—El
Park —dijo Jung Min cuando contestó el teléfono en el trabajo.
—Sólo
quería avisarte que nos encargamos de Hang Soo. Le acompañaron afuera del
pueblo.
—Gracias,
Min Ho. Te debo una. —Jung Min se sentía aliviado como el infierno. Sabía que Hang
Soo no estaba, pero al escucharlo de Min Ho era mejor.
—Consíguele
a Hyung Jun la ayuda que necesita e incluso nosotros podemos hablarle.
—Ya
hablé con él. Va a ver a Mark después del trabajo.
—Mark
es un buen hombre. Él ayudará a Hyung Jun a atravesar esto. —Min Ho colgó. Si
había una cosa que Price podía decir de Min Ho, era que despreciaba el abuso.
Al igual que Jung Min.
Él
sostenía el teléfono y se apoyó contra la pared, gracias a su buena estrella Hang
Soo no había matado a Hyung Jun.
—¿Estás
bien, jefe? —Chan Hee preguntó desde atrás de la caja registradora—. Sé que no
nos conocemos bien, pero, ya sabes, si hay algo que necesites, es tuyo.
Jung
Min sabía que había una razón por la que seguía teniendo a Chan Hee alrededor.
Cierto como el infierno que no era por sus habilidades para el trabajo. Era un
buen chico. A pesar de que tenía que perseguir al chico la mitad del tiempo
para que estuviera en la caja que era donde debería de estar, Chan Hee era muy
bueno con los clientes. Se dio cuenta que la gente regresaba, con una sonrisa
amable y hablaban con Chan Hee como si fuera de la familia. El chico tenía el
don de la palabra.
—Gracias,
pero estoy bien.
Aún
tenía que encontrar a alguna persona que se encargara de sus libros. Aliviaría
a Jung Min sobre eso. Por más que tratara de mantener las cosas equilibradas,
se acumulaban. Aún necesitaba ordenar el inventario, no estaba seguro de lo que
ya tenía.
Tener
un negocio, requería mucho tiempo.
—Oh,
hay una entrega para el almuerzo —dijo Chan Hee—. Sé que no hacemos entregas,
pero esta es para el cuerpo de bomberos local. No creí que te molestara.
—No,
sólo tenla lista, y yo lo llevaré. —Quizás tenía que empezar a hacer entregas.
Más y más personas estaban llamando y pidiendo. Eso significaba contratar a un
chofer para las entregas. Eso mejoraría el negocio, Jung Min tenía que pensar
más sobre eso. Sin embargo, iba a hacer que funcionara. Era su sueño e iba a
asegurarse de que fuera exitoso.
Una
vez que Chan Hee tuvo las órdenes juntas y la nota lista, Jung Min salió a la
calle. Se dirigió a la puerta del conductor y maldijo. Ahora no era un buen
momento para tener una ponchadura. Iba a tener que cambiar el maldito
neumático, pero no tenía tiempo ahora.
Jung
Min tomó prestado las llaves de Chan Hee y utilizó el pequeño carro del chico
para hacer la entrega. Jung Min sentía como si estuviera conduciendo en una
lata de atún. Sólo esperaba como el infierno poder salir del carro. Ni siquiera
estaba seguro de cómo había entrado.
Afortunadamente,
se las arregló para salir del carro cuando llegó a la estación.
Entró
en la estación de bomberos, mirando a su alrededor. Nunca había estado aquí
antes. La zona de recepción tenía una alfombra gris con azul y sillas de color
rojo a un lado. Había algunas plantas decorando el lugar y un cuadro en la
pared. Era agradable y limpio.
—¿Puedo
ayudarte? —un hombre le preguntó desde el mostrador frente a la puerta.
—Tengo
una entrega del Park. —Jung Min dejó la bolsa sobre el mostrador.
—Déjame
ir por el dinero. Ahora vuelvo. —Observó al hombre salir y Jung Min se quedó
allí, mirando alrededor. No se veía como había imaginado que se vería una
estación de bomberos. No esperaba una recepción tan bonita y brillante.
Ni
siquiera esperaba una recepción. Le gustó.
—Aquí
tienes —el hombre dijo cuando regresó.
—
Park Jung Min —dijo Jung Min extendiendo la mano. Si iba a vivir en la Villa Starhaus
tenía que conocer a los residentes—. Propietario del Park.
El
hombre le dedicó una amplia sonrisa.
—Jefe
de bomberos Lee Seung Jun. —El chico le dio la mano a Jung Min—.
Solo Seung Jun.
Seung
Jun pagó la comida y se despidió de Jung Min mientras caminaba hacia la puerta
principal. Se sentía bien. Muy bien. Había conocido al jefe de la estación de
bomberos. Conocer a los residentes del pueblo le hacía sentir como si
perteneciera aquí. En la ciudad, Jung Min había sido sólo otro rostro entre
muchos.
Aquí,
en este pequeño pueblo, se sentía como si fuera parte de la comunidad. A él le
gustaba eso. Jung Min miró el carro de Chan Hee y gimió. No deseaba volver a
entrar en esa lata de a atún. Por eso era propietario de una camioneta.
Una
vez que estuvo de regreso en el trabajo, Jung Min se dispuso a cambiar el neumático.
Iba a llevar el neumático reventado al taller de Ji Goon y averiguar qué
sucedió. Podría haber sido un clavo o algo así, pero se había asegurado de
comprar neumáticos de alta calidad. Le habían garantizado que los clavos no
podían penetrar las paredes. Si tenía uno, Jung Min iba a hablar con el hombre
que se los vendió.
—Oye,
Hyung Jun llamó —dijo Ryujin cuando Jung Min entró para lavarse las manos—.
Dijo que tiene que trabajar tarde y quería saber si querías ir con él cuando
llegaras.
—¿Pueden
encargarse del fuerte? —Había alguien que vendría por lo del trabajo de la
contabilidad, pero su pareja era lo primero. También odiaba dejar a estos dos
solos.
—Lo
mantendremos —dijo Ryujin.
Jung
Min giró los ojos hacia el cielo mientras salía. En lugar de tomar su
camioneta, caminó. El sol caliente de la tarde se sentía bien en su rostro
mientras se dirigía hacia la florería. Como de costumbre -y por costumbre- Jung
Min escaneaba las calles.
No
vio a nadie que pareciera sospechoso, por lo que entró en la florería. Su
corazón se aligeró más cuando vio a Hyung Jun de pie detrás el mostrador,
hablando con un cliente. También se sentía orgulloso como el infierno cuando
vio el anillo de boda de Hyung Jun. Esa pequeña franja de oro blanco les decía
a todos que Hyung Jun estaba fuera de los límites.
Eso
podría ser un poco posesivo, pero Jung Min amaba que Hyung Jun le perteneciera.
Recorrió la tienda y esperó a que Hyung Jun terminara con su cliente antes de
acercarse al mostrador.
—Pudiste
haberte acercado —dijo Hyung Jun mientras inclinaba la cabeza hacia atrás para
mirar a Jung Min a los ojos—. No oculto el hecho de que soy gay.
—No
es eso —dijo Jung Min dándole a su pareja un beso—. Estabas ocupado con un
cliente. No interfiero. Esa persona merece tu atención. Sólo soy un chico en
busca de obtener un beso del hombre que ama.
Hyung
Jun besó a Jung Min de nuevo.
—Uno
de estos días voy a despertar y darme cuenta de que era sólo un sueño.
Jung
Min se aclaró la garganta, sin saber cómo responder a eso.
—¿Por
qué tienes que trabajar horas extras?
Hyung
Jun dejó inmediatamente el papeleo que estaba frente a él y luego le sonrió a Jung
Min.
—Hay
una orden para una gran boda que tengo que tener lista. Incluso con la ayuda de
Jaejoong, va a tomar un montón de mi tiempo.
Jung
Min tenía la sensación de que Hyung Jun estaba tratando de evitar ir a ver a Mark.
Esto no iba a suceder. Jung Min sabía que su pareja necesitaba asesoramiento.
El hombre seguía llorando en sus sueños, y él había comenzado también a
estremecerse. Iba a tener que hablar con Mark para ver cómo podía llevar a Hyung
Jun sin tener que forzar al hombre.
—Comprensible.
—Realmente no, pero ¿qué podía Jung Min hacer? Hyung Jun ya había sido
suficientemente intimidado, y Jung Min no era el tipo de hombre que forzara a
alguna persona a que hiciera algo que no quería hacer. Pero no dejaría que su
pareja se saliera de esto tan fácilmente—. ¿A qué hora crees que terminarás
esta noche?
Hyung
Jun pasó la mano por su camisa y Jung Min podía verlo temblar. «Maldición».
No quería volver a ver a su pareja sintiendo miedo nunca en su vida. Jung
Min jaló al hombre a sus brazos, haciendo lo único que pudo pensar. Quería que Hyung
Jun se sintiera seguro.
—Sabes
que te amo, ¿verdad?
Podía
oír el tembloroso suspiro que su pareja soltó mientras asentía.
—Lo
sé.
Jung
Min no estaba seguro de qué más podía hacer.
—¿Qué
tal si vengo una vez que termine y veo si puedo ayudarte?
—No
estoy seguro de cómo podrías, pero está bien.
Tres
horas más tarde, Jung Min estaba de regreso. Entró en la tienda y se quedó
boquiabierto. Nunca había visto tanto lila y crema antes. El lugar parecía que
había explotado con los malditos colores. Allí también había falsos collares de
perlas por todas partes. Se sintió un poco abrumado. ¿Qué sabía sobre las
flores?
«Absolutamente
nada». Olían bien y eran lindas. Eso era todo lo que sabía. Dio un
paso más allá de las flores y las cintas, preguntándose qué infiernos esperaba Hyung
Jun de él.
—Aquí
estas —dijo Hyung Jun mirando a Jung Min aliviado de que por fin hubiera
llegado—. ¿Puedes darme el collar de perlas detrás de ti?
Jung
Min se dio la vuelta, sin ver el collar al que Hyung Jun se refería. Había
muchos de ellos en el mostrador. ¿Por qué no podía su pareja usar uno de esos?
Quizás
debería de haberse quedado en el trabajo. Este material era confuso.
Hyung
Jun vio que su pareja se veía confundido, por lo que le dio al hombre un descanso
y en su lugar le hizo llevar las cajas atrás. Él realmente no tenía que
terminar esto, pero Hyung Jun estaba muerto de miedo de ir a hablar con Mark.
Cuanto
más se acercaba el momento de hablar con el consejero, más nervioso estaba.
Incluso anoche tuvo una pesadilla en la que Hang Soo estaba de pie en la
habitación con ellos mientras Hyung Jun hablaba sobre todos los pequeños
secretos de su tío.
Simplemente
no podía hacerlo. Hyung Jun no podía volver a revivir el horror que había
vivido. Una vez fue suficiente. ¿Qué bien podría salir de eso?
—Todas
las cajas están dobladas y tiradas —dijo Jung Min mientras caminaba de regreso
a la tienda. Hyung Jun miró a su pareja. Él realmente no quería decepcionar al
chico. No lo quería. Pero derramar sus entrañas no era algo que Hyung Jun
pudiera hacer.
Y
no sabía cómo decirle eso a Jung Min.
Hyung
Jun levantó la mirada cuando alguien entró en la tienda. Estaba aliviado por la
distracción. Eso evitaría que Jung Min le preguntara sobre ir con Mark... por
un momento.
—Disculpa
el desorden —Hyung Jun gritó—. Tómate tu tiempo y echa un vistazo.
—En
realidad estoy aquí para verte —dijo el hombre mientras se dirigía al
mostrador, sacando la mano—. Soy Mark.
—Necesitamos
café —Jaejoong dijo mientras agarraba el brazo de Jung Min y lo jalaba hacia la
puerta—. Montones y montones de café.
Hyung
Jun vio a ambos abandonar el barco. Él iba a estrangularlos.
—¿Necesitas
ayuda? —Mark preguntó, señalando con la cabeza el lío en el mostrador.
—No
—dijo Hyung Jun un poco cortante. Él no estaba tratando de ser un imbécil, pero
estaba enojado de que Mark hubiera aparecido.
—No
va a desaparecer, Hyung Jun. Puedes enterrarlo tan profundamente como quieras,
pero el dolor de lo sucedido seguirá resurgiendo.
Hyung
Jun no estaba mirando a Mark, pero oyó al tipo. Joder, si Mark no estaba
diciendo la verdad. Hyung Jun hacía todo lo posible por enterrar lo que le
había pasado, pero seguía resurgiendo en sus sueños. No había conseguido una
buena noche de sueño desde hace mucho tiempo. Estaba cansado de estar cansado. Hyung
Jun estaba cansado de todo esto. Él sólo quería olvidar.
—Tu
tutor te lastimó, Hyung Jun. Tu familia. Tu tío. Tienes que enfrentar eso.
Hyung
Jun salió de detrás del mostrador, apretando los puños a los costados. Podía
sentir la ira de lo que Hang Soo le hizo hervir en su interior. Su tío había
traicionado su confianza y Hyung Jun quería hacerle daño a alguien.
—No
tengo que enfrentar una maldita cosa —dijo con los dientes apretados—. Déjalo
en paz.
—Has
mantenido el secreto el tiempo suficiente. ¿No te parece que es tiempo de…?
—¡No!
—Hyung Jun gritó—. No quiero hablar más de eso. No quiero pensar en eso. —Hyung
Jun maldijo cuando sintió lágrimas en sus ojos—. No quiero recordar, Mark.
Déjalo ir.
—¿Y
qué, Hyung Jun? —Mark preguntó con calma, a pesar de que Hyung Jun estaba
furioso—. No duermes muy bien. Puedo decirlo por los círculos oscuros bajo los
ojos. Tu pareja está preocupado por ti. No puedes seguir embotellando esto.
Tarde o temprano, va a afectar tu relación con Jung Min.
Hyung
Jun dio un paso atrás, pensando en su pareja.
—No
quiero arruinar mi relación. —Jung Min era lo mejor que le pudo suceder a Hyung
Jun. El hombre era como su red de seguridad, su fortaleza. Si perdía eso...
Mark
dio un paso más cerca, apoyando los dedos en el hombro de Hyung Jun, con un
ligero toque.
—Entonces
deja que te ayude. El mayor error que puedes hacer es ignorar lo que te pasó.
Hyung
Jun envolvió con sus brazos su cintura, sintiendo como si se estuviera ahogando
mientras asentía. No podía perder a Jung Min y no podía permitirse que lo que
le pasó afectara su relación. Levantó lentamente la cabeza para ver la
preocupación en los ojos de Mark.
—¿Por
dónde empezamos?
*****
—Deja
de estar tan preocupado —dijo Jaejoong mientras se dirigían a la cafetería—. Mark
cuidará muy bien de él.
—No
me gusta dejarlo con un extraño —admitió Jung Min.
Jaejoong
hizo un sonido pffst.
—Mark
es un medio demonio. Si alguien entra en la florería en busca de problemas, se
encontrarán con una sorpresa muy desagradable.
Jung
Min se detuvo y miró boquiabierto a Jaejoong.
—¿Él
es qué? —Min Ho le había dicho acerca de los shifter. El hombre no había dicho
nada sobre los demonios. ¿No eran los demonios malos? Se dio media vuelta y
regresó a la florería. ¿Cómo Jaejoong pudo dejar a Hyung Jun con un demonio?
—Espera.
—Jaejoong tomó el brazo de Jung Min.
—Dejaste
a mi pareja con un maldito demonio, Jaejoong. ¿Cómo pudiste? —Su cabeza le daba
vueltas ante la idea de que los demonios realmente existen, pero su necesidad
de proteger a Hyung Jun anulaba su miedo.
—Mark
nunca le haría daño a Hyung Jun. Él es un jodido consejero, Jung Min. ¿Crees
que es una treta para atraer a víctimas desprevenidas a su red?
Jung
Min jaló la mano de Jaejoong y corrió hacia la florería. Esa visión no le
sirvió de nada.
—Ya
basta —dijo Jaejoong al saltar frente a Jung Min para detenerlo—. Nunca dejaría
a Hyung Jun en manos de alguien que le hiciera daño.
Jung
Min estaba tentado a sacar a Jaejoong fuera de su camino, pero había conocido a
la pareja de esa persona. No sería una cosa sabía de hacer.
—Me
gustaría que me hubieras dicho que era un demonio antes de que hablara
con Hyung Jun.
—Está
bien —dijo Jaejoong—. Entonces olvida lo que dije.
Jung
Min entrecerró los ojos hacia el hombre.
—Demasiado
tarde.
—Vamos
a tomar un café. Dale a Hyung Jun algún tiempo con Mark y luego vamos a ir a
verlos.
Jung
Min no estaba seguro de poder sentarse durante media hora, mientras que su
pareja hablaba con un demonio. ¿A qué clase de pueblo se mudó? Él había llegado
a un acuerdo con que su pareja fuera un shifter lobo. ¿Y ahora esto?
—¿Qué
más necesito saber?
—Nada
—dijo Jaejoong rápidamente mientras empujaba a Jung Min para que empezara a
moverse—. No hay nada que necesites saber en este instante.
Jung
Min no estaba seguro si quería que Jaejoong le dijera o dejar las cosas en paz.
Decidió que averiguar que los demonios existían era más que suficiente por una
noche. Entrando con Jaejoong a la cafetería, decidió comprarle algo de beber a
su pareja. Él no estaba seguro de lo que a Hyung Jun le gustaba.
Decidió
llevarle a su pareja un té caliente. Eso debería ayudarle después de una sesión
con el consejero. Jung Min también estaba preocupado de que su pareja quedara
exhausto al recordar el pasado. Sabía que iba a ser doloroso como el infierno.
—Está
bien —dijo Jaejoong, una vez más, mientras se acercaba al mostrador—. Pasé por
algo similar. Confía en mí, un consejero ayuda.
Jung
Min se quedó mirando a Jaejoong con una luz completamente nueva. ¿El hombre
había sido abusado? Pensaría que Yunho mataría a cualquiera que incluso pensara
en hacerle daño a la persona.
—¿Puedo
ayudarles?
Jaejoong
se rio.
—Hey, Donghae. Él es Jung Min. —Jaejoong
hizo un gesto con la mano en su dirección—. Es dueño del Park.
Jung
Min vio al escuálido hombre. Había conocido a Donghae antes. Esta no era la
primera vez que Jung Min venía a la cafetería.
—Nos
hemos visto.
—¿Quieres
lo de costumbre, Jung Min? —Donghae preguntó, dejándole a Jung Min el café con
leche antes de que le contestara el chico. Bueno, si no quería lo de costumbre,
de todos modos lo estaba recibiendo. El tipo era un poco peculiar, pero a Jung
Min le agradaba.
Una
vez que Donghae le dio su café, Jung Min le pidió el té de Hyung Jun. Tenía la
sensación de que esta iba a ser una noche larga.
—¿Eres
Park Jung Min?
Jung
Min se giró y vio a un hombre de cabello rubio de pie cerca de él. Estaba
parpadeando rápidamente, como si tuviera algo en sus ojos.
—¿Quién
quiere saber?
—Soy
el hombre que se supone con el que te reunirías acerca del trabajo de
contabilidad. —Extendió la mano—. Hyo Jin.
Jung
Min estrechó la mano del hombre.
—¿Woozi
te envió?
Hyo
Jin negó con la cabeza.
—Fue
Min Ho quien me envió. Dijo que necesitabas a alguien para desenterrar tu
oficina.
El
Alpha seguía sorprendiendo a Jung Min. El hombre tenía una apariencia tan
letal, tenía un aire que hacía que cualquier persona cuerda lo pensara dos
veces. Pero también era alguien que siempre cumplía su palabra, incluso cuando Jung
Min no tenía ni idea de cómo Min Ho siquiera sabía que necesitaba un contador.
—Tú...
uh...
—Es
un shifter —dijo Jaejoong en un tono bajo y luego miró a Hyo Jin—. ¿De qué
tipo?
«¿De
qué tipo? Jesús». Primero Jung Min descubrió que los lobos shifter
existían, y entonces los demonios. Ahora él estaba descubriendo que había
diferentes razas de shifter. Realmente no quería saber nada más.
—Impala
—dijo Hyo Jin con orgullo.
Jung
Min contuvo la risa antes de que se escapara de sus labios. ¿Un impala? ¿En
serio? ¿Un impala no era uno de esos pequeños lindos ciervos con los cuernos
trenzados? Cuando Jung Min miró a Hyo Jin, tuvo que admitir que encajaba con el
chico. Era bajito, delgado y vestido impresionantemente. No estaba seguro de
que lo último tenía algo que ver con que fuera un impala, pero al hombre le
gustaba su ropa de diseñador.
No
es que Jung Min supiera cómo se veía la ropa de diseñador, pero sabía cuando
algo era caro cuando lo veía.
—Ríete
y me aseguraré de que tus libros estén tan jodidos que nunca puedas ponerle
orden —dijo Hyo Jin con un puchero—. Puedo ser pequeño pero no soy alguien con
quien meterse.
Jung
Min levantó las manos, tuvo éxito en contener la sonrisa.
—No
voy a molestarte. Confía en mí, te necesito en mi oficina más que… no importa.
—Ni siquiera estaba seguro de cómo terminar la frase sin sonar morboso o un
imbécil—. ¿Puedes empezar mañana?
—Llegaré
muy temprano. —Hyo Jin se abrió paso entre ellos y ordenó su bebida.
Jung
Min tenía la sensación de que el hecho de que Hyo Jin fuera pequeño, no quería
decir que no fuera peligroso. Iba a tener que aprender a mantener la boca
cerrada o el hombre lo enterraría aún más profundo en papeles de lo que ya
estaba.
No
era un pensamiento agradable. Así que tomó sus bebidas y se acercó al sofá rojo
en una esquina y se sentó, preguntándose cuánto tiempo necesitaba darle a Hyung
Jun y Mark.
SS501

1 Comentarios
Qué pena que Hang Soo no fue despedido con un buen par de golpes, se los merecía... si Min, Jun es tooodo tuyo... sin anestesia de por medio, Mark inicio sesión con Jun, cuyo amor por Min es más fuerte que el miedo a enfrentar su pasado…ay caballito tienes tanto que aprender… Hyo Jin, contador de Min, cool.
ResponderBorrar