Park Jung Min le gritó a Ryujin para que consiguiera
mover su culo a la parrilla. Los pedidos se acumulaban, y los clientes estaban
empezando a quejarse mientras estaban allà esperando su comida. HabÃa soñado
con abrir su propio restaurante de barbacoa durante años, pero ahora que su sueño
se habÃa hecho realidad, estaba empezando a ver un lado completamente diferente
del negocio.
Por
un lado, Jungmin tenÃa que contratar a alguien para encargarse de los libros.
Con el negocio en auge, no habÃa tenido tiempo de sentarse y equilibrar nada.
La pila de recibos y documentos en el escritorio de su oficina era cada vez más
y más alta. Su pesadilla secreta era que los papeles llegarÃan tan alto que no
serÃa capaz de entrar a su oficina en absoluto.
Otra
cosa que no habÃa previsto del negocio era lo que se necesitaba para atender el
maldito lugar. TenÃa sólo dos empleados en este momento, pero sabÃa que iba a
tener que contratar a más personas.
—¿Se
me permite mover los platos? —Chan Hee preguntó cuando Jungmin pasó por delante
del mostrador donde el hombre estaba tomando pedidos.
¿Hablaba
en serio? Cuando Min Ho habÃa sugerido que estos dos hombres le ayudaran, él no
tenÃa idea de que iba a tener que entrenarlos desde cero. ¿En que habÃa estado
pensando el alcalde?
—SÃ
—dijo irritado mientras salÃa por la puerta lateral y miraba alrededor buscando
a Ryujin.
¿Dónde
infiernos estaba ese niño? Se suponÃa que debÃa estar poniendo más carne en la
parrilla, pero el chico no estaba a la vista.
Gruñendo
su frustración, Jungmin se acercó al gran asador y comenzó a girar el rack de
costillas y revisar el lomo de cerdo. ¿Iba a tener que hacer todo por sà mismo?
La única razón por la que no despedÃa al chico era porque Min Ho le habÃa dado
a Jungmin el préstamo. Su crédito apestaba desde su fallido matrimonio y
ninguna otra persona ni siquiera miraba en su dirección para darle dinero para
poner en funcionamiento el negocio.
Pero
el alcalde habÃa hecho un anuncio que querÃa que la Villa Starhaus prosperara y
estaba dando préstamos a personas serias interesadas en iniciar su propio
negocio.
Jungmin
habÃa saltado ante la oferta.
Ahora
estaba listo para saltar sobre Ryujin por desaparecer cuando Jungmin lo
necesitaba para encargarse de la comida. No habÃa considerado perezosos
trabajadores cuando habÃa pensado abrir su propio negocio.
—¡Ryujin!
—AquÃ.
—El chico se asomó, con una sonrisa tonta en la cara—. Lo siento por eso.
Estaba ayudando a Chan Hee.
Jungmin
podÃa maldecir… no importaba.
—Termina
de cocer esta carne y hazte cargo de las órdenes que acabo de dejar.
Ryujin
lo saludó.
—Lo
haré, capitán.
Tuvo
que detener el rodar los ojos y recordar que Chan Hee y Ryujin eran jóvenes.
Ambos tenÃan dieciocho años y recién salidos de la preparatoria. Aunque hubiera
estado bien, no esperaba que tuvieran la madurez de la edad de Jungmin.
—Simplemente
no dejes que se cocinen de más. —No habÃa nada peor que la carne dura.
—Yo
me encargo —dijo Ryujin con una sonrisa mientras le daba la espalda a Jungmin y
comenzaba a dar vuelta a la carne de nuevo.
Seguro
como el infierno que esperaba que lo hiciera. La carne era costosa. No podÃa
permitirse el lujo de reemplazar lo que el hombre quemara. Al menos aún no. Jungmin
estaba empezando y cada centavo contaba. Viendo que Ryujin estaba cuidando la
gran parrilla, se dirigió al interior. ¿Ahora dónde infiernos estaba Chan Hee? Jungmin
podÃa ver clientes de pie en la fila, pero el cajero no estaba en ninguna
parte.
Esto
se estaba poniendo serio. Ahora sabÃa que tenÃa que contratar más ayuda. Y no
estaba seguro de si estaba en su presupuesto. Por supuesto, si tuviera alguien
para equilibrar sus libros, entonces sabrÃa de inmediato si podÃa permitirse
más ayuda.
ParecÃa
que sus problemas sólo estaban creciendo. Iba a tener que quedarse hasta tarde
y ver si podÃa terminar con el papeleo. Si no lo hacÃa, sus problemas se
acumularÃan. Esto era un desastre esperando suceder y Jungmin iba a tratar de
evitar una colisión.
Llegando
al mostrador, comenzó a tomar pedidos, y entregar la comida tan rápido como
podÃa. Jungmin miró la lÃnea que tenÃa sólo una persona para atender. Sólo era
el almuerzo y ya estaba agotado.
—Hola
—el hombre de la lÃnea dijo mientras le sonreÃa a Jungmin.
—¿Qué
puedo hacer por ti? —preguntó Jungmin y esperó a que el hombre dijera algo,
pero lo único que hizo fue estar allà y sonreÃr como un bobo. Jungmin golpeó el
pulgar sobre el mostrador, buscando su paciencia. El extraño ni siquiera miraba
el menú de arriba del tablero. Estaba mirando a Jungmin directamente a los
ojos—. ¿Vas a pedir?
Un
rubor se apoderó de las mejillas del chico. El color era tan brillante que se
veÃa enrojecido. ¿Qué infiernos le pasaba a ese hombre? A pesar de que él era
el único cliente en el comedor, Jungmin deseaba que se diera prisa. TenÃa otras
cosas que cuidar.
El
hombre puso sus manos sobre el mostrador, entrelazando sus dedos mientras
miraba a Jungmin y luego hacia abajo al mostrador.
—Yo-yo
soy Hyung Jun.
Jungmin
pasó los ojos por Hyung Jun, preguntándose por qué el chico estaba allà de pie,
como si estuviera esperando que él se presentara. Elevó una fracción su ceja
izquierda mientras miraba al pequeño y delgado hombre.
—Bien.
Ahora, ¿qué quieres?
El
hombre inclinó la cabeza hacia un lado y ¿estaba agitando sus pestañas hacia Jungmin?
Esto se estaba poniendo demasiado extraño para él. En primer lugar, tenÃa que
tener por lo menos diez años más que el chico.
Y
en segundo lugar, ¿qué estaba mal con Hyung Jun? HabÃa pasado demasiado tiempo
desde que un hombre habÃa coqueteado con él. Ni siquiera estaba seguro de cómo
manejar esto. Hyung Jun era demasiado pequeño como para siquiera considerarlo y
tenÃa una mirada herida pegada en la cara. «¿Qué infiernos...?»
—Tómate
tu tiempo. —Inseguro de cómo manejar la situación, se giró y se dirigió a la
cocina, empujando a Hyung Jun y sus grandes ojos al fondo de su mente.
Encontró
a Chan Hee ahà mezclando un lote de ensalada de papa. No era todo el asunto
gay. Jungmin habÃa pasado por una fase en la universidad. Muchos chicos lo
hacÃan. Incluso en ese entonces tuvo un amigo gay. Pero Hyung Jun lo miraba con
ojos de enamorado. El chico ni siquiera lo conocÃa.
—Hey,
jefe.
—¿No
se supone que estés en la caja?
La
sonrisa de Chan Hee vaciló mientras miraba a la puerta de la cocina y luego a Jungmin.
—Se
me olvidó.
Jungmin
tomó el tazón de las manos del chico y señaló con la cabeza hacia la puerta.
—Hay
un cliente. Ve a hacer por lo que te pago por hacer.
Chan
Hee se fue.
Jungmin
dejó escapar un largo suspiro. Si asà es como las cosas iban a ser, entonces no
estaba seguro de que ser dueño de su propio negocio hubiera sido una sabia
decisión. Nada parecÃa ir según lo planeado. TenÃa que conseguir manejar este lugar
sin problemas.
—Hey,
el cliente quiere verte —dijo Chan Hee asomando la cabeza en la cocina—. Él es
realmente inflexible al respecto.
Frunciendo
el ceño, Jungmin metió la ensalada de papa en el refrigerador y se dirigió a la
zona del comedor. Mirando alrededor, no vio otros clientes más que a Hyung Jun.
¿Cuál era el problema del chico?
—¿SÃ?
—Hola
—dijo Hyung Jun de nuevo.
Si
Jungmin no se equivocaba, Hyung Jun no sólo se veÃa atontado, sino que al mismo
tiempo se veÃa listo para huir. Quizás si correspondÃa el coqueteó, el pequeño
chico asustado se irÃa y dejarÃa a Jungmin en paz.
Se
inclinó sobre el mostrador y agitó sus pestañas de la misma manera que Hyung
Jun habÃa hecho.
—Hola,
amiguito. ¿Qué puede hacer el gran Jungmin por ti? —Se aseguró de que su tono
de voz fuera profundo y seductor, y justo con el tono correcto.
Al
parecer funcionó porque Hyung Jun parecÃa como si fuera a desmayarse en
cualquier segundo. Quizás habÃa ido demasiado lejos. Jungmin no querÃa que el
hombre se desmayara.
Una
vez más, el rubor se deslizó por las mejillas del chico.
—Yo-Yo
sólo querÃa decir hola.
Jungmin
pasó la lengua por los labios, dándole al hombre una traviesa y conocedora
sonrisa.
—Bueno,
ahora que ya somos amigos… ¿Qué tal si vamos a mi oficina y vemos si podemos
llegar a conocernos un poco mejor? —SÃ, estaba siendo una mierda. Pero también
estaba muerto de miedo. ¿Qué si Hyung Jun decÃa que sÃ? ¿Qué harÃa? ¿Entonces
qué iba a hacer Jungmin?
No
tenÃa la menor idea.
—Yo-yo
tengo que regresar al trabajo. —La mano de Hyung Jun estaba temblando mientras
la pasaba por su abundante cabello marrón. Jungmin se sentÃa un poco mal por
hacerle eso al chico. No era esa su intención. Pero tenÃa que hacer que Hyung
Jun viera que su enamoramiento era una tonterÃa.
Se
acercó al mostrador, colocó su grueso y largo dedo bajo el pequeño mentón de Hyung
Jun, inclinándolo hacia arriba para poder ver los ojos del chico.
—Cuando
decidas lo que realmente quieres, vuelve a verme.
La
cabeza de Hyung Jun comenzó a moverse de arriba abajo y una tÃmida sonrisa
inclinó las comisuras de su boca. ¿En qué se habÃa metido? Eso podrÃa ser
contraproducente. Pero no podÃa dejar que el chico viera la duda en sus ojos,
asà que Jungmin lo sostuvo firme, sin dejar de sonreÃr seductoramente.
—Lo
haré —dijo Hyung Jun con un poco más de confianza. Ya no se veÃa tan tÃmido, se
veÃa como si pudiera conquistar el mundo.
Jungmin
estaba tan jodido. No habÃa querido alentar el hombre. Lo único que querÃa
hacer era desanimarlo. Este era otro problema que iba a tener que añadir
a su lista de cosas que necesitaba atender.
Sólo
que tenÃa la sensación de que este era uno que no podrÃa resolverse con una
calculadora y un lápiz.
Hyung
Jun iba a regresar.
Jungmin
vio cómo Hyung Jun estaba malditamente cerca de saltar de su restaurante, tenÃa
una pequeña sonrisa de felicidad en su rostro. Jungmin se sentÃa como una
mierda. Realmente lo hacÃa. Animar al hombre no habÃa sido su intención.
Ahora,
¿qué iba a hacer?
Rascándose
el mentón, se giró, gritándole a Chan Hee para que trajera su culo aquÃ. Jungmin
tenÃa otras cosas de qué preocuparse. No tenÃa tiempo para hacerlo de un
pequeño hombre que estaba perdidamente enamorado de él.
Hyung
Jun era una pequeña mierda. Jungmin no tenÃa nada de qué preocuparse. Estaba
bastante seguro de que si él decÃa boo el chico correrÃa hacia otro
lado.
Lo
hecho, hecho estaba. TenÃa otras cosas de qué preocuparse -como conseguir tener
sus malditos recibos en orden.
*****
Hyung
Jun entró en la florerÃa, lleno de alegrÃa. HabÃa encontrado a su pareja. Este
era el dÃa más feliz de su vida. Y él habÃa invitado a Hyung Jun a su oficina
¿Qué emocionante era eso?
—¿Dónde
están nuestros almuerzos? —preguntó Jaejoong, sus cejas oscuras en lo alto de
su frente—. ¿Te has perdido otra vez?
—No,
no, no —dijo Hyung Jun con euforia apenas contenida—. ¡Encontré a mi pareja!
Odiaba
que Jaejoong trajera a colación el hecho de que él se perdÃa fácilmente en la
Villa Starhaus. No era una gran ciudad. Eran solo algunas cuadras. Pero por
alguna extraña razón, cuando Hyung Jun se aventuraba a ir demasiado lejos, no
podÃa encontrar su camino de regreso. Eso era malo para un werelobo. DeberÃa de
tener un mejor sentido de la orientación.
Pero
no lo tenÃa.
Dios
se habÃa olvidado de darle un GPS cuando nació.
—Entonces,
háblame de él —dijo Jaejoong mientras se inclinaba sobre el mostrador, con la
barbilla apoyada en las manos—. ¿Cómo es?
Tanto
vino a su mente que Hyung Jun tuvo un duro momento para poner sus pensamientos
con palabras.
—Es
grande, fuerte y guapo, y…
—Toma
un respiro antes de que te desmayes —Jaejoong dijo mientras sonreÃa—. ¿Quién
es, o se te olvido preguntarle su nombre?
—Jungmin
—dijo alegremente, una burbujeante sensación inundando a Hyung Jun cuando dijo
el nombre del hombre por primera vez.
—Ese
es un nombre raro.
—No,
no lo es —defendió a su pareja con vehemencia—. Es un muy lindo nombre. —Le
gustaba. Era diferente, no era común. Como su pareja—. Trabaja en el The Park.
—Oh
—dijo Jaejoong mientras entrecerraba los ojos ante Hyung Jun—. Ahora sé por qué
de nuevo no trajiste nuestros almuerzos.
—Me
olvidé —dijo tÃmidamente—. Él me hizo temblar.
Jaejoong
le dio una mirada de complicidad.
—Las
parejas pueden hacer eso. Cada vez que Yunho entra en una habitación, cremo mis
pantalones.
Hyung
Jun arrugó la nariz ante la imagen gráfica que Jaejoong acababa de darle. No
querÃa imaginar a su compañero de trabajo cremando nada. Jaejoong era agradable,
incluso lindo, pero no era nada en comparación con la pareja de Hyung Jun.
—¿Debo
regresar y conseguir nuestros almuerzos?
—Si
puedes lograr traerlos esta vez —dijo Jaejoong en broma—. Quizás deberÃa llamar
y hacer el pedido. De esta manera tu mente no la joderá cuando lo veas de
nuevo.
—Tal
vez deberÃas —dijo.
SabÃa
a ciencia cierta que su cerebro se morirÃa tan pronto como pusiera los ojos en Jungmin.
El hombre era todo y una bolsa de papitas. Hyung Jun no estaba seguro de lo que
eso significaba, pero lo habÃa oÃdo antes en alguna parte. TenÃa que ajustarse
a esta situación, ¿verdad?
Jaejoong
sacudió la cabeza mientras se dirigÃa hacia el teléfono. Hyung Jun se quedó
detrás del mostrador, dando un suspiro mientras las imágenes del hombre de
ensueño llenaban su cabeza. El destino habÃa sido bueno con él. El hombre era
grande y corpulento y tan malditamente caliente. Sólo esperaba que Jungmin
fuera un buen tipo.
Hyung
Jun habÃa tenido suficiente de los malos tipos para el resto de su vida.
—Llamé
e hice nuestros pedidos —Jaejoong anunció mientras colgaba el teléfono—.
También pagué un extra para que nos traigan nuestra comida. No necesito que
dejes nuestro almuerzo de nuevo. —Jaejoong se frotó el plano vientre—. Me muero
de hambre.
Hyung
Jun se sintió decepcionado. HabÃa querido ver a Jungmin de nuevo. Era imposible
que el gran hombre fuera un repartidor. Quizás podrÃa almorzar en el Park el
resto de la semana para poder ver al hombre. TenÃa que encontrar alguna manera
de ver a Jungmin de nuevo sin parecer un acosador.
Jungmin
era humano. No sabÃa nada acerca de que ellos eran las parejas. Hyung Jun no
estaba seguro de cómo hacer para decÃrselo. Nunca antes habÃa tenido que
decirle a alguien que él era un lobo.
—Voy
atrás a arreglar el inventario —anunció Jaejoong—. Llámame cuando la comida
llegue.
Hyung
Jun asintió, medio escuchando al chico mientras pensaba en su pareja. TenÃa que
haber una manera de romper el hielo. Tener sexo en la oficina del hombre no era
la idea de Hyung Jun de conocer a su pareja. A pesar de que no estaba en contra
de tener sexo con Jungmin, no pensaba que serÃa una buena cosa cuando acaban de
conocerse.
Al
oÃr el timbre de la pequeña puerta, Hyung Jun levantó la mirada para ver a su
tÃo entrar con grandes zancadas en la tienda. Hang Soo miraba a su alrededor,
sus dedos tocando unas flores aquà y allá, con una expresión de desaprobación,
como siempre.
—¿Estás
seguro de que este era el único lugar que contrataban?
Hyung
Jun endureció sus nervios, pero no le sirvió de nada. Aún podÃa sentir sus
entrañas anudarse cuando el hombre se acercaba a él. Detuvo un estremecimiento
que instantáneamente se formó en su cuerpo.
—Estoy
seguro, tÃo Hang Soo.
—Parece
un lugar sissy para que trabaje un chico —dijo el tÃo Hang Soo curvando un
labio ante los coloridos arreglos en los que Hyung Jun habÃa estado
trabajando—. Cuando pedà permiso para que nos mudáramos a la Villa Starhaus, no
tenÃa ni idea de que tomarÃas un trabajo en un lugar como este.
QuerÃa
desesperadamente cambiar de tema. HabÃa hablado de esto durante la semana
pasada con su tÃo y tenÃa miedo de que Hang Soo le dijera que buscara trabajo
en otro lugar. A Hyung Jun le gusta trabajar aquÃ. No sólo permitÃa que su lado
artÃstico brillara, sino que le encantaba el olor de las flores. Su trabajo
consistÃa en pedidos especiales, y Hyung Jun se emocionaba cada vez que se le
permitÃan crear un nuevo arreglo.
—Nadie
más está contratando —dijo, una vez más, tratando de convencer a su tÃo de que
dejar su trabajo fuera de toda discusión.
Aún
estaba aprendiendo sobre los diferentes tipos de plantas y flores y los
cuidados que necesitaban, pero Hyung Jun llevaba sus clases como un pez en el
agua. Ahora estaba preparando un jarrón amarillo de snapdragons. Las flores
eran hermosas y olÃa muy bien.
—¿Por
qué no trabajas en el bar o en la oficina de correos? —Hang Soo señaló con su
mano alrededor de la tienda—. ¿Por qué tienes que trabajar con pansy flores?
Hyung
Jun se estremeció interiormente, el pecho se le oprimió cuando Hang Soo golpeó
sus snapdragons.
—Si
tu padre te viera lo harÃa darse la vuelta en su tumba. —Los ojos de color
marrón oscuro de Hang Soo recorrieron a Hyung Jun—. ¿Y por qué aún no has ido a
conseguir un corte de cabello? ¿Estás tratando de encajar aquà con todas estas
flores?
Su
cabello estaba bien. A Hyung Jun le gustaba ese largo. Si fuera por Hang Soo,
tendrÃa el cabello afeitado hasta su cuero cabelludo.
—No
he tenido tiempo —mintió. Estaba tratando de prolongarlo tanto tiempo como
pudiera, con la esperanza de que Hang Soo lo olvidara.
—Ve
a la peluquerÃa de camino a casa y arréglalo. —El tono era autoritario,
diciéndole a Hyung Jun que su tÃo esperaba ser obedecido al instante, sin
discutir el tema.
¿Y
quién iba a pagar por el corte de cabello? Su tÃo siempre estaba haciendo
demandas, comprar alimentos, mantener su desagradable hábito de fumar, pagar las
cuentas, cortarse el cabello, pero el hombre nunca le daba a Hyung Jun dinero
para esas cosas. Hang Soo se quedó sin trabajo, por lo que parecÃa que su
pasatiempo era antagonizar a Hyung Jun.
Si
le preguntaban, Hang Soo estaba un poco demasiado cómodo con Hyung Jun cuidando
de todo.
—¿Has
encontrado algún trabajo? —Hyung Jun sabÃa que no deberÃa haber preguntado.
Sólo enojarÃa a su tÃo el que le recordara que era un desempleado. Pero no pudo
evitar que las palabras salieran de sus labios.
Hang
Soo golpeó el arreglo sobre el que Hyung Jun estaba trabajaba, haciendo que Hyung
Jun saltara hacÃa atrás, temiendo que el hombre fuera a hacer algo peor.
—Métete
en tus propios asuntos.
TemÃa
al hombre, asà de simple. Hyung Jun podÃa permitirse el lujo de tener su propio
apartamento, pero sabÃa que Hang Soo lo seguirÃa. El hombre no tenÃa el dinero
para vivir solo, y se habÃa convertido en una carga de la que Hyung Jun deseaba
poder deshacerse. Pero Hang Soo tenÃa una manera de hacer que Hyung Jun hiciera
lo que quisiera.
Principalmente
usando sus puños.
Hang
Soo giró y salió por la puerta, dejando a Hyung Jun de pie allà con un pulso
acelerado y un lÃo que limpiar. Algunas de las flores se arruinaron. Iba a
tener que empezar todo de nuevo.
Cuando
la campana sonó unos minutos más tarde, el intestino de Hyung Jun se retorcido
hasta el punto de dolor, pensando que Hang Soo habÃa regresado. El tipo en
serio necesitaba encontrar trabajo en vez de hacer la vida de Hyung Jun un
infierno.
Tomando
una respiración constante, Hyung Jun miró hacia la puerta. Su corazón comenzó a
latir más rápido cuando vio a Jungmin entrar a la tienda con una bolsa de
plástico en la mano y el aroma de la carne asada flotando a su alrededor.
Pero
Hyung Jun no estaba de humor para tratar de coaccionar a Jungmin a una
conversación. Sus nervios estaban aún temblando por lo de su tÃo. Todo lo que
querÃa hacer era ir a la parte de atrás y olvidar lo mucho que apestaba su
vida.
—¿Eres
tú el que ordenó la comida? —Jungmin preguntó, sus cejas ligeramente levantadas
diciéndole a Hyung Jun que su pareja se sorprendió al verlo de nuevo.
—No
—dijo mientras negaba con la cabeza—. Jaejoong ordenó. —El hombre no sabÃa
quién era Jaejoong. Jungmin era aún más nuevo en el pueblo que Hyung Jun.
El
hombre no parecÃa muy convencido, mientras caminaba hacia adelante, listo para
dejar la bolsa sobre el mostrador cuando vio todo lo que estaba extendido por
el suelo. A pesar de que Hyung Jun estaba de mal humor, su estómago dio una
voltereta cuando sus dedos tocaron a Jungmin. Tomó la bolsa del hombre y la
dejó en un taburete detrás de él.
—¿Cuánto
te debo? —Hyung Jun amaba derrochar un poco almorzando con Jaejoong. Era un
lujo que no podÃa tener a menudo, pero lo hacÃa sentir como si fuera una parte
real de esta tienda, compartir un almuerzo con su compañero de trabajo.
—Quince.
«Maldición».
The Park era caro. Por mucho que Hyung Jun amarÃa pedir la comida de allà todo
el tiempo sólo para poder ver a su pareja, su cartera no le permitirÃa hacerlo.
Rezó por tener lo suficiente para cubrir su mitad de la factura.
—Espera
aquà mientras voy por el dinero de Jaejoong.
Jungmin
asintió, mirando las flores del rededor de la tienda mientras Hyung Jun se
dirigió hacia el fondo.
—Hey,
Jaejoong, nuestra comida está aquÃ. La mitad son siete cincuenta. —Hyung Jun
sacó la cartera del bolsillo trasero y contó esa misma cantidad para su parte.
Dang, eso le dejaba menos de veinte dólares hasta el dÃa de pago. A su tÃo no
le iba a gustar esto.
Hyung
Jun tomó el dinero que Jaejoong le ofreció y añadió lo de su cuenta, llevando
la pequeña pila de billetes de regreso a la habitación principal. Su aliento se
quedó atrapado en su garganta cuando una vez más consiguió ver a su pareja.
¿Incluso habÃa alguien tan perfecto?
Hyung
Jun se quedó allà mirándolo. PodrÃa haber sacado la lengua, pero toda su
concentración en ese momento estaba en evitar que hasta la última gota de
sangre de su cuerpo se reuniera en su ingle. Probablemente podrÃa correrse con
sólo mirar a Jungmin.
—¿Es
mi dinero? —Jungmin preguntó, haciendo un gesto hacia el efectivo en la mano de
Hyung Jun.
—Oh.
—Hyung Jun sintió el calor en su cara—. Oh, sÃ. Ten. —Le dio el dinero a Jungmin,
dejando que una vez más sus ojos recorrieran los gruesos músculos bronceados
del hombre. Oh hombre, habÃa un montón de ellos, miles de ellos. Hyung Jun
querÃa lamer todos y cada uno.
Lentamente.
—Me
diste demasiado.
—Quédate
con el cambio —dijo Hyung Jun soñadoramente. Tal vez traerÃa a Jungmin de
regreso. Su tÃo podÃa hacer frente a un paquete menos de cigarrillos.
—¿Tuviste
un buen dÃa?
Hyung
Jun apoyó el codo sobre la mesa y acomodó la barbilla en la palma de su mano
mientras observaba a Jungmin ahà de pie, que era un espectáculo. «Maldición».
Su
dÃa habÃa mejorado mucho.
SS501

1 Comentarios
LOS VERDOSOS MINJUN YEAAAAHHHHHH!!!!... Pobechito del baby, tan ilusionado por haber encontrado a su pareja, que ni se sospecha que Min no siente interés alguno por él… aich!!... y desde ya voy preparando mi hÃgado porque estoy más que segura que va a desbordar bilis por ese abusivo y sinvergüenza tÃo Hang Soo.
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