Dong
Won llevó la camioneta al frente de la casa de Heejun y apagó el motor. Apoyó
los brazos sobre el volante mientras revisaba el área alrededor del edificio.
Algo
estaba mal, pero maldición si podía entender lo que era. Entreabrió la puerta
con cautela y luego la abrió. El fuerte aire de la noche le trajo nada más que
los olores que debería haber allí. Sin embargo, él sabía que algo andaba mal.
—
Heejun, quédate en la camioneta hasta que revise las cosas. — Su tono no
admitía discusiones.
Él
estaría haciéndole a Jihun y a Heejun un gran daño si no revisaba las cosas
antes de permitir que Heejun saliera del vehículo. Heejun no lo entendía, pero Dong
Won esperaba que el hombre de todos modos lo escuchara.
Dong
Won escudriñó la zona mientras lentamente se acercaba a la puerta principal.
Cuanto más se acercaba a la casa, más fuerte era la sensación de que algo
andaba mal. Dong Won supo que tenía razón cuando se acercó a la puerta y se dio
cuenta que estaba entreabierta. Los humanos podían ser estúpidos cuando se
trataba de los peligros reales del mundo, pero por lo general trataban de
mantener sus puertas cerradas a esta hora de la noche.
Dong
Won abrió la puerta, sus garras extendidas en caso de que fuera necesario
defenderse, o a alguien más. Por lo que él sabía, el compañero de cuarto de Heejun,
Yoshi, debería haber estado en casa, pero el lugar estaba extrañamente
tranquilo.
Demasiado
tranquilo.
Dong
Won entró en la casa y miró alrededor. Una vez más, nada parecía estar fuera de
lugar, pero seguía con esa sensación de hormigueo en la base del cráneo que le
decía que no todo era lo que parecía. Algo estaba definitivamente mal.
Dong
Won comenzó a retirarse de la casa, listo para correr de regreso al vehículo y Heejun
tendría que regresar en otro momento, de preferencia con un montón de apoyo,
cuando oyó un crujido en la madera por encima de su cabeza.
Dong
Won se congeló excepto para levantar su nariz en el aire y respirar
profundamente. Él olor era de humano, y el humano estaba herido. El fuerte olor
a sangre impregnaba el aire. Dong Won rezó que no fuera Yoshi el compañero de
cuarto de Heejun, Heejun se enojaría mucho.
Y
Dong Won odiaba tratar con humanos enojados.
Se
dirigió hacia las escaleras y luego se pegó a la pared. Él respiró
profundamente y luego se asomó por la esquina. La escalera parecía vacía. Dong
Won cuidadosamente se dirigió hacía las escaleras, pisando los bordes de cada
escalón en caso de que las juntas crujieran. Si alguien estuviera arriba, Dong
Won no quería descubrir su llegada más de lo que ya lo había hecho.
Dong
Won acababa de llegar a la cima de la escalera cuando oyó un grito desde el
exterior. Heejun le gritaba. Sin pensarlo, Dong Won se giró y corrió bajando las
escaleras tan rápido como sus pies se lo permitieron. Saltó los últimos
escalones y corrió hacia la puerta frontal. Su corazón latía con las diferentes
escenas en su cabeza sobre lo que podría encontrar.
Pero
nada podría haberlo preparado para lo que vio en el momento en que cruzó la
puerta. Dong Won estaba seguro de que en todos sus años como una bestia alada
nada lo preparó para lo que veía frente a él.
Jihun
yacía inconsciente en el suelo en medio del patio. El vehículo en el que
viajaban parecía como si una roca lo hubiera aplastado. La cabina estaba
aplastada, las ventanas destrozadas. Heejun estaba adelante de Jihun,
blandiendo un gran palo de un lado a otro. Y justo en frente de Heejun estaba
uno de los más grandes perros del infierno que hubiera visto.
Dong
Won al instante se dirigió hacia el perro del infierno, agarrándolo por el
cuello. Afiladas garras se clavaron en sus brazos mientras luchaba con el
perro. Con un fuerte impulso Dong Won jaló al perro del infierno más allá de Heejun
y Jihun hacia un lado del vehículo. Sacudió la cabeza mientras perdía el
control sobre el perro cuando chocaron contra el lateral de la camioneta. Le
dio a la bestia tiempo suficiente para alejarse de él y saltar hacia Heejun.
—
¡Oh infierno no! — Dong Won gritó mientras saltaba tras el violento perro del
infierno.
Él
no iba a fallarle al zaterio de su amigo, no después de presenciar a Heejun
tratando de defenderse del perro con un palo. Heejun estaba aterrorizado. Dong
Won podía oler su miedo en el aire. Pero el hombre seguía firme, defendiendo a Jihun.
Quizás era necesario volver a evaluar su opinión sobre el pequeño humano.
Y
conseguirle un cuchillo.
Heejun
seguía tratando de golpear al perro del infierno en la cabeza con el palo en su
mano. Todo lo que estaba haciendo era enojando a la maldita cosa, incluso si él
estaba haciendo un trabajo bastante bueno deteniendo a la bestia.
—
La marca detrás de la oreja — gritó Dong Won mientras desgarraba la espalda del
perro del infierno con sus garras. — Hay que apuñalarlo en la marca detrás de
su oreja. Es la única forma de matarlo.
Heejun
lo miró por un momento y luego comenzó a apuñalar al perro del infierno con el
palo. Dong Won se habría reído si no hubiera estado luchando por su vida.
Acuchillar al perro del infierno con un palo no iba malditamente a funcionar.
Las
cejas de Dong Won se elevaron cuando el palo de Heejun golpeó justo en la marca
del perro del infierno y la maldita bestia cayó al suelo. Se puso de pie
lentamente y levantó la mirada al ver al perro muerto por el zaterio de Jihun. Heejun
ni siquiera estaba prestando atención. Él se giró y se dejó caer de rodillas,
sosteniendo la cabeza de Jihun en su regazo.
—
Me jodió corriendo — murmuró. — ¡Él lo hizo!
—
¿Hizo qué?
Heejun
podía oír a Namjoon y a Dong Won hablar detrás de él, pero no podía importarle menos
lo que estaban hablando. Toda su atención estaba centrada en el hombre
inconsciente en el suelo. Jihun aún estaba fuera de combate, sólo que ahora,
tenía nuevos cortes y contusiones en él, a juego con sus lesiones anteriores.
Por
el rabillo del ojo, Heejun vio a Dong Won entrar en la casa, pero él estaba
demasiado ocupado preocupándose por Jihun como para preocuparse por lo que el
hombre estaba haciendo. Segundos después estaba de regreso, hablando en voz
baja de nuevo con Namjoon.
Heejun
nunca había estado tan asustado en su vida como lo había estado cuando ese
perro del infierno los atacó. Él había jalado a Jihun lo más lejos del asiento,
con la esperanza de que si el perro no podía llegar a ellos antes de que
regresara Dong Won, estarían bien.
Eso
no funcionó tan bien para él.
El
maldito perro simplemente comenzó a aplastar el techo del carro. Heejun había
pateado la puerta y jalado a Jihun fuera. Había encontrado el arma más cercana
que pudo tener en sus manos, un palo y empezó a blandirlo de un lado a otro
como una espada para mantener al perro del infierno lejos.
Había
estado tan asustado de que Dong Won no regresara a tiempo. Sin embargo, lo
había hecho y ahora el perro del infierno estaba muerto. Pero Jihun aún no
despertaba. Heejun quería ir a algún lugar seguro y sólo esconderse hasta que
este mundo loco en el que estaba viviendo comenzara a tener sentido de nuevo.
Tenía miedo de que fuera demasiado tarde para eso.
Iba
a ser un energúmeno loco por el resto de su vida.
—
¿Él hizo qué?
El
grito de Namjoon le recordó a Heejun que no estaba solo. Había dos hombres
detrás de él, y conocían más a Jihun que él. De alguna manera, eso no le caía
bien a Heejun, sobre todo porque no sabía cómo cuidar adecuadamente la
condición de su pareja.
—
No va a despertar — dijo Heejun cuando se giró para ver a los dos hombres, con
la esperanza de obtener una respuesta. Si Jihun no despertaba nunca, Heejun no
sabía lo que iba a hacer. Estar en el mundo de las bestias aladas no sería
exactamente lo mismo sin su pareja a su lado. — ¿Por qué no despierta?
—
Está bien, zaterio — dijo Dong Won suavemente mientras caminaba hacia adelante
y se ponía en cuclillas junto a Heejun. Rápidamente revisó a Jihun antes de
sonreírle a Heejun, era un poco escalofriante teniendo en cuenta que el hombre
nunca parecía sonreír antes de ahora. — Él está en un sueño reparador. Es
natural para nosotros. Se despertará cuando su cuerpo se haya curado lo
suficiente.
—
Pero…
—
Jihun estará bien, Heejun. Te lo prometo. Él sólo necesita descansar.
Heejun
no estaba seguro de que Dong Won pudiera prometerle que el sol saldría por la
mañana porque ya no estaba seguro de que lo haría. Si lo hiciera, probablemente
sería púrpura o algo así.
—
Lo hiciste bien, zaterio.
Sí,
estaba perdiendo la cabeza.
—
¿Cómo están Yoshi y Ju Ne? — Heejun preguntó.
—
¿Ju Ne?
Heejun
suspiró mientras pasaba sus dedos por el suave cabello de Jihun.
—
Es mi otro compañero de cuarto, pero nunca está en casa. Es un adicto al
trabajo.
—
Yo sólo encontré un cuerpo, Heejun.
Los
ojos de Heejun se llenaron de lágrimas. Si Yoshi estuviera vivo, Dong Won no
hubiera dicho la palabra cuerpo. Se limpió las lágrimas con su camisa
mientras veía a Jihun, asintiendo mientras más lágrimas se deslizaron por sus
mejillas. Yoshi pudo haber estado flotando a lo largo de la vida, pero era un
buen tipo. Él no merecía morir.
—
Tengo que llamar a su mamá — dijo Heejun. — Ella tiene que saber.
—
Está bien.
La
cabeza de Heejun cayó rápidamente.
—
Mi mochila aún debe de estar en el patio trasero. ¿Puedes traérmela? — Se había
olvidado por completo de todo. No sólo estaban las llaves en su mochila, sino
también su teléfono celular y su cartera.
Dong
Won corrió hacia el patio trasero y luego regresó con la mochila de Heejun. La
correa rota envió un escalofrío por la espina dorsal de Heejun, recordándole
cómo empezó todo esto. Sentía como si ese perro lo hubiera atacado hace años en
lugar de hace dos días.
—
¿Podemos irnos? — preguntó Heejun. No quería estar cerca cuando se llevaran el
cuerpo de Yoshi. No sería capaz de manejarlo. Sabía que tenía que llamar a Ju
Ne, pero también sabía que Ju Ne estaría trabajando hasta tarde esta noche.
—
Claro — dijo mientras Dong Won señalaba a otro hombre. — Él es Hyun Jae.
Heejun
asintió, no se sentía amable en lo más mínimo. Su pareja estaba herido, su
compañero de cuarto estaba muerto, y su mundo estaba de cabeza. Pero notó que
el hombre tenía el cabello tan rubio que casi parecía blanco.
Heejun
se apartó mientras Dong Won y Hyun Jae levantaban a Jihun y lo llevaban a una
camioneta que Hyun Jae y otro chico habían traído. Dejaron a Jihun en la caja. Heejun
corrió acomodando gruesas mantas en la parte posterior, garantizando que Jihun
viajara lo más cómodo posible. Entró en la caja y se acomodó junto a su pareja.
—
Voy por el maletín que el doctor te dio — dijo Namjoon mientras se acercaba a
la camioneta aplastada y metió la mano, sacando el pequeño bolso negro. Él se
lo dio a Heejun. — ¿Algo más?
—
Ju Ne tiene que ser advertido. — Heejun le dijo a Namjoon en donde estaba su
otro compañero de cuarto.
—
Me aseguraré de que tenga otra parte en donde alojarse.
—
¿Puedes sacar mi laptop de mi habitación? Es la que está en la parte de arriba
a la izquierda.
—
Hecho — dijo Namjoon golpeando un costado de la camioneta con la mano. Heejun
se sostuvo mientras la camioneta se movía. Se acostó junto a Jihun cuando la
camioneta se movió lentamente y se durmió.
Cuando
Heejun despertó, estaban en el interior del hangar. Dong Won y Hyun Jae sacaron
a Jihun de la camioneta y lo llevaron al interior del castillo.
—
Quiero hablar contigo, Heejun — dijo Namjoon mientras entraba en el hangar.
El
hombre debió de haber llegado justo detrás de ellos. Heejun veía la puerta del
castillo y luego de nuevo a Namjoon. Él quería ir con su pareja, pero el
comandante tenía un muy grave ceño fruncido en su rostro.
—
Quiero que me digas cómo saliste de este castillo — dijo Namjoon mientras se
apoyaba en una polvosa mesa de trabajo. Parecía como si no hubiera sido
utilizada en años. Tampoco ese hangar. Había diez brillantes y flamantes motos
junto a una pared y una Hummer junto a un carro deportivo. Heejun quería
admirar el carro deportivo, pero no creía que Namjoon se lo permitiera.
—
El cuarto de las plantas.
—
¿El cuarto de las plantas?
—
Sí, el cuarto con todas esas…
—
Conozco el cuarto de las plantas. ¿Cómo saliste? Esa entrada está sellada.
Heejun
negó con la cabeza.
—
No, no lo está. La gran puerta estaba allí delante de mí. La abrí y salí —
dijo. — Pero la cerré detrás de mí cuando me fui.
Namjoon
maldijo mientras abría un panel que tenía cables que salían por todos lados y
marcó algunos números.
—
Te daría el código, pero no quiero que vagues por un tiempo.
Cuando
la pared se deslizó, abriéndose, Namjoon señaló la entrada. Heejun rodó los
ojos mientras entraba en el túnel. Subió las escaleras hasta que llegaron a la
sala.
—
No te muevas — advirtió Namjoon. — No estoy seguro de por qué la puerta estaba
visible para ti, pero no es una buena cosa. Nadie debe ser capaz de entrar por
aquí.
«Oh,
infiernos». Todo
lo que Heejun quería hacer era ir a ver a Jihun, pero otra cosa del infierno
podría estar al acecho. Heejun estaba al borde de la cordura con esas
criaturas. Quería matarlos a todos y acabar con ellos.
Inclinó
la cabeza hacia un lado cuando alguien a quien no conocía entró en la sala. Heejun
agarró lo primero que encontró y lo lanzó contra el hombre.
—
¡Sal de aquí! — La pequeña figura se estrelló contra la pared cuando el hombre
se agachó.
—
Es Kanghyun. Él vive aquí.
—
Oh — dijo Heejun. — Lo siento.
El
hombre miró a Heejun mientras se sacudía los vidrios de la camisa.
—
No sabía que ir por un bocadillo sería tan malditamente peligroso, si lo
hubiera sabido traería mi cuchillo conmigo.
Heejun
estaba tratando de no enloquecer. De verdad trataba. Pero desde que dejó Villa Starhaus,
nada parecía real. Le sorprendía no estar gritando como un loco para ahora con
todas las cosas bizarras y extrañas a su alrededor.
Las
cosas parecían ser cada vez más y más extrañas. Pero entre más extrañas se
volvían las cosas menos loco se sentía.
¿Cómo
es que estaba reaccionando al contrario?
Quizás
el estar acoplado tenía un efecto sobre él. ¿Quién sabría eso? En este mundo
loco, nada era negro o blanco. Lo ilógico era lo lógico y la locura era la
norma.
Matar
al perro del infierno probablemente se había llevado su cordura y ahora estaba
tan loco como el resto de los hombres.
—
Advierte a los otros, Kanghyun. La puerta de la habitación verde fue visible
para Heejun — dijo Namjoon.
El
labio de Kanghyun se elevó en un gruñido mientras asentía a Namjoon.
—
Voy a decirle a los demás — respondió mientras se alejaba rápidamente.
—
Creo que es necesario que te presente a todos antes de que los golpees con un
palo. — Namjoon le sonrió. — Te quiero con Jin, y esta vez, no te vayas.
«Mierda».
Heejun
había planeado esquivar a Jin por los próximos treinta años o algo así, hasta
que el shifter ya no estuviera enojado con él. No había planeado quedarse con
el chico de nuevo.
Namjoon
lo condujo por el pasillo a los dormitorios hasta llegar a la última puerta y
la abrió.
—
Jin, necesito…
—
¡Oh, no! — Jin protestó en voz alta. — La última vez que tuve que cuidar al
pequeño bastardo escurridizo se me escapó. No voy a tener a Jihun tras de mí,
porque pierdo de nuevo a su pareja.
—
Tenía miedo — Heejun se defendió por enésima vez.
Parecía
que no le iban a dar un descanso por haberse ido. Estaba empezando a
preguntarse si no habría represalias contra él por el resto de su vida, y por
lo que Jihun dijo podría ser un tiempo muy largo.
—
Entonces debiste haberme dicho algo y nosotros podríamos habernos acurrucado
por algún maldito rincón juntos. Deberías haber visto lo loco que Jihun estaba
cuando descubrió que habías desaparecido.
—
¿En serio? — Heejun preguntó, un poco sorprendido... y muy complacido por la
reacción de Jihun.
—
No — dijo Jin. — No vas a poner esa complacida expresión en tu cara cuando te
estoy diciendo que Jihun casi toma mi culo. — Jin movió un dedo hacia Heejun. —
Es mejor que te veas arrepentido.
—
Él no casi toma tu culo — murmuró en voz baja Namjoon.
Heejun
contuvo la risa.
—
Trae tu culo flaco aquí, y si siquiera mueves un dedo de tu píe para intentar
salir de este lugar, te voy a atar.
Heejun
miró a Namjoon, pero el comandante se encogió de hombros.
—
Él es el jefe.
Y
aquí Heejun pensado que las bestias aladas eran hombres feroces.
«Cobarde».
*****
Jihun
parpadeó un par de veces y luego miró alrededor de la habitación. Le tomó un
segundo registrar lo que lo rodeaba. Se acarició el pecho y las piernas,
siseando cuando se tocó la herida. No le dolió tanto como lo había hecho antes,
pero maldición si aun no lo hacía vibrar de dolor.
Se
levantó de la cama, cuidado la presión que aplicaba a su pierna. ¿Dónde estaba
su pareja?
—
Zaterio, ¿dónde estás?
—
Consiguiendo el mal de ojo de un lobo.
Le
tomó un segundo a Jihun darse cuenta de que Heejun se estaba refiriendo a Jin.
—
¿Por qué, qué sucede? ¿Por qué no estás conmigo?
—
Namjoon cree que el que viera una puerta en la habitación verde es una cosa
mala.
Jihun
gruñó. Si Heejun vio la puerta de la habitación verde, entonces alguien pudo
haber entrado. ¿Cómo? Él no estaba seguro. Namjoon tenía hechizos en los
cuartos y en toda la montaña. Nadie debería ser capaz de entrar
—
Es mejor que estés acostado, Jihun.
Jihun
gimió. Heejun estaba jugando a la mamá gallina, pero no tenía ni idea de qué
tan grave era la situación.
—
Lo estoy.
Él
cojeó hasta la puerta de su dormitorio y la abrió, asomándose al pasillo.
Estaba mortalmente tranquilo. El castillo nunca estaba tranquilo. Tae Hwan estaba
siempre sentado en el sofá viendo una película en blanco y negro con sonido
envolvente.
Jihun
salió de su habitación, y lentamente se dirigió a la habitación de Namjoon.
Tenía que ver a su zaterio, aunque a Heejun le diera un ataque. Él sortearía la
ira del hombre con tal de poder ver con sus propios ojos que su pareja estaba
bien.
—
Sobreviviste.
Jihun
se congeló cuando escuchó la voz de Chan Woo. ¿Cómo infiernos había entrado en
el castillo? Se suponía que era impenetrable.
—
Zaterio, advierte a Jin que los perros del infierno están dentro. Dile que le
advierta a Namjoon.
—
Pero…
—
¡Solo hazlo!
El
lazo se quedó en silencio. Jihun no había tenido la intención de ser rudo con Heejun,
pero Jihun necesitaba respaldo y rápido. No estaba en forma para luchar contra
el perro.
—
¿Fue Han Bin el que murió en la lucha en Villa Starhaus? — preguntó Jihun.
—
No — respondió Chan Woo con odio en sus palabras. — Fue el otro perro y uno de
los demonios. Se suponía que morirías.
—
Lo siento, sobreviví.
—
Morirás.
Jihun
se apoyó contra la pared mientras se reía. Chan Woo lo veía como si hubiera
perdido la cabeza, y luego el perro gruñó.
—
¿Qué es tan gracioso, bestia?
—
Ellos — dijo Jihun cuando Namjoon y otras bestias aladas llegaron por el
pasillo justo tras del perro.
—
¿Qué es lo que esperas lograr al venir aquí? — Namjoon preguntó. — Deberías de
haber sabido que te detendríamos.
La
sangre de Jihun se enfrío con la maliciosa sonrisa en la cara de Chan Woo, y
entonces comenzó a reír.
—
Ya está hecho.
Namjoon
caminó hacia el perro hasta que estuvo cara a cara con el bastardo. Un gruñido
bajo vibró de su pecho mientras el gruñido salía de sus labios, sus colmillos
brillaban en la luz del pasillo.
—
¿Qué has hecho? — preguntó lentamente, gruñendo cada palabra en voz tan baja
que Jihun casi no entendió lo que el comandante estaba diciendo.
Chan
Woo le sonrió a Namjoon, sin mostrar miedo.
—
Han Bin y yo volvimos a encontrar una manera de entrar, olí a un humano y seguí
su rastro y ¿qué maravilla apareció ante mis ojos? La puerta. — Chan Woo se
echó a reír como si estuviera disfrutando eso. — Entré y encontré al hombre
mirando alrededor... así que lo mordí.
—
¿Que tú qué? — Namjoon explotó, dándole un revés al perro tan duro que Chan Woo
se giró y se estrelló contra la pared. — ¿Quién era él?
Chan
Woo se limpió la comisura de la boca con la mano, la sangre negra salpicaba su
piel. Jihun sabía que la sangre era letal. Las bestias aladas no morían a causa
de ella, pero sería doloroso como el infierno si algo caía en ti. Jihun ya
tenía suficiente dolor.
—
¿Cómo infiernos voy a saberlo? — Chan Woo preguntó. — Pero puedo decirte que
apestaba como una de sus parejas.
Los
ojos de Jihun se abrieron como platos cuando Namjoon cambió a su forma de
bestia alada y fue tras Chan Woo, que había cambiado a su forma de perro y
corría por el pasillo. Las otras bestias aladas se quedaron allí en shock.
—
¿De quién será la pareja? — Kanghyun preguntó.
—
Encuéntrenlo. — Jae Bum gruñó. — Busquen en cada jodido centímetro de este
castillo.
KNK

2 Comentarios
Esos malditos perros no cesan en su intento de acabar con todos los zaterios sea como sea, y a quienes se interponga en su camino, como tuvo la desgracia de estarlo Yoshi, y quizá corra la misma suerte, y cruzo los dedos para que no sea así, la pareja de una de las bestias que ese hdp de Chan Woo mordió... aish!!!
ResponderBorrarLos perros son un problema muy grande para todos..
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