La Familia T50... Capitulo 08


Dong Won llevó la camioneta al frente de la casa de Heejun y apagó el motor. Apoyó los brazos sobre el volante mientras revisaba el área alrededor del edificio.

Algo estaba mal, pero maldición si podía entender lo que era. Entreabrió la puerta con cautela y luego la abrió. El fuerte aire de la noche le trajo nada más que los olores que debería haber allí. Sin embargo, él sabía que algo andaba mal.

— Heejun, quédate en la camioneta hasta que revise las cosas. — Su tono no admitía discusiones.

Él estaría haciéndole a Jihun y a Heejun un gran daño si no revisaba las cosas antes de permitir que Heejun saliera del vehículo. Heejun no lo entendía, pero Dong Won esperaba que el hombre de todos modos lo escuchara.

Dong Won escudriñó la zona mientras lentamente se acercaba a la puerta principal. Cuanto más se acercaba a la casa, más fuerte era la sensación de que algo andaba mal. Dong Won supo que tenía razón cuando se acercó a la puerta y se dio cuenta que estaba entreabierta. Los humanos podían ser estúpidos cuando se trataba de los peligros reales del mundo, pero por lo general trataban de mantener sus puertas cerradas a esta hora de la noche.

Dong Won abrió la puerta, sus garras extendidas en caso de que fuera necesario defenderse, o a alguien más. Por lo que él sabía, el compañero de cuarto de Heejun, Yoshi, debería haber estado en casa, pero el lugar estaba extrañamente tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Dong Won entró en la casa y miró alrededor. Una vez más, nada parecía estar fuera de lugar, pero seguía con esa sensación de hormigueo en la base del cráneo que le decía que no todo era lo que parecía. Algo estaba definitivamente mal.

Dong Won comenzó a retirarse de la casa, listo para correr de regreso al vehículo y Heejun tendría que regresar en otro momento, de preferencia con un montón de apoyo, cuando oyó un crujido en la madera por encima de su cabeza.

Dong Won se congeló excepto para levantar su nariz en el aire y respirar profundamente. Él olor era de humano, y el humano estaba herido. El fuerte olor a sangre impregnaba el aire. Dong Won rezó que no fuera Yoshi el compañero de cuarto de Heejun, Heejun se enojaría mucho.

Y Dong Won odiaba tratar con humanos enojados.

Se dirigió hacia las escaleras y luego se pegó a la pared. Él respiró profundamente y luego se asomó por la esquina. La escalera parecía vacía. Dong Won cuidadosamente se dirigió hacía las escaleras, pisando los bordes de cada escalón en caso de que las juntas crujieran. Si alguien estuviera arriba, Dong Won no quería descubrir su llegada más de lo que ya lo había hecho.

Dong Won acababa de llegar a la cima de la escalera cuando oyó un grito desde el exterior. Heejun le gritaba. Sin pensarlo, Dong Won se giró y corrió bajando las escaleras tan rápido como sus pies se lo permitieron. Saltó los últimos escalones y corrió hacia la puerta frontal. Su corazón latía con las diferentes escenas en su cabeza sobre lo que podría encontrar.

Pero nada podría haberlo preparado para lo que vio en el momento en que cruzó la puerta. Dong Won estaba seguro de que en todos sus años como una bestia alada nada lo preparó para lo que veía frente a él.


Jihun yacía inconsciente en el suelo en medio del patio. El vehículo en el que viajaban parecía como si una roca lo hubiera aplastado. La cabina estaba aplastada, las ventanas destrozadas. Heejun estaba adelante de Jihun, blandiendo un gran palo de un lado a otro. Y justo en frente de Heejun estaba uno de los más grandes perros del infierno que hubiera visto.

Dong Won al instante se dirigió hacia el perro del infierno, agarrándolo por el cuello. Afiladas garras se clavaron en sus brazos mientras luchaba con el perro. Con un fuerte impulso Dong Won jaló al perro del infierno más allá de Heejun y Jihun hacia un lado del vehículo. Sacudió la cabeza mientras perdía el control sobre el perro cuando chocaron contra el lateral de la camioneta. Le dio a la bestia tiempo suficiente para alejarse de él y saltar hacia Heejun.

— ¡Oh infierno no! — Dong Won gritó mientras saltaba tras el violento perro del infierno.

Él no iba a fallarle al zaterio de su amigo, no después de presenciar a Heejun tratando de defenderse del perro con un palo. Heejun estaba aterrorizado. Dong Won podía oler su miedo en el aire. Pero el hombre seguía firme, defendiendo a Jihun. Quizás era necesario volver a evaluar su opinión sobre el pequeño humano.

Y conseguirle un cuchillo.

Heejun seguía tratando de golpear al perro del infierno en la cabeza con el palo en su mano. Todo lo que estaba haciendo era enojando a la maldita cosa, incluso si él estaba haciendo un trabajo bastante bueno deteniendo a la bestia.

— La marca detrás de la oreja — gritó Dong Won mientras desgarraba la espalda del perro del infierno con sus garras. — Hay que apuñalarlo en la marca detrás de su oreja. Es la única forma de matarlo.

Heejun lo miró por un momento y luego comenzó a apuñalar al perro del infierno con el palo. Dong Won se habría reído si no hubiera estado luchando por su vida. Acuchillar al perro del infierno con un palo no iba malditamente a funcionar.

Las cejas de Dong Won se elevaron cuando el palo de Heejun golpeó justo en la marca del perro del infierno y la maldita bestia cayó al suelo. Se puso de pie lentamente y levantó la mirada al ver al perro muerto por el zaterio de Jihun. Heejun ni siquiera estaba prestando atención. Él se giró y se dejó caer de rodillas, sosteniendo la cabeza de Jihun en su regazo.

— Me jodió corriendo — murmuró. — ¡Él lo hizo!
— ¿Hizo qué?

Heejun podía oír a Namjoon y a Dong Won hablar detrás de él, pero no podía importarle menos lo que estaban hablando. Toda su atención estaba centrada en el hombre inconsciente en el suelo. Jihun aún estaba fuera de combate, sólo que ahora, tenía nuevos cortes y contusiones en él, a juego con sus lesiones anteriores.

Por el rabillo del ojo, Heejun vio a Dong Won entrar en la casa, pero él estaba demasiado ocupado preocupándose por Jihun como para preocuparse por lo que el hombre estaba haciendo. Segundos después estaba de regreso, hablando en voz baja de nuevo con Namjoon.

Heejun nunca había estado tan asustado en su vida como lo había estado cuando ese perro del infierno los atacó. Él había jalado a Jihun lo más lejos del asiento, con la esperanza de que si el perro no podía llegar a ellos antes de que regresara Dong Won, estarían bien.

Eso no funcionó tan bien para él.

El maldito perro simplemente comenzó a aplastar el techo del carro. Heejun había pateado la puerta y jalado a Jihun fuera. Había encontrado el arma más cercana que pudo tener en sus manos, un palo y empezó a blandirlo de un lado a otro como una espada para mantener al perro del infierno lejos.

Había estado tan asustado de que Dong Won no regresara a tiempo. Sin embargo, lo había hecho y ahora el perro del infierno estaba muerto. Pero Jihun aún no despertaba. Heejun quería ir a algún lugar seguro y sólo esconderse hasta que este mundo loco en el que estaba viviendo comenzara a tener sentido de nuevo. Tenía miedo de que fuera demasiado tarde para eso.

Iba a ser un energúmeno loco por el resto de su vida.

— ¿Él hizo qué?

El grito de Namjoon le recordó a Heejun que no estaba solo. Había dos hombres detrás de él, y conocían más a Jihun que él. De alguna manera, eso no le caía bien a Heejun, sobre todo porque no sabía cómo cuidar adecuadamente la condición de su pareja.

— No va a despertar — dijo Heejun cuando se giró para ver a los dos hombres, con la esperanza de obtener una respuesta. Si Jihun no despertaba nunca, Heejun no sabía lo que iba a hacer. Estar en el mundo de las bestias aladas no sería exactamente lo mismo sin su pareja a su lado. — ¿Por qué no despierta?
— Está bien, zaterio — dijo Dong Won suavemente mientras caminaba hacia adelante y se ponía en cuclillas junto a Heejun. Rápidamente revisó a Jihun antes de sonreírle a Heejun, era un poco escalofriante teniendo en cuenta que el hombre nunca parecía sonreír antes de ahora. — Él está en un sueño reparador. Es natural para nosotros. Se despertará cuando su cuerpo se haya curado lo suficiente.
— Pero…
— Jihun estará bien, Heejun. Te lo prometo. Él sólo necesita descansar.

Heejun no estaba seguro de que Dong Won pudiera prometerle que el sol saldría por la mañana porque ya no estaba seguro de que lo haría. Si lo hiciera, probablemente sería púrpura o algo así.

— Lo hiciste bien, zaterio.

Sí, estaba perdiendo la cabeza.

— ¿Cómo están Yoshi y Ju Ne? — Heejun preguntó.
— ¿Ju Ne?

Heejun suspiró mientras pasaba sus dedos por el suave cabello de Jihun.

— Es mi otro compañero de cuarto, pero nunca está en casa. Es un adicto al trabajo.
— Yo sólo encontré un cuerpo, Heejun.

Los ojos de Heejun se llenaron de lágrimas. Si Yoshi estuviera vivo, Dong Won no hubiera dicho la palabra cuerpo. Se limpió las lágrimas con su camisa mientras veía a Jihun, asintiendo mientras más lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Yoshi pudo haber estado flotando a lo largo de la vida, pero era un buen tipo. Él no merecía morir.

— Tengo que llamar a su mamá — dijo Heejun. — Ella tiene que saber.
— Está bien.

La cabeza de Heejun cayó rápidamente.

— Mi mochila aún debe de estar en el patio trasero. ¿Puedes traérmela? — Se había olvidado por completo de todo. No sólo estaban las llaves en su mochila, sino también su teléfono celular y su cartera.

Dong Won corrió hacia el patio trasero y luego regresó con la mochila de Heejun. La correa rota envió un escalofrío por la espina dorsal de Heejun, recordándole cómo empezó todo esto. Sentía como si ese perro lo hubiera atacado hace años en lugar de hace dos días.

— ¿Podemos irnos? — preguntó Heejun. No quería estar cerca cuando se llevaran el cuerpo de Yoshi. No sería capaz de manejarlo. Sabía que tenía que llamar a Ju Ne, pero también sabía que Ju Ne estaría trabajando hasta tarde esta noche.
— Claro — dijo mientras Dong Won señalaba a otro hombre. — Él es Hyun Jae.

Heejun asintió, no se sentía amable en lo más mínimo. Su pareja estaba herido, su compañero de cuarto estaba muerto, y su mundo estaba de cabeza. Pero notó que el hombre tenía el cabello tan rubio que casi parecía blanco.

Heejun se apartó mientras Dong Won y Hyun Jae levantaban a Jihun y lo llevaban a una camioneta que Hyun Jae y otro chico habían traído. Dejaron a Jihun en la caja. Heejun corrió acomodando gruesas mantas en la parte posterior, garantizando que Jihun viajara lo más cómodo posible. Entró en la caja y se acomodó junto a su pareja.

— Voy por el maletín que el doctor te dio — dijo Namjoon mientras se acercaba a la camioneta aplastada y metió la mano, sacando el pequeño bolso negro. Él se lo dio a Heejun. — ¿Algo más?
— Ju Ne tiene que ser advertido. — Heejun le dijo a Namjoon en donde estaba su otro compañero de cuarto.
— Me aseguraré de que tenga otra parte en donde alojarse.
— ¿Puedes sacar mi laptop de mi habitación? Es la que está en la parte de arriba a la izquierda.
— Hecho — dijo Namjoon golpeando un costado de la camioneta con la mano. Heejun se sostuvo mientras la camioneta se movía. Se acostó junto a Jihun cuando la camioneta se movió lentamente y se durmió.

Cuando Heejun despertó, estaban en el interior del hangar. Dong Won y Hyun Jae sacaron a Jihun de la camioneta y lo llevaron al interior del castillo.

— Quiero hablar contigo, Heejun — dijo Namjoon mientras entraba en el hangar.

El hombre debió de haber llegado justo detrás de ellos. Heejun veía la puerta del castillo y luego de nuevo a Namjoon. Él quería ir con su pareja, pero el comandante tenía un muy grave ceño fruncido en su rostro.

— Quiero que me digas cómo saliste de este castillo — dijo Namjoon mientras se apoyaba en una polvosa mesa de trabajo. Parecía como si no hubiera sido utilizada en años. Tampoco ese hangar. Había diez brillantes y flamantes motos junto a una pared y una Hummer junto a un carro deportivo. Heejun quería admirar el carro deportivo, pero no creía que Namjoon se lo permitiera.
— El cuarto de las plantas.
— ¿El cuarto de las plantas?
— Sí, el cuarto con todas esas…
— Conozco el cuarto de las plantas. ¿Cómo saliste? Esa entrada está sellada.

Heejun negó con la cabeza.

— No, no lo está. La gran puerta estaba allí delante de mí. La abrí y salí — dijo. — Pero la cerré detrás de mí cuando me fui.

Namjoon maldijo mientras abría un panel que tenía cables que salían por todos lados y marcó algunos números.

— Te daría el código, pero no quiero que vagues por un tiempo.

Cuando la pared se deslizó, abriéndose, Namjoon señaló la entrada. Heejun rodó los ojos mientras entraba en el túnel. Subió las escaleras hasta que llegaron a la sala.

— No te muevas — advirtió Namjoon. — No estoy seguro de por qué la puerta estaba visible para ti, pero no es una buena cosa. Nadie debe ser capaz de entrar por aquí.

«Oh, infiernos». Todo lo que Heejun quería hacer era ir a ver a Jihun, pero otra cosa del infierno podría estar al acecho. Heejun estaba al borde de la cordura con esas criaturas. Quería matarlos a todos y acabar con ellos.

Inclinó la cabeza hacia un lado cuando alguien a quien no conocía entró en la sala. Heejun agarró lo primero que encontró y lo lanzó contra el hombre.

— ¡Sal de aquí! — La pequeña figura se estrelló contra la pared cuando el hombre se agachó.
— Es Kanghyun. Él vive aquí.
— Oh — dijo Heejun. — Lo siento.

El hombre miró a Heejun mientras se sacudía los vidrios de la camisa.

— No sabía que ir por un bocadillo sería tan malditamente peligroso, si lo hubiera sabido traería mi cuchillo conmigo.

Heejun estaba tratando de no enloquecer. De verdad trataba. Pero desde que dejó Villa Starhaus, nada parecía real. Le sorprendía no estar gritando como un loco para ahora con todas las cosas bizarras y extrañas a su alrededor.

Las cosas parecían ser cada vez más y más extrañas. Pero entre más extrañas se volvían las cosas menos loco se sentía.

¿Cómo es que estaba reaccionando al contrario?

Quizás el estar acoplado tenía un efecto sobre él. ¿Quién sabría eso? En este mundo loco, nada era negro o blanco. Lo ilógico era lo lógico y la locura era la norma.

Matar al perro del infierno probablemente se había llevado su cordura y ahora estaba tan loco como el resto de los hombres.

— Advierte a los otros, Kanghyun. La puerta de la habitación verde fue visible para Heejun — dijo Namjoon.

El labio de Kanghyun se elevó en un gruñido mientras asentía a Namjoon.

— Voy a decirle a los demás — respondió mientras se alejaba rápidamente.
— Creo que es necesario que te presente a todos antes de que los golpees con un palo. — Namjoon le sonrió. — Te quiero con Jin, y esta vez, no te vayas.

«Mierda». Heejun había planeado esquivar a Jin por los próximos treinta años o algo así, hasta que el shifter ya no estuviera enojado con él. No había planeado quedarse con el chico de nuevo.

Namjoon lo condujo por el pasillo a los dormitorios hasta llegar a la última puerta y la abrió.

— Jin, necesito…
— ¡Oh, no! — Jin protestó en voz alta. — La última vez que tuve que cuidar al pequeño bastardo escurridizo se me escapó. No voy a tener a Jihun tras de mí, porque pierdo de nuevo a su pareja.
— Tenía miedo — Heejun se defendió por enésima vez.

Parecía que no le iban a dar un descanso por haberse ido. Estaba empezando a preguntarse si no habría represalias contra él por el resto de su vida, y por lo que Jihun dijo podría ser un tiempo muy largo.

— Entonces debiste haberme dicho algo y nosotros podríamos habernos acurrucado por algún maldito rincón juntos. Deberías haber visto lo loco que Jihun estaba cuando descubrió que habías desaparecido.
— ¿En serio? — Heejun preguntó, un poco sorprendido... y muy complacido por la reacción de Jihun.
— No — dijo Jin. — No vas a poner esa complacida expresión en tu cara cuando te estoy diciendo que Jihun casi toma mi culo. — Jin movió un dedo hacia Heejun. — Es mejor que te veas arrepentido.
— Él no casi toma tu culo — murmuró en voz baja Namjoon.

Heejun contuvo la risa.

— Trae tu culo flaco aquí, y si siquiera mueves un dedo de tu píe para intentar salir de este lugar, te voy a atar.

Heejun miró a Namjoon, pero el comandante se encogió de hombros.

— Él es el jefe.

Y aquí Heejun pensado que las bestias aladas eran hombres feroces.

«Cobarde».

*****

Jihun parpadeó un par de veces y luego miró alrededor de la habitación. Le tomó un segundo registrar lo que lo rodeaba. Se acarició el pecho y las piernas, siseando cuando se tocó la herida. No le dolió tanto como lo había hecho antes, pero maldición si aun no lo hacía vibrar de dolor.

Se levantó de la cama, cuidado la presión que aplicaba a su pierna. ¿Dónde estaba su pareja?

— Zaterio, ¿dónde estás?
— Consiguiendo el mal de ojo de un lobo.

Le tomó un segundo a Jihun darse cuenta de que Heejun se estaba refiriendo a Jin.

— ¿Por qué, qué sucede? ¿Por qué no estás conmigo?
— Namjoon cree que el que viera una puerta en la habitación verde es una cosa mala.

Jihun gruñó. Si Heejun vio la puerta de la habitación verde, entonces alguien pudo haber entrado. ¿Cómo? Él no estaba seguro. Namjoon tenía hechizos en los cuartos y en toda la montaña. Nadie debería ser capaz de entrar

— Es mejor que estés acostado, Jihun.

Jihun gimió. Heejun estaba jugando a la mamá gallina, pero no tenía ni idea de qué tan grave era la situación.

— Lo estoy.

Él cojeó hasta la puerta de su dormitorio y la abrió, asomándose al pasillo. Estaba mortalmente tranquilo. El castillo nunca estaba tranquilo. Tae Hwan estaba siempre sentado en el sofá viendo una película en blanco y negro con sonido envolvente.

Jihun salió de su habitación, y lentamente se dirigió a la habitación de Namjoon. Tenía que ver a su zaterio, aunque a Heejun le diera un ataque. Él sortearía la ira del hombre con tal de poder ver con sus propios ojos que su pareja estaba bien.

— Sobreviviste.

Jihun se congeló cuando escuchó la voz de Chan Woo. ¿Cómo infiernos había entrado en el castillo? Se suponía que era impenetrable.

— Zaterio, advierte a Jin que los perros del infierno están dentro. Dile que le advierta a Namjoon.
— Pero…
— ¡Solo hazlo!

El lazo se quedó en silencio. Jihun no había tenido la intención de ser rudo con Heejun, pero Jihun necesitaba respaldo y rápido. No estaba en forma para luchar contra el perro.

— ¿Fue Han Bin el que murió en la lucha en Villa Starhaus? — preguntó Jihun.
— No — respondió Chan Woo con odio en sus palabras. — Fue el otro perro y uno de los demonios. Se suponía que morirías.
— Lo siento, sobreviví.
— Morirás.

Jihun se apoyó contra la pared mientras se reía. Chan Woo lo veía como si hubiera perdido la cabeza, y luego el perro gruñó.

— ¿Qué es tan gracioso, bestia?
— Ellos — dijo Jihun cuando Namjoon y otras bestias aladas llegaron por el pasillo justo tras del perro.
— ¿Qué es lo que esperas lograr al venir aquí? — Namjoon preguntó. — Deberías de haber sabido que te detendríamos.

La sangre de Jihun se enfrío con la maliciosa sonrisa en la cara de Chan Woo, y entonces comenzó a reír.

— Ya está hecho.

Namjoon caminó hacia el perro hasta que estuvo cara a cara con el bastardo. Un gruñido bajo vibró de su pecho mientras el gruñido salía de sus labios, sus colmillos brillaban en la luz del pasillo.

— ¿Qué has hecho? — preguntó lentamente, gruñendo cada palabra en voz tan baja que Jihun casi no entendió lo que el comandante estaba diciendo.

Chan Woo le sonrió a Namjoon, sin mostrar miedo.

— Han Bin y yo volvimos a encontrar una manera de entrar, olí a un humano y seguí su rastro y ¿qué maravilla apareció ante mis ojos? La puerta. — Chan Woo se echó a reír como si estuviera disfrutando eso. — Entré y encontré al hombre mirando alrededor... así que lo mordí.
— ¿Que tú qué? — Namjoon explotó, dándole un revés al perro tan duro que Chan Woo se giró y se estrelló contra la pared. — ¿Quién era él?

Chan Woo se limpió la comisura de la boca con la mano, la sangre negra salpicaba su piel. Jihun sabía que la sangre era letal. Las bestias aladas no morían a causa de ella, pero sería doloroso como el infierno si algo caía en ti. Jihun ya tenía suficiente dolor.

— ¿Cómo infiernos voy a saberlo? — Chan Woo preguntó. — Pero puedo decirte que apestaba como una de sus parejas.

Los ojos de Jihun se abrieron como platos cuando Namjoon cambió a su forma de bestia alada y fue tras Chan Woo, que había cambiado a su forma de perro y corría por el pasillo. Las otras bestias aladas se quedaron allí en shock.

— ¿De quién será la pareja? — Kanghyun preguntó.
— Encuéntrenlo. — Jae Bum gruñó. — Busquen en cada jodido centímetro de este castillo.

KNK

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2 Comentarios

  1. Esos malditos perros no cesan en su intento de acabar con todos los zaterios sea como sea, y a quienes se interponga en su camino, como tuvo la desgracia de estarlo Yoshi, y quizá corra la misma suerte, y cruzo los dedos para que no sea así, la pareja de una de las bestias que ese hdp de Chan Woo mordió... aish!!!

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  2. Los perros son un problema muy grande para todos..

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