La Familia T55... Capitulo 02


Hyung Jun jaló la manga de su camiseta de manga larga tan fuerte como pudo mientras abría la puerta de “Fragancias florales” y entraba. Jaejoong ya estaba allí, detrás del mostrador, recortando los extremos de las flores. El chico se veía aburrido. Hyung Jun sólo esperaba que el hombre no se enojara con él por llegar tarde.

Hizo una mueca cuando Jaejoong lo miró. Su compañero de trabajo no parecía estar enojado, pero ¿qué sabía? Si tuviera la capacidad de ver cuando la gente estaba enojada, podría tener la posibilidad de quedarse fuera de su camino.

Él no la tenía.

De hecho, Hyung Jun parecía tener un don para enojar a la gente, o más específicamente a su tío. Parecía que sin importar lo que dijera o hiciera, nunca era lo suficientemente bueno. Su tío como quiera se enojaba.

—Siento llegar tarde —dijo Hyung Jun apresuradamente—. Tuve un poco de problemas para llegar al trabajo. —Como que su tío le gritó durante casi treinta minutos por no cortarse el cabello. No estaba seguro de por qué el hombre estaba tan obsesionado con el cabello de Hyung Jun. Debería de estar más centrado en buscar un maldito trabajo y ayudar con las facturas.

Su renta tenía tres días de atraso. El arrendador iba a llegar pronto, y Hyung Jun no estaba seguro de lo que iba a decirle al hombre. Su trabajo también se tambaleaba. Si su tío seguía haciendo que llegara tarde, iba a estar desempleado y viviendo debajo de un puente en una caja de cartón bien decorada.

¿No enojaría eso a su tío Hang Soo?

Jaejoong dejó las tijeras de podar sobre la mesa y agitó un dedo.

—Vamos a no hacer un hábito de esto, y olvidemos todo el asunto.

Hyung Jun dejó escapar un profundo suspiro de alivio.

—Gracias, Jaejoong. Juro que no voy a llegar tarde de nuevo. —Incluso si eso significaba cortarse el cabello como su tonto tío quería. A Hyung Jun le gusta su cabello largo como estaba. Le mantenía las orejas calientes y le daba algo con qué ocultarse cuando quería ver a la gente, pero no quería que supieran que estaba mirando.

También le gustaba como se le veía.

Hyung Jun subió su mochila más en el hombro.

—Déjame dejar mis cosas en la parte de atrás y me pondré a trabajar.

Jaejoong asintió y volvió a recortar. Hyung Jun corrió hacia la parte de atrás, dejando su mochila en la esquina. Rápidamente tomó su delantal y se lo puso sobre su cabeza, atando los lazos en la espalda. Hyung Jun jaló las mangas de la camisa de nuevo y se apresuró hacia el área del taller.

Echó un vistazo por la tienda. El lugar estaba impecable.

—Bueno, ¿qué te gustaría que hiciera primero?

Jaejoong señaló la parte posterior de la tienda.


—Tenemos un cargamento de claveles que llegaran antes del mediodía. Necesito el segundo estante del refrigerador limpio, así tendremos un lugar para ponerlos.

Hyung Jun estaba contento de tener mucho trabajo que hacer. Había días en que entraba y no había nada que hacer. Necesitaba la distracción. Alguna gente utilizaba la poesía o la cerámica como un pasatiempo o terapia. La manera en que Hyung Jun se relajaba era trabajando con las flores. Le encantaba la forma en que olían y la forma hermosa que podía colocarlas en una variedad de diferentes colores y diseños. También le gustaba sentirlas entre sus dedos.

—No hay problema. —Hyung Jun entró en la gran cabina de refrigeración que alojada todas las flores que se utilizaban en los arreglos. No estaba demasiado frío, pero a Hyung Jun no le gustaba estar encerrado en la habitación por mucho tiempo. Podría hacer frío con bastante rapidez.

Consiguió hacer su tarea y terminó de limpiar el refrigerador justo cuando llegó el envío. Pasó la siguiente hora ayudando a Jaejoong a desbaratar los montones de claveles, prepararlos para refrigeración y acomodándolas en el cuarto frío.

A Hyung Jun no le importaba lo que pensara su tío de que él trabajara en una florería. Él lo amaba. Sólo deseaba tener un patio para plantar flores. Era un pasatiempo que sabía iba a disfrutar de verdad. Había algo acerca de las plantas y flores que hacía que Hyung Jun pensara en el bosque y en estar en su forma de lobo. Últimamente, no había tenido la oportunidad de correr en ningún lugar, sólo trabajar e ir a la casa.

Extrañaba el sentir el viento en su piel y el sol en la cara.

En el momento en que terminaron, Hyung Jun estaba sudando, y por la forma que Jaejoong lo miraba, el chico sabía. Por supuesto, el sudor que descendía por su cabello contaba la historia. La camisa de manga larga se pegaba a él, y Hyung Jun se estaba muriendo por quitársela.

—Tengo una camiseta de repuesto atrás. Si quieres te la presto.

Hyung Jun quería jalar las mangas para estar en el lado seguro, pero eso sería un claro indicio.

—No, estoy bien, gracias. —Ojalá hubiera tenido tiempo esta mañana para cambiar y sanar, pero Hang Soo ya había hecho que llegara tarde. Iba a tener que seguir ocultando las marcas hasta que pudiera llegar a casa y cambiar a su forma de lobo.

Sólo tenía que asegurarse de estar en su habitación, porque cambiar frente a su tío sólo lo enfurecía. Hyung Jun no estaba seguro de por qué. Quizás Hang Soo lo veía como un desafío, pero Hyung Jun había aprendido hacía mucho tiempo a no cambiar a su forma de lobo cuando ese imbécil estaba.

—¿Estás seguro?
—Sí. —Hyung Jun le dio a Jaejoong una pequeña sonrisa—. Estoy seguro. —También estaba seguro de que realmente quería volver a trabajar. No quería a Jaejoong insistiendo en que fuera a cambiarse. No había manera de que Hyung Jun pudiera explicar sus heridas.
—Bueno, es la hora del almuerzo. —Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Jaejoong, y luego movió sus cejas juguetonamente—. Supongo que quieres correr al Park y traernos algo de comer, ¿verdad?

Hyung Jun inmediatamente se animó ante la idea de ver a Jung Min de nuevo hasta que recordó que traía el almuerzo en una bolsa de papel en su mochila. Su tío le había quitado sus últimos veinte dólares, y Hyung Jun tuvo que traer un almuerzo de casa.

—Yo... uh... traje un almuerzo, pero me encantaría ir a buscar el tuyo por ti.

El ver a Jung Min iluminaría su triste día, aunque no pudiera comer la deliciosa comida del hombre. Sólo la idea de poner los ojos en su pareja hacía que mariposas aletearan en su vientre. Aún no estaba seguro de cómo decirle al alto, musculoso y devastadoramente guapo hombre que eran pareja. Hyung Jun había estado pensando en diferentes maneras de acercarse a Jung Min desde primera vez que lo vio.

Aun su mente estaba completamente en blanco.

—Creo que puedo pagar por ambas comidas —ofreció Jaejoong—. Además, tengo que admitir, que el hombre tiene la mejor maldita carne asada que he probado. No le digas a Ji Yong que dije eso.

¿Quién demonios era Ji Yong?

—No, en serio, estoy bien. Metí las sobras de la cena de anoche. No quería tirarlas a la basura, así que traje algo para comer —dijo Hyung Jun apresuradamente. Se dijo que en realidad no estaba mintiéndole a Jaejoong. Trajo las sobras de la noche anterior. Era bastante fácil de hacer eso cuando sólo tenía sándwich de mantequilla de maní y mermelada para cenar.

Jaejoong giró sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta.

—Bueno, yo no traje un almuerzo, así que voy a ir al restaurante. ¿Puedes manejar este lugar solo durante una hora?

¿Una hora? Sus comidas eran sólo de media hora. Hyung Jun inclinó la cabeza asintiendo cuando Jaejoong se dirigió a la puerta.

—Claro —le dijo a la tienda vacía.

No estaba seguro de que debería de tomarse una hora entera, así que Hyung Jun sólo tomó treinta minutos -aunque sólo le tomó cinco comer su sándwich. Limpió la tienda y se deshizo del material de embalaje de los claveles.

Cuando terminó, Hyung Jun se fue detrás del mostrador y empezó a limpiar. Jaejoong regresó con una sonrisa de felicidad en su rostro.

—¡Wow, este lugar se ve muy bien!

Hyung Jun sonrió, apreciando la alabanza. No obtenía elogios a menudo. No era gran cosa, pero en ese instante necesitaba la aprobación.

Jaejoong levantó una bebida con una paja saliendo de ella.

—Una de las famosas malteadas de Ha Jin. He luchado contra feroces aldeanos armados con tridentes y caminé un kilómetro y medio con tres metros de nieve cuesta arriba y con un mapache salvaje aferrado a la pierna para traerte esto. Asegúrate de disfrutarlo.

Hyung Jun rodó los ojos ante el dramatismo del Jaejoong. El tipo era demasiado. Pero a Hyung Jun le gustaba. Parecía que Jaejoong siempre lo hacía sonreír. Hyung Jun tomó la malteada y se dio cuenta de su error demasiado tarde.

La sonrisa de Jaejoong se deslizó hacia abajo en una mueca y sus ojos se clavaron en la muñeca de Hyung Jun. Dejó la malteada en el mostrador y agarró el brazo de Hyung Jun. Hyung Jun intentó soltarse, pero Jaejoong fue sorprendentemente fuerte.

—¿Qué infiernos es esto?

Hyung Jun sintió que el corazón le latía demasiado rápido. Su mente corrió a pensar una excusa plausible.

—Se me atoró en una puerta.

La ceja izquierda de Jaejoong se elevó una fracción mientras lo miraba fijo, y Hyung Jun podría decir que el tipo no estaba convencido.

—Sí, porque la puerta tiene dedos.
—¿Qué?

Jaejoong giró la muñeca de Hyung Jun.

—Esas son huellas de dedos marcadas en tu brazo, Hyung Jun. Alguien te agarró lo suficientemente duro para dejar evidencia.

Hyung Jun jaló su brazo, y esta vez Jaejoong lo dejó en libertad. Pero el hombre ya no lo miraba. Hyung Jun vio hacia donde Jaejoong estaba mirando y vio a Jung Min de pie en la puerta. Él estaba mirando directamente a la muñeca de Hyung Jun.

Era demasiado. Hyung Jun no podía manejar esto. Corrió detrás del mostrador hacia el cuarto de atrás. Jaló la manga y luego se limpió los ojos. La humillación no podía ni empezar a describir lo que sentía. La única cosa que podría empeorar la situación era que uno de esos hombres lo siguiera.

Jaejoong apareció en la puerta.

Dios, no necesitaba esto. Hyung Jun sólo quería olvidar todo el incidente y volver a reír con Jaejoong.

—Voy a decir esto y luego voy a dejarlo en paz. —Jaejoong se movió más en la habitación y cerró la puerta tras él. El chico se apoyó contra la puerta, metió las manos a la espalda, y miró a Hyung Jun directamente a los ojos—. Mi padre era un verdadero imbécil, un monstruo. Él abusó de mí desde que cumplí cinco. No sólo físicamente, sino que también sexualmente. Después de que me echó de la casa porque estaba demasiado viejo para él, giró su atención hacia mi hermanito. No estás solo, Hyung Jun. Si alguna vez decides que ya es suficiente, avísame. Yo te sacaré.

Hyung Jun miró a Jaejoong con sorpresa, pero no dijo nada.

—La única razón por la que no voy a presionar la ayuda en tu garganta es que huirías. Aprendí de cuando viví en las calles que la gente sólo permite ayuda cuando están listos para ser ayudados. Pero si veo otra herida en ti, tengo un loco amigo y un hermano que van a sacar la basura para ti.

Hyung Jun tragó con dificultad, aún no decía ni una palabra. Si hablaba, estaría admitiendo lo que pasó con él. Era un hombre adulto, un shifter lobo. Debería de ser capaz de defenderse. ¿Qué pensaría la gente si supieran que su tío lo golpeaba? Pero había algo más que eso. Hyung Jun estaba aterrorizado de lo que su tío iba a hacer si alguien lo descubría. El hombre era cada vez más y más agresivo. No sabía qué hacer.

Jaejoong podría estar ofreciendo ayuda, pero el hombre no iba a estar allí cuando Hyung Jun tuviera que enfrentarse a Hang Soo. No había nadie allí cuando su tío se enfurecía.

Tenía que manejar esto por su cuenta.

—¿Dónde está Jung Min?

Jaejoong estudió a Hyung Jun con sus ojos de color marrón-naranja, y luego le dio un leve encogimiento de hombros.

—Se fue después de que lo convencí que te lastimaste en el trabajo. No me gusta mentir, pero quería hablar contigo primero.

Hyung Jun pasó junto a Jaejoong cuando el hombre se alejó de la puerta, sintiendo la vergüenza instalarse en su interior.

—Estoy bien.

Él no iba a discutir esto por más tiempo. Había trabajo que necesitaba hacerse.

*****

Jung Min no se compró la historia de Jaejoong ni por un maldito minuto. «Lesionado en el trabajo, mi culo». Esa era la huella de una mano en la muñeca de Hyung Jun. No estaba seguro de por qué le importaba. Ni siquiera conocía al chico. Pero le molestaba con fuerza. Podría ser el hecho de que Hyung Jun era tan malditamente pequeño y delgado. Jung Min odiaba ver a alguien siendo abusado, pero sobre todo a alguien que no podía defenderse.

No podía quitar de su mente la expresión de miedo en la cara de Hyung Jun. El hombre parecía que estuviera a punto de vomitar cuando su compañero de trabajo lo estaba interrogando. Y eso era otra cosa. Había oído a Hyung Jun decir que su brazo se le atoró en una puerta.

«Dos historias diferentes».

Jung Min reconocía un abuso cuando lo veía. Él tuvo un amigo en la universidad que fue abusado por su novio. Jung Min había tratado de ayudar. Pero al final, Han Min había perdido la vida a causa de una violencia sin sentido. No podía alejarse. No con la conciencia tranquila. Tenía que haber una manera de ayudar.

—Hey, jefe —Chan Hee saludó a Jung Min cuando volvió a entrar en el Park. Él había ido a la florería a... Jung Min no estaba seguro. Había algo dentro de él que lo jalaba hacia Hyung Jun desde la primera vez que vio al chico el día anterior.

Infiernos si sabía lo que era ese sentimiento. Huía del hombre, y, al mismo tiempo, Jung Min se sentía atraído por él. Nunca antes había experimentado algo como eso. La sensación era extraña como el infierno. Pero sabía que no iba a sentarse cuando alguien golpeaba al delgado pequeño.

Sólo tenía que encontrar una razón para estar alrededor de Hyung Jun más a menudo. Sabía que a Hyung Jun le agradaba él, y aunque él no quería darle al hombre una idea equivocada, Jung Min estaba decidido a descubrir quién estaba abusando del chico.

Jung Min golpeó su muslo con el pulgar mientras trabajaba el problema en su mente.

—Voy a hacer unos encargos. —Miró a Chan Hee apoyado en el mostrador, con la mirada perdida en un sueño—. Intenta no hacerme quebrar.

El lado de la boca de Chan Hee se contrajo con una mueca.

—Sin promesas.

¿Por qué Jung Min no creía que el hombre estaba bromeando? No estaba seguro de si debía dejar su negocio en manos de Chan Hee y Ryujin o no. Él sólo podría encontrarse con un Infierno y dos empleados crujientes. Ryujin tenía la capacidad de atención de un mosquito.

Cruzando los dedos para que ellos no se mataran, Jung Min caminó las cuadras hacia el restaurante. Era muy probable que en ese lugar conocieran los chismes del pueblo. Siempre sucedía en el restaurante local o en la peluquería. Puesto que él no necesitaba un corte de cabello, Jung Min decidió que su primera opción era mejor.

Entró en el fresco interior del restaurante para ver unos pocos clientes sentados en diferentes mesas. El sonido del tintineo de los cubiertos sobre los platos, lo asaltó. Olió a carne a la parrilla, y el dulce aroma de la cebolla al ser freída.

Mirando la barra, Jung Min decidió sentarse allí. Había visto a Ha Jin un par de veces desde que llegó al pueblo. El chico estaba muy bien, a pesar de que lo había confundido con una chica a primera vista.

—Jung Min —Ha Jin exclamó alegremente sobre el ruido metálico de la cafetera mientras el andrógino hombre caminaba hasta donde Jung Min estaba sentado—. ¿Has venido a comer todo lo de la cocina?

Ha Jin siempre bromeaba debido a que el apetito de Jung Min era más grande que la vida. A pesar de que era dueño de su propio restaurante, había ocasiones en que Jung Min quería algo distinto de carne asada.

Hoy tenía hambre de información.

No estaba seguro de que esta fuera la manera correcta, pero tenía que empezar en alguna parte. No conocía mucha gente en el pueblo, si Ha Jin no filtraba nada, entonces tal vez iría a hablar con Dong Hae a la cafetería.

—¿Qué quieres? —Ha Jin preguntó mientras apoyaba la cadera en el lado de la barra y tenía listo un lápiz sobre una hoja de pedido.
—Sólo una taza de café —dijo mientras apoyaba las manos sobre el brillante mostrador. Jung Min se sentó y esperó a que Ha Jin sirviera el café negro antes de hacer su primera pregunta—. Dime, Ha Jin. ¿Conoce a los empleados de la florería?

Ha Jin asintió mientras colocaba la jarra sobre la barra.

—Jaejoong trabaja allí. Pero si estás interesado en salir con él, es posible que desees pedirle permiso primero a su novio.

Jung Min frunció el ceño a Ha Jin.

—No preguntaba por Jaejoong. —Además, a pesar de que Jaejoong era un hombre de aspecto agradable, Jung Min no estaba interesado. Y además había conocido a Yunho. Tan grande como Jung Min era, el hombre era un poco intimidante. Esto no iba según lo planeado. Jung Min estaba tratando de no ser obvio, pero parecía que Ha Jin necesitaba que fuera directo—. Estoy hablando de Hyung Jun.
—Oh —dijo Ha Jin, asintiendo de una manera conocedora y Jung Min se congratuló de estar a punto de saber más sobre el delgado hombre.
—No lo conozco.

«Maldición».

—Pero sé que él y su tío se mudaron aquí hace unas seis semanas. Ellos viven en los apartamentos arriba de la estación de policía. Hyung Jun trabaja en la florería, pero hasta el momento su tío no ha encontrado un trabajo. Ellos vinieron aquí desde el Oeste. Al parecer, tampoco había trabajo allí.

Jung Min estaba esperando que Ha Jin le dijera el color favorito de Hyung Jun y su signo del horóscopo. Para alguien que no conocía a Hyung Jun, seguro como la mierda que él conocía a Hyung Jun.

—¿Cuándo es su cumpleaños? —Jung Min bromeó en un estado de ánimo juguetón. Le agradaba Ha Jin. El hombre era dulce y divertido y siempre parecía feliz de ver a Jung Min.
—Quince de marzo.

Bien, ahora eso era demasiado raro.

Ha Jin se rio mientras empujaba su largo cabello fuera de su hombro.

—Estoy bromeando. No tengo ni idea.

Escuchando al pequeño extraño detrás del mostrador, Jung Min había aprendido algunas cosas sobre Hyung Jun que no sabía antes. Pero aún no estaba ni cerca de descubrir quién era el abusador del trabajador floral. Había estado esperando que Ha Jin le dijera algo que apuntara en la dirección correcta, pero el pequeño chico seguía sonriéndole.

«Joder». Jung Min ordenó el almuerzo. Tenía la sensación de que nadie sabía lo que estaba pasándole a Hyung Jun. La única cosa que podía hacer era empezar a salir con el chico, y quizá Hyung Jun confiara en él lo más pronto posible.

Era deshonesto, pero sabía por su experiencia con Han Min que el miedo hacía que una persona haga cosas que normalmente no harían... como proteger a sus abusadores. Nunca había tenido ningún sentido para Jung Min, pero por otra parte, no había sido él el que era abusado.

—Hey, Ha Jin —Jung Min llamó al hombre mientras tomaba un sorbo de su café.

Ha Jin regresó hacia él.

—¿Sí?
—¿Conoces algún contador que pueda contratar?

Una vez más Ha Jin asintió de una manera conocedora. Esta vez Jung Min no estaba tan seguro de la respuesta del hombre.

—Woozi, pero tendrías que luchar contra Min Ho por él.

¿Por qué el pequeño hombre le ofrecía alguien que ya tenía trabajo?

—Estoy buscando a alguien que necesite un trabajo, Ha Jin. No a alguien que ya tenga uno.
—Oh —dijo Ha Jin—. Entonces, la respuesta sería no. Pero podría preguntar.
—Gracias. —Jung Min se sentó y comió su almuerzo una vez que estuvo listo, su mente regresó a la herida en el brazo de Hyung Jun. Aunque fuera lo último que hiciera, Jung Min iba a averiguar quién lo hizo y le daría una lección a ese idiota.

*****

Jaejoong se dirigió a la Casa, con Hyung Jun aún en su mente. Desde que había visto ese moretón lo único que podía pensar era en su padre. Habían pasado años desde que había pensado en ese imbécil, pero ahora no era capaz de dejar de pensar en sus años de cuando era más joven.

Alguien estaba haciéndole daño a Hyung Jun y Jaejoong sabía que no podía quedarse sentado sin hacer nada. Quizás debería encontrar a Taylor y tener una charla con él. Con los años, Mark había ayudado a más personas de las que Jaejoong podía contar.

Mark había encontrado definitivamente su vocación. Jaejoong había tomado el trabajo de la florería sólo para salir de la Casa. Pero tenía que admitir, aunque fuera para sí mismo, que le gustaba trabajar allí. Min Ho lo había puesto a cargo, pero dijo que tenía otros planes además de que fuera el propietario. Eso estaba bien con él. Jaejoong estaba contento de trabajar allí.

—¿Quieres ir a tirar unas canastas?

Jaejoong vio a su hermano que venía por el pasillo, una pelota de basquetbol bajo el brazo. Supo en ese momento que Mark podía esperar. Pasar tiempo con Jaehyung era lo que necesitaba en este momento para purgar esa horrible sensación que su padre siempre causaba.

Él y Jaehyung no sólo compartían un vínculo común como familia, sino que ambos habían sufrido la misma pesadilla a manos de su padre. Si alguien entendía a Jaejoong cuando se sentía deprimido, era Jaehyung.

—Claro —dijo mientras tomaba las llaves de la camioneta de Yunho y él y su hermano se dirigieron al Centro de recreación.
—Estás muy callado —Jaehyung dijo mientras se dejaba caer en su asiento, el balón escondido en sus pies—. ¿Qué sucede?

Ellos dos normalmente no hablaban de emociones ni nada por el estilo, pero conocían el humor del otro y sabían cuándo abordar las cosas y cuándo dejarlas en paz.

Apartando un mechón de cabello, Jaejoong se concentró en la carretera mientras reflexionaba sobre Hyung Jun.

—Trabajo con un chico que está siendo abusado.

Jaehyung se quedó callado por un largo rato. Jaejoong sabía que el hombre estaba en una profunda reflexión, recordando cosas que ambos preferirían olvidar.

A pesar de que tanto a él como a su hermano el consejero les había dicho que atravesaran lo que habían sufrido, Jaejoong y su hermano preferían olvidarlo. Su padre había sido un monstruo y su vida en el hogar sombría y oscura. Si Jaejoong nunca se acordaba de nuevo de su pasado antes de llegar a la Villa Starhaus... no causaría ningún sudor de sus bolas.

—¿Sabes quién lo está lastimando? —Jaehyung preguntó mientras miraba por su ventana.

Jaejoong sabía que miraba a lo lejos. Su hermano menor también estaba sumido de nuevo en su pasado. Con lo mal que la vida de Jaejoong había sido, la soportaría de nuevo con tal de evitar los torturantes recuerdos de Jaehyung.

No con palabras, sino con acciones, Jaejoong le aseguraba a Jaehyung que estaba muy orgulloso del hombre en el que su hermano pequeño se había convertido.

Quería alcanzar y confortar a Jaehyung, pero Jaejoong conocía a Jaehyung y él alejaría la ternura y bromearía acerca de ser un hombre y no necesitar mimos. Sacudió la cabeza.

—No, y él no lo dirá.

Su hermano se jaló la barra que tenía en el labio inferior, el brazo izquierdo colgando de su cintura.
—Habla con Mark. Hazle saber lo que le está pasando a tu amigo. —Jaehyung miró a Jaejoong, y pudo ver la mezcla de tristeza y determinación grabada en sus ojos—. Si necesita ayuda de otra naturaleza, avísame.

Dios, Jaejoong amaba a Jaehyung. El hombre tenía una columna de acero. Incluso aunque los recuerdos probablemente estaban destrozándolo por dentro, pensaba en la otra persona.

—Ya le hice saber que, cuando suficiente fuera suficiente, nosotros podíamos intervenir.

Dándole a Jaejoong un serio gesto, Jaehyung se quedó en silenció hasta llegar al centro de recreación. Rebotó el balón en el pavimento del estacionamiento y luego se lo arrojó a Jaejoong.

Jaejoong atrapó el balón, su corazón sintiéndose más ligero cuando Jaehyung le sonrió.
El hombre siempre sería su hermanito, y Jaejoong nunca dejaría de amarlo por el hombre en el que se había convertido.

—¿Listo para ver tu culo aplastado? —Jaehyung preguntó mientras subía las escaleras del Centro de recreación.
—¿En qué planeta vives? —Jaejoong bromeó—. No empieces a hablar mierda porque estoy a punto de correr en círculos a tu alrededor.

Las cadenas en los pantalones de Jaehyung tintinearon mientras se dirigían hacia el gimnasio. Jaejoong sacudió la cabeza y sonrió mientras seguía a su hermano.

SS501

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1 Comentarios

  1. Lo sabía, sabía que ese malnacido de Hang Soo me iba a fastidiar el día, golpeó al baby, era obvio que ni Jaejoong o JungMin se quedarían con los brazos cruzados, si bien JungMin desconoce el porqué de su atracción hacia Jun, no puede negar su instinto de protegerlo… suerte la suya cuando Ha Jin no sabía absolutamente nada de Jun... jajaja.

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