Hui
miró al dragón durante mucho tiempo. El hombre no dijo nada. Sólo continuó
mirando a Hui como si él no hubiera dicho nada. Hui dejó su taburete para mirar
hacia abajo en el hombre. No estaba enfadado, y él no iba a probar cualquier
táctica de intimidación con sus armas porque, por un lado, sabía que no iba a
funcionar y, por otra parte, también sabía que no tenía estómago para ese tipo
de cosas.
―Está
bien, puedes hablar conmigo, no te haré daño – dijo él.
El
rostro del hombre se volvió, y por primera vez, miró a Hui como si fuese un
idiota. No dijo nada, pero él levantó una de sus manos, dejando que los
eslabones de metal tintinearan al tirar de los grilletes, como si eso fuera
suficiente prueba de que él ya estaba siendo lastimado. Incluso Hui podía ver
la piel roja enrojecida alrededor de los grilletes, y que definitivamente
estaba igual de mal bajo el metal.
―Lo
siento – dijo Hui, sin saber por qué sintió la necesidad de pedir perdón – Son
para evitar que te muevas y nos hieras, lo sabes, ¿verdad?
El
dragón no dijo nada, pero Hui sabía que el hombre le había oído. ¡Estoy seguro! ¿Estaba pensando en voz alta?
Tal vez las palabras habían dejado la garganta del dragón antes de que él
pudiera pararlas para pensarlo dos veces.
Hui
había leído suficientes novelas para saber que el aburrimiento puede ser una
forma de tortura en sí misma. Sin nada que hacer más que pensar sobre todas las
cosas terribles que podrían suceder, todas las formas en que podría morir. No
puede ser una divertida forma de pasar el tiempo. El dragón probablemente había
visto el libro en la mano de Hui, y había hablado sin pensar en él.
Hui
miró el libro, su posesión más preciada y luego al dragón. Por supuesto que no
le daría el libro. Sólo un idiota haría algo como eso. Demonios, el dragón
probablemente sólo lo quería para arrancarle las páginas justo delante de la
cara de Hui. Pero Hui sintió sentimientos revolviéndose dentro de él cada vez
que miraba la cara del dragón. Sintió lástima. Compasión y la necesidad de
hacer algo para disminuir el dolor que muy probablemente estaba sintiendo el
dragón.
―¿Quieres
que te lea un poco? – le ofreció Hui.
El
dragón no dijo nada, pero la chispa en sus ojos era muy notable. Tanto como
para que Hui alcanzara su taburete, lo agarró y tiró de él más cerca a los
barrotes. No tenía que preocuparse porque el dragón le alcanzara y lo agarrara
entre los barrotes. Los grilletes podrían evitar que hiciera precisamente eso.
Así que, todo lo que hizo Hui fue leer.
Comenzó
en la primera página, asumiendo que este Dragón nunca había leído el hobbit
antes. Todo estaba tranquilo, y con el sonido de su propia voz en el aire, Hui
se encontró sumergido en la historia. Al final del primer capítulo, él miró al
dragón, que le miraba con interés. Bueno, parecía que le gustaba la historia.
Luego Hui pensó que él debería disculparse por la elección.
―Uh,
sí, no sé si viste la película o te leíste el libro, pero el dragón muere al
final – dijo Hui.
Normalmente
estaba en contra de los spoilers, pero en este caso, pensó que era apropiado
decirle al Dragón cuál sería el destino de Smaug.
―Tolkien
no está contra los dragones reales ni nada. Sabes, estos libros fueron escritos
antes de que los dragones salieran a la luz, así que no creo que hubiera nada
personal, y no lo estoy leyendo debido ello tampoco, aunque mi mamá y mi
hermano creen que lo estoy haciendo por eso. Pero en verdad es sólo una
divertida historia de aventuras, ¿Sabes?
No
sabía lo que él había estado esperando. ¿Tal vez que el dragón empezara a hablar
conmigo? ¿Le gustaran tanto las novelas
de fantasía y ciencia ficción como a mí? Sí, no es muy probable. Nadie
parecía interesado en las cosas de nerd que a Hui le gustaban, así que no tenía
sentido tratar de hacer una conexión así. Y ¿por
qué diablos lo intento?
Él
se sentía gravemente confundido, porque no era como si pudiera ser amigo de
este hombre. Los ojos de Hui miraron hacia abajo otra vez sin darse cuenta y… Dios Santo, este dragón tiene una polla
enorme. ¿Los Dragones no tienen vergüenza? ¿Por qué no está intentando
ocultarlo? ¿Por qué me he empalmado? Y mejor aún, ¿por qué todavía le estoy
mirando el paquete?
Él
desvió la mirada, su rostro ardiendo de vergüenza. Sus ojos volvieron a la cara
del dragón, y la maldita criatura estaba sonriéndole. El dragón no sólo le
estaba sonriendo, le sonreía con ironía. Disfrutando de haberle pillado
haciendo algo que no debería hacer. Hui despejó su garganta y miró de vuelta en
su libro.
―Bien
¿por dónde íbamos?
Continuó
con la lectura. Él estaba tan interesado en el libro y amaba la historia tanto
que realmente comenzó a hacer algunas de las voces sin darse cuenta hasta que
fue demasiado tarde. Fue embarazoso al principio, pero… ¿A quién se lo va a
contar? Así que Hui continuó. Al menos sería un poco de diversión para los dos.
Hui estaba por terminar el libro cuando unos golpes sonaron en la puerta y la
voz de Seung Sung le llamó.
―Hey,
¿todavía estás vivo?
Hui
revisó su reloj. Había amanecido ya, y aún le quedaban bastantes páginas para
acabar el libro.
―Sí,
estoy vivo. Ya voy – contestó Hui – Lo siento, tengo que irme – dijo Hui al
dragón, como si él estuviera disculpándose con un amigo de la infancia porque
su madre lo llamaba para que se fuera a dormir o algo así.
¿Es pesar lo que veo en
sus ojos dorados? ¿El dragón no quiere que me vaya? Era poco probable. Hui
apartó el pensamiento fuera de su mente inmediatamente porque ni en sueños algo
como eso era posible. Lo más probable era que el dragón supiera iba a estar
aburrido el resto del día. El entretenimiento se iba, y Hui sintió esos
sentimientos de piedad revolverse otra vez dentro de él. A diferencia de épocas
anteriores con los otros dragones, en que él no pudo hacer nada para ayudar, Hui
quería hacer algo. Quería hacer que el día fuera más fácil para el dragón.
Se
acercó a los barrotes y se puso de rodillas. El dragón sólo levantó una de esas
cejas perfectas en él. Hui miró hacia abajo en su libro, con el lomo desgastado
y raído que podría rasgarse en cualquier segundo. Las páginas estaban
arrugadas, y los algunos bordes estaban doblados. Algunas de las páginas habían
tenido que ser grapadas en su lugar. No era como si El Hobbit fuera un libro
muy raro, pero si este Dragón lo destruía, a Hui le sería imposible encontrar
otra copia tan barata. De alguna manera, sin embargo, la idea de esta copia en
particular siendo destruida rompería su corazón, pero iba a asumir el riesgo de
todos modos.
Pasó
cuidadosamente el libro a través de las barras y se lo arrojó al dragón.
Aterrizó a su alcance, y las cejas del dragón se levantaron cuando lo vio antes
de mirar a Hui.
Hui
realmente esperaba que todavía estuviera de una sola pieza cuando él volviera y
que no pillaran al dragón con él, porque entonces Hui sabía que nunca sería
alguien de confianza para algo más que barrer el suelo, y su madre sin lugar a
dudas no se lo tomaría bien cuando confesara que le gustaban las pollas. Pero Hui
también sabía que a los guardias que tenían el turno de la mañana les gustaba
dormir en el trabajo, así que no debería ser un riesgo demasiado grande. Hui se
llevó un dedo a los labios, señalando que el dragón debía estar en silencio.
Eso podría haber sido un poco tonto, ya que este Dragón parecía no querer
hablar.
―No
le digas nada a nadie. O nos meteremos en un lío. Volveré esta noche – dijo Hui,
y realmente tenía la esperanza de que él estaría de vuelta, y que su libro
estaría de una sola pieza cuando él volviera. Hui se puso de pie y se volvió,
apenas cuando el dragón estiró su mano para tomar el libro.
―Gracias.
La
palabra fue pronunciada tan suavemente detrás de él que Hui se la hubiera
perdido si la sala no hubiera estado en completo silencio. Él se giró,
observando que el dragón no estaba mirándolo, y que el libro ya estaba oculto
detrás de él. Probablemente para la próxima ronda de Templarios que vinieran a
vigilarle. Hui sonreía y esperaba que él le hubiera dado cierto nivel de
comodidad, y entonces abrió la puerta y se reunió con su hermano fuera.
Seung
Sung revisó al preso, y parecía muy impresionado por el hecho de que todo
estaba todavía en su lugar, que el dragón estaba todavía allí. Como si él
hubiera pensado que Hui le ayudaría a escapar o algo.
―Bien,
tengo que decir que esto se ve muy bien.
―¿Significa
eso que puedo volver y vigilarlo esta noche? – preguntó Hui. Seung Sung le miró
duramente, lo miró como si sopesara sus opciones y luego sonrió.
―Bien,
no veo por qué no. Pero no te duermas durante tus quehaceres hoy, o no puedo
garantizar nada.
Sus
tareas no empezaban hasta dentro de tres horas. Hui podría tener una siesta
entonces y estar dispuesto a pasar otra noche en esa habitación con el dragón.
El dragón desnudo, que fue encerrado como una bestia. Oh Dios, antes de que
pudiera dormir, Hui iba a tener que cuidar de la erección entre sus piernas,
porque ahora que estaba finalmente libre de la habitación, no estaba mejorando.
Se estaba poniendo peor.
―¿Qué
pasa contigo? – Preguntó Seung Sung. Hui meneó la cabeza y él inmediatamente
giró y se fue, con la esperanza de conseguir un baño privado con ducha antes de
acostarse.
―Nada,
necesito dormir ahora antes de iniciar mis tareas. ¡Nos vemos esta noche! –
dijo Hui y corrió tan rápido como pudo a las duchas.
Necesitaba
utilizarlas solo antes de que nadie se metiera en ellas. Estaba cachondo, pero
él no iba a masturbarse delante del resto de los hombres. Sería demasiado raro.
Incluso más extraño que estar empalmado por un prisionero desnudo. Un chico que
no tenía control sobre lo que le ocurría mientras estaba aquí. Hui estaba
bastante seguro de que había un lugar especial en el infierno reservado para
él.
Como
prometió, fue capaz de volver por la noche, después de terminar sus otras
tareas, que eran un verdadero coñazo, como afilar las espadas e incluso
preparar comida para otros Templarios, quienes eran considerados más dignos por
cazar dragones.
La
última parte a Hui no le importaba tanto. A pesar de que sabía que iba a ser
una especie de castigo por todos sus otros defectos, tener que servir a los
demás hombres. Y aunque naturalmente todos se burlaban de él cuando tuvieron la
oportunidad, aún le gustaba estar en la cocina. Le permitía ayudar al pastor
arriba cuando preparaba las comidas para el albergue local. A veces Hui pensaba
que estaba en el negocio equivocado. Él probablemente sólo debería decirle a su
madre y su hermano que no estaba hecho para cazar dragones, y que quería ayudar
a la iglesia de otras maneras.
Por
supuesto, esta misma iglesia no quería tener nada que ver con él, no importa
cuántas comidas para los necesitados ayudó a empacar, al segundo en que se
enteraran sobre lo que él realmente era. El Pastor era un hombre bueno y todo,
pero Hui incluso había perdido la esperanza de que sería bienvenido,
especialmente después de que él hubiera visto al hombre recomendar terapia a
una pareja, que le preocupaba que su hija podría ser “bi-curiosa”. UGH, que putada.
De
cualquier manera, estar en la cocina le permitió un segundo beneficio. Él era
capaz de hacer sus propias comidas a su antojo, así que cuando alguien lo vio salir
de la cocina con un par de bocadillos, nadie lo cuestionó, o incluso lo miró
dos veces, suponiendo que lo iba a comer solo en su habitación, lejos de los
otros hombres que no querían estar cerca de él de todos modos. Hui había
guardado esos bocadillos para la noche.
Él
no estaba seguro de que el dragón estuviera siendo alimentado mientras estaba
aquí, pero Hui no había recibido alimento ni agua con instrucciones para
alimentar al hombre. Por lo tanto, iba a hacerlo esta noche. Él no podía
esperar y dejar que los otros hombres dejaran morir de hambre al dragón.
Parecía demasiado hipócrita para él. Una cosa era mantenerlo en una jaula, pero
era otra cosa enteramente distinta negarle agua y comida cuando a Hui le daba
tanto placer preparar comida para las personas sin hogar.
Tal
vez todo lo que estaba haciendo era confuso. Tal vez él no debería estar
haciendo esto en absoluto. Ese pensamiento hizo que Hui se parara en mitad de
camino y sintiera como si su sangre realmente se estuviera congelando en sus
venas. No es posible. Ese pensamiento no pasó sólo a través de su cabeza. ¿Estaré perdiendo la cabeza? ¿Cómo puedo
pensar algo como eso? ¿Sobre todo cuando yo mismo sé lo peligroso que pueden
ser los dragones?
Hui
sacudió el pensamiento de su cabeza, y escondió la comida en los bolsillos de
su uniforme mientras caminaba por los pasillos. Tenía una bandolera marrón
colgando de su hombro, algo un poco más obvio que su hermano podría supervisar.
Entonces quizás el hombre no rebuscaría en sus bolsillos. No es que Seung Sung
le hubiera registrado la última vez, lo que era extraño puesto ya que todo el
mundo debía ser registrado antes de ver a un preso, para evitar que aquellos
que tenían dudas los liberaran, pero Hui no iba a aprovechar la oportunidad
ahora. Seung Sung le saludó con una sonrisa, pero frunció el ceño en la bolsa.
―Estoy
listo – dijo Hui, no se sentía nada cansado, a pesar de que él había conseguido
sólo unas pocas horas de sueño y había trabajado todo el día. Él estaba
demasiado emocionado de volver a ver al dragón.
―Ya
veo, ¿qué es eso? – le preguntó Seung Sung, y cuando llegó a su mano, Hui le
entregó el bolso para la inspección.
―Fue
bastante aburrido anoche – dijo Hui – Sólo son algunos libros para leer y notas
para pasar a limpio.
Y
eso fue exactamente con lo que Hui había llenado su bolsa. Todo tipo de libros
de ciencia ficción que harían que su hermano no sospechara nada, papeles y
lápices para tomar notas cuando él intentara mejorar sus habilidades de cazar
dragones.
―Pensé
que podría verlo y anotar todo lo que hace. ¿Ver si puedo aprender algo acerca
de él, sabes?
Seung
Sung resopló, y él debió decidir que nada en la bolsa valía la pena perder su
tiempo, porque se la devolvió a Hui.
―No
sé lo que estás pensando que puedes aprender. El maldito dragón nunca mueve un
músculo – respondió Seung Sung y luego pasó un parpadeo de preocupación en su
rostro, pero se fue en un instante – Pero no dejes caer ninguno de tus lápices
cerca de él. Puede apuñalarte con ellos.
―Lo
sé – respondió Hui, pero con toda honestidad, él no había pensado en eso.
De
hecho, había planeado darle al dragón los lápices, junto con algún papel, para
ver si el hombre quería dibujar o algo. En caso de que leer para pasar el rato
no fuera divertido para él esta noche. Tenía que pensar seriamente en ello. Su
hermano asintió, le dio la llave, le dijo cuándo volvería y luego se marchó.
Por
segunda vez, Hui se preguntaba qué estaba haciendo su hermano que era tan
importante que estaba dispuesto a meterse en apuros dando su turno de vigilancia
al Hui. Seung Sung era uno de los pocos que era confiado a hacerlo solo,
especialmente porque este Dragón era considerado ser su premio. ¿Tal vez tenía una nueva novia con la que
quiere pasar tiempo? De cualquier manera, era bastante para que Hui
quisiera dejar de pensar todas estas cosas locas, como salir de los Templarios,
o incluso dejar escapar al dragón. Toda su familia se originó a partir de los
Templarios. Su madre era particularmente orgullosa de su herencia, y la familia
de Hui había sido una de las primeras en tomar armas después de que los
dragones se revelaron y modificado la mayoría del país, destruyendo las
ciudades con las montañas que levantaron de la nada. Las montañas no deberían
haber estado allí en absoluto.
Hui
no tenía ninguna razón personal para odiar a los dragones. Las únicas personas
que conocía que fueron asesinadas por ellos eran otros Templarios en su grupo,
y él no había sido amigo de cualquiera de ellos. Su padre había sido asesinado
por los dragones, pero Hui era tan joven que apenas recordaba al hombre. A
veces se sentía culpable ya que realmente no le importaba tanto, pero él no
podía menos que pensar que su padre aún estaría vivo si el hombre no se hubiera
ido a cazar dragones en primer lugar. Por supuesto que iban a defenderse a sí
mismos y a sus crías. Fue culpa del hombre que estuviera muerto, pero Hui nunca
iba incluso a insinuar esas palabras en voz alta. Sería unas mil veces peor que
admitir que era gay.
Hui
tomó en una respiración profunda, y abrió la puerta del calabozo. Su amigo
dragón estaba exactamente donde Hui le dejó la noche anterior, todavía de
rodillas, todavía inmóvil, sólo hubo algunas diferencias notables. La principal
diferencia eran las manchas rojas. El dragón estaba sangrando. Mucho.
―Madre
de Dios – dijo Hui, corriendo hacia la jaula para ver mejor. El dragón levantó
esos ojos de color ámbar para mirarlo, y Hui juró que el hombre le miraba
fijamente – ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo esto? – preguntó. El dragón siguió
mirándole. Él no tenía que decir algo para que Hui se sintiera muy avergonzado
– Cierto.
Pregunta
tonta. El dragón miró hacia abajo en sus manos, que estaban amoratadas e
inflamadas. Su pecho tenía marcas de latigazos que parecían envolverse
alrededor de sus hombros, y descendieron a sus muslos también. Si Hui
verificase su espalda, estaba seguro de que encontraría más marcas de latigazos
allí también.
―Encontraron
tu libro – dijo el dragón. Los hombros de Hui cedieron. El dragón siguió –
Estoy seguro de que puedes comprarte otro.
Hui
meneó la cabeza.
―No
es por el libro por lo que estoy triste. Sólo desearía no haber causado tantos
problemas – dijo Hui.
Y
entonces se dio cuenta de algo importante. ¡Me
cago en la hostia! El dragón está hablando conmigo.
El
dragón estaba hablando con él, y Hui había estado flipando tanto con las
lesiones que estaban en todo su cuerpo que no se había dado cuenta. Todo lo que
hizo fue quedarse de piedra allí, pasmado con la boca abierta como si fuera
idiota. Hui se olvidó totalmente sobre los libros que él había planeado leer al
dragón y de todo lo demás cuando él sacó su llave y abrió la puerta de la
jaula. El dragón se tensó cuando Hui se acercó a él.
―No
voy a hacerte daño – dijo Hui, y no lo hizo.
Hui sabía que ni en sus mejores sueños se
salvaría de meterse en problemas por hacer algo como eso, pero tenía que
hacerlo. Él iba a curar las heridas del dragón. En algunas de las otras bolsas
que su hermano no se había tomado la molestia de mirar, Hui también había
traído alcohol para la desinfección de heridas, e incluso algunas vendas.
Aquellos eran para la piel que estaba en carne viva debajo de los grilletes en
las muñecas del dragón y allí no tenía suficiente para todo el cuerpo del
hombre, pero Hui utilizaría lo que pudiera.
El dragón permitió a Hui a trabajar. Hui no
había creído que el hombre sería tan obediente, y cuando se dio cuenta que
estaba tocando esa piel musculosa, notando hormiguear las yemas de sus dedos en
cada contacto, Hui juró en voz baja. El Dragón podría intentar atacarle en
cualquier momento. Había sido una idea estúpida venir aquí, sin embargo, el
hombre le estaba dejando trabajar y el estúpido cuerpo de Hui estaba
reaccionando. Se sintió como un pervertido, su pene estaba completamente
empalmado porque él estaba tocando a otro hombre, otro hombre que estaba herido
y encadenado al suelo.
―¿Te sientes mejor? – preguntó Hui cuando él
terminó, retirando sus dedos de la espalda del dragón, al segundo que estuvo
hecho.
―Sí, gracias – dijo el dragón, que estaba ahora
mirándolo con un montón de interés.
Hui esperaba realmente que el hombre no pudiera
decir qué estaba pasando con él cuando se levantó, salió de la jaula y luego
otra vez la cerró con llave. Iba a ser una noche larga, y cuando hubiera
terminado aquí, lo primero que iba a tener que hacer era cascársela en la ducha
una vez más, porque la dureza entre sus piernas no parecía que iba a ablandarse
pronto. Infierno, él podría tener que excusarse para encontrar algún lugar privado
para hacerlo ahora, porque no estaba seguro de poder aguantar otras ocho horas.
―¿Por qué has atendido mis heridas? – preguntó
el dragón.
Hui alcanzó el taburete que él había utilizado
la noche anterior y tomó asiento, y cuando miró de vuelta al dragón, el hombre
estaba mirando hacia abajo las manos vendadas, flexionando sus dedos, como si
él estaba probando los límites de la envoltura.
―Porque no estaría bien dejarte así – dijo Hui
simplemente.
Esperaba que el dragón entrara en una diatriba
sobre cómo no estaba bien encadenarlo en primer lugar, pero permaneció en
completo silencio, que fue un alivio. Hui no creía que él pudiera escuchar cómo
fue criado para creer esas chorradas. A nivel lógico, él sabía que era verdad,
pero cuando llegó al otro lado de él, el lado que quería estar con su familia y
que estuvieran orgullosos de él... Él no miró al dragón durante mucho tiempo.
Nada se dijo entre ellos hasta que el dragón habló, rompiendo el silencio.
―¿Tienes otro libro para leer?
Hui sonrió y miró al atractivo hombre. Ahora
que él no estaba cubierto de sangre, realmente estaba buenísimo una vez más, y
las vendas que se envolvían alrededor de él podía casi hacer a Hui olvidarse el
hecho de que estaba desnudo, y que el pene del hombre estaba justo allí a
simple vista. Él todavía no estaba escondiéndolo, como si no estuviera
avergonzado por su desnudez.
―Sí, traje algo – dijo Hui, y sacó el primer
libro de su serie de fantasía favoritos. Pawn of Prophesy por David Eddings.
Decidió que ya era un buen momento para llevar
los sándwiches y la botella de zumo de fruta que había traído de contrabando.
El dragón le dio las gracias por la comida y se puso lo más cómodo posible
mientras comía, y Hui comenzó a leer. Cuando la secuela de la serie fue
incluida, había mucho, no iban a leer todos los libros juntos. Hui incluso
sería capaz de leer este libro en una noche, pero no había nada de malo en
darle un buen intento. Al menos eso lo mantendría ocupado hasta el amanecer.
Entonces un pensamiento se le ocurrió a Hui,
por primera vez desde que empezó la lectura. Seung Sung había visto todos los
libros que Hui estaba planeando traer aquí. ¿Por
qué no me han dicho que encontraron mi libro en la jaula del dragón? ¿No lo
sabe? ¿O está tratando de protegerme de todo el mundo diciendo que el libro era
mío? No importaba el motivo, volvería a su madre, puesto que ella sabía lo
que a Hui le gustaba leer, pero hasta entonces, al menos él no sería la
vergüenza de los Templarios una vez más.
Mientras Hui leía el libro, sus ojos volvieron
de vez en cuando para conseguir algún vistazo del dragón y observó los
vendajes. No iban a desparecer cuando se fuera, y aun si lo hicieran, la
próxima persona que entrara para vigilar al dragón se daría cuenta. El prisionero
había sido limpiado y sus heridas habían sido atendidas. No lo podía ocultar,
por lo que Hui solo iba a admitir que él fue quien puso las vendas al dragón. Realmente soy un fracaso de Templario. Ni
siquiera puedo ver a un dragón herido y no ayudarlo.
Joder, si hubiera podido, habría traído una
almohada para que el hombre no tuviera que apoyarse en el suelo. Hui detuvo la
lectura después de un tiempo, y cerró el libro. El dragón abrió los ojos y le
miró fijamente unos instantes, y Hui había comenzado realmente a pensar que él
asintió con la cabeza.
―¿Por qué has parado? – preguntó.
―¿Cómo te llamas? – le preguntó Hui, ignorando
su pregunta. El dragón frunció el ceño. ―¿Quieres saber mi nombre?
Hui asintió con la cabeza. El dragón realmente
sonrió un poco, mostrando los dientes blancos y esa preciosa sonrisa en la que Hui
había pensado sin parar mientras que él había estado en las duchas esta mañana
temprano ayer, mientras se masturbaba.
―Sabes que no eres la primera persona que me
pregunta eso, ¿verdad?
Hui se lo figuraba.
―Todo el mundo dice que no hablas con nadie,
pero estás hablando conmigo – respondió Hui – ¿Por qué haces eso?
―Eso son dos preguntas – dijo el dragón,
girando los hombros – Estás siendo muy codicioso. ¿Qué quieres saber? ¿Por qué
hablo contigo? O ¿cuál es mi nombre?
―Ambos – respondió Hui.
―Muy mal, escoge uno – dijo el dragón, y había
suficiente holgura en sus cadenas para que él fuera capaz de cruzar sus brazos
cuando él sonrió con esa sexy sonrisita.
Dios,
está de toma pan y moja cuando hace eso… Y aunque Hui sabía
que podía probablemente hacer todas las amenazas que quisiera, amenazas que
nunca tendría las pelotas para llevarlas a cabo, pero incluso si lo hizo, el
hombre no perdería su sonrisa, como no había hecho ni un ruido mientras le
torturaban. Su mente nublada por la lujuria luchó para identificar cuál de esas
dos preguntas era más importante para hacer. Escupió la primera cosa que vino a
su mente.
―¿Por qué hablas conmigo y con nadie más?
¿Los ojos del dragón habían centelleado?
―Porque quiero follarte – dijo.
Pentagon

4 Comentarios
En serio que Hui corre peligro al seguir con los Templarios, él jamás será uno de ellos, estoy dudando que su familia en verdad lo sea.
ResponderBorrarPara toda acción hay una reacción, y el cuidado que Hui brindó a E´dwan al curar sus heridas y alimentarlo, tuvo una respuesta por parte del dragón, inesperada, pero muy bien anhelada… o me vas a decir que no Hui… jajaja.
claramente hui no es como los otros templarios y me parece genial ya que de seguro podrá ayudar a e´dwan a escapar....
ResponderBorrarAaahhhh mira... Que directo el muchacho... A ezte pasó a hui le va a dar el patatus
ResponderBorrarPor que creo que el hermano no le dijo nada por que pretende usarlo a favor, con esa respuesta le va a dar algo a Hui
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