Dragones y Lobos... Capitulo 97


Hui miró al dragón durante mucho tiempo. El hombre no dijo nada. Sólo continuó mirando a Hui como si él no hubiera dicho nada. Hui dejó su taburete para mirar hacia abajo en el hombre. No estaba enfadado, y él no iba a probar cualquier táctica de intimidación con sus armas porque, por un lado, sabía que no iba a funcionar y, por otra parte, también sabía que no tenía estómago para ese tipo de cosas.

―Está bien, puedes hablar conmigo, no te haré daño – dijo él.

El rostro del hombre se volvió, y por primera vez, miró a Hui como si fuese un idiota. No dijo nada, pero él levantó una de sus manos, dejando que los eslabones de metal tintinearan al tirar de los grilletes, como si eso fuera suficiente prueba de que él ya estaba siendo lastimado. Incluso Hui podía ver la piel roja enrojecida alrededor de los grilletes, y que definitivamente estaba igual de mal bajo el metal.

―Lo siento – dijo Hui, sin saber por qué sintió la necesidad de pedir perdón – Son para evitar que te muevas y nos hieras, lo sabes, ¿verdad?

El dragón no dijo nada, pero Hui sabía que el hombre le había oído. ¡Estoy seguro! ¿Estaba pensando en voz alta? Tal vez las palabras habían dejado la garganta del dragón antes de que él pudiera pararlas para pensarlo dos veces.

Hui había leído suficientes novelas para saber que el aburrimiento puede ser una forma de tortura en sí misma. Sin nada que hacer más que pensar sobre todas las cosas terribles que podrían suceder, todas las formas en que podría morir. No puede ser una divertida forma de pasar el tiempo. El dragón probablemente había visto el libro en la mano de Hui, y había hablado sin pensar en él.

Hui miró el libro, su posesión más preciada y luego al dragón. Por supuesto que no le daría el libro. Sólo un idiota haría algo como eso. Demonios, el dragón probablemente sólo lo quería para arrancarle las páginas justo delante de la cara de Hui. Pero Hui sintió sentimientos revolviéndose dentro de él cada vez que miraba la cara del dragón. Sintió lástima. Compasión y la necesidad de hacer algo para disminuir el dolor que muy probablemente estaba sintiendo el dragón.

―¿Quieres que te lea un poco? – le ofreció Hui.

El dragón no dijo nada, pero la chispa en sus ojos era muy notable. Tanto como para que Hui alcanzara su taburete, lo agarró y tiró de él más cerca a los barrotes. No tenía que preocuparse porque el dragón le alcanzara y lo agarrara entre los barrotes. Los grilletes podrían evitar que hiciera precisamente eso. Así que, todo lo que hizo Hui fue leer.

Comenzó en la primera página, asumiendo que este Dragón nunca había leído el hobbit antes. Todo estaba tranquilo, y con el sonido de su propia voz en el aire, Hui se encontró sumergido en la historia. Al final del primer capítulo, él miró al dragón, que le miraba con interés. Bueno, parecía que le gustaba la historia. Luego Hui pensó que él debería disculparse por la elección.

―Uh, sí, no sé si viste la película o te leíste el libro, pero el dragón muere al final – dijo Hui.


Normalmente estaba en contra de los spoilers, pero en este caso, pensó que era apropiado decirle al Dragón cuál sería el destino de Smaug.

―Tolkien no está contra los dragones reales ni nada. Sabes, estos libros fueron escritos antes de que los dragones salieran a la luz, así que no creo que hubiera nada personal, y no lo estoy leyendo debido ello tampoco, aunque mi mamá y mi hermano creen que lo estoy haciendo por eso. Pero en verdad es sólo una divertida historia de aventuras, ¿Sabes?

No sabía lo que él había estado esperando. ¿Tal vez que el dragón empezara a hablar conmigo? ¿Le gustaran tanto las novelas de fantasía y ciencia ficción como a mí? Sí, no es muy probable. Nadie parecía interesado en las cosas de nerd que a Hui le gustaban, así que no tenía sentido tratar de hacer una conexión así. Y ¿por qué diablos lo intento?

Él se sentía gravemente confundido, porque no era como si pudiera ser amigo de este hombre. Los ojos de Hui miraron hacia abajo otra vez sin darse cuenta y… Dios Santo, este dragón tiene una polla enorme. ¿Los Dragones no tienen vergüenza? ¿Por qué no está intentando ocultarlo? ¿Por qué me he empalmado? Y mejor aún, ¿por qué todavía le estoy mirando el paquete?

Él desvió la mirada, su rostro ardiendo de vergüenza. Sus ojos volvieron a la cara del dragón, y la maldita criatura estaba sonriéndole. El dragón no sólo le estaba sonriendo, le sonreía con ironía. Disfrutando de haberle pillado haciendo algo que no debería hacer. Hui despejó su garganta y miró de vuelta en su libro.

―Bien ¿por dónde íbamos?

Continuó con la lectura. Él estaba tan interesado en el libro y amaba la historia tanto que realmente comenzó a hacer algunas de las voces sin darse cuenta hasta que fue demasiado tarde. Fue embarazoso al principio, pero… ¿A quién se lo va a contar? Así que Hui continuó. Al menos sería un poco de diversión para los dos. Hui estaba por terminar el libro cuando unos golpes sonaron en la puerta y la voz de Seung Sung le llamó.

―Hey, ¿todavía estás vivo?

Hui revisó su reloj. Había amanecido ya, y aún le quedaban bastantes páginas para acabar el libro.

―Sí, estoy vivo. Ya voy – contestó Hui – Lo siento, tengo que irme – dijo Hui al dragón, como si él estuviera disculpándose con un amigo de la infancia porque su madre lo llamaba para que se fuera a dormir o algo así.

¿Es pesar lo que veo en sus ojos dorados? ¿El dragón no quiere que me vaya? Era poco probable. Hui apartó el pensamiento fuera de su mente inmediatamente porque ni en sueños algo como eso era posible. Lo más probable era que el dragón supiera iba a estar aburrido el resto del día. El entretenimiento se iba, y Hui sintió esos sentimientos de piedad revolverse otra vez dentro de él. A diferencia de épocas anteriores con los otros dragones, en que él no pudo hacer nada para ayudar, Hui quería hacer algo. Quería hacer que el día fuera más fácil para el dragón.

Se acercó a los barrotes y se puso de rodillas. El dragón sólo levantó una de esas cejas perfectas en él. Hui miró hacia abajo en su libro, con el lomo desgastado y raído que podría rasgarse en cualquier segundo. Las páginas estaban arrugadas, y los algunos bordes estaban doblados. Algunas de las páginas habían tenido que ser grapadas en su lugar. No era como si El Hobbit fuera un libro muy raro, pero si este Dragón lo destruía, a Hui le sería imposible encontrar otra copia tan barata. De alguna manera, sin embargo, la idea de esta copia en particular siendo destruida rompería su corazón, pero iba a asumir el riesgo de todos modos.

Pasó cuidadosamente el libro a través de las barras y se lo arrojó al dragón. Aterrizó a su alcance, y las cejas del dragón se levantaron cuando lo vio antes de mirar a Hui.

Hui realmente esperaba que todavía estuviera de una sola pieza cuando él volviera y que no pillaran al dragón con él, porque entonces Hui sabía que nunca sería alguien de confianza para algo más que barrer el suelo, y su madre sin lugar a dudas no se lo tomaría bien cuando confesara que le gustaban las pollas. Pero Hui también sabía que a los guardias que tenían el turno de la mañana les gustaba dormir en el trabajo, así que no debería ser un riesgo demasiado grande. Hui se llevó un dedo a los labios, señalando que el dragón debía estar en silencio. Eso podría haber sido un poco tonto, ya que este Dragón parecía no querer hablar.

―No le digas nada a nadie. O nos meteremos en un lío. Volveré esta noche – dijo Hui, y realmente tenía la esperanza de que él estaría de vuelta, y que su libro estaría de una sola pieza cuando él volviera. Hui se puso de pie y se volvió, apenas cuando el dragón estiró su mano para tomar el libro.
―Gracias.

La palabra fue pronunciada tan suavemente detrás de él que Hui se la hubiera perdido si la sala no hubiera estado en completo silencio. Él se giró, observando que el dragón no estaba mirándolo, y que el libro ya estaba oculto detrás de él. Probablemente para la próxima ronda de Templarios que vinieran a vigilarle. Hui sonreía y esperaba que él le hubiera dado cierto nivel de comodidad, y entonces abrió la puerta y se reunió con su hermano fuera.

Seung Sung revisó al preso, y parecía muy impresionado por el hecho de que todo estaba todavía en su lugar, que el dragón estaba todavía allí. Como si él hubiera pensado que Hui le ayudaría a escapar o algo.

―Bien, tengo que decir que esto se ve muy bien.
―¿Significa eso que puedo volver y vigilarlo esta noche? – preguntó Hui. Seung Sung le miró duramente, lo miró como si sopesara sus opciones y luego sonrió.
―Bien, no veo por qué no. Pero no te duermas durante tus quehaceres hoy, o no puedo garantizar nada.

Sus tareas no empezaban hasta dentro de tres horas. Hui podría tener una siesta entonces y estar dispuesto a pasar otra noche en esa habitación con el dragón. El dragón desnudo, que fue encerrado como una bestia. Oh Dios, antes de que pudiera dormir, Hui iba a tener que cuidar de la erección entre sus piernas, porque ahora que estaba finalmente libre de la habitación, no estaba mejorando. Se estaba poniendo peor.

―¿Qué pasa contigo? – Preguntó Seung Sung. Hui meneó la cabeza y él inmediatamente giró y se fue, con la esperanza de conseguir un baño privado con ducha antes de acostarse.
―Nada, necesito dormir ahora antes de iniciar mis tareas. ¡Nos vemos esta noche! – dijo Hui y corrió tan rápido como pudo a las duchas.

Necesitaba utilizarlas solo antes de que nadie se metiera en ellas. Estaba cachondo, pero él no iba a masturbarse delante del resto de los hombres. Sería demasiado raro. Incluso más extraño que estar empalmado por un prisionero desnudo. Un chico que no tenía control sobre lo que le ocurría mientras estaba aquí. Hui estaba bastante seguro de que había un lugar especial en el infierno reservado para él.

Como prometió, fue capaz de volver por la noche, después de terminar sus otras tareas, que eran un verdadero coñazo, como afilar las espadas e incluso preparar comida para otros Templarios, quienes eran considerados más dignos por cazar dragones.

La última parte a Hui no le importaba tanto. A pesar de que sabía que iba a ser una especie de castigo por todos sus otros defectos, tener que servir a los demás hombres. Y aunque naturalmente todos se burlaban de él cuando tuvieron la oportunidad, aún le gustaba estar en la cocina. Le permitía ayudar al pastor arriba cuando preparaba las comidas para el albergue local. A veces Hui pensaba que estaba en el negocio equivocado. Él probablemente sólo debería decirle a su madre y su hermano que no estaba hecho para cazar dragones, y que quería ayudar a la iglesia de otras maneras.

Por supuesto, esta misma iglesia no quería tener nada que ver con él, no importa cuántas comidas para los necesitados ayudó a empacar, al segundo en que se enteraran sobre lo que él realmente era. El Pastor era un hombre bueno y todo, pero Hui incluso había perdido la esperanza de que sería bienvenido, especialmente después de que él hubiera visto al hombre recomendar terapia a una pareja, que le preocupaba que su hija podría ser “bi-curiosa”. UGH, que putada.

De cualquier manera, estar en la cocina le permitió un segundo beneficio. Él era capaz de hacer sus propias comidas a su antojo, así que cuando alguien lo vio salir de la cocina con un par de bocadillos, nadie lo cuestionó, o incluso lo miró dos veces, suponiendo que lo iba a comer solo en su habitación, lejos de los otros hombres que no querían estar cerca de él de todos modos. Hui había guardado esos bocadillos para la noche.

Él no estaba seguro de que el dragón estuviera siendo alimentado mientras estaba aquí, pero Hui no había recibido alimento ni agua con instrucciones para alimentar al hombre. Por lo tanto, iba a hacerlo esta noche. Él no podía esperar y dejar que los otros hombres dejaran morir de hambre al dragón. Parecía demasiado hipócrita para él. Una cosa era mantenerlo en una jaula, pero era otra cosa enteramente distinta negarle agua y comida cuando a Hui le daba tanto placer preparar comida para las personas sin hogar.

Tal vez todo lo que estaba haciendo era confuso. Tal vez él no debería estar haciendo esto en absoluto. Ese pensamiento hizo que Hui se parara en mitad de camino y sintiera como si su sangre realmente se estuviera congelando en sus venas. No es posible. Ese pensamiento no pasó sólo a través de su cabeza. ¿Estaré perdiendo la cabeza? ¿Cómo puedo pensar algo como eso? ¿Sobre todo cuando yo mismo sé lo peligroso que pueden ser los dragones?

Hui sacudió el pensamiento de su cabeza, y escondió la comida en los bolsillos de su uniforme mientras caminaba por los pasillos. Tenía una bandolera marrón colgando de su hombro, algo un poco más obvio que su hermano podría supervisar. Entonces quizás el hombre no rebuscaría en sus bolsillos. No es que Seung Sung le hubiera registrado la última vez, lo que era extraño puesto ya que todo el mundo debía ser registrado antes de ver a un preso, para evitar que aquellos que tenían dudas los liberaran, pero Hui no iba a aprovechar la oportunidad ahora. Seung Sung le saludó con una sonrisa, pero frunció el ceño en la bolsa.

―Estoy listo – dijo Hui, no se sentía nada cansado, a pesar de que él había conseguido sólo unas pocas horas de sueño y había trabajado todo el día. Él estaba demasiado emocionado de volver a ver al dragón.
―Ya veo, ¿qué es eso? – le preguntó Seung Sung, y cuando llegó a su mano, Hui le entregó el bolso para la inspección.
―Fue bastante aburrido anoche – dijo Hui – Sólo son algunos libros para leer y notas para pasar a limpio.

Y eso fue exactamente con lo que Hui había llenado su bolsa. Todo tipo de libros de ciencia ficción que harían que su hermano no sospechara nada, papeles y lápices para tomar notas cuando él intentara mejorar sus habilidades de cazar dragones.

―Pensé que podría verlo y anotar todo lo que hace. ¿Ver si puedo aprender algo acerca de él, sabes?

Seung Sung resopló, y él debió decidir que nada en la bolsa valía la pena perder su tiempo, porque se la devolvió a Hui.

―No sé lo que estás pensando que puedes aprender. El maldito dragón nunca mueve un músculo – respondió Seung Sung y luego pasó un parpadeo de preocupación en su rostro, pero se fue en un instante – Pero no dejes caer ninguno de tus lápices cerca de él. Puede apuñalarte con ellos.
―Lo sé – respondió Hui, pero con toda honestidad, él no había pensado en eso.

De hecho, había planeado darle al dragón los lápices, junto con algún papel, para ver si el hombre quería dibujar o algo. En caso de que leer para pasar el rato no fuera divertido para él esta noche. Tenía que pensar seriamente en ello. Su hermano asintió, le dio la llave, le dijo cuándo volvería y luego se marchó.

Por segunda vez, Hui se preguntaba qué estaba haciendo su hermano que era tan importante que estaba dispuesto a meterse en apuros dando su turno de vigilancia al Hui. Seung Sung era uno de los pocos que era confiado a hacerlo solo, especialmente porque este Dragón era considerado ser su premio. ¿Tal vez tenía una nueva novia con la que quiere pasar tiempo? De cualquier manera, era bastante para que Hui quisiera dejar de pensar todas estas cosas locas, como salir de los Templarios, o incluso dejar escapar al dragón. Toda su familia se originó a partir de los Templarios. Su madre era particularmente orgullosa de su herencia, y la familia de Hui había sido una de las primeras en tomar armas después de que los dragones se revelaron y modificado la mayoría del país, destruyendo las ciudades con las montañas que levantaron de la nada. Las montañas no deberían haber estado allí en absoluto.

Hui no tenía ninguna razón personal para odiar a los dragones. Las únicas personas que conocía que fueron asesinadas por ellos eran otros Templarios en su grupo, y él no había sido amigo de cualquiera de ellos. Su padre había sido asesinado por los dragones, pero Hui era tan joven que apenas recordaba al hombre. A veces se sentía culpable ya que realmente no le importaba tanto, pero él no podía menos que pensar que su padre aún estaría vivo si el hombre no se hubiera ido a cazar dragones en primer lugar. Por supuesto que iban a defenderse a sí mismos y a sus crías. Fue culpa del hombre que estuviera muerto, pero Hui nunca iba incluso a insinuar esas palabras en voz alta. Sería unas mil veces peor que admitir que era gay.

Hui tomó en una respiración profunda, y abrió la puerta del calabozo. Su amigo dragón estaba exactamente donde Hui le dejó la noche anterior, todavía de rodillas, todavía inmóvil, sólo hubo algunas diferencias notables. La principal diferencia eran las manchas rojas. El dragón estaba sangrando. Mucho.

―Madre de Dios – dijo Hui, corriendo hacia la jaula para ver mejor. El dragón levantó esos ojos de color ámbar para mirarlo, y Hui juró que el hombre le miraba fijamente – ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo esto? – preguntó. El dragón siguió mirándole. Él no tenía que decir algo para que Hui se sintiera muy avergonzado – Cierto.

Pregunta tonta. El dragón miró hacia abajo en sus manos, que estaban amoratadas e inflamadas. Su pecho tenía marcas de latigazos que parecían envolverse alrededor de sus hombros, y descendieron a sus muslos también. Si Hui verificase su espalda, estaba seguro de que encontraría más marcas de latigazos allí también.

―Encontraron tu libro – dijo el dragón. Los hombros de Hui cedieron. El dragón siguió – Estoy seguro de que puedes comprarte otro.

Hui meneó la cabeza.

―No es por el libro por lo que estoy triste. Sólo desearía no haber causado tantos problemas – dijo Hui.

Y entonces se dio cuenta de algo importante. ¡Me cago en la hostia! El dragón está hablando conmigo.

El dragón estaba hablando con él, y Hui había estado flipando tanto con las lesiones que estaban en todo su cuerpo que no se había dado cuenta. Todo lo que hizo fue quedarse de piedra allí, pasmado con la boca abierta como si fuera idiota. Hui se olvidó totalmente sobre los libros que él había planeado leer al dragón y de todo lo demás cuando él sacó su llave y abrió la puerta de la jaula. El dragón se tensó cuando Hui se acercó a él.

―No voy a hacerte daño – dijo Hui, y no lo hizo.

Hui sabía que ni en sus mejores sueños se salvaría de meterse en problemas por hacer algo como eso, pero tenía que hacerlo. Él iba a curar las heridas del dragón. En algunas de las otras bolsas que su hermano no se había tomado la molestia de mirar, Hui también había traído alcohol para la desinfección de heridas, e incluso algunas vendas. Aquellos eran para la piel que estaba en carne viva debajo de los grilletes en las muñecas del dragón y allí no tenía suficiente para todo el cuerpo del hombre, pero Hui utilizaría lo que pudiera.

El dragón permitió a Hui a trabajar. Hui no había creído que el hombre sería tan obediente, y cuando se dio cuenta que estaba tocando esa piel musculosa, notando hormiguear las yemas de sus dedos en cada contacto, Hui juró en voz baja. El Dragón podría intentar atacarle en cualquier momento. Había sido una idea estúpida venir aquí, sin embargo, el hombre le estaba dejando trabajar y el estúpido cuerpo de Hui estaba reaccionando. Se sintió como un pervertido, su pene estaba completamente empalmado porque él estaba tocando a otro hombre, otro hombre que estaba herido y encadenado al suelo.

―¿Te sientes mejor? – preguntó Hui cuando él terminó, retirando sus dedos de la espalda del dragón, al segundo que estuvo hecho.
―Sí, gracias – dijo el dragón, que estaba ahora mirándolo con un montón de interés.

Hui esperaba realmente que el hombre no pudiera decir qué estaba pasando con él cuando se levantó, salió de la jaula y luego otra vez la cerró con llave. Iba a ser una noche larga, y cuando hubiera terminado aquí, lo primero que iba a tener que hacer era cascársela en la ducha una vez más, porque la dureza entre sus piernas no parecía que iba a ablandarse pronto. Infierno, él podría tener que excusarse para encontrar algún lugar privado para hacerlo ahora, porque no estaba seguro de poder aguantar otras ocho horas.

―¿Por qué has atendido mis heridas? – preguntó el dragón.

Hui alcanzó el taburete que él había utilizado la noche anterior y tomó asiento, y cuando miró de vuelta al dragón, el hombre estaba mirando hacia abajo las manos vendadas, flexionando sus dedos, como si él estaba probando los límites de la envoltura.

―Porque no estaría bien dejarte así – dijo Hui simplemente.

Esperaba que el dragón entrara en una diatriba sobre cómo no estaba bien encadenarlo en primer lugar, pero permaneció en completo silencio, que fue un alivio. Hui no creía que él pudiera escuchar cómo fue criado para creer esas chorradas. A nivel lógico, él sabía que era verdad, pero cuando llegó al otro lado de él, el lado que quería estar con su familia y que estuvieran orgullosos de él... Él no miró al dragón durante mucho tiempo. Nada se dijo entre ellos hasta que el dragón habló, rompiendo el silencio.

―¿Tienes otro libro para leer?

Hui sonrió y miró al atractivo hombre. Ahora que él no estaba cubierto de sangre, realmente estaba buenísimo una vez más, y las vendas que se envolvían alrededor de él podía casi hacer a Hui olvidarse el hecho de que estaba desnudo, y que el pene del hombre estaba justo allí a simple vista. Él todavía no estaba escondiéndolo, como si no estuviera avergonzado por su desnudez.

―Sí, traje algo – dijo Hui, y sacó el primer libro de su serie de fantasía favoritos. Pawn of Prophesy por David Eddings.

Decidió que ya era un buen momento para llevar los sándwiches y la botella de zumo de fruta que había traído de contrabando. El dragón le dio las gracias por la comida y se puso lo más cómodo posible mientras comía, y Hui comenzó a leer. Cuando la secuela de la serie fue incluida, había mucho, no iban a leer todos los libros juntos. Hui incluso sería capaz de leer este libro en una noche, pero no había nada de malo en darle un buen intento. Al menos eso lo mantendría ocupado hasta el amanecer.

Entonces un pensamiento se le ocurrió a Hui, por primera vez desde que empezó la lectura. Seung Sung había visto todos los libros que Hui estaba planeando traer aquí. ¿Por qué no me han dicho que encontraron mi libro en la jaula del dragón? ¿No lo sabe? ¿O está tratando de protegerme de todo el mundo diciendo que el libro era mío? No importaba el motivo, volvería a su madre, puesto que ella sabía lo que a Hui le gustaba leer, pero hasta entonces, al menos él no sería la vergüenza de los Templarios una vez más.

Mientras Hui leía el libro, sus ojos volvieron de vez en cuando para conseguir algún vistazo del dragón y observó los vendajes. No iban a desparecer cuando se fuera, y aun si lo hicieran, la próxima persona que entrara para vigilar al dragón se daría cuenta. El prisionero había sido limpiado y sus heridas habían sido atendidas. No lo podía ocultar, por lo que Hui solo iba a admitir que él fue quien puso las vendas al dragón. Realmente soy un fracaso de Templario. Ni siquiera puedo ver a un dragón herido y no ayudarlo.

Joder, si hubiera podido, habría traído una almohada para que el hombre no tuviera que apoyarse en el suelo. Hui detuvo la lectura después de un tiempo, y cerró el libro. El dragón abrió los ojos y le miró fijamente unos instantes, y Hui había comenzado realmente a pensar que él asintió con la cabeza.

―¿Por qué has parado? – preguntó.
―¿Cómo te llamas? – le preguntó Hui, ignorando su pregunta. El dragón frunció el ceño. ―¿Quieres saber mi nombre?

Hui asintió con la cabeza. El dragón realmente sonrió un poco, mostrando los dientes blancos y esa preciosa sonrisa en la que Hui había pensado sin parar mientras que él había estado en las duchas esta mañana temprano ayer, mientras se masturbaba.

―Sabes que no eres la primera persona que me pregunta eso, ¿verdad?

Hui se lo figuraba.

―Todo el mundo dice que no hablas con nadie, pero estás hablando conmigo – respondió Hui – ¿Por qué haces eso?
―Eso son dos preguntas – dijo el dragón, girando los hombros – Estás siendo muy codicioso. ¿Qué quieres saber? ¿Por qué hablo contigo? O ¿cuál es mi nombre?
―Ambos – respondió Hui.
―Muy mal, escoge uno – dijo el dragón, y había suficiente holgura en sus cadenas para que él fuera capaz de cruzar sus brazos cuando él sonrió con esa sexy sonrisita.

Dios, está de toma pan y moja cuando hace eso… Y aunque Hui sabía que podía probablemente hacer todas las amenazas que quisiera, amenazas que nunca tendría las pelotas para llevarlas a cabo, pero incluso si lo hizo, el hombre no perdería su sonrisa, como no había hecho ni un ruido mientras le torturaban. Su mente nublada por la lujuria luchó para identificar cuál de esas dos preguntas era más importante para hacer. Escupió la primera cosa que vino a su mente.

―¿Por qué hablas conmigo y con nadie más?

¿Los ojos del dragón habían centelleado?

―Porque quiero follarte – dijo.

Pentagon

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4 Comentarios

  1. En serio que Hui corre peligro al seguir con los Templarios, él jamás será uno de ellos, estoy dudando que su familia en verdad lo sea.
    Para toda acción hay una reacción, y el cuidado que Hui brindó a E´dwan al curar sus heridas y alimentarlo, tuvo una respuesta por parte del dragón, inesperada, pero muy bien anhelada… o me vas a decir que no Hui… jajaja.

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  2. claramente hui no es como los otros templarios y me parece genial ya que de seguro podrá ayudar a e´dwan a escapar....

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  3. Aaahhhh mira... Que directo el muchacho... A ezte pasó a hui le va a dar el patatus

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  4. Por que creo que el hermano no le dijo nada por que pretende usarlo a favor, con esa respuesta le va a dar algo a Hui

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