La Familia T55... Capitulo 09


—El Park —dijo Jung Min cuando contestó el teléfono en el trabajo.
—Sólo quería avisarte que nos encargamos de Hang Soo. Le acompañaron afuera del pueblo.
—Gracias, Min Ho. Te debo una. —Jung Min se sentía aliviado como el infierno. Sabía que Hang Soo no estaba, pero al escucharlo de Min Ho era mejor.
—Consíguele a Hyung Jun la ayuda que necesita e incluso nosotros podemos hablarle.
—Ya hablé con él. Va a ver a Mark después del trabajo.
—Mark es un buen hombre. Él ayudará a Hyung Jun a atravesar esto. —Min Ho colgó. Si había una cosa que Price podía decir de Min Ho, era que despreciaba el abuso. Al igual que Jung Min.

Él sostenía el teléfono y se apoyó contra la pared, gracias a su buena estrella Hang Soo no había matado a Hyung Jun.

—¿Estás bien, jefe? —Chan Hee preguntó desde atrás de la caja registradora—. Sé que no nos conocemos bien, pero, ya sabes, si hay algo que necesites, es tuyo.

Jung Min sabía que había una razón por la que seguía teniendo a Chan Hee alrededor. Cierto como el infierno que no era por sus habilidades para el trabajo. Era un buen chico. A pesar de que tenía que perseguir al chico la mitad del tiempo para que estuviera en la caja que era donde debería de estar, Chan Hee era muy bueno con los clientes. Se dio cuenta que la gente regresaba, con una sonrisa amable y hablaban con Chan Hee como si fuera de la familia. El chico tenía el don de la palabra.

—Gracias, pero estoy bien.

Aún tenía que encontrar a alguna persona que se encargara de sus libros. Aliviaría a Jung Min sobre eso. Por más que tratara de mantener las cosas equilibradas, se acumulaban. Aún necesitaba ordenar el inventario, no estaba seguro de lo que ya tenía.

Tener un negocio, requería mucho tiempo.

—Oh, hay una entrega para el almuerzo —dijo Chan Hee—. Sé que no hacemos entregas, pero esta es para el cuerpo de bomberos local. No creí que te molestara.
—No, sólo tenla lista, y yo lo llevaré. —Quizás tenía que empezar a hacer entregas. Más y más personas estaban llamando y pidiendo. Eso significaba contratar a un chofer para las entregas. Eso mejoraría el negocio, Jung Min tenía que pensar más sobre eso. Sin embargo, iba a hacer que funcionara. Era su sueño e iba a asegurarse de que fuera exitoso.

Una vez que Chan Hee tuvo las órdenes juntas y la nota lista, Jung Min salió a la calle. Se dirigió a la puerta del conductor y maldijo. Ahora no era un buen momento para tener una ponchadura. Iba a tener que cambiar el maldito neumático, pero no tenía tiempo ahora.

Jung Min tomó prestado las llaves de Chan Hee y utilizó el pequeño carro del chico para hacer la entrega. Jung Min sentía como si estuviera conduciendo en una lata de atún. Sólo esperaba como el infierno poder salir del carro. Ni siquiera estaba seguro de cómo había entrado.

Afortunadamente, se las arregló para salir del carro cuando llegó a la estación.

Entró en la estación de bomberos, mirando a su alrededor. Nunca había estado aquí antes. La zona de recepción tenía una alfombra gris con azul y sillas de color rojo a un lado. Había algunas plantas decorando el lugar y un cuadro en la pared. Era agradable y limpio.


—¿Puedo ayudarte? —un hombre le preguntó desde el mostrador frente a la puerta.
—Tengo una entrega del Park. —Jung Min dejó la bolsa sobre el mostrador.
—Déjame ir por el dinero. Ahora vuelvo. —Observó al hombre salir y Jung Min se quedó allí, mirando alrededor. No se veía como había imaginado que se vería una estación de bomberos. No esperaba una recepción tan bonita y brillante.

Ni siquiera esperaba una recepción. Le gustó.

—Aquí tienes —el hombre dijo cuando regresó.
— Park Jung Min —dijo Jung Min extendiendo la mano. Si iba a vivir en la Villa Starhaus tenía que conocer a los residentes—. Propietario del Park.

El hombre le dedicó una amplia sonrisa.

—Jefe de bomberos Lee Seung Jun. —El chico le dio la mano a Jung Min—. Solo Seung Jun.

Seung Jun pagó la comida y se despidió de Jung Min mientras caminaba hacia la puerta principal. Se sentía bien. Muy bien. Había conocido al jefe de la estación de bomberos. Conocer a los residentes del pueblo le hacía sentir como si perteneciera aquí. En la ciudad, Jung Min había sido sólo otro rostro entre muchos.

Aquí, en este pequeño pueblo, se sentía como si fuera parte de la comunidad. A él le gustaba eso. Jung Min miró el carro de Chan Hee y gimió. No deseaba volver a entrar en esa lata de a atún. Por eso era propietario de una camioneta.

Una vez que estuvo de regreso en el trabajo, Jung Min se dispuso a cambiar el neumático. Iba a llevar el neumático reventado al taller de Ji Goon y averiguar qué sucedió. Podría haber sido un clavo o algo así, pero se había asegurado de comprar neumáticos de alta calidad. Le habían garantizado que los clavos no podían penetrar las paredes. Si tenía uno, Jung Min iba a hablar con el hombre que se los vendió.

—Oye, Hyung Jun llamó —dijo Ryujin cuando Jung Min entró para lavarse las manos—. Dijo que tiene que trabajar tarde y quería saber si querías ir con él cuando llegaras.
—¿Pueden encargarse del fuerte? —Había alguien que vendría por lo del trabajo de la contabilidad, pero su pareja era lo primero. También odiaba dejar a estos dos solos.
—Lo mantendremos —dijo Ryujin.

Jung Min giró los ojos hacia el cielo mientras salía. En lugar de tomar su camioneta, caminó. El sol caliente de la tarde se sentía bien en su rostro mientras se dirigía hacia la florería. Como de costumbre -y por costumbre- Jung Min escaneaba las calles.

No vio a nadie que pareciera sospechoso, por lo que entró en la florería. Su corazón se aligeró más cuando vio a Hyung Jun de pie detrás el mostrador, hablando con un cliente. También se sentía orgulloso como el infierno cuando vio el anillo de boda de Hyung Jun. Esa pequeña franja de oro blanco les decía a todos que Hyung Jun estaba fuera de los límites.

Eso podría ser un poco posesivo, pero Jung Min amaba que Hyung Jun le perteneciera. Recorrió la tienda y esperó a que Hyung Jun terminara con su cliente antes de acercarse al mostrador.

—Pudiste haberte acercado —dijo Hyung Jun mientras inclinaba la cabeza hacia atrás para mirar a Jung Min a los ojos—. No oculto el hecho de que soy gay.
—No es eso —dijo Jung Min dándole a su pareja un beso—. Estabas ocupado con un cliente. No interfiero. Esa persona merece tu atención. Sólo soy un chico en busca de obtener un beso del hombre que ama.

Hyung Jun besó a Jung Min de nuevo.

—Uno de estos días voy a despertar y darme cuenta de que era sólo un sueño.

Jung Min se aclaró la garganta, sin saber cómo responder a eso.

—¿Por qué tienes que trabajar horas extras?

Hyung Jun dejó inmediatamente el papeleo que estaba frente a él y luego le sonrió a Jung Min.

—Hay una orden para una gran boda que tengo que tener lista. Incluso con la ayuda de Jaejoong, va a tomar un montón de mi tiempo.

Jung Min tenía la sensación de que Hyung Jun estaba tratando de evitar ir a ver a Mark. Esto no iba a suceder. Jung Min sabía que su pareja necesitaba asesoramiento. El hombre seguía llorando en sus sueños, y él había comenzado también a estremecerse. Iba a tener que hablar con Mark para ver cómo podía llevar a Hyung Jun sin tener que forzar al hombre.

—Comprensible. —Realmente no, pero ¿qué podía Jung Min hacer? Hyung Jun ya había sido suficientemente intimidado, y Jung Min no era el tipo de hombre que forzara a alguna persona a que hiciera algo que no quería hacer. Pero no dejaría que su pareja se saliera de esto tan fácilmente—. ¿A qué hora crees que terminarás esta noche?

Hyung Jun pasó la mano por su camisa y Jung Min podía verlo temblar. «Maldición». No quería volver a ver a su pareja sintiendo miedo nunca en su vida. Jung Min jaló al hombre a sus brazos, haciendo lo único que pudo pensar. Quería que Hyung Jun se sintiera seguro.

—Sabes que te amo, ¿verdad?

Podía oír el tembloroso suspiro que su pareja soltó mientras asentía.

—Lo sé.

Jung Min no estaba seguro de qué más podía hacer.

—¿Qué tal si vengo una vez que termine y veo si puedo ayudarte?
—No estoy seguro de cómo podrías, pero está bien.

Tres horas más tarde, Jung Min estaba de regreso. Entró en la tienda y se quedó boquiabierto. Nunca había visto tanto lila y crema antes. El lugar parecía que había explotado con los malditos colores. Allí también había falsos collares de perlas por todas partes. Se sintió un poco abrumado. ¿Qué sabía sobre las flores?

«Absolutamente nada». Olían bien y eran lindas. Eso era todo lo que sabía. Dio un paso más allá de las flores y las cintas, preguntándose qué infiernos esperaba Hyung Jun de él.

—Aquí estas —dijo Hyung Jun mirando a Jung Min aliviado de que por fin hubiera llegado—. ¿Puedes darme el collar de perlas detrás de ti?

Jung Min se dio la vuelta, sin ver el collar al que Hyung Jun se refería. Había muchos de ellos en el mostrador. ¿Por qué no podía su pareja usar uno de esos?

Quizás debería de haberse quedado en el trabajo. Este material era confuso.

Hyung Jun vio que su pareja se veía confundido, por lo que le dio al hombre un descanso y en su lugar le hizo llevar las cajas atrás. Él realmente no tenía que terminar esto, pero Hyung Jun estaba muerto de miedo de ir a hablar con Mark.

Cuanto más se acercaba el momento de hablar con el consejero, más nervioso estaba. Incluso anoche tuvo una pesadilla en la que Hang Soo estaba de pie en la habitación con ellos mientras Hyung Jun hablaba sobre todos los pequeños secretos de su tío.

Simplemente no podía hacerlo. Hyung Jun no podía volver a revivir el horror que había vivido. Una vez fue suficiente. ¿Qué bien podría salir de eso?

—Todas las cajas están dobladas y tiradas —dijo Jung Min mientras caminaba de regreso a la tienda. Hyung Jun miró a su pareja. Él realmente no quería decepcionar al chico. No lo quería. Pero derramar sus entrañas no era algo que Hyung Jun pudiera hacer.

Y no sabía cómo decirle eso a Jung Min.

Hyung Jun levantó la mirada cuando alguien entró en la tienda. Estaba aliviado por la distracción. Eso evitaría que Jung Min le preguntara sobre ir con Mark... por un momento.

—Disculpa el desorden —Hyung Jun gritó—. Tómate tu tiempo y echa un vistazo.
—En realidad estoy aquí para verte —dijo el hombre mientras se dirigía al mostrador, sacando la mano—. Soy Mark.
—Necesitamos café —Jaejoong dijo mientras agarraba el brazo de Jung Min y lo jalaba hacia la puerta—. Montones y montones de café.

Hyung Jun vio a ambos abandonar el barco. Él iba a estrangularlos.

—¿Necesitas ayuda? —Mark preguntó, señalando con la cabeza el lío en el mostrador.
—No —dijo Hyung Jun un poco cortante. Él no estaba tratando de ser un imbécil, pero estaba enojado de que Mark hubiera aparecido.
—No va a desaparecer, Hyung Jun. Puedes enterrarlo tan profundamente como quieras, pero el dolor de lo sucedido seguirá resurgiendo.

Hyung Jun no estaba mirando a Mark, pero oyó al tipo. Joder, si Mark no estaba diciendo la verdad. Hyung Jun hacía todo lo posible por enterrar lo que le había pasado, pero seguía resurgiendo en sus sueños. No había conseguido una buena noche de sueño desde hace mucho tiempo. Estaba cansado de estar cansado. Hyung Jun estaba cansado de todo esto. Él sólo quería olvidar.

—Tu tutor te lastimó, Hyung Jun. Tu familia. Tu tío. Tienes que enfrentar eso.

Hyung Jun salió de detrás del mostrador, apretando los puños a los costados. Podía sentir la ira de lo que Hang Soo le hizo hervir en su interior. Su tío había traicionado su confianza y Hyung Jun quería hacerle daño a alguien.

—No tengo que enfrentar una maldita cosa —dijo con los dientes apretados—. Déjalo en paz.
—Has mantenido el secreto el tiempo suficiente. ¿No te parece que es tiempo de…?
—¡No! —Hyung Jun gritó—. No quiero hablar más de eso. No quiero pensar en eso. —Hyung Jun maldijo cuando sintió lágrimas en sus ojos—. No quiero recordar, Mark. Déjalo ir.
—¿Y qué, Hyung Jun? —Mark preguntó con calma, a pesar de que Hyung Jun estaba furioso—. No duermes muy bien. Puedo decirlo por los círculos oscuros bajo los ojos. Tu pareja está preocupado por ti. No puedes seguir embotellando esto. Tarde o temprano, va a afectar tu relación con Jung Min.

Hyung Jun dio un paso atrás, pensando en su pareja.

—No quiero arruinar mi relación. —Jung Min era lo mejor que le pudo suceder a Hyung Jun. El hombre era como su red de seguridad, su fortaleza. Si perdía eso...

Mark dio un paso más cerca, apoyando los dedos en el hombro de Hyung Jun, con un ligero toque.

—Entonces deja que te ayude. El mayor error que puedes hacer es ignorar lo que te pasó.

Hyung Jun envolvió con sus brazos su cintura, sintiendo como si se estuviera ahogando mientras asentía. No podía perder a Jung Min y no podía permitirse que lo que le pasó afectara su relación. Levantó lentamente la cabeza para ver la preocupación en los ojos de Mark.

—¿Por dónde empezamos?

*****

—Deja de estar tan preocupado —dijo Jaejoong mientras se dirigían a la cafetería—. Mark cuidará muy bien de él.
—No me gusta dejarlo con un extraño —admitió Jung Min.

Jaejoong hizo un sonido pffst.

—Mark es un medio demonio. Si alguien entra en la florería en busca de problemas, se encontrarán con una sorpresa muy desagradable.

Jung Min se detuvo y miró boquiabierto a Jaejoong.

—¿Él es qué? —Min Ho le había dicho acerca de los shifter. El hombre no había dicho nada sobre los demonios. ¿No eran los demonios malos? Se dio media vuelta y regresó a la florería. ¿Cómo Jaejoong pudo dejar a Hyung Jun con un demonio?
—Espera. —Jaejoong tomó el brazo de Jung Min.
—Dejaste a mi pareja con un maldito demonio, Jaejoong. ¿Cómo pudiste? —Su cabeza le daba vueltas ante la idea de que los demonios realmente existen, pero su necesidad de proteger a Hyung Jun anulaba su miedo.
—Mark nunca le haría daño a Hyung Jun. Él es un jodido consejero, Jung Min. ¿Crees que es una treta para atraer a víctimas desprevenidas a su red?

Jung Min jaló la mano de Jaejoong y corrió hacia la florería. Esa visión no le sirvió de nada.

—Ya basta —dijo Jaejoong al saltar frente a Jung Min para detenerlo—. Nunca dejaría a Hyung Jun en manos de alguien que le hiciera daño.

Jung Min estaba tentado a sacar a Jaejoong fuera de su camino, pero había conocido a la pareja de esa persona. No sería una cosa sabía de hacer.

—Me gustaría que me hubieras dicho que era un demonio antes de que hablara con Hyung Jun.
—Está bien —dijo Jaejoong—. Entonces olvida lo que dije.

Jung Min entrecerró los ojos hacia el hombre.

—Demasiado tarde.
—Vamos a tomar un café. Dale a Hyung Jun algún tiempo con Mark y luego vamos a ir a verlos.

Jung Min no estaba seguro de poder sentarse durante media hora, mientras que su pareja hablaba con un demonio. ¿A qué clase de pueblo se mudó? Él había llegado a un acuerdo con que su pareja fuera un shifter lobo. ¿Y ahora esto?

—¿Qué más necesito saber?
—Nada —dijo Jaejoong rápidamente mientras empujaba a Jung Min para que empezara a moverse—. No hay nada que necesites saber en este instante.

Jung Min no estaba seguro si quería que Jaejoong le dijera o dejar las cosas en paz. Decidió que averiguar que los demonios existían era más que suficiente por una noche. Entrando con Jaejoong a la cafetería, decidió comprarle algo de beber a su pareja. Él no estaba seguro de lo que a Hyung Jun le gustaba.

Decidió llevarle a su pareja un té caliente. Eso debería ayudarle después de una sesión con el consejero. Jung Min también estaba preocupado de que su pareja quedara exhausto al recordar el pasado. Sabía que iba a ser doloroso como el infierno.

—Está bien —dijo Jaejoong, una vez más, mientras se acercaba al mostrador—. Pasé por algo similar. Confía en mí, un consejero ayuda.

Jung Min se quedó mirando a Jaejoong con una luz completamente nueva. ¿El hombre había sido abusado? Pensaría que Yunho mataría a cualquiera que incluso pensara en hacerle daño a la persona.

—¿Puedo ayudarles?

Jaejoong se rio.

—Hey, Donghae. Él es Jung Min. —Jaejoong hizo un gesto con la mano en su dirección—. Es dueño del Park.

Jung Min vio al escuálido hombre. Había conocido a Donghae antes. Esta no era la primera vez que Jung Min venía a la cafetería.

—Nos hemos visto.
—¿Quieres lo de costumbre, Jung Min? —Donghae preguntó, dejándole a Jung Min el café con leche antes de que le contestara el chico. Bueno, si no quería lo de costumbre, de todos modos lo estaba recibiendo. El tipo era un poco peculiar, pero a Jung Min le agradaba.

Una vez que Donghae le dio su café, Jung Min le pidió el té de Hyung Jun. Tenía la sensación de que esta iba a ser una noche larga.

—¿Eres Park Jung Min?

Jung Min se giró y vio a un hombre de cabello rubio de pie cerca de él. Estaba parpadeando rápidamente, como si tuviera algo en sus ojos.

—¿Quién quiere saber?
—Soy el hombre que se supone con el que te reunirías acerca del trabajo de contabilidad. —Extendió la mano—. Hyo Jin.

Jung Min estrechó la mano del hombre.

—¿Woozi te envió?

Hyo Jin negó con la cabeza.

—Fue Min Ho quien me envió. Dijo que necesitabas a alguien para desenterrar tu oficina.

El Alpha seguía sorprendiendo a Jung Min. El hombre tenía una apariencia tan letal, tenía un aire que hacía que cualquier persona cuerda lo pensara dos veces. Pero también era alguien que siempre cumplía su palabra, incluso cuando Jung Min no tenía ni idea de cómo Min Ho siquiera sabía que necesitaba un contador.

—Tú... uh...
—Es un shifter —dijo Jaejoong en un tono bajo y luego miró a Hyo Jin—. ¿De qué tipo?

«¿De qué tipo? Jesús». Primero Jung Min descubrió que los lobos shifter existían, y entonces los demonios. Ahora él estaba descubriendo que había diferentes razas de shifter. Realmente no quería saber nada más.

—Impala —dijo Hyo Jin con orgullo.

Jung Min contuvo la risa antes de que se escapara de sus labios. ¿Un impala? ¿En serio? ¿Un impala no era uno de esos pequeños lindos ciervos con los cuernos trenzados? Cuando Jung Min miró a Hyo Jin, tuvo que admitir que encajaba con el chico. Era bajito, delgado y vestido impresionantemente. No estaba seguro de que lo último tenía algo que ver con que fuera un impala, pero al hombre le gustaba su ropa de diseñador.

No es que Jung Min supiera cómo se veía la ropa de diseñador, pero sabía cuando algo era caro cuando lo veía.

—Ríete y me aseguraré de que tus libros estén tan jodidos que nunca puedas ponerle orden —dijo Hyo Jin con un puchero—. Puedo ser pequeño pero no soy alguien con quien meterse.

Jung Min levantó las manos, tuvo éxito en contener la sonrisa.

—No voy a molestarte. Confía en mí, te necesito en mi oficina más que… no importa. —Ni siquiera estaba seguro de cómo terminar la frase sin sonar morboso o un imbécil—. ¿Puedes empezar mañana?
—Llegaré muy temprano. —Hyo Jin se abrió paso entre ellos y ordenó su bebida.

Jung Min tenía la sensación de que el hecho de que Hyo Jin fuera pequeño, no quería decir que no fuera peligroso. Iba a tener que aprender a mantener la boca cerrada o el hombre lo enterraría aún más profundo en papeles de lo que ya estaba.

No era un pensamiento agradable. Así que tomó sus bebidas y se acercó al sofá rojo en una esquina y se sentó, preguntándose cuánto tiempo necesitaba darle a Hyung Jun y Mark.

SS501

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1 Comentarios

  1. Qué pena que Hang Soo no fue despedido con un buen par de golpes, se los merecía... si Min, Jun es tooodo tuyo... sin anestesia de por medio, Mark inicio sesión con Jun, cuyo amor por Min es más fuerte que el miedo a enfrentar su pasado…ay caballito tienes tanto que aprender… Hyo Jin, contador de Min, cool.

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