Hyung
Jun jaló la manga de su camiseta de manga larga tan fuerte como pudo mientras
abría la puerta de “Fragancias florales” y entraba. Jaejoong ya estaba
allí, detrás del mostrador, recortando los extremos de las flores. El chico se
veía aburrido. Hyung Jun sólo esperaba que el hombre no se enojara con él por
llegar tarde.
Hizo
una mueca cuando Jaejoong lo miró. Su compañero de trabajo no parecía estar
enojado, pero ¿qué sabía? Si tuviera la capacidad de ver cuando la gente estaba
enojada, podría tener la posibilidad de quedarse fuera de su camino.
Él
no la tenía.
De
hecho, Hyung Jun parecía tener un don para enojar a la gente, o más
específicamente a su tío. Parecía que sin importar lo que dijera o hiciera,
nunca era lo suficientemente bueno. Su tío como quiera se enojaba.
—Siento
llegar tarde —dijo Hyung Jun apresuradamente—. Tuve un poco de problemas para
llegar al trabajo. —Como que su tío le gritó durante casi treinta minutos por
no cortarse el cabello. No estaba seguro de por qué el hombre estaba tan
obsesionado con el cabello de Hyung Jun. Debería de estar más centrado en
buscar un maldito trabajo y ayudar con las facturas.
Su
renta tenía tres días de atraso. El arrendador iba a llegar pronto, y Hyung Jun
no estaba seguro de lo que iba a decirle al hombre. Su trabajo también se
tambaleaba. Si su tío seguía haciendo que llegara tarde, iba a estar
desempleado y viviendo debajo de un puente en una caja de cartón bien decorada.
¿No
enojaría eso a su tío Hang Soo?
Jaejoong
dejó las tijeras de podar sobre la mesa y agitó un dedo.
—Vamos
a no hacer un hábito de esto, y olvidemos todo el asunto.
Hyung
Jun dejó escapar un profundo suspiro de alivio.
—Gracias,
Jaejoong. Juro que no voy a llegar tarde de nuevo. —Incluso si eso significaba
cortarse el cabello como su tonto tío quería. A Hyung Jun le gusta su cabello
largo como estaba. Le mantenía las orejas calientes y le daba algo con qué
ocultarse cuando quería ver a la gente, pero no quería que supieran que estaba
mirando.
También
le gustaba como se le veía.
Hyung
Jun subió su mochila más en el hombro.
—Déjame
dejar mis cosas en la parte de atrás y me pondré a trabajar.
Jaejoong
asintió y volvió a recortar. Hyung Jun corrió hacia la parte de atrás, dejando
su mochila en la esquina. Rápidamente tomó su delantal y se lo puso sobre su
cabeza, atando los lazos en la espalda. Hyung Jun jaló las mangas de la camisa
de nuevo y se apresuró hacia el área del taller.
Echó
un vistazo por la tienda. El lugar estaba impecable.
—Bueno,
¿qué te gustaría que hiciera primero?
Jaejoong
señaló la parte posterior de la tienda.
—Tenemos
un cargamento de claveles que llegaran antes del mediodía. Necesito el segundo
estante del refrigerador limpio, así tendremos un lugar para ponerlos.
Hyung
Jun estaba contento de tener mucho trabajo que hacer. Había días en que entraba
y no había nada que hacer. Necesitaba la distracción. Alguna gente utilizaba la
poesía o la cerámica como un pasatiempo o terapia. La manera en que Hyung Jun
se relajaba era trabajando con las flores. Le encantaba la forma en que olían y
la forma hermosa que podía colocarlas en una variedad de diferentes colores y
diseños. También le gustaba sentirlas entre sus dedos.
—No
hay problema. —Hyung Jun entró en la gran cabina de refrigeración que alojada
todas las flores que se utilizaban en los arreglos. No estaba demasiado frío,
pero a Hyung Jun no le gustaba estar encerrado en la habitación por mucho
tiempo. Podría hacer frío con bastante rapidez.
Consiguió
hacer su tarea y terminó de limpiar el refrigerador justo cuando llegó el
envío. Pasó la siguiente hora ayudando a Jaejoong a desbaratar los montones de
claveles, prepararlos para refrigeración y acomodándolas en el cuarto frío.
A
Hyung Jun no le importaba lo que pensara su tío de que él trabajara en una
florería. Él lo amaba. Sólo deseaba tener un patio para plantar flores. Era un
pasatiempo que sabía iba a disfrutar de verdad. Había algo acerca de las
plantas y flores que hacía que Hyung Jun pensara en el bosque y en estar en su
forma de lobo. Últimamente, no había tenido la oportunidad de correr en ningún
lugar, sólo trabajar e ir a la casa.
Extrañaba
el sentir el viento en su piel y el sol en la cara.
En
el momento en que terminaron, Hyung Jun estaba sudando, y por la forma que Jaejoong
lo miraba, el chico sabía. Por supuesto, el sudor que descendía por su cabello
contaba la historia. La camisa de manga larga se pegaba a él, y Hyung Jun se
estaba muriendo por quitársela.
—Tengo
una camiseta de repuesto atrás. Si quieres te la presto.
Hyung
Jun quería jalar las mangas para estar en el lado seguro, pero eso sería un claro
indicio.
—No,
estoy bien, gracias. —Ojalá hubiera tenido tiempo esta mañana para cambiar y
sanar, pero Hang Soo ya había hecho que llegara tarde. Iba a tener que seguir
ocultando las marcas hasta que pudiera llegar a casa y cambiar a su forma de
lobo.
Sólo
tenía que asegurarse de estar en su habitación, porque cambiar frente a su tío
sólo lo enfurecía. Hyung Jun no estaba seguro de por qué. Quizás Hang Soo lo
veía como un desafío, pero Hyung Jun había aprendido hacía mucho tiempo a no
cambiar a su forma de lobo cuando ese imbécil estaba.
—¿Estás
seguro?
—Sí.
—Hyung Jun le dio a Jaejoong una pequeña sonrisa—. Estoy seguro. —También
estaba seguro de que realmente quería volver a trabajar. No quería a Jaejoong
insistiendo en que fuera a cambiarse. No había manera de que Hyung Jun pudiera
explicar sus heridas.
—Bueno,
es la hora del almuerzo. —Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Jaejoong,
y luego movió sus cejas juguetonamente—. Supongo que quieres correr al Park y
traernos algo de comer, ¿verdad?
Hyung
Jun inmediatamente se animó ante la idea de ver a Jung Min de nuevo hasta que
recordó que traía el almuerzo en una bolsa de papel en su mochila. Su tío le
había quitado sus últimos veinte dólares, y Hyung Jun tuvo que traer un
almuerzo de casa.
—Yo...
uh... traje un almuerzo, pero me encantaría ir a buscar el tuyo por ti.
El
ver a Jung Min iluminaría su triste día, aunque no pudiera comer la deliciosa
comida del hombre. Sólo la idea de poner los ojos en su pareja hacía que
mariposas aletearan en su vientre. Aún no estaba seguro de cómo decirle al
alto, musculoso y devastadoramente guapo hombre que eran pareja. Hyung Jun
había estado pensando en diferentes maneras de acercarse a Jung Min desde
primera vez que lo vio.
Aun
su mente estaba completamente en blanco.
—Creo
que puedo pagar por ambas comidas —ofreció Jaejoong—. Además, tengo que
admitir, que el hombre tiene la mejor maldita carne asada que he probado. No le
digas a Ji Yong que dije eso.
¿Quién
demonios era Ji Yong?
—No,
en serio, estoy bien. Metí las sobras de la cena de anoche. No quería tirarlas
a la basura, así que traje algo para comer —dijo Hyung Jun apresuradamente. Se
dijo que en realidad no estaba mintiéndole a Jaejoong. Trajo las sobras de la
noche anterior. Era bastante fácil de hacer eso cuando sólo tenía sándwich de
mantequilla de maní y mermelada para cenar.
Jaejoong
giró sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta.
—Bueno,
yo no traje un almuerzo, así que voy a ir al restaurante. ¿Puedes manejar este
lugar solo durante una hora?
¿Una
hora? Sus comidas eran sólo de media hora. Hyung Jun inclinó la cabeza
asintiendo cuando Jaejoong se dirigió a la puerta.
—Claro
—le dijo a la tienda vacía.
No
estaba seguro de que debería de tomarse una hora entera, así que Hyung Jun sólo
tomó treinta minutos -aunque sólo le tomó cinco comer su sándwich. Limpió la
tienda y se deshizo del material de embalaje de los claveles.
Cuando
terminó, Hyung Jun se fue detrás del mostrador y empezó a limpiar. Jaejoong
regresó con una sonrisa de felicidad en su rostro.
—¡Wow,
este lugar se ve muy bien!
Hyung
Jun sonrió, apreciando la alabanza. No obtenía elogios a menudo. No era gran
cosa, pero en ese instante necesitaba la aprobación.
Jaejoong
levantó una bebida con una paja saliendo de ella.
—Una
de las famosas malteadas de Ha Jin. He luchado contra feroces aldeanos armados
con tridentes y caminé un kilómetro y medio con tres metros de nieve cuesta
arriba y con un mapache salvaje aferrado a la pierna para traerte esto.
Asegúrate de disfrutarlo.
Hyung
Jun rodó los ojos ante el dramatismo del Jaejoong. El tipo era demasiado.
Pero a Hyung Jun le gustaba. Parecía que Jaejoong siempre lo hacía sonreír. Hyung
Jun tomó la malteada y se dio cuenta de su error demasiado tarde.
La
sonrisa de Jaejoong se deslizó hacia abajo en una mueca y sus ojos se clavaron
en la muñeca de Hyung Jun. Dejó la malteada en el mostrador y agarró el brazo
de Hyung Jun. Hyung Jun intentó soltarse, pero Jaejoong fue sorprendentemente
fuerte.
—¿Qué
infiernos es esto?
Hyung
Jun sintió que el corazón le latía demasiado rápido. Su mente corrió a pensar
una excusa plausible.
—Se
me atoró en una puerta.
La
ceja izquierda de Jaejoong se elevó una fracción mientras lo miraba fijo, y Hyung
Jun podría decir que el tipo no estaba convencido.
—Sí,
porque la puerta tiene dedos.
—¿Qué?
Jaejoong
giró la muñeca de Hyung Jun.
—Esas
son huellas de dedos marcadas en tu brazo, Hyung Jun. Alguien te agarró lo
suficientemente duro para dejar evidencia.
Hyung
Jun jaló su brazo, y esta vez Jaejoong lo dejó en libertad. Pero el hombre ya
no lo miraba. Hyung Jun vio hacia donde Jaejoong estaba mirando y vio a Jung
Min de pie en la puerta. Él estaba mirando directamente a la muñeca de Hyung
Jun.
Era
demasiado. Hyung Jun no podía manejar esto. Corrió detrás del mostrador hacia
el cuarto de atrás. Jaló la manga y luego se limpió los ojos. La humillación no
podía ni empezar a describir lo que sentía. La única cosa que podría empeorar
la situación era que uno de esos hombres lo siguiera.
Jaejoong
apareció en la puerta.
Dios,
no necesitaba esto. Hyung Jun sólo quería olvidar todo el incidente y volver a
reír con Jaejoong.
—Voy
a decir esto y luego voy a dejarlo en paz. —Jaejoong se movió más en la
habitación y cerró la puerta tras él. El chico se apoyó contra la puerta, metió
las manos a la espalda, y miró a Hyung Jun directamente a los ojos—. Mi padre
era un verdadero imbécil, un monstruo. Él abusó de mí desde que cumplí cinco.
No sólo físicamente, sino que también sexualmente. Después de que me echó de la
casa porque estaba demasiado viejo para él, giró su atención hacia mi
hermanito. No estás solo, Hyung Jun. Si alguna vez decides que ya es
suficiente, avísame. Yo te sacaré.
Hyung
Jun miró a Jaejoong con sorpresa, pero no dijo nada.
—La
única razón por la que no voy a presionar la ayuda en tu garganta es que
huirías. Aprendí de cuando viví en las calles que la gente sólo permite ayuda
cuando están listos para ser ayudados. Pero si veo otra herida en ti, tengo un
loco amigo y un hermano que van a sacar la basura para ti.
Hyung
Jun tragó con dificultad, aún no decía ni una palabra. Si hablaba, estaría
admitiendo lo que pasó con él. Era un hombre adulto, un shifter lobo. Debería
de ser capaz de defenderse. ¿Qué pensaría la gente si supieran que su tío lo
golpeaba? Pero había algo más que eso. Hyung Jun estaba aterrorizado de lo que
su tío iba a hacer si alguien lo descubría. El hombre era cada vez más y más
agresivo. No sabía qué hacer.
Jaejoong
podría estar ofreciendo ayuda, pero el hombre no iba a estar allí cuando Hyung
Jun tuviera que enfrentarse a Hang Soo. No había nadie allí cuando su tío se
enfurecía.
Tenía
que manejar esto por su cuenta.
—¿Dónde
está Jung Min?
Jaejoong
estudió a Hyung Jun con sus ojos de color marrón-naranja, y luego le dio un
leve encogimiento de hombros.
—Se
fue después de que lo convencí que te lastimaste en el trabajo. No me gusta
mentir, pero quería hablar contigo primero.
Hyung
Jun pasó junto a Jaejoong cuando el hombre se alejó de la puerta, sintiendo la
vergüenza instalarse en su interior.
—Estoy
bien.
Él
no iba a discutir esto por más tiempo. Había trabajo que necesitaba hacerse.
*****
Jung
Min no se compró la historia de Jaejoong ni por un maldito minuto. «Lesionado
en el trabajo, mi culo». Esa era la huella de una mano en la muñeca
de Hyung Jun. No estaba seguro de por qué le importaba. Ni siquiera conocía al
chico. Pero le molestaba con fuerza. Podría ser el hecho de que Hyung Jun era
tan malditamente pequeño y delgado. Jung Min odiaba ver a alguien siendo
abusado, pero sobre todo a alguien que no podía defenderse.
No
podía quitar de su mente la expresión de miedo en la cara de Hyung Jun. El
hombre parecía que estuviera a punto de vomitar cuando su compañero de trabajo
lo estaba interrogando. Y eso era otra cosa. Había oído a Hyung Jun decir que
su brazo se le atoró en una puerta.
«Dos
historias diferentes».
Jung
Min reconocía un abuso cuando lo veía. Él tuvo un amigo en la universidad que
fue abusado por su novio. Jung Min había tratado de ayudar. Pero al final, Han
Min había perdido la vida a causa de una violencia sin sentido. No podía
alejarse. No con la conciencia tranquila. Tenía que haber una manera de ayudar.
—Hey,
jefe —Chan Hee saludó a Jung Min cuando volvió a entrar en el Park. Él había
ido a la florería a... Jung Min no estaba seguro. Había algo dentro de él que
lo jalaba hacia Hyung Jun desde la primera vez que vio al chico el día
anterior.
Infiernos
si sabía lo que era ese sentimiento. Huía del hombre, y, al mismo tiempo, Jung
Min se sentía atraído por él. Nunca antes había experimentado algo como eso. La
sensación era extraña como el infierno. Pero sabía que no iba a sentarse cuando
alguien golpeaba al delgado pequeño.
Sólo
tenía que encontrar una razón para estar alrededor de Hyung Jun más a menudo.
Sabía que a Hyung Jun le agradaba él, y aunque él no quería darle al hombre una
idea equivocada, Jung Min estaba decidido a descubrir quién estaba abusando del
chico.
Jung
Min golpeó su muslo con el pulgar mientras trabajaba el problema en su mente.
—Voy
a hacer unos encargos. —Miró a Chan Hee apoyado en el mostrador, con la mirada
perdida en un sueño—. Intenta no hacerme quebrar.
El
lado de la boca de Chan Hee se contrajo con una mueca.
—Sin
promesas.
¿Por
qué Jung Min no creía que el hombre estaba bromeando? No estaba seguro de si
debía dejar su negocio en manos de Chan Hee y Ryujin o no. Él sólo podría
encontrarse con un Infierno y dos empleados crujientes. Ryujin tenía la
capacidad de atención de un mosquito.
Cruzando
los dedos para que ellos no se mataran, Jung Min caminó las cuadras hacia el
restaurante. Era muy probable que en ese lugar conocieran los chismes del
pueblo. Siempre sucedía en el restaurante local o en la peluquería. Puesto que
él no necesitaba un corte de cabello, Jung Min decidió que su primera opción
era mejor.
Entró
en el fresco interior del restaurante para ver unos pocos clientes sentados en
diferentes mesas. El sonido del tintineo de los cubiertos sobre los platos, lo
asaltó. Olió a carne a la parrilla, y el dulce aroma de la cebolla al ser freída.
Mirando
la barra, Jung Min decidió sentarse allí. Había visto a Ha Jin un par de veces
desde que llegó al pueblo. El chico estaba muy bien, a pesar de que lo había
confundido con una chica a primera vista.
—Jung
Min —Ha Jin exclamó alegremente sobre el ruido metálico de la cafetera mientras
el andrógino hombre caminaba hasta donde Jung Min estaba sentado—. ¿Has venido
a comer todo lo de la cocina?
Ha
Jin siempre bromeaba debido a que el apetito de Jung Min era más grande que la
vida. A pesar de que era dueño de su propio restaurante, había ocasiones en que
Jung Min quería algo distinto de carne asada.
Hoy
tenía hambre de información.
No
estaba seguro de que esta fuera la manera correcta, pero tenía que empezar en
alguna parte. No conocía mucha gente en el pueblo, si Ha Jin no filtraba nada,
entonces tal vez iría a hablar con Dong Hae a la cafetería.
—¿Qué
quieres? —Ha Jin preguntó mientras apoyaba la cadera en el lado de la barra y
tenía listo un lápiz sobre una hoja de pedido.
—Sólo
una taza de café —dijo mientras apoyaba las manos sobre el brillante mostrador.
Jung Min se sentó y esperó a que Ha Jin sirviera el café negro antes de hacer
su primera pregunta—. Dime, Ha Jin. ¿Conoce a los empleados de la florería?
Ha
Jin asintió mientras colocaba la jarra sobre la barra.
—Jaejoong
trabaja allí. Pero si estás interesado en salir con él, es posible que desees
pedirle permiso primero a su novio.
Jung
Min frunció el ceño a Ha Jin.
—No
preguntaba por Jaejoong. —Además, a pesar de que Jaejoong era un hombre de
aspecto agradable, Jung Min no estaba interesado. Y además había conocido a Yunho.
Tan grande como Jung Min era, el hombre era un poco intimidante. Esto no iba
según lo planeado. Jung Min estaba tratando de no ser obvio, pero parecía que Ha
Jin necesitaba que fuera directo—. Estoy hablando de Hyung Jun.
—Oh
—dijo Ha Jin, asintiendo de una manera conocedora y Jung Min se congratuló de
estar a punto de saber más sobre el delgado hombre.
—No
lo conozco.
«Maldición».
—Pero
sé que él y su tío se mudaron aquí hace unas seis semanas. Ellos viven en los
apartamentos arriba de la estación de policía. Hyung Jun trabaja en la
florería, pero hasta el momento su tío no ha encontrado un trabajo. Ellos
vinieron aquí desde el Oeste. Al parecer, tampoco había trabajo allí.
Jung
Min estaba esperando que Ha Jin le dijera el color favorito de Hyung Jun y su
signo del horóscopo. Para alguien que no conocía a Hyung Jun, seguro como la
mierda que él conocía a Hyung Jun.
—¿Cuándo
es su cumpleaños? —Jung Min bromeó en un estado de ánimo juguetón. Le agradaba Ha
Jin. El hombre era dulce y divertido y siempre parecía feliz de ver a Jung Min.
—Quince
de marzo.
Bien,
ahora eso era demasiado raro.
Ha
Jin se rio mientras empujaba su largo cabello fuera de su hombro.
—Estoy
bromeando. No tengo ni idea.
Escuchando
al pequeño extraño detrás del mostrador, Jung Min había aprendido algunas cosas
sobre Hyung Jun que no sabía antes. Pero aún no estaba ni cerca de descubrir
quién era el abusador del trabajador floral. Había estado esperando que Ha Jin
le dijera algo que apuntara en la dirección correcta, pero el pequeño chico
seguía sonriéndole.
«Joder».
Jung Min ordenó el almuerzo. Tenía la sensación de que nadie sabía lo que
estaba pasándole a Hyung Jun. La única cosa que podía hacer era empezar a salir
con el chico, y quizá Hyung Jun confiara en él lo más pronto posible.
Era
deshonesto, pero sabía por su experiencia con Han Min que el miedo hacía que
una persona haga cosas que normalmente no harían... como proteger a sus
abusadores. Nunca había tenido ningún sentido para Jung Min, pero por otra
parte, no había sido él el que era abusado.
—Hey,
Ha Jin —Jung Min llamó al hombre mientras tomaba un sorbo de su café.
Ha
Jin regresó hacia él.
—¿Sí?
—¿Conoces
algún contador que pueda contratar?
Una
vez más Ha Jin asintió de una manera conocedora. Esta vez Jung Min no estaba
tan seguro de la respuesta del hombre.
—Woozi,
pero tendrías que luchar contra Min Ho por él.
¿Por
qué el pequeño hombre le ofrecía alguien que ya tenía trabajo?
—Estoy
buscando a alguien que necesite un trabajo, Ha Jin. No a alguien que ya tenga
uno.
—Oh
—dijo Ha Jin—. Entonces, la respuesta sería no. Pero podría preguntar.
—Gracias.
—Jung Min se sentó y comió su almuerzo una vez que estuvo listo, su mente
regresó a la herida en el brazo de Hyung Jun. Aunque fuera lo último que
hiciera, Jung Min iba a averiguar quién lo hizo y le daría una lección a ese
idiota.
*****
Jaejoong
se dirigió a la Casa, con Hyung Jun aún en su mente. Desde que había visto ese
moretón lo único que podía pensar era en su padre. Habían pasado años desde que
había pensado en ese imbécil, pero ahora no era capaz de dejar de pensar en sus
años de cuando era más joven.
Alguien
estaba haciéndole daño a Hyung Jun y Jaejoong sabía que no podía quedarse
sentado sin hacer nada. Quizás debería encontrar a Taylor y tener una charla
con él. Con los años, Mark había ayudado a más personas de las que Jaejoong
podía contar.
Mark
había encontrado definitivamente su vocación. Jaejoong había tomado el trabajo
de la florería sólo para salir de la Casa. Pero tenía que admitir, aunque fuera
para sí mismo, que le gustaba trabajar allí. Min Ho lo había puesto a cargo,
pero dijo que tenía otros planes además de que fuera el propietario. Eso estaba
bien con él. Jaejoong estaba contento de trabajar allí.
—¿Quieres
ir a tirar unas canastas?
Jaejoong
vio a su hermano que venía por el pasillo, una pelota de basquetbol bajo el
brazo. Supo en ese momento que Mark podía esperar. Pasar tiempo con Jaehyung
era lo que necesitaba en este momento para purgar esa horrible sensación que su
padre siempre causaba.
Él
y Jaehyung no sólo compartían un vínculo común como familia, sino que ambos
habían sufrido la misma pesadilla a manos de su padre. Si alguien entendía a Jaejoong
cuando se sentía deprimido, era Jaehyung.
—Claro
—dijo mientras tomaba las llaves de la camioneta de Yunho y él y su hermano se
dirigieron al Centro de recreación.
—Estás
muy callado —Jaehyung dijo mientras se dejaba caer en su asiento, el balón
escondido en sus pies—. ¿Qué sucede?
Ellos
dos normalmente no hablaban de emociones ni nada por el estilo, pero conocían
el humor del otro y sabían cuándo abordar las cosas y cuándo dejarlas en paz.
Apartando
un mechón de cabello, Jaejoong se concentró en la carretera mientras
reflexionaba sobre Hyung Jun.
—Trabajo
con un chico que está siendo abusado.
Jaehyung
se quedó callado por un largo rato. Jaejoong sabía que el hombre estaba en una
profunda reflexión, recordando cosas que ambos preferirían olvidar.
A
pesar de que tanto a él como a su hermano el consejero les había dicho que
atravesaran lo que habían sufrido, Jaejoong y su hermano preferían olvidarlo.
Su padre había sido un monstruo y su vida en el hogar sombría y oscura. Si Jaejoong
nunca se acordaba de nuevo de su pasado antes de llegar a la Villa Starhaus...
no causaría ningún sudor de sus bolas.
—¿Sabes
quién lo está lastimando? —Jaehyung preguntó mientras miraba por su ventana.
Jaejoong
sabía que miraba a lo lejos. Su hermano menor también estaba sumido de nuevo en
su pasado. Con lo mal que la vida de Jaejoong había sido, la soportaría de
nuevo con tal de evitar los torturantes recuerdos de Jaehyung.
No
con palabras, sino con acciones, Jaejoong le aseguraba a Jaehyung que estaba
muy orgulloso del hombre en el que su hermano pequeño se había convertido.
Quería
alcanzar y confortar a Jaehyung, pero Jaejoong conocía a Jaehyung y él alejaría
la ternura y bromearía acerca de ser un hombre y no necesitar mimos. Sacudió la
cabeza.
—No,
y él no lo dirá.
Su
hermano se jaló la barra que tenía en el labio inferior, el brazo izquierdo
colgando de su cintura.
—Habla
con Mark. Hazle saber lo que le está pasando a tu amigo. —Jaehyung miró a Jaejoong,
y pudo ver la mezcla de tristeza y determinación grabada en sus ojos—. Si
necesita ayuda de otra naturaleza, avísame.
Dios,
Jaejoong amaba a Jaehyung. El hombre tenía una columna de acero. Incluso aunque
los recuerdos probablemente estaban destrozándolo por dentro, pensaba en la
otra persona.
—Ya
le hice saber que, cuando suficiente fuera suficiente, nosotros podíamos intervenir.
Dándole
a Jaejoong un serio gesto, Jaehyung se quedó en silenció hasta llegar al centro
de recreación. Rebotó el balón en el pavimento del estacionamiento y luego se
lo arrojó a Jaejoong.
Jaejoong
atrapó el balón, su corazón sintiéndose más ligero cuando Jaehyung le sonrió.
El
hombre siempre sería su hermanito, y Jaejoong nunca dejaría de amarlo por el
hombre en el que se había convertido.
—¿Listo
para ver tu culo aplastado? —Jaehyung preguntó mientras subía las escaleras del
Centro de recreación.
—¿En
qué planeta vives? —Jaejoong bromeó—. No empieces a hablar mierda porque estoy
a punto de correr en círculos a tu alrededor.
Las
cadenas en los pantalones de Jaehyung tintinearon mientras se dirigían hacia el
gimnasio. Jaejoong sacudió la cabeza y sonrió mientras seguía a su hermano.
SS501

1 Comentarios
Lo sabía, sabía que ese malnacido de Hang Soo me iba a fastidiar el día, golpeó al baby, era obvio que ni Jaejoong o JungMin se quedarían con los brazos cruzados, si bien JungMin desconoce el porqué de su atracción hacia Jun, no puede negar su instinto de protegerlo… suerte la suya cuando Ha Jin no sabía absolutamente nada de Jun... jajaja.
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