utilizó sus manos entrelazadas para jalar a Heejun más cerca hasta que él
estaba arrodillado entre las piernas de Jihun.
—
No hay absolutamente nada malo en ti, zaterio.
Heejun
tragó saliva cuando Jihun acunó su rostro y lo jaló hacia adelante. Iba a besar
a Heejun. Estaba en sus ojos.
Heejun
levantó la cabeza cuando oyó fuertes discusiones que venían del frente del
centro. No estaba seguro qué infiernos estaba sucediendo, pero se oía como si
una maldita guerra estuviera a punto de estallar.
—
Oh, infiernos — dijo Jihun mientras se ponía de pie y jalaba a Heejun detrás de
él.
Jihun
caminó por el pasillo enojado como el infierno. No sólo simplemente le habían
robado su primer beso con su zaterio, sino que podía oír a Namjoon y Min
Ho discutir, sus voces eran furiosas. Los vio de pie en la banqueta, frente al
centro de ayuda, mirándose de una forma asesina el uno al otro. Jihun salió con
Heejun siguiéndolo.
—
¡Prometiste no decirle en dónde estaba Heejun! — Min Ho le gritó a Namjoon, sus
colmillos extendidos. Jihun solo esperaba como el infierno que no fueran a
golpearse. — No cumpliste con tu palabra.
—
¿Se supone que debía ver a un hombre quien ha estado bajo mi mando durante dos
mil años volverse loco porque su pareja le tiene miedo? ¿Le harías eso a uno de
los miembros de tu manada? — Namjoon contrarrestó. — Jihun no ha lastimado a su
zaterio. Heejun sólo le teme al mundo que ha descubierto a su alrededor.
Van a arreglar eso.
—
¿Cómo lo sabes? — Min Ho preguntó, sus ojos grises tan oscuros que parecían
astillas de obsidiana. Líneas de ira se formaban por toda la cara del Alfa, y
apretó los puños con tanta fuerza que sus manos se volvieron blancas, con
pequeñas líneas de color rosa entre ellas. — Vino a nosotros por protección y tú
¡descartaste eso en nuestras caras!
—
Y si Heejun le dice que se vaya, estamos aquí para asegurarnos de que él se
vaya — dijo Namjoon un poco más calmado, su ira se drenaba y el agotamiento se
mostraba en su dura cara. Jihun sabía que era malo que los líderes lucharan
entre sí, y dado que Min Ho soltó un suspiro, el Alfa debía de haber llegado a
la misma conclusión.
—
Jihun está sintiendo el calor del apareamiento muy fuerte en estos momentos. Si
no reclama a su zaterio dentro del tiempo asignado, se volverá loco Min Ho. — La
voz de Namjoon era casi suplicante, lo que conmocionó como el infierno a Jihun.
Nunca había oído a su comandante suplicarle a nadie en dos mil años.
La
pareja de Namjoon no contaba.
La
mano que Namjoon pasó por su negro cabello, lo desaliñó un poco.
—
Si se vuelve loco, entonces no hay regreso. Una bestia alada debe ser asesinada
si se vuelve loco, no existe una descripción de los estragos que nos traerá
eso.
—
Bueno, mierda — Min Ho maldijo mientras colocaba sus manos en sus caderas,
viéndose tan preocupado como Namjoon.
—
Podrías haberme dado ese pequeño detalle — dijo Heejun jalando el brazo de Jihun.
— ¿Por eso es que estás sudando?
Jihun
asintió, haciendo una mueca cuando consiguió una buena mirada del fuego
ardiendo en los ojos color chocolate de Heejun.
—
No quería darte más problemas, tu plato estaba lleno, zaterio. Tenías
suficiente con que tratar, como para tomar más.
—
Sí, pero nada de eso es tan importante como el que te vuelvas loco y tengan que
sacrificarte. — Heejun golpeó en el brazo a Jihun. No le hizo daño, y Jihun no
creía que esa fuera su intención. Pero captó el mensaje. — No es bueno
ocultarme esas cosas.
—
Zaterio, nunca quise…
—
¡Sé lo que quieres decir! — Heejun gruñó, haciendo una maldita buena imitación
de Jihun. — Ahora, vas a regresar al centro conmigo — Heejun señaló al centro
de ayuda, — y me vas a explicar todo hasta la última maldita cosa. ¿Me
entiendes?
Las
cejas de Jihun se elevaron con sorpresa ante la vehemencia que podía escuchar
en la voz de Heejun. Causó que su pene estuviera aún más duro de lo que ya
estaba. Si Heejun se mantenía tan firme, Jihun probablemente saltaría sobre el
hombre. Estaba caliente como el infierno.
—
Está bien, zaterio, si eso es lo que qui… — Jihun se quedó inmóvil, un
escalofrío llegó hasta sus huesos recorriéndolos cuando un fuerte aullido llenó
el aire. Su mirada recayó en Min Ho. — Por favor, dime que es uno de tus lobos.
—
Nop. — Min Ho ya estaba sacando su teléfono celular del bolsillo mientras
sacudía la cabeza. — Mis lobos saben que no deben hacerlo dentro de los límites
del pueblo a menos que sea una emergencia.
—
Amigo, esto podría calificar como emergencia. — Jihun se giró rápidamente y
tomó ambas manos de Heejun. — Zaterio, necesito que vayas al interior
del centro y permanezcas en el interior. Evita las ventanas, y a pesar de lo
que escuches, no dejes el edificio.
Heejun
frunció el ceño, sus ojos al nivel de las cejas.
—
No me va a gustar esto, ¿verdad?
«Oh
infiernos, no». A
Heejun no le iba a gustar una maldita cosa de esto.
—
Creo que los perros del infierno nos han encontrado.
—
Ven conmigo — dijo Heejun mientras jalaba las manos de Jihun, tratando de
llevarlo dentro del edificio. — Vamos a estar seguros en el interior, juntos.
—
Heejun, no puedo. — Mataba a Jihun en su interior el alejarse de su pareja,
pero no tenía otra opción y lo sabía. Jihun y las otras bestias aladas eran lo
único que se interponía entre Heejun y los perros del infierno, y quizás
también del resto de Villa Starhaus. — Por favor, zaterio, necesito que
entres donde estarás a salvo.
—
¿Qué hay de ti?
—
Tengo que quedarme aquí.
—
¿Por qué? — Heejun gritó.
—
Luchar contra los perros del infierno es lo que hago, Heejun. Es por eso por lo
que fui creado.
El
corazón de Jihun era un bulto pesado en su garganta al ver a Heejun y a Mark
entrar en el edificio, cerrando la puerta detrás de ellos. Se quedó un rato más
hasta que la sombra de Heejun desapareció y luego se giró hacia los otros que
estaban allí.
Jihun
no estaba seguro por dónde vendrían los perros del infierno, ni siquiera
cuántos eran, pero uno era más que suficiente. Un solo perro del infierno
podría matar a mucha gente inocente, más, de las que incluso Jihun podría
imaginar.
Ellos
eran rápidos y crueles. Y Jihun sabía que tenía que detenerlos. La vida de su
pareja dependía de eso.
—
¿Cómo quieres jugar a esto, Alfa? Este es tu pueblo. Lo conoces mejor que
nosotros — preguntó Namjoon mientras Dong Won y Jihun se unían a su comandante.
—
He llamado a mi manada — dijo Min Ho mientras veía a su alrededor. — El apoyo
está en camino.
—
¿Qué pasa con los humanos? — Namjoon preguntó. — Aún es temprano en la mañana,
pero la gente va a empezar a ir al trabajo muy pronto. ¿Alguna buena idea sobre
cómo mantenerlos fuera de las calles?
—
¿Ataque de zombis? — Dong Won preguntó.
Jihun
soltó un bufido.
—
No — dijo Namjoon. — He visto un ataque zombi. Por lo general, vienen en grupos
más grandes que los perros del infierno. Son más como hordas.
La
cabeza de Jihun se levantó en shock.
—
¿En serio?
—
Infiernos, no. — Namjoon rodó los ojos. — Los zombis no son reales.
Después
de las cosas que Jihun había visto en su vida, él no pondría ninguna apuesta en
eso. En este momento, no se sorprendería de nada que viera.
Excepto
eso.
—
Oh mierda, creo que preferiría enfrentar a los zombis — murmuró Jihun a Dong
Won mientras observaba a tres perros del infierno rodear la esquina. Eso no
hubiera sido tan malo si no hubieran tenido a los costados a los dos demonios
brimstone que habían atacado el castillo antes. Los cinco parecían enfadados.
Al menos él pensó que los demonios parecían enojados, pero no estaba muy
seguro. Sus rostros ya tenían esa inclinación natural.
—
¿Son esos lo que creo que son? — Min Ho preguntó en shock.
—
Oh, sí — respondió Namjoon, — y estamos jodidos.
Dong
Won se echó a reír.
—
Y ellos ni siquiera son lo suficientemente amables, para traer lubricante.
Jihun
extendió sus garras, listo para la batalla, o algo así. ¿Podría alguien en
realidad, estar listo para la batalla? Estaba muerto de miedo. Miedo de no ser
capaz de derrotar a sus enemigos. Miedo de no poder salvar a su zaterio. Infiernos,
simplemente tenía miedo.
Pero
se mantuvo firme. Tenía que hacerlo. No sólo era la vida de Heejun la que
estaba en juego, sino que Jihun no había huido de una maldita cosa, incluso si
esas dos cosas eran de jodidos tres metros de alto.
—
Recuerda, Alfa — dijo Namjoon mientras tomaba su posición de batalla, — la
única manera de matar a un perro del infierno es apuñalarlo en la marca detrás
de su oreja y luego quemar los cuerpos.
—
¿Y un demonio? — Min Ho preguntó.
—
Nosotros nos encargaremos de ellos. Tú preocúpate por tu propio culo.
Por
mucho que Jihun no quisiera cambiar a su forma de bestia alada en público, él
sabía que no iba a sobrevivir a la saliva de los demonios si no volaba.
—
Cuidado con su saliva — Jihun le advirtió al Alfa.
—¿Ellos
escupen? — Min Ho preguntó mientras veía a Jihun.
—
Sí, ácido. Y cuidado con sus garras. Son mortales para cualquier especie.
—
Jodidamente genial — se quejó Min Ho. — Recuérdame agradecer apropiadamente a
las bestias cuando esto termine... si aún seguimos de pie. — Cambió a su forma
de lobo Timber ahí mismo en la calle.
Jihun
vio media docena de camionetas llegar, la manada de Min Ho. Seguro como la
mierda que esperaba que fuera la manada de Min Ho. Algunos hombres se unieron a
la lucha, algunos bloquearon la calle. Jihun no estaba seguro de lo efectivo
que fuera, pero rezó para que funcionara.
—
Entrégalo — Chan Woo le bufó a Jihun mientras lentamente se dirigía hacia él,
con el cabello negro moviéndose hacia atrás sin problemas con la ligera brisa. —
Sé que has encontrado a tu pareja, bestia.
—
¿Quién te ha enviado esta vez? — Namjoon le preguntó, sacando la larga espada
de su funda que estaba en su espalda. — Ju Yeon está muerto. ¿Quién está
jalando de tu correa ahora, perrito?
—
Nadie está jalando de mi correa. El Rey Yoon Tae decretó que todas las parejas
de las bestias aladas debían ser asesinados cuando ustedes patéticas excusas de
hombres fueron exiliados. — Chan Woo echó la cabeza hacia un lado mientras se
carcajeaba. — Supongo que no lo sabías, ¿verdad?
«No».
Jihun
no tenía ni idea de que el Rey hubiera hecho eso. Pero joder si alguno de ellos
iba a dejar que pusieran sus manos en sus parejas. Jihun moriría defendiendo a Heejun,
incluso si aún estaban en un terreno inestable.
—
Sorpresa — dijo Han Bin con alegría, moviéndose emocionado junto a Chan Woo.
Estaba realmente cansado de esos dos veteranos perros del infierno. Estaban
agotando hasta el último nervio de Jihun. — Lo sabes ahora.
—
Sólo entrégalo y terminaremos con los demonios por ustedes — agregó Chan Woo,
casualmente agitando una mano detrás de él. — Lo prometo.
—
Ven por él — Jihun dijo mientras blandía su espada. — Porque vas a tener que
matarme primero, imbécil.
Chan
Woo sonrió alegremente.
—
Hecho.
Jihun
retrocedió, alejándose del centro, llevando a los perros del infierno hacia el
final de la calle. Podía ver a Namjoon y a Dong Won luchar contra los demonios,
los lobos trataban de evitarlos pero tenían que correr cada pocos segundos
cuando los demonios escupían en su dirección.
Iba
a ser una masacre.
Luchaban
contra cosas que podrían matarlos sin esfuerzo. Por mucho que los lobos Timber
quisieran ayudar, Jihun no era tan tonto como para creer que podrían derrotar a
dos demonios tan grandes y tres perros con sólo tres bestias aladas y algunos
lobos.
—
¿Necesitan ayuda?
Jihun
no estaba seguro de quiénes eran los recién llegados, pero estaba contento como
una jodida de verlos.
—
No dejen que las garras los toque ni la saliva. — advirtió antes de girarse
hacia los perros.
—
Suena a la fiesta de graduación de la preparatoria — dijo el hombre, y luego
cambio a… ¿búfalo?
Jihun
sacudió la cabeza, viendo cambiar a los otros que se acababan de unir. Se
sorprendió al ver a dos guepardos, un oso polar, dos tigres siberianos blancos,
un leopardo, un rinoceronte, y un coyote. ¿Qué jodidos estaba sucediendo en ese
pueblo? Eso era como un maldito zoológico.
—
Más para matar, genial — dijo Chan Woo frotándose las manos. — Vamos a hacer
esto, bestia.
Los
tres perros del infierno cambiaron a su forma de perro Rottweiler, gruñendo
mientras hacían su mejor esfuerzo por rodear a Jihun y llegar al centro de
ayuda. Los perros eran malditamente más grandes que los Rottweiler, y no temían
morder a alguien con sus caninos más grandes de lo normal.
Jihun
sólo rezaba para que ninguno de los lobos Timber, o del zoológico detrás de él,
fuera mordido. Sabía que todos eran shifters, pero eso sólo significaba que
tenían un cincuenta por ciento de sobrevivir a una mordida, y cero si los
demonios los lastimaban.
Las
probabilidades no eran lo suficientemente buenas tampoco para él.
Jihun
se elevó, listo para rodear a los perros del infierno cuando sintió que toda su
mitad inferior estaba en llamas. Gritó, y vio su pierna, los músculos de su
muslo humeaban. El dolor era tan insoportable que casi se cae de espaldas al
suelo.
—
¡Jihun! — gritó Namjoon, pero Jihun le dio un gesto con la mano. A pesar de que
estaba sudando a mares y apretando los dientes por la acida saliva del demonio,
sabía que tenía que detener a los perros del infierno antes de que dañaran a
los shifters.
Sin
embargo eso no era fácil. Sentía su muslo como si estuviera siendo marcado con
un centenar de hierros al rojo vivo al mismo tiempo.
Cuando
aterrizó sobre sus pies, el suelo de alguna manera llegó rápidamente a su
encuentro.
KNK

2 Comentarios
Solo bastaba que Jihun le explicara y contestara las dudas de Heejun, con respecto al mundo paralelo al que pertenecerá, siempre y cuando sea reclamado como su zaterio, reclamo que tendrá que esperar, pues ni bien iniciada la lucha contra los demonios y perros del infierno, Jihun ha sido herido gravemente… maldita sea!!!
ResponderBorrarEsto no va nada bien y lo peor de todo es que ahora Jihun esta herido..
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